Actions

Work Header

El hijo del número uno

Summary:

—¿Bebiste? —preguntó, no pasando por alto que Bakugou no tenía una copa en la mano.

—No me gusta el alcohol —Bakugou arrugó la nariz cuando estuvo lo suficientemente cerca de él—. Obvio que a ti sí, ¿cuánto te has tomado?

Se le quedó mirando, teniendo un chispazo de lucidez y preguntándose a sí mismo si debería de hacer esto. Podía arrepentirse, cambiar de conversación o decirle a Bakugou que lo sentía y marcharse de allí. Quizás con suerte Midoriya todavía andaba por allí y podría ayudarle a concentrarse en otra cosa.

Pero sus ojos estaban clavados en el botón de la camisa de Bakugou, ese botón que estaba abierto y dejaba a la vista una generosa parte de su pecho. Una invitación silenciosa a que mandase a la mierda a la sensatez y continuase con lo que había pensado en un primer momento.

—¿Cuánto de esto necesitas para que te pierdas conmigo por allí?

Notes:

Bakutodo week: Nightlife [No sé, quería meter este pwp y es donde más o menos encajaba :>]

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Shouto estaba muy seguro que quería realmente ser un pro héroe, por ello se había esforzado tanto para obtener su licencia y diploma de UA; fue más por iniciativa propia que por las constantes conversaciones incómodas con su padre, que decidió ponerle empeño para graduarse entre los cinco primeros. Pero también estaba muy seguro que este tipo de situaciones sociales no eran lo suyo.

 

Su padre había hecho una especie de reunión social con otros pro héroes, con la excusa de celebrar las nuevas adquisiciones en las líneas de defensa de Japón: Los recién graduados de UA. Shouto imaginaba que en verdad estaba haciendo todo esto para tratar de agradarle, pero estaba consiguiendo todo lo contrario, como siempre. Era inevitable que pensase que lo que realmente estaba buscando era alardear de su hijo, de su hijo perfecto al que él había entrenado por buena parte de su infancia y de quien esperaba grandes cosas en el futuro.

 

Había estado tratando de poner de su parte para llevar una relación más pacífica, sin tantos conflictos y discusiones, pero eso demoraba lo que demoraba un suspiro cuando su padre se ponía en estos planes. Era fastidioso verlo hablando con otros pro héroes cuando Shouto sabía que en el fondo odiaba las reuniones sociales y que odiaba dar de qué hablar a la prensa, con un golpe de suerte no había invitado a ningún periodista a la fiesta, porque evidentemente era lo que faltaba.

 

Lo había estado presentado con diferentes personajes que él reconocía de la televisión y figuras de acción, en más de una ocasión había tenido que morderse la lengua para no responder con alguna grosería porque de cualquier de forma, podría terminar colaborando en el futuro con cualquiera de ellos y realmente no tenía muchas ganas de empezar con el pie izquierdo. No obstante, no podía ocultar que estaba irritado, se le notaba en el rostro.

 

—Todoroki-kun, ¿no crees que estás tomando demasiado? —atento y amable como siempre, Midoriya trató de impedir que tomase otra copa más del champagne caro que su padre había ordenado se sirviese esa noche.

 

Era una pena que él no estuviese con ganas de escucharle.

 

Sus ojos estaban puesto en su padre, a unos pasos más allá de él, en el fondo de la habitación. Trataba de agudizar y escuchar qué estaba conversando con Best Jeanist, Hawks y Edgeshot. De vez en cuando podía captar una palabra sobre otras entre el bullicio del salón, y cada que atrapaba alguna frase le irritaba aún más. Hablaban de sus logros, que quizás podrían obtener un récord en un futuro y sobrepasar a su padre. Endeavor sonreía con orgullo, una expresión que le daba más asco que alegría.

 

Pero cuando escuchó la palabra "nietos", fue como una estocada justo en la boca de su estómago. No se molestó en fingir que no estaba enganchando con lo que hablaban allá, gruñendo y torciendo la boca.

 

Llevó la copa a sus labios y tragó. Dejó que la burbujeante bebida alcohólica hiciese contacto con su torrente sanguíneo y le calmase. O más bien terminase por nublar aún más sus sentidos y su buen raciocinio. Al diablo con la fiesta, al diablo con su padre y sus expectativas de él, por ser el hijo del héroe número uno.

 

—Discúlpame, Midoriya —pensó en ser al menos educado con su amigo, porque no se merecía su grosería. Seguramente se podría entretener mejor con Iida u Ochako que con él.

 

Shouto, por su parte, tenía en mente una idea que le daría otro significado al ardor que tenía ahora en sus venas. Y no tenía ganas de esperar a que se le pasase el efecto del alcohol y que la sobriedad le borrase ese antojo que había brotado de la ira y la rebeldía.

 

No fue difícil encontrarlo, tenía más o menos una idea de dónde podía estar. Se separó del centro del salón, pasando junto a su padre y torciendo la boca cuando lo escuchó reír. Otro trago a la copa ayudó a seguir andando en lugar de mandar a su padre a la mierda, sin importarle nada. Avanzó hasta los enormes ventanales, que en otro momento se le hacían tan sobrios y sin gracia, pero esta noche estaban adornados con luces y hasta lucían pintorescos.

 

Era el lugar perfecto para tomar un poco de aire, para apartarse de quienes querían llevar conversaciones absurdas y quienes gustaban estar rodeados de extraños. Si había un lugar donde podría estar Bakugou en esa fiesta, era allí y no se equivocó.

 

Tenía las mangas remangadas, la espalda apoyada contra la pared, su atención estaba puesta en Miruko, quien estaba charlando divertida con Kirishima y Ochako, dándoles probablemente consejos sobre la nueva etapa que iban a cruzar ahora. Shouto no tuvo que hacer mucho, salvo ponerse en el campo de visión de Bakugou y hacerle un gesto con la cabeza, para conseguir que éste le prestase atención. Vio cómo su boca se torció en un gesto de fastidio, chasqueando la lengua. A Bakugou le amargaba que fuese él quien le buscase o insinuase que quería que le hiciese caso, porque se lo tomaba como que estaba tratando de mandarlo.

 

Shouto le restó importancia a su pataleta, porque lo conocía y sabía que al final estaba igual de interesado que él. Se movió hacia una esquina que estaba bastante sola, apropiada como para poder hablar con él por unos breves segundos. Las pisadas de Bakugou delataron su presencia antes que Shouto volviese la cara para mirarle llegar, con las manos dentro de los bolsillos de su pantalón y el ceño fruncido.

 

—¿Qué diablos quieres? —Bakugou miró sobre su hombro, asegurándose que no hubiese nadie que pudiese escucharles.

 

—¿Bebiste? —preguntó, no pasando por alto que Bakugou no tenía una copa en la mano.

 

—No me gusta el alcohol —Bakugou arrugó la nariz cuando estuvo lo suficientemente cerca de él—. Obvio que a ti sí, ¿cuánto te has tomado?

 

Se le quedó mirando, teniendo un chispazo de lucidez y preguntándose a sí mismo si debería de hacer esto. Podía arrepentirse, cambiar de conversación o decirle a Bakugou que lo sentía y marcharse de allí. Quizás con suerte Midoriya todavía andaba por allí y podría ayudarle a concentrarse en otra cosa.

 

Pero sus ojos estaban clavados en el botón de la camisa de Bakugou, ese botón que estaba abierto y dejaba a la vista una generosa parte de su pecho. Una invitación silenciosa a que mandase a la mierda a la sensatez y continuase con lo que había pensado en un primer momento.

 

—¿Cuánto de esto necesitas para que te pierdas conmigo por allí?

 

No fue muy explícito pero lo dijo todo. Gracias a su tono, al movimiento de su mano con la copa y a la mirada que le dio, Bakugou entendió qué le quería decir. La reacción no fue inmediata, porque se quedó muy quieto procesando lo que le dijo, probablemente pensando en todo el riesgo que alguien les viese o que Kirishima de pronto notase que desaparecía con él por ahí. Pero Shouto estaba seguro de lo que hacía, porque conocía a Bakugou, ya antes había puesto a prueba sus límites y sabía que por más que quisiese mandarlo a la mierda, no lo haría.

 

Bakugou tomó la copa de sus manos y la bebió de un tirón en su cara. Un gesto provocador, intimidante y ligeramente erótico, porque sus ojos rojos no dejaron de verlo en todo momento. A Bakugou le gustaban los retos y no podía negarse, si venía precisamente de él.

 

—Tú dirás, niño lindo.



******



La fiesta se había realizado en el edificio donde estaba la oficina de su padre, porque era un lugar céntrico, espacioso y porque obviamente era más cómodo allí que hacerlo en el hogar de los Todoroki. Su padre era demasiado reservado como para llegar a esos extremos y Shouto no se quejaba, para variar.

 

Le vino bien, además, que la fiesta hubiese sido allí, porque tenía un sitio perfecto donde esconderse.

 

Guió a Bakugou por entre los invitados, tratando de pasar desapercibidos hasta llegar al ascensor. El bullicio de la fiesta fue quedando atrás conforme los pisos comenzaron a pasar, hasta que lo único que retumbaba en los oídos de Shouto fuese el sonido metálico del ascensor al subir.

 

Alcanzaron el último piso en cuestión de unos segundos y tan pronto como las puertas se abrieron, Shouto continuó con sus pasos. Era muy extraño ver el lugar tan silencioso y calmado, daba un aspecto más lúgubre al que Shouto recordaba, aunque todo lo que tenía que ver con su padre, en general, le parecía lúgubre y desagradable.

 

Se detuvo justo delante de dos enormes puertas que tenían un diseño de un dragón en el centro, a relieve, que con su boca abierta parecía intimidar a cualquiera que quisiese atreverse a entrar. Era como un reflejo de su padre: Un fanfarrón que le gustaba demasiado la intimidación, hacerle saber a otros lo fuerte y poderoso que era, sin siquiera tener el más mínimo de respeto por los demás. Puso los ojos en blanco, de tan sólo pensar en lo ridículo que era todo lo pomposo de la entrada.

 

No había una llave para la puerta, su padre había diseñado esta específicamente para que él fuese la única persona que pudiese ingresar, para mantener una especie de seguridad dentro de su oficina o algo así. Una ridiculez, por supuesto. Por desgracia para Endeavor, el método era utilizar su quirk justo dentro de la boca del dragón, aumentando la temperatura hasta cierto punto que activase la cerradura interna, lo cual significa que para él no había ningún problema en abrirla. ¿No se la había pasado hablando con todos que estaba orgulloso de todos sus logros? Seguramente debería de sentirse orgulloso de ver que era tan inteligente como para poder abrir las puertas de su oficina.

 

El interior era tan lúgubre como el pasillo, las luces de la ciudad que se colaban en los enormes ventanales no ayudaban mucho a mejorar el ambiente. A diferencia de la puerta, dentro no habían elementos tan extravagantes ni exagerados, todo lo contrario: Tan sólo estaban un par de sofás, su escritorio y un cuadro al fondo, absolutamente nada más. La cantidad tan pobre de muebles hacía que el espacio se viese exageradamente amplio y vacío.

 

—¿La oficina de tu padre? —Bakugou dio un paseo por el interior, inspeccionando el lugar con las manos en sus bolsillos, en posición que no le impresionaba demasiado lo que veía—. Pss, pensé que escogerías el baño o algo así.

 

—Esto está más limpio, supongo.

 

Aunque eso no dejaba de ser cierto, Shouto no había escogido precisamente ese lugar porque le preocupase la higiene. La única razón por la que había pensado en venir aquí con Bakugou era precisamente porque era la oficina de su padre, porque quería herirlo en su orgullo aunque quizás no lo supiese. Era sacarse una espinita de rebeldía y de venganza que tenía, no iba a perder la oportunidad.

 

Y buscó a Bakugou, porque sabía que no iba a hacer demasiadas preguntas ni iba a intentar disuadirle. Ya habían hecho esto antes, muchas veces, si tenía que ser preciso.

 

—Mi padre espera que me case y que le dé nietos.

 

La conversación que había escuchado a cachos hacía que le ardiesen las orejas del coraje, porque a pesar que estaba seguro que los comentarios de los terceros no podían ir con mala intención, la reacción de su padre le dio mucho asco. Se sonrió, casi que esperanzado, como si pensase que para él sería agradable formar una familia. Shouto no despreciaba los niños, le daban bastante igual y no tenía problemas en lidiar con ellos si tenía que hacerlo, pero no tenía aspiraciones de tener una familia.

 

Y mucho menos si eso significaba tener más lazos de unión con su padre y que continuasen con esa tormentosa relación que tenían.

 

—Yo no pretendo tener hijos —dio tres pasos, deteniéndose cuando la punta de su pie chocó contra el de Bakugou—. Ni puede decirme con quién liarme.

 

Sus manos sujetaron el chaleco de Bakugou, empujándolo hacia atrás hasta que su espalda estuvo aplastada contra el ventanal. Acorraló a uno de los mejores estudiantes de UA, a una indomable bestia que juró proteger su ciudad y su país contra cualquier villano que osase meterse en su camino. Muchos le tenían respeto a Bakugou, el suficiente como para mantener su distancia con él porque conocían su mal carácter y su volátil quirk. No iba a parpadear demasiadas veces para enfrascarse en una pelea si era necesario y tampoco era un rival fácil de ganar.

 

Pero Shouto no le tenía miedo, nunca se lo tuvo.

 

Bakugou le mostró una sonrisa socarrona, alzando una de sus cejas mientras le observaba.

 

—¿Osea que quieres mi polla? —era una pregunta que no necesitaba respuesta, pero Bakugou no se cortó para ser tan expresivo como quiso—. La verdad no pensé que el príncipe de hielo fuese tan aventurero. Quién lo diría, Hellfrost.

 

Calló cualquier otra cosa que fuese a decir Bakugou, besándolo y poniéndole una mano en el cuello, ejerciendo algo de presión en su garganta. A Bakugou no le gustaban los tratos suaves, le ponían nervioso y solía entrar rápido de malhumor, así que Shouto había aprendido a evitarlo lo más que podía. Sobretodo cuando quería obtener un resultado más positivo que una pelea o una discusión sin sentido. Y todo lo que quería esa noche era esto: Sexo y en la oficina de su padre.

 

No tardó más que un par de movimientos de su parte para que Bakugou le correspondiese con la ferocidad que le caracterizaba, metiendo la lengua dentro de su boca y rozando la suya, desafiante. No ocultaba que sus dientes buscaban su labio inferior, rozando su piel cada vez que terminaba un beso y empezaba otro. Era una constante amenaza, electrizándole por completo mientras esperaba con nerviosismo que le mordiese de una puñetera vez. Bakugou era así: le gustaba pullarlo, sacarle de quicio y luego regodearse de haberlo hecho, era como si eso le provocase una especie de placer enfermizo.

 

Bajó la guardia o Bakugou estaba comenzando a volverse demasiado bueno en esto, porque le agarró de la cintura e invirtió las posiciones, estampándolo con fuerza contra el ventanal. El vidrio tembló, pero lejos de asustarle su brusquedad Shouto soltó un jadeo, apretando su agarre en la tela de Bakugou. No le dejó descansar ni tomar otra bocanada de aire, porque le besó esta vez con más fiereza, mordiendo finalmente su labio inferior. Su cuerpo se movía de tal manera con cada beso que le daba que Shouto comenzó a darse que estaba literalmente aplastándole contra el vidrio, cortándole las vías de escape y de paso también su respiración. Era sofocante su calor, casi hasta el punto que era demasiado incómodo... pero Shouto encontraba algo agradable en todo ello.

 

Era primitivo, visceral y caliente, esa sensación que le quemaba la garganta y bajaba hasta sus entrañas. Sabía que estaba excitado, no necesitaba que esa mano de Bakugou hurgar entre sus piernas para saber que estaba retorciéndose de ganas.

 

—Al diablo con tu padre —jadeó Bakugou, quitándose el chaleco y apresurándose para abrirle el pantalón.

 

Las mejillas de Shouto tomaron color tan pronto como él se arrodilló frente a él, bajándole los pantalones de un tirón, junto con su ropa interior. Se apretó contra el ventanal, anticipando lo que Bakugou pensaba hacer. Sus ojos rojos parecían brillar gracias al reflejo de la luz de la ciudad, dos esferas que habían ascendido desde el mismísimo infierno que le juraban que iban a torturarle hasta que no quedase nada más de él.

 

—Sólo tienes que mirarme, Todoroki.

 

Quizás fue el hecho que utilizó su nombre, pero Shouto aferró sus dedos al vidrio con desesperación cuando los labios de Bakugou se cerraron sobre su erección, conteniendo un chillido. Condenado Bakugou, a buena hora quería compensarle por su día de mierda.

 

Más o menos así, habían empezado sus extraños encuentros poco inocentes. Ambos tenían broncas, ya fuese por alguna u otra razón, y habían descubierto que en lugar de estarse gritando o discutiendo, podían liberar su estrés de otra manera mucho más efectiva. No les iba mucho hablar, ya fuese porque no sabían cómo o porque realmente era bastante incómodo hacerlo con su rival; era un poco irónico que precisamente por esa rivalidad, ambos terminasen por liarse y buscarse como si no pudiesen encontrar pares que congeniasen mejor con ellos. Aunque Shouto apostaba que su constante tira y afloja, sus diferencias, eran lo que hacían que esto fuese excitante.

 

Era imposible negar que Bakugou le prendía, le ponía la forma en la que le miraba como si fuese un igual y no una cosa intocable, como casi todos los demás le observaban. Bakugou le miraba como alguien a quien sabía que podía derrotar si le daba la gana y Shouto apreciaba ese trato, en ese sentido. Pero también le sacaba de quicio, le fastidiaba lo altanero que era con él, lo grosero que era en general y su majadería de querer estar constantemente midiéndose con él. Esa dualidad le dejaba en un punto medio, que todo lo que le gritaba era que agarrase a Bakugou y lo dominase.

 

Probablemente lo que más le prendía de Bakugou era esa manera tan descarada de mirarle cuando se liaban, como si estuviese retándolo o torturándolo con sus ojos mientras le masturbaba. Para Bakugou, verlo retorcerse del gusto y el sofoco, parecía ser su meta y su más profunda satisfacción. Era como una especie de ritual erótico, y Shouto era demasiado débil como para frenarlo, lo dejaba ser hasta que sus pulmones clamasen que le diese una tregua para poder funcionar. A este punto, todo lo que salía de los labios de Shouto eran jadeos y suspiros profundos, mientras observaba los macabros ojos de Bakugou clavados en su rostro.

 

No se conformaba sólo con sus labios estimulando su erección, porque sus cálidas manos colaboraban en todo momento. Acariciaban sus muslos, dibujando la tensión de sus músculos. Subía hasta su ingle y descendía, dejando un breve camino rojizo de la intensidad con la que hundía sus dedos en su piel. Sentía la humedad tan particular de su quirk en la palma de sus manos, ese calor casi burbujeante como la champagne pasar por cada poro de su piel. Era como un recordatorio de lo peligroso que era Bakugou, de su fuerza y su explosivo ser. Lejos de sentirse preocupado o intimidado, Shouto tan sólo se sentía más y más sofocado.

 

Apretó los ojos con fuerza, tratando de mantenerse cuerdo, de mantener un grado de sobriedad entre la marea de erotismo. Era difícil, sobretodo cuando sus oídos escuchaban con claridad los sonidos húmedos de la boca y lengua de Bakugou estimulándolo, masturbándolo sin piedad. El rostro de su padre, la maldita fiesta y toda la presión de ser su hijo estaba quedando atrás, conforme cada succión de Bakugou.

 

Pero no quería terminar así, no todavía.

 

Dobló su rodilla y la empujó un poco contra el pecho de Bakugou, llamando su atención y frenándolo en su tortura. Respiró con rapidez, pasándose una mano por su rostro para quitarse el sudor frío y acomodarse sus cabellos un poco.

 

—Me voy a correr si sigues.

 

—¿No quieres eso o qué?

 

Shouto movió la cabeza. Por más agradable que fuese, quería algo más antes de llegar al orgasmo y sabía que Bakugou podía dárselo.

 

Una vez más, no tuvo que decir mucho para que Bakugou entendiese qué era lo que quería y le mostró una gran sonrisa, de esas que le daban hasta una pizca de cabreo. Se limpió un poco los labios en un gesto que a Shouto se le antojó grotesco y lujurioso a la vez, poniéndose de pie. No pasó por alto el bulto que ahora Bakugou tenía en su entrepierna, haciendo obvio que esto estaba siendo tan excitante para él como para Bakugou también.

 

—Me sorprendes, Todoroki. Todo o nada, ¿eh?

 

—Tú fuiste muy explícito en qué quiero, Bakugou, te lo recuerdo.

 

No fue muy sutil cuando metió su rodilla entre las piernas de Bakugou, rozando su bulto y consiguiendo arrancarle un gruñido. Un pequeño pero significativo triunfo para él. Shotuo se movió de lugar, dejando descartandos sus pantalones donde estaban y andando por la espaciosa oficina. Dejó que su rebeldía y su excitación guiasen su destino final, echando a andar hasta llegar al escritorio.

 

Tocó la superficie con la palma de su mano, como queriendo comprobar que en efecto era muy diferente a una cama o un futón, seguramente sería un poco incómodo pero nada que no pudiesen solucionar. Además, tenía que admitir que hacerlo allí sonaba demasiado excitante, prohibido.

 

Se volvió para mirar a Bakugou, apoyado sus dos manos tras él para sostenerse contra la mesa. El contacto de su culo contra la frialdad de la mesa le hicieron apretar un poco los labios, el choque de temperaturas era quimérico.

 

—El sofá podría ser más sencillo, estás muy creativo esta noche —se burló Bakugou, pero se acercó lo suficiente como para hacerle saber que no le desagradaba la idea.

 

—Te gustan los retos.

 

Fue su turno de pullar a Bakuguo, tomando prisionero el cierre de su pantalón y tirando de este para pegarle más a él. Sus ojos estudiaban el rostro de su amante por mientras, buscando las arrugas que se formaban en su ceño cuando comenzaba a tocarle en lugares donde le gustaba. Bakugou trataba de contenerse, siempre, no se rendía a la primera ni le entregaba el triunfo con rapidez. Le gustaba retarle, demostrarle que no iba a derretirse ante él con facilidad, pero estaba bien, a Shouto también le gustaban los retos y Bakugou Katsuki era su reto favorito.

 

No tardó en ver la expresión de estrés de Bakugou cuando metió la mano dentro de su pantalón, acariciando su erección que parecía estar esperando desde hacía mucho por un poco de atención. Estaba tratando de contener, de aguantar y no dejar salir nada, ni de sus labios ni de sus ojos. La situación era hasta un poco chistosa, porque Bakugou parecía un chiquillo tratando de probarle a alguien que él tenía la razón, cuando era obvio que no era así.

 

La posición de poder estaba invertida y Bakugou estaba ahora atrapado entre sus manos y su perversidad. Lo presionó aún más, aprovechándose de su quirk: Una mano acariciaba y brindaba calor, intenso calor destinado a hacerle sentirse sofocado, mientras que la otra enviaba escalofríos a su cerebro, erizándole la piel con su frialdad. Y Shouto copiaba a Bakugou, mirándole interesado en saber su reacción, en verlo justo en el momento en el que se rajaba y le regalaba un gruñido y un insulto.

 

Casi se sonrió cuando lo escuchó llamarlo bastardo entre dientes, apretando sus puños y terminando por poner la mano en su hombro. Enroscó sus dedos sobre su camisa, para hacerle una advertencia y para dejarle saber que estaba consiguiendo lo que quería.

 

—¿Tienes lubricante siquiera, cabrón? —Bakugou trató de sonar lo más normal que pudo, pero su voz estaba demasiado rasposa.

 

—¿Por qué voy a ir por allí con lubricante en mi bolsillo? —bufó—. Usa saliva.

 

—Pff, no te quejes cuando te arda.

 

Como venganza, Shouto presionó la punta del pene de Bakugou, obligándolo a apretar los ojos y la mandíbula.

 

Tomó una de sus manos entre las suyas, acercando los dedos a su boca. Rozó sus labios primero contra la punta de estos, antes de meter un par de dedos en el interior de su boca. Los acarició con su lengua, pasándola sin pudor de un lado a otro, saboreando el sudor de su piel y su excitación. No se detuvo hasta dejarlos completamente empapados, mirando fijamente el sonrojo de Bakugou y sintiéndose triunfante.

 

—No me voy a romper —su voz era desafiante y destilaba superioridad, como queriendo recalcarle a Bakugou con quién estaba tratando.

 

Sabía que en el fondo era su manera de expresarle algún tipo de interés por su bienestar, pero Shouto tampoco estaba hecho de un material inútil, no iba a morir.

 

Su actitud prendió a Bakugou, lógicamente, quien se abalanzó sobre su boca como si no hubiese probado bocado en siglos. Shouto le correspondió con la misma ansiedad, agarrándole de la nuca y pegándole a él lo más posible. Quería todo lo que Bakugou podía darle, quería que hiciese girones su cabeza y destrozase sus pensamientos, que le dejase sin poder respirar. Se besaban con tanta fuerza que su espalda se arqueó para evitar caer sobre el escritorio de manera demasiado incómoda, sujetándose sobre los hombros de Bakugou.

 

Bakugou respiraba por nariz con tanta fuerza que su aliento estaba quemándole las pestañas, tiñendo de un rojo más intenso sus mejillas.

 

Se aferró con fuerza a su espalda cuando sintió la caricia de sus húmedos dedos entre sus glúteos, hurgando hasta encontrar justo dónde meterse. No pudo evitar temblar cuando rozaron tan sensible zona, sabiendo lo que venía a continuación. Esto había pasado demasiadas veces, las suficientes como para que Shouto se hubiese acostumbrado a la sensación tan bizarra de tener algo metido entre sus glúteos, entrando y saliendo de su culo, pero nunca dejaba de sentir ese cosquilleo en su vientre anticipando cada movimiento.

 

Siempre que llegaban a este punto, Shouto perdía el control de su cerebro y comenzaba a desesperarse hasta el punto que sus manos tomaban vida propia. No sabía nunca qué hacer, si quedarse quieto, si moverse, si morder los labios o dejarse ahogar en sus propios jadeos. Optaba entonces por dejar que su cuerpo hiciese lo que le diese la gana, y en estos momentos sus dedos buscaron los botones de la camisa de Bakugou, abriéndola para tener contacto con su abdomen. Sus uñas se pasaron por sus músculos, sintiendo ganas de morderlo para quitarse el antojo que tenía encima pero la posición hacía todo más complicado.

 

No se cortó de arañarlo, entonces, recibiendo como 'castigo' que Bakugou apuntase directamente hacia su próstata. Le dio un golpe en el pecho como advertencia que si hacía eso otra vez, iba a acabarse antes de comenzar.

 

De pronto las manos de Bakugou se pusieron en su cintura, obligándole a girar su cuerpo hasta quedar de espaldas de él. Una mano de Bakugou le empujó un poco la espalda, queriendo acomodarlo y Shouto se dejó hacer, impaciente.

 

—¿Qué coño pasa contigo hoy...? —escuchó a Bakugou susurrar, aunque su tono no era de queja.

 

Shouto no estaba muy seguro de la respuesta. Podría ser el alcohol, se había tomado tres copas de champagne y estaba seguro que eso había ayudado a nublar mucho su sentido común y que probablemente en otras circunstancias nunca habría terminado allí. El factor que su padre había estado actuando como un padre orgulloso por él por supuesto que también tenía mucho que ver, porque fue la espuelada que le llevó a empezar a conseguir copa tras copa. Que estuviesen metidos precisamente allí era un acto de rebeldía y Shouto estaba consciente de ello, que quería desafiar la imagen de su padre liándose con un rival allí mismo.

 

Aunque también podría querer probar algo a sí mismo, como recordarse que no era nada más el hijo de Endeavor, el héroe número uno. Era escupir en esa figura que su padre pretendía tener de él y pisotearla hasta que no quedase absolutamente nada.

 

Sea lo que sea, quedó perdido en sus pensamientos en el momento en el que sintió la erección de Bakugou perderse entre sus glúteos, enviando su cerebro de paseo. Bakugou le tapó la boca para dejar morir el jadeo que podría bien ser un grito, queriendo mantenerlos en secreto. Era ilógico, porque no había nadie en ese piso, ni en el anterior ni en ninguno de los que estaban cerca. Quizás Bakugou quería jugar con la fantasía que estaban haciendo esto a escondidas de todos, mientras la fiesta seguía en su apogeo abajo.

 

Cuando los dedos de Bakugou dibujaron la forma de su boca, Shouto comenzó a pensar que probablemente tramaba otra cosa. Su cuerpo estaba demasiado sensible en ese momento, tratando de lidiar con el puto ardor que sentía (odiaba que Bakugou hubiese tenido razón, pero no le quedaba de otra más que aguantarse) y el morboso gusto de tener a Bakugou hundido en su interior. Respiraba muy despacio, pero profundamente, con los ojos apretados para ver constelaciones inconclusas en su cabeza.

 

Shouto contuvo la respiración cuando sintió el pecho de Bakugou contra su espalda, casi siendo completamente arropado por él.

 

—Muéstrame tu fuego, Shouto —Bakugou se había acercado para susurrarle aquello, enviando un mensaje directamente hacia su cosquilleante vientre.

 

La voz de Bakugou era una clara provocación para él, que lo hubiese llamado por su nombre fue otra provocación, un llamado a que perdiese la cordura y Shouto no encontraba fuerzas para oponerse y no darle lo que el otro estaba buscando. Se dejó llevar.

 

Bakugou embistió suave contra él primero, dejándole aclimatarse a la penetración y sólo al tercer golpe contra sus glúteos, aumentó la intensidad. Las manos de Shouto cayeron sobre el escritorio, aferrándose a este con coraje, como con rabia y desesperación. Dejó salir cuanto jadeo quiso pasearse por su garganta, quitándose así más peso de encima por tratar de batallar con su respiración.

 

Shouto sentía su sangre reunirse en su rostro, en su pecho y sobretodo en su entrepierna, que parecía arder hasta consumirse en llamas. El lado izquierdo de su cuerpo estaba comenzando a dar signos de alcanzar un punto donde ya no podía controlarlo demasiado, aunque Shouto hacía su mayor esfuerzo. Sentía el vapor escapando de su piel, probablemente sofocando aún más a Bakugou quien en lugar de mantenerse a una distancia para no ahogarse en el calor, no hacía más que pegarse a él. Masoquista. Guarro.

 

Tampoco quería darle mucha tregua, era más, parecía querer retarlo a que siguiese, a que aumentase el calor. Era como si Bakugou se excitase de ver cómo lograba descontrolarlo hasta de esta manera. Shouto sabía que su lado izquierdo siempre sería un tema para Bakugou, siempre le pondría verlo utilizarlo contra él ya fuese en alguna práctica de UA o en estas circunstancias. Que hiciese gala de sus poderosas llamas, sólo porque Bakugou le estaba provocando, porque era digno de verlas.

 

Cuando Bakugou arropó con sus húmedas y explosivas manos su erección, Shouto le metió un puñetazo al escritorio para aliviar la tensión que sentía. Un puño envuelto en llamas, que duró lo que probablemente un suspiro pero que fue suficiente como para que Bakugou se inspirase aún más y aumentase su intenso ritmo. Si el mueble estuviese hecho de un material normal, probablemente Shouto la hubiese encendido en llamas hasta volverla polvo, pero todo lo que había en esa habitación aguantaba el fuego, gracias a que era también el quirk de su padre.

 

A la mierda con su padre, pensó, repitiendo lo que Bakugou le había dicho.

 

A la mierda él y todo lo que esperaba de él. A la mierda todo lo que le había hecho en el pasado. Y a la mierda sus intentos por querer compensarle pero aún así mantenerlo bajo sus expectativas.

 

Se corrió tras sentir una humedad desconocida en su culo, deshaciéndose en los brazos de Bakugou y apretándose contra el escritorio. Bakugou apuró los movimientos de sus dedos sobre su erección al sentir su orgasmo, a pesar que también seguramente estaba saboreando el suyo propio. Siempre queriendo ser el mejor en todo, Bakugou no podía derrumbarse antes que él, y Shouto no tenía muchas energías en esa ocasión como para seguirle la lucha. Lo dejaría ganar en esa vez, sólo porque había hecho todo como él quiso.

 

Terminó con el rostro pegado al escritorio, sintiendo su frialdad contra su mejilla izquierda, que ardía todavía con intensidad. Se sentía algo mareado, demasiadas emociones, demasiado alcohol y el sexo lo habían dejado agotado. Pero no podía negar que mentalmente, podría decirse, se sentía mucho mejor que antes. Estaba más liviano, a gusto, aún gozando de los rastros del orgasmo.

 

No le molestó que Bakugou hubiese colapsado brevemente sobre su espalda, le gustaba en parte sentir su rostro hundido en su nuca, su respiración agitada haciendo que sus cabellos bailasen. El peso de su cuerpo era de alguna forma agradable, aunque le generase un poco de asfixia. Bakugou había adquirido más músculos después de volverse el protegido de Miruko, volviéndose más fuerte en los combates de cuerpo a cuerpo. Shouto lo sabía muy bien, porque de vez en cuando entrenaba con él y debía admitir que no era tan fácil ganarle a veces.

 

Tampoco se quejaba demasiado porque obviamente, podía disfrutar de sus músculos de otra forma también.

 

—Te odio, cabrón —Bakugou le sonrió cuando le dijo esas palabras, y Shouto que lo maldecía porque sabía que lo prendía. Tanto como Bakugou lo hacía con él.

 

Una pequeña luz de consciencia pasó por su mente después que se bajó la excitación acumulada y observó el desastre en los dedos de Bakugou y el suyo mismo. Por más que le gustaría dejar la escena del crimen tal cual, no podía tampoco ser tan descarado ni desconsiderado con Bakugou tampoco.

 

Se movió lentamente, buscando entre los cajones del escritorio hasta dar con una pequeña caja de pañuelos desechables, tomando un par para poder asearse.

 

—Quizás quieras ducharte luego cuando llegues a casa —le dijo, mirando el estado de sus manos.

 

—Habla por ti —Bakugou hizo un gesto con su cabeza, señalando sus muslos.

 

Sólo por ese pequeño detalle, Shouto prefería hacerlo en algún lugar donde tuviese acceso a un baño para poder asearse post coito. Pero no se quejaba demasiado, porque hacerlo así, de esta manera y esa noche en particular, había tenido un encanto.

 

Bakugou le volvió a agarrar de la cintura, haciéndole girar sin decirle palabra alguna. Tomó otro de los pañuelos que tenía sobre la superficie del escritorio y lo restregó contra sus glúteos, limpiándole. Shouto no dijo absolutamente nada ni se movió, porque sabía que podría hacer enfadar a Bakugou o alterarlo si llegaba a mencionar algo al respecto. Prefería dejarlo ser cuando estaba siendo amable con él y disfrutar de una oportunidad extraña, que era agradable.

 

—Tampoco es plan que des de qué hablar —simplemente dijo Bakuogu, luego que hubiese terminado.

 

Se le quedó mirando y cuando Bakugou quitó la mirada, buscando dónde deshacerse del pañuelo, Shouto se sonrió. Bakugou era un bravucón, pero a veces dejaba ver que no era tan joputa como le encantaría pretender que era.

 

La pequeña cesta de basura que estaba a un costado del escritorio sirvió para botar los pañuelos, aunque quedaba bastante evidente que era todo lo que había allí y sobresalían bastante.

 

—Tu padre va a darse cuenta que algo pasó.

 

Shouto se quedó mirando los pañuelos y sin pensarlo dos veces, arrojó el que tenía en sus manos dentro.

 

Correspondió la buena voluntad de Bakugou ayudándole con su camisa, mientras éste andaba ocupado abrochándose el pantalón nuevamente. Pensó en su padre enterándose que tenía una relación sexual con uno de sus futuros colegas, que quizás no le molestaría seguir haciéndolo por mucho tiempo y que definitivamente no le interesaba tener hijos ni en hacerlo un abuelo.

 

Se sonrió, acomodándole el cuello a Bakugou para que nadie pudiese creerse lo que habían estado haciendo minutos atrás: Que estuvo liándose con el hijo del héroe número uno.

 

—Al diablo con mi padre.

 

Notes:

Pueeeeede que haga una especie de parte II, desde el punto de vista de Bakugou, pero no es seguro.