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Christmas Miracle

Summary:

Kim Taehyung, un chico de catorce años demasiado alegre y risueño decidió escribir una carta para Navidad con su mayor deseo:

Cuando la aguja del reloj marcase las doce de Nochebuena, sus cuerdas vocales lograrían transmitir en palabras lo que su mudez de nacimiento le impedía...

Confesarse a su único amigo, Jeon Jungkook.

Notes:

»One-Shot drama/escolar.
»Soft.
»Mudismo.
»Romance.
»Bullying.

Work Text:

Siempre fue así.

Creció con un entorno cálido en su familia, donde sus padres, un hermano y dos abuelos lo acogieron con cariño, le enseñaron buenos valores que formaron su corazón algo blando al afecto.

Su madre, quién le dió a luz un 30 de diciembre en un hospital de Daegu, supo que Taehyung sería especial y muy amado. Ese pensamiento perdura catorce años después, aún cuando la doctora alzó los papeles de los análisis que realizaron a su hijo cuando tenía dos años.

—Posee mutismo —la noticia hizo a Kim Sumni botar el aire en sus pulmones en un débil jadeo. La doctora Lim movió las hojas engrapadas hasta la tercera, señalando el escaneo cerebral del bebé—: parte del lóbulo frontal donde se desarrolla el lenguaje posee un trauma de nacimiento, lo cuál hace que no pueda desarrollar palabras.

—¿Y es permanente?

—Hay cirugías para tratar esto, pero debido a su edad... —miró al niño que se mantenía alejado de la conversación, concentrado en su pequeño peluche entre sus manos—. Será mejor que utilicen terapia intensiva para intentar estimularlo, el riesgo de la operación puede causarle daños severos a su corta edad. Este trauma también puede afectar su movimiento.

Y así fue como Kim Taehyung empezó una terapia que le permitió movilizar correctamente sus extremidades, pero siguió sin ver cambios en su habla.

Así que ahora con catorce años, sentado en el escritorio de su habitación con un bolígrafo en su mano moviéndose en un papel, escribe su más grande deseo, aquello que más anhela desde que tiene diez.

"—Míralo, el mocoso sordo mudo usando una mochila de caricaturas chinas, que rarito.

Taehyung rejunto rápidamente sus cosas mientras veía el salón quedándose vacío a la ida de los estudiantes. Un grupo de tres niños idiotas lo estaban mirando desde el frente de su pupitre, burlándose y murmurando cosas feas de él.

No, no es sordo, lamentablemente.

A veces piensa que le hubiese gustado tener ambas condiciones, así no tendría que soportar los comentarios burlones de los niños y las palabras de lástima de los adultos.

—¿Por qué tienes tanta prisa? —uno de los compañeros le bloqueó el paso en cuanto busca salir del pupitre—. Estamos hablando, ¿no te han dicho que es de mala educación no responder?

—¿Saben? Creo que solo está fingiendo, en realidad puede hablar —aportó otro del grupo de tres, cruzando sus brazos por su pecho.

—Tienes razón, tal vez puede hablar y simplemente está haciéndose el idiota —dice el último, sonriendo burlón cuando dió con una idea—. Habla Taehyung, di "ahhhhh."

Taehyung se encogió en su sitio cuando todos comenzaron a repetir lo mismo, creando una sinfonía de gritos que le hicieron tapar sus oídos y apretar los párpados.

Quiere huir.

—¡Mírenlo, no es sordo! —apunta un niño con el índice al castaño—. Solo le falta hablar, ¡vamos!

Taehyung no puede soportarlo más, las lágrimas se agoplan en su garganta y sus pies tiemblan inmediatamente cuando se levanta y busca huir, pero uno de ellos lo empuja para detenerlo y termina enviándolo contra la fila derecha de pupitres, golpeando su espalda y cadera en el proceso. El sonido de las sillas y mesas cayendo al suelo fue bien escuchado por los niños que pasaban por los pasillos, quienes de inmediato se asomaron curiosos.

—¡No quiere hablar, tiene miedo!

—¡Gallina!

—Es más tonto de lo que creí, seguro no le enseñaron a hablar.

—Escucha Tae, así se dice idiota —aportó un niño, moviendo sus labios de manera exagerada—: I-di-o-ta —dijo, creando risas en los otros tres y algunos estudiantes.

Sus risotadas fueron interrumpidas abruptamente por un puño encajandose en su mandíbula y enviándolo al piso.

Todos se quedaron atónitos ante el niño pelinegro que lo había golpeado, sus ojos negros y cejas del mismo color fulminando al matón que se estaba burlando del castaño. Los otros niños inmediatamente fueron a por su amigo derribado para ver si se encontraba bien.

—¡¿Qué te pasa?! —exclamó el mocoso en el suelo, sobándose el rostro donde había sido golpeado.

El pelinegro subió su mentón.

—Yo debería preguntar eso. ¿por qué están siendo tan crueles con él? —señaló al castaño con cara pasmada en el suelo, viendo a su dirección—. ¡Dejen de molestarlo!

—¡No es tu asunto!

—¡Igualmente no tienes derecho a molestarlo!

La situación se fue acalorando hasta que uno de los profesores irrumpió el espectáculo, llevándose no solo a los tres bravucones, si no a Jungkook con ellos directo a dirección.

Taehyung estuvo todo el tiempo en una banca afuera, esperando al extraño que le había salvado de ser un saco de boxeo. ¿Por qué lo hizo? Siquiera lo conoce. Seguramente debe estar arrepentido de haberlo hecho ahora que está en dirección.

Que lío.

Su mirada deja sus zapatos para alzarse al momento en que la puerta es abierta, mostrando cuatro niños de los cuales solo tiene ojos para uno. El pelinegro tiene una mirada irritada y un semblante molesto, pero se atenúa inmediatamente cuando lo nota allí. Taehyung se encoge cuando lo ve correr hasta él.

¿Y si está enojado? ¿Buscará pegarle?

—¡Oye! Me preguntaba donde estabas, es bueno verte —sonrió ante la mirada todavía más confusa y curiosa de Taehyung—. ¿Estás bien?

Asintió con su cabeza, porque duda mucho que sepa algún lenguaje de señas.

Pero, de nuevo, no debería suponer tan rápido. El chico de cabellos negros movió sus dedos para formular un "Me alegro" que le hicieron abrir su boca y observarlo con un brillo en sus ojos.

—Mi hermano es sordo mudo, ya ves, realmente no me gusta cuando se meten con sus condiciones —habló esta vez, consciente de que el chico no era sordo y podía oírle.—. Me llamo Jeon Jungkook, ¿cuál es tu nombre?"

Y desde allí comenzó todo, o bueno, fue parte del proceso de lo que siente ahora.

Con el pasar de los años Jungkook y él se volvieron mejores amigos y ambas familias cercanas. El pelinegro siempre estaría allí para él, inflando su pecho como una paloma para enfrentarse a quien osara molestarlo, y esto siempre le agradó a Taehyung, haciéndole reír algunas veces por ver las caras asustadas de los demás al verle. En palabras de Jungkook: "Por esto estoy boxeo."

Pero no todo era color rosa, porque esa misma actitud generaba lo que él también sentía: admiración. Y esa admiración iba acompañada de pretendientes, muchas, muchas pretendientes.

En términos de popularidad escolar, debería otorgarle el premio a Jungkook. El chico era fuerte, guapo, caballero, con valores y un aura de super héroe que resultaba siendo el mayor crush de muchas adolescentes, él incluido.

Y él no es celoso, para nada, pero si es un poco inseguro de sí mismo y duda mucho que Jungkook lo quiera de vuelta a como él lo hace.

Así que sólo tal vez, la razón por la que está escribiendo esta carta es por lo que había escuchado el martes pasado en su salón: Una chica de otro salón se confesará al pelinegro en Navidad.

Pero no cualquier chica, si no la misma que domina la jerarquía de popularidad femenina: Kim Seulgi.

Ella es bonita, tiene modales, siquiera es un típico Regina George con doble cara, es realmente amable e incluso Jungkook la ha mencionado en sus conversaciones. Entonces las posibilidades de que corresponda sus sentimientos está mucho más acertado que, por ejemplo, le corresponda a él.

Empeoró cuando escuchó rumores de que a Jungkook le atrae también. E independiente de si es verdad o no, teme perder a su mejor amigo y amor de su vida.

Porque claro, ella no tiene limitación alguna de confesarse, de formular correctamente las palabras, de expresar sus sentimientos sin ningún miedo a la negativa o rechazo. El lenguaje de señas simplemente no es lo mismo, es una interpretación de los que quieres decir, no el decir en sí.

Y es tan frustrante, aún ahora le carcome que no pueda ser como los demás, que su cerebro no funcione bien, que tenga limitaciones, que no sea normal.

Así que aquí está, creando una carta donde desea por primera vez, hablar de sus sentimientos, tener la voz para confesarse a la persona que por años le ha cuidado y tratado con amor.

Es infantil y tonto en cierto punto, esperar que un viejo vestido de rojo (según Coca Cola) lea su carta en su cómodo asiento dentro de un iglú y decida mover sus dedos en un chasquido que le regrese el habla, pero es su última esperanza.

Las terapias no funcionan con él, aunque puede con algunas sílabas y palabras cortas, eso nunca sería suficiente para expresar todo lo que siente por el pelinegro. De hecho, las palabras sencillamente no son suficientes, siquiera escritas.

Una lágrima se ha escapado de su mejilla y formó un círculo mojado al final de una oración, y Taehyung inmediatamente limpia sus ojos, tomando el papel para leerlo.

"Querido Santa Claus, esta Navidad no pediré juguetes o comida, creo que estoy algo grande para eso y mi corazón ha madurado gracias a una persona, así que este año pediré algo muy diferente.

Lo que deseo es poder hablar, no solo balbucear incongruencias cuando el terapeuta me pida leer en voz alta, quiero responder a mi abuela desde lejos sin que ella tenga que moverse, poder hablar con mis papás al teléfono, aportar más en la clase ante las preguntas del profesor.

Pero por sobre todas las cosas, deseo poder expresar en palabras lo que mi mudez de nacimiento me limita...

Quiero confesarme a mi mejor amigo, Jeon Jungkook.

Si existes y si lo haces realidad, ¡iré yo mismo a tu casa y te daré galletas todos los meses del año! Tal vez iría con Jungkook, pero no le gusta mucho el frío y creo que se quejaría bastante en el camino. Su voz es linda, pero sus quejas no lo son tanto.

¡Estaré esperando ansiosamente!

Atentamente;

Kim Taehyung."

Cuando termina de leer y es bueno a su parecer, dobla el papel y lo coloca en un sobre verde que sella con una calcomanía roja.

Bien, está listo para enviarse.

Su madre es quien lo acompaña hasta la oficina de correos y deja la carta por él, ahora solo tocará esperar.

Taehyung subió su vista cuando un copo de nieve aterrizó en su nariz, mirando hacia el cielo con nubes blancas.

¿Obtendrá su deseo de Navidad?

 

Hoy es 24 de diciembre.

 

¿Se olvidó mencionar que la familia Jeon y Kim compartirán cena Navideña juntos? Así es, por lo cuál el pequeño Taehyung ha estado algo nervioso desde que se levantó esta mañana.


Como cuento navideño, las brisas revolotean y llevan consigo copos de nieve que terminan de bailar en su ropa. Las casas están adornadas con luces que resaltan en una gama especial, siendo este el rojo, verde y dorado para celebrar. Todos se preparan para esta noche ideal, pues, señoras y señores, llegará la Navidad.

Y bueno, ahí está el pequeño Taehyung en el jardín, con sus botas negras, pantalones beige, abrigo de lana con cuello alto, guantes rojos y bufanda del mismo color. Ha estado correteando y jugando con el perro del vecino, buscando distraer sus ansias de que llegue la noche y lo que pueda ocurrir.

O Jungkook llega de la mano con Seulgi, aceptándola como su novia.

O llega solo con su familia.

Las dos posibilidades tienen su estómago moviéndose gracioso, y cada que el tren mental se desvía en esa dirección, apuña un poco de nieve en su mano y la tira en dirección al otro jardín, viendo al perro Max salir disparado con intenciones de atraparla.

—¡Taehyung! ¿Qué haces aquí afuera todavía? —exclama su madre, vistiendo un delantal con algo de harina en él—. Hace demasiado frío, te vas a congelar.

Estoy bien. Formó con sus dedos, dándole un vistazo al perro que se había alzado sobre la acerca, el Doberman movía feliz su cola mientras le entregaba una rama ya que, por razones obvias, no pudo traer la bola de nieve.

—¿Por qué no dejas a Max descansar y me ayudas en la cocina? —ofreció la señora Kim, viéndolo con una sonrisa astuta—. Estoy cocinando pay de pecanas, seguramente quedará delicioso. ¿no es el favorito de Jungkook?

Eso capta la atención del adolescente, tirando la rama lejos en lo que volteaba en su sitio. ¡Por supuesto que le gustará a Jungkook, es su favorito! Además, le encanta cocinar, algunas veces hace galletas o repostería para comer con Jungkook en los recreos de la escuela. Eso, si el glotón le deja algo.

Y ahí iría el pelinegro para decirle: "Soy un niño en crecimiento Tae. Además, cocinas riquísimo. ¿cómo quieres que no coma?"

Y por supuesto, Taehyung lo consentiria solo para ver esa bonita sonrisa de conejo que le hace suspirar.

Así que sus pies se dirigen a la cocina, obviando la sonrisa conocedora de su madre mientras se coloca un delantal y empieza a ayudarle.

Si, el nombre Jungkook es mágico.

 

Llegan las ocho de la noche, y los invitados empiezan a llegar, pero oh sorpresa: Jungkook no está.

 

No mejora cuando después de la llegada de todos sus primos y tíos, llega la familia Jeon sin el menor de sus hijos. Es la mamá de Jungkook quien lo divisa entre los invitados y abre sus brazos para atraerlo hacia sí, besándole ambas mejillas.

 

—¡Taehyung! ¿cómo has estado? ¿este año también hiciste tu delicioso de pay de pecanas?

 

El adolescente asiente con su cabeza, moviendo la mirada detrás de la familia en busca de su mejor amigo. La mujer supo interpretar.

 

—Jungkook vendrá pronto, está hablando con una chica a dos calles de aquí, no tardará —guiñó su ojo, revolviendo sus cabellos castaños antes de que la mamá de Taehyung apareciera en un alegre saludo.

 

El adolescente sintió su corazón encogerse a lo dicho por la señora Jeon, eso abría una nueva posibilidad entre las dos suposiciones anteriores; Jungkook prefirió irse con Seulgi.

 

Sus hombros bajaron en señal de derrota y dejó el marco de la puerta con un último vistazo al jardín. Seguramente ya debería haberle correspondido.

 

—¡Taehyung!

 

La conocida voz hace que su cabeza gire y una sonrisa grande adorne sus labios, pero no llegó a sus ojos luego de ver quién le hacía compañía por el jardín. Hizo un esfuerzo para no hacer una mueca.

 

—Menos mal no cerraste, hace demasiado frío para esperar a que abran —rió con rastro sincero, mirando a Taehyung observar a la chica junto a él—. Ella es Kim Seulgi, ¿la conoces? la invité a pasar Navidad junto a nosotros. Espero no sea un inconveniente.

 

Taehyung parpadeó en lo que registraba sus palabras, forzando una sonrisa y un asentir a la chica, quién le devolvió el gesto, solo que más genuino.

 

—¡Bien! Hora de entrar —se abrió paso el pelinegro, dándole entrada a la chica primero. Volteó cuando se dió cuenta que faltaba su amigo—. ¿Tae?

 

Taehyung tragó pesado y bajó su vista, frotando de forma disimulada sus párpados antes de voltear. No quiere llorar, sabe que su amigo está feliz. Él es feliz y eso es lo que importa.

 

Así que con una sonrisa llevó su brazo al cuello de Jungkook y lo abrazó de medio lado mientras ingresaban, separándose para tomar asiento en la mesa. Jungkook por supuesto, su primer movimiento fue tomar una avellana que decoraba el pay y devorarla, siendo regañado por su madre.

 

—¡Jungkook! Sabes que el postre es lo último.

 

—¡Eso es colocarle carne a un perro hambriento! Además de seguro lo hizo Taehyung y debe estar delicioso —se escuchó por toda la mesa con tono infantil, provocando la risa de varios invitados.

 

—Taehyung también me ayudó con el pavo, ¿no quieres probarlo? —dijo la mamá del susodicho, viéndolo a su hijo encogerse de vergüenza.

 

La pregunta fue afirmativa y de forma instantánea empezaron a degustar el delicioso banquete de hoy entre risas y anécdotas, algunas veces cánticos sin sentido con ritmo navideño y otras con risotadas grandes, nunca dejando paso al silencio.

 

El hermano sordo mudo de Jungkook, Yeonjun, había notado hace un tiempo la actitud apagada del castaño mientras comía de su plato, sonriendo y asintiendo sin verdadera alegría a sus fanales. Llamó su atención con sus pies por debajo de la mesa.

 

"¿Qué sucede?"

 

Taehyung le miró con derrota.

 

"Jungkook tiene novia." Formó disimuladamente con sus dedos, mirando en dirección al pelinegro.

 

Yeonjun colocó una cara incrédula.

 

"¿Hablas de Seulgi? Ella no es su novia, me dijo que la rechazó y como disculpa la trajo aquí."

 

Taehyung casi se atraganta con su chocolate por la información, sin creerla del todo. Es decir, ¿Jungkook rechazando a Seulgi? Es imposible.

 

Hubiese preguntado más, de no ser porque la cena fue acabándose y era momento de trasladarse a la sala. Faltaba poco para las doce y tenían la costumbre de reunirse alrededor del árbol y contar los minutos hasta que pudiesen abrir los regalos.

 

El castaño hubiese ido en esa dirección, de no ser porque la escena de su mejor amigo y la chica sentados uno al lado del otro en el sofá no fue nada agradable de ver. En su lugar, regresó al jardín para tomar un poco de aire fresco.

 

Dolía.

 

Siempre leyó en novelas románticas la tragedia de sentir un amor no correspondido, pero aquello siquiera se asemejaba a lo que su apretado corazón estaba sintiendo. Era un dolor punzante y feo, existiendo de la mano con la clara envidia de la situación. Odia esto.

 

Sus pies se encaminan sin mucho ánimo al árbol de pino decorado y apoyado en la nieve, sus luces reflejándose en sus iris cristalizados. ¿Al menos su deseo se hará realidad? ¿Podrá hablar cuando el reloj marque las doce?

 

El cielo está estrellado está noche, su manto recorre las casas que al igual que ellos, celebran la dicha de tenerse los unos a los otros.

 

Pero él ya no tiene a su persona especial...

 

—¿TaeTae? —pregunta la voz más dulce que ha tenido la oportunidad de escuchar—. Ya casi son las doce.

 

Taehyung no voltea al llamado, pero se estremece cuando unos brazos le rodean la cintura desde atrás y un mentón descansa en su hombro, intentando verle.

 

—Haz estado raro, durante toda la cena siquiera me viste —se quejó con un puchero, derritiendo a Taehyung—. ¿Qué pasa? ¿hice algo malo y estás enojado conmigo?

 

Inhala el frío ambiente antes de negar, sin verlo todavía.

 

—¿Entonces qué sucede?

 

Se muerde el labio, acallando la respuesta. Está consciente que faltan dos minutos para la Navidad, su primo Taeil lo ha gritado desde la casa.

 

—TaeTae —le aprieta el agarre, ahogándolo en una risa—, no te dejaré ir hasta que me respondas, así nos congelemos y seamos muñecos de nieve.

 

Finalmente Taehyung cedió, echando la cabeza hacia atrás un momento antes de despegarse y girar en su sitio. Se distrajo inmediatamente con el rostro contrario.

 

Su nariz de punta rosa y mejillas son tan adorables que no se resiste a tomarle el rostro con ambas manos enguantadas, mirando con tanto amor esos ojitos de ciervo que están atentos a él.

 

Un minuto.

 

—¿TaeTae? —pregunta más preocupado esta vez, siendo consciente de las lágrimas atrapadas en sus ojos—. ¿Por qué lloras?

 

El chico baja la vista un momento, contando mentalmente cada segundo que falta hasta que pueda hacerlo, hasta que pueda hablar. La espera parece una tortura. Es casi instintivo como pasa ambas manos alrededor del cuello de Jungkook, atrayéndolo hasta sí mismo, suspirando a la calidez.

 

Quince, catorce, trece...

 

Jungkook le devuelve el abrazo casi en autoreflejo, acariciando su espalda y respetando su falta de respuesta.

 

Es cuando el gran reloj hace sonar la media noche en campanas felices, que Taehyung sale del escondite en su cuello, mirándolo fijamente mientras abre sus labios, listo para hacerlo, hacer aquello que desea más que nada en el mundo.

 

Pero su voz no está.

 

Lo intenta, busca y empuja para crear aunque sea un solo sonido, pero no puede. Su mudez sigue ahí, ningún milagro de Navidad ha ocurrido. La realidad hace que sus labios tiemblen y finalmente las lágrimas escapen.

 

Jungkook se agacha inmediatamente cuando el llanto de Taehyung se hace mucho peor, mojandole el pecho y arrugando su ropa como si buscara aferrarse. No entiende qué le pasa, está a punto de llorar porque jamás lo había visto así.

 

"No eres normal, eres una anomalía de la naturaleza, nunca serás capaz de llevar una vida como nosotros."

 

—Taehyung.

 

El chico se niega a subir su vista aún cuando Jungkook le toma de las mejillas y levanta su cabeza. Están tan cerca que puede oír lo dificultoso que respira el contrario.

 

—Mírame —ordenó suavemente, acariciando su rostro con sus pulgares de forma conformable.

 

Y cuando Taehyung lo hizo cuestionando con la mirada llorosa, finalmente aquello que tanto deseó escapa de sus labios.

 

—T-Te... a-amo —susurra casi de forma inaudible, pero para el pelinegro fue tan claro como el manantial cristalino que rueda en las mejillas de Taehyung.

 

Su cerebro inmediatamente colapsa y su lengua queda paralizada, al igual que todo de él. Taehyung habló, Taehyung habló y le dijo te amo. Solo se da cuenta de que está llorando cuando una mirada de pánico se forma en el contrario.

 

—N-No llo-llores —susurra el castaño con voz ronca y gastada, mirando los ojos de Jungkook volverse cristalinos mientras lo ven—. Kook.

 

Kook.

 

—Jesús —Y sin decir nada, Jungkook toma el rostro de Taehyung y se abalanza contra sus labios, haciéndole caer contra la nieve.

 

Taehyung apenas pudo procesar el movimiento antes de soltar un suspiro corto y devolver el beso con más ansías, saboreando la ternura y el amor en cada uno de ellos. Sus manos viajan a la cintura de Jungkook y lo envuelven en lo que continúan, su corazón desbocado haciéndole temblar al igual que las brisas o la nieve fría en su espalda. Jungkook es el primero en separarse, parpadeando como en un sueño para mirarle con una sonrisa.

 

—Yo también te amo Tae, no tienes idea desde hace cuánto estoy enamorado de ti —plantó un beso en la mejilla fría y roja de Taehyung, volviendo a mirarle.

 

Taehyung parpadeó con sus ojos bien abiertos, sin creer lo que estaba escuchando.

 

—Y estás hablando —murmuró bajo, incapaz de controlar la alegría de su corazón al escuchar aquello—. Sé el gran esfuerzo que diste para hacerlo, gracias.

 

El chico castaño solo movió sus manos al rostro de Jungkook y lo besó por su propia iniciativa, haciéndole levantarse de la fría nieve sin despegarse. Taehyung se separó con una sonrisa y lo envolvió en un abrazo, volviendo a murmurar:

 

—Te amo Kook.

 

Tal vez sus palabras no fueron dichas por la magia de Santa Claus, tal vez aquel milagro navideño fueron la fuerza brutal de sus sentimientos los que le permitieron confesarse.

 

Sea como sea, Taehyung había cumplido su deseo más preciado y siendo correspondido por la persona que más ama.

 

No hay mayor felicidad para él que esa.

 

Mientras, en el marco de la casa se encuentra la señora Kim con una mirada dulce por la escena, sus dedos sostienen la carta que con cariño su hijo escribió para recibir en Navidad.

 

Al parecer, un Milagro Navideño había sucedido ese día.

 

Fin.