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Hola.
No estoy del todo seguro si esta carta llegará a alguien, y si lo hace, quienquiera que la lea, espero no le moleste leer las quejas de un desconocido. La amiga de mi hermana me dijo que intentó este método para hacer más amigos fuera de la ciudad, y me recomendó probarlo porque, y cito, “hay más personas y toda una vida más allá de Mystic Falls”. En realidad, creo que vio lo patéticamente solo que estoy, y espera que haga un amigo al menos a través de cartas.
Quiero que sepas que no estás obligado a contestar, o a leerla, en todo caso. Éste soy yo, más que nada, buscando un lugar donde no me juzguen por lo que siento, ni lo que pienso. Pero si la lees y deseas contestar, me alegraría mucho ver qué piensa un desconocido de mi situación, y si estoy equivocado en lo que digo o si exagero, por favor, no dudes en hacérmelo saber.
Mi nombre es Jeremy Gilbert, tengo dieciséis años y estoy en la secundaria. Me gusta el anime (si no sabes qué es, son dibujos animados de origen japonés. Hay algunos realmente buenos), escuchar música de rock, leer, y hace poco descubrí que soy bueno cocinando, pero no se lo dije a mi hermana aún. Estoy seguro de que se burlaría de mí sin parar, porque siempre le dije que no pisaría nunca la cocina.
Aunque eso fue antes de la muerte de nuestros padres.
Sus nombres eran Miranda y Grayson, y a vistas de todos eran la pareja ideal, los mejores padres y ciudadanos destacados de Mystic Falls. Claro que la gente no sabe muchas cosas de ellos que yo y mi hermana, Elena, sí, pero al final del día eran nuestros padres. No eran perfectos, pero éramos una familia.
Murieron hace once meses, y nada volvió a ser igual.
Ahora que lo leo bien, suena como la típica novela juvenil de la tele, o esos libros para jóvenes adultos en las librerías, pero es así. Como dije, amable desconocido, no eran perfectos, pero mamá era mamá, y papá era papá, defectos y todo, y los extraño como a nada en el mundo.
Tuve una discusión con ambos la noche que murieron. Y luego de algunos meses, discutí con Elena por eso. Hace meses no hablamos.
Pensarlo duele. Duele porque no pude disculparme con ambos antes de que salieran a buscar a Elena la noche que tuvieron su accidente. Duele porque la última vez que hablé (o le grité) a Elena, le dije cosas que en realidad nunca quise decir. Duele porque mi tía Jenna detuvo su vida y ni siquiera tuvo tiempo de llorar la muerte de su hermana, mi madre, para cuidarme a mí.
Duele porque cuando murieron, me convertí en lo que papá siempre temió que me convertiría.
En pocas palabras, me volví lo más cercano a un alcohólico que uno podría pensar. Papá tenía una vinoteca en casa, y mamá conservaba algunas bebidas que le regalaban sus amigas y nuestros vecinos. No recuerdo bien en qué momento empecé a beber, sólo sé que fue Elena y su entonces novio, Matt, quienes me encontraron desmayado en la sala de estar con una botella de vino vacía junto a mí. Elena me dijo que no volviera a hacerlo, porque nunca había bebido antes y beber mucho de esa forma solo me haría daño. Creo que tomé eso como un desafío y empecé a beber más y más.
Quisiera decir que estaba ebrio cuando discutimos por última vez, pero estaba sobrio, lo cual me hace odiarme más a mí mismo. Pero uno de los motivos de esa discusión era mi creciente amor por la bebida. Y porque me suspendieron de la escuela porque colé algo de vino un día.
No te diré lo que le dije a Elena sobre eso. Sólo puedo decirte que todo empezó con Elena taladrándome la cabeza esa noche cuando vino de visita desde la universidad, y dijo las mismas palabras que decía papá. Exploté, e intercambiamos insultos. Luego le dije cosas horribles y salí de la casa. La tía Jenna me encontró y prácticamente me trajo arrastrado del cabello, pero Elena se había ido. No hablamos desde entonces.
La tía Jenna es una santa. No, una guerrera. Estaba a poco de graduarse de la universidad cuando mis padres murieron, pero no dudó en dejarlo todo de lado para hacerse cargo de la casa y, por consiguiente, de mí. Elena ya estaba en la universidad, pero también vela por ella lavando su ropa y enviándole comida, llamándola todas las noches al menos veinte minutos y hablando por horas cuando Elena visitaba.
Nunca pretendió que no le afectó la muerte de mamá, su hermana mayor, pero no la paralizó tampoco. Encontró un trabajo de medio tiempo mientras se encargaba de su residencia, y nunca podré entender cómo, encontraba la forma de pasar un buen tiempo conmigo y Elena cuando visitaba. Bonnie, una de las amigas de Elena, bromeaba diciendo que se había clonado porque nadie podía lograr lo que ella hacía, pero Jenna siempre presumió que ella si quería, podía hacerlo, y lo hizo (aún lo hace).
Yo no tengo muchos amigos. Creía tenerlos, pero dos de ellos se mudaron sin decir nada, y otro se volvió muy popular para mí y terminó alejándose. Sólo volvió a hablarme luego de la muerte de mis padres, y vino al funeral, pero nada más que eso. Deberé preguntarme qué hice mal para que todos se alejen, o si solo elegí mal a mis amigos.
¡Cierto! Casi me olvido de Matt. Era el novio de mi hermana, pero habían terminado poco después del accidente. Siempre me cayó bien, es una buena persona, pero buena de verdad. Matt es la clase de hombre que siempre recuerda tu cumpleaños y, como mínimo, te invita a cenar, y si eres cercano, organiza toda una fiesta. ¿Te sientes mal? Maratón de películas de comedia y mucha comida. ¿Celebras algo? Él estará más feliz que tú. Siempre ha estado ahí para nosotros. Incluso cuando Elena terminó con él, nunca se olvidó de mí, lo cual agradezco. ¿Es normal que lo considere un amigo? Quiero creer que sí.
Vaya, he escrito más de lo que pretendía. Lo siento, no te culparé si deseas no leer esta carta, y si lo hiciste, ojalá no te hayas aburrido.
Si deseas responder, seas quien fueres, estaré más que feliz de seguir en contacto. Si no es así, al menos podré decir que he hecho un descargo. No puedo negar que me siento un poco mejor.
Jeremy.
