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Omegaverse One Piece

Chapter 1: Lección 1

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Hacía un clima maravilloso en East Blue, el mar estaba en calma, las nubes esponjosas decoraban el cielo del medio día y las gaviotas graznaban a su antojo en busca de comida, apenas quedaban unas horas para llegar a la ciudad natal del que fue el gran Rey Pirata Gol D. Roger, quien inició la Gran Era de los piratas en el que todos buscaban el gran tesoro One Piece, muchos afirmaban ser solo una tontería que dijo justo antes de ser ejecutado, pero otros se llenaron de esperanza y aventura y emprendieron rumbo al mar en su búsqueda y uno de ellos, veinte años después de lo ocurrido, aún mantenía le fe ciega de que aquello era verdad, como el particular Monkey D. Luffy.

- ¡Sanji, comida~! – gritó desde la cabeza del Going Merry entre pucheros.

El cocinero chasqueó la lengua y fingió no escucharle, pero el brazo del capitán se estiró de tal manera que recorrió media cubierta hasta alcanzarle y salir disparado contra este que le tiró al suelo. El usuario de la Fruta del Diablo Gomu Gomu se rió con ganas al escuchar sus gruñidos contra las tablas de madera. Era un chico de 17 años moreno de aspecto delgado muy risueño que siempre portaba su inseparable sombrero de paja por lo que se estaba ganando la fama de ser el pirata "mugiwara". Por su físico nadie lo diría, pero se trataba de un alfa, era totalmente peculiar pues normalmente estos solían ser de cuerpos grandes y fornidos de aspecto amenazador.

- ¡es imposible que tengas hambre, hemos comido apenas hace una hora! – gruñó con una visible marca roja en la frente por el golpe que había recibido al estamparse contra el suelo. El cocinero era rubio, cubría su ojo derecho con su cabello, tenía una característica ceja en forma de espiral y era de complexión delgada, aparentemente no parecía alguien muy fuerte pero su técnica de patadas hacía estragos a su paso- además deja de hacer el idiota, apenas unos días que peleaste con Arlong, deja que tus heridas se curen como deben.

El poderoso gyojin que había estado atemorizando una zona del East Blue con sus ideales radicales de que ellos eran mejores que los humanos y buscaba poder y riquezas gracias a la ayuda de la Marina que tenía comprada a base de sobornos.

- Luffy, haz caso a Sanji... pronto llegaremos a Loguetown – añadió la hermosa navegante, Nami. Una chica también de 17 años que había estado bajo las órdenes de Arlong durante muchos años pero que por fin, gracias a sus nuevos nakamas, había logrado su libertad y de ahora en adelante viviría nuevas aventuras con ellos.

- Ah~ Nami-swan es tan genial cuando me da la razón ♥ -pronto se le olvidó el dolor de la frente y acudió a rondarle a la beta que ignoró sus repetitivos halagos- ¿Quieres tomar algo? Encantado te lo prepararé.

- ¿Eso no era lo que precisamente estaba pidiendo Luffy? – preguntó el curioso Usopp, el tirador y carpintero de la tripulación de nariz larga y pelo rizado, él también era beta, cobarde y valiente a la vez - ¿Por qué a ella si le preparas algo y a él no?

- ¿No es obvio? – chaqueó la lengua con desgana por verse interrumpido en mitad de su coqueteo- ella es una dama a la que hay que cuidar y mimar siempre que se pueda, vosotros podéis iros a comer los restos de la basura...

Estos enseguida se quejaron y fueron tras el cocinero en busca de venganza por sus palabras, no había nada más divertido (aparte de seducir a Nami, por supuesto) que tomarles el pelo a esos dos que siempre se lo tomaban en serio cuando se trataba de comida, jamás les dejaría pasar hambre y eso era algo que todos sabían.

- Que ruidosos... - gruñó en las escaleras el último miembro de la tripulación que se había despertado por tanto alboroto. Se trataba de un espadachín alfa de cabello verde y corto, su complexión era fuerte y siempre iba acompañado de sus tres inseparables katanas, pues su estilo de kenjutsu era el Santtoryu, el arte de la lucha con tres espadas. – oye cocinero de mierda, tengo hambre.

- Tsk, lo primero que haces nada más abrir los ojos es insultar y pedir... debería haberte fileteado y darte de comer a Luffy... -maldijo su mala suerte el cocinero por tener a un nakama como ese.

Recordó la primera impresión que le causó el samurai cuando fueron al Baratie: un idiota integral. Tan arrogante y orgulloso como cualquier alfa que entraba en aquel restaurante, pero luego cambió su opinión sobre él cuando dijo que su camino de la espada era más importante que su propia vida... ¿Cómo iba a ser así? Era absurdo anteponer tus sueños a tu propia vida... pero lo dijo con tal seguridad y firmeza que hizo que sus ideales se derrumbaran. Él había renunciado a sus ambiciones, encontrar el All Blue, su sueño de la infancia para quedarse a ayudar a Zef, el pirata que dio su pierna izquierda para salvarle la vida y con quien compartió la desgracia de quedar en una isla sin agua ni comida durante días.

Fue gracias a la determinación de Luffy y la lucha que pudo ver de Zoro y Mihawk que dio el paso decisivo de abandonar el Baratie e irse con ellos de aventuras para encontrar su soñado océano. Pero ahora que había compartido con ellos la lucha por el poblado de Nami y luchar contra Arlong sabía que aquellos tipos serían sus nakamas para toda la vida, incluyendo al estúpido cabeza de algas.

- ¿has dicho algo, cejas rizadas? – sostuvo la empuñadura de su katana con ganas dispuesto a usarla contra este.

- ¿Qué pasa, se te ha metido un alga en la cabeza y te has quedado sordo, marimo? – preguntó provocador listo para enzarzarse en una pelea.

- ¿Qué es aquello? – interrumpió Ussop la discusión mientras miraba con unos prismáticos hacia el mar- ¡u-un barco pirata!

Se trataba de la tripulación de Buggy, el pirata payaso que había comido la fruta del diablo que poseía la capacidad de poder trocearse en todas las partes que quisiera. Se enfrentaron a él y su tripulación, les vencieron sin demasiadas dificultades, celebraron la victoria con una buena cena y todos se fueron a dormir.

Sanji se quedó recogiendo la cocina, si los cálculos de Nami eran correctos llegarían a Loguetown al día siguiente y eso solo podía significar una cosa: Un buen lugar donde conocer hermosas mujeres e intentar seducirlas. Solo la idea de conseguirlo hacía que se le cayese la baba por lo que debía hacer algo, debía ir "preparado".

Salió de la cocina y se encendió un cigarro, se le hacía raro no llevar uno en la boca. Se aseguró de que no hubiera nadie en cubierta antes de ir a la bodega, su escondite perfecto en el que poder tener intimidad, ya que compartía habitación con los otros menos la navegante que se había adueñado del camarote del capitán para poder poner sus libros y demás pertenencias, a Luffy no le importaba habérselo cedido pues le gustaba estar con los otros chicos y así ella tenía su privacidad. Cerró la puerta tras de si y de detrás de unos barriles sacó una revista erótica para poder animarse y sacar ideas, aunque tampoco le hacía demasiada falta. Se quitó los pantalones y chaqueta para no arrugarlos y se sentó en el suelo apoyando su espalda en uno de los barriles para ponerse manos a la obra, buscó alguna fotografía interesante y comenzó a acariciarse a si mismo con los ojos cerrados, aquello se sentía bien, suaves gemidos salían de su garganta mientras continuaba con su suave vaivén que iba incrementando poco a poco, si, estaba a punto de...

- Oye ¿Qué haces, cocinero de mierda? – preguntó Zoro acuclillado frente a él viendo todo el espectáculo que estaba brindándole el rubio.

- UAH!!!! – Gritó abochornado al verse descubierto y no podía ser por peor persona que él - ¿Qué cojones haces aquí, marimo pervertido!? – trató de cubrirse con algo, pero solo llevaba la camisa puesta, así que tiró de ella para ocultar su entrepierna-

- Hoy me tocaba vigilar y te he visto merodeando por la cubierta y entrar aquí, quería saber que tramabas, no es la primera vez que lo haces – respondió mientras detenía una de las patadas del cocinero que estaba completamente rojo-

- ¿Es que uno no puede tener un poco de intimidad? -trató de zafarse del agarre del espadachín, pero este aun no le soltaba- ¿O es que quieres que lo haga en el camarote delante de todos, idiota?

- ¿Hacer el que? – repitió su pregunta sin importarle que Sanji estuviera incomodo y a medio vestir.

- ¿Cómo que "el que"? -frunció el ceño ante las dudas de Zoro- pues... "eso"

- ¿Qué es "eso"? – el cocinero no hablaba claro y no le entendía- lo único que veo que estás haciendo es tocarte el pene ¿Qué finalidad tiene eso?

- ¿Cómo que qué finalid...? -se interrumpió a si mismo pues pareció entender de qué iba el asunto, pero no podía ser, era imposible de que el de pelo verde no supiera de que estaba hablando- alto... alto ahí... ¿me estás diciendo que tu no lo haces?

- ¿Hacer el que? – dijo por segunda vez, sabía que era idiota, pero no sordo.

- ¡Argh, cállate ya, estúpido marimo! -perdió los nervios haciendo que la colilla cayese de sus labios – masturbarme ¿vale? ¡Masturbarme! No puedo creer que me obligues a decirlo tal cual ¡voy a matarte!

- ¿Masturbarte? – repitió esa palabra, miró de nuevo a la zona que el rubio trataba de ocultar con su camisa y miró de nuevo a su único ojo visible- ¿para qué sirve hacerlo?

Este se quedó de piedra, o sea que había acertado en pensar que este no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, se le hacía raro pensar que alguien como él, un alfa joven (y que jamás admitiría en voz alta, pero podía considerarse atractivo) nunca lo hubiera hecho, eso lo hizo darse cuenta entonces de otra cosa.

- Si no sabes masturbarte ¿qué haces durante tu celo? – dio por hecho que los tenía pues la edad media en la que se suele empezar era a los quince, no sabía cuántos celos podía tener de un alfa al año, pero al menos serían dos o tres-

- Entrenar con más ahínco – respondió cruzándose de brazos como si fuera lo más normal del mundo.

El cocinero estalló en risas, desde luego el mundo estaba lleno de alfas, pero solo en ese barco estaban los más idiotas de todos, intentó calmarse y dejar de reír pues notaba el aura asesina del espadachín, recuperó su cigarrillo para darle otra calada y realizó otra pregunta personal:

- Oye, marimo ¿es que acaso eres virgen? -al ver que no entendía eso tuvo que matizar- ¿Nunca te has acostado con una mujer?

- ¿Eh, para qué? – aunque Sanji no lo supo, también se lo había tomado de forma literal- las mujeres son molestas.

El cocinero se quedó callado por unos segundos para luego reírse con malicia, de verdad que ese espadachín era único. Idiota y único. Dio otra larga calada y tiró el humo hacia un lado para declarar finalmente:

- Yo gano – sonrió triunfante. Él sí que había experimentado el placer de estar con una mujer en algunas ocasiones trabajando en el Baratie, la felicidad máxima de haberle superado en algo era indescriptible. – no puedo creer que el gran Ronronoa Zoro se mantenga puro a sus 19 años, de verdad que lo único que entra en esa cabeza de alga es el acero y la lucha.

- No sabía que estaba en una competición contigo en esto, pero me da igual -poco le importó el triunfo del otro en algo que le era indiferente- ¿Por eso te tocas?

- Hum... ¿Qué va a entender un virgen como tú? -intentó mofarse el rubio- como no has probado las delicias y placeres de los adultos es normal que no sientas interés, además se te daría fatal, eres un bruto, no estas hecho para el arte del amor.

- Enséñame – declaró, si lo que pretendía el cocinero era un desafío él nunca iba a negarse a uno.

- ¿Q-que dices? – casi se atragantó con el humo de su cigarro - ¿Por qué iba a hacer tal cosa? No estoy interesado ni en ti ni en la reproducción de los marimos, no puedo ayudarte en eso, ve y restriégate contra algún alga a ver si tienes suerte.

- ¿Qué pasa, te da miedo a que sea mejor que tú, cocinero de mierda? – sonrió de lado sabiendo que si le desafiaba este tampoco lo rechazaría, era tan orgulloso y obstinado como él.

- -tsk! – chaqueó la lengua, por supuesto que odiaba rechazar una competición y más contra Zoro, sobre todo en una en la que sabía de sobra en la que podía ganarle – ni en mil años podrás igualar mi técnica del amor, bastardo. Acepto el desafío ¡voy a demostrarte lo bien que se me da esto!

- ¿Eso no te hace quedar como un pervertido?

- ¡Cállate! -se ruborizó de nuevo, inhaló otra calada y esta vez si le tiró el humo en la cara para molestarle- tendrás que llamarme "Oh Gran Sensei del Amor"

- No pienso hacerlo... -se le formó una vena en la sien- solo explícame como empezar.

- Jeh, haré que me llames así el día en que te estrenes con una hermosa mujer y todo sea gracias a mi – se rio imaginándose la escena de un Zoro arrodillado a sus pies adorándole el haber descubierto un nuevo mundo- bien, primera lección: ámate primero a ti mismo, las mujeres saben si confías en ti mismo o no, no pueden notar ni pizca de duda en ti. Además, debes ganar resistencia y práctica por lo que debes conocer tus limitaciones. Cuando estés a solas tócate a ti mismo, averigua donde y como te gusta para que... ¿Qué diablos haces?

- ¿eh? -levantó la cabeza para mirar al cocinero, pues ya se había desabrochado el pantalón y sacado su miembro- ¿No vamos a empezar ahora?

- ¡acabo de decirte que cuando estés solo, marimo idiota! -exclamó avergonzado ante la nula vergüenza de este- ¿Por qué iba a querer ver esto? ¡Argh quiero arrancarme los ojos!

- ¿Cómo voy a aprender si no ves como lo hago? Si lo hago mal será por tu culpa – fue su turno de chasquear la lengua, ¿Cómo podía ser tan problemático el cocinero? - ¿ahora qué?

- Ahora usa tu katana y córtatela -ordenó con voz de ultratumba-

- ¡No voy a hacer eso! – gritó ya perdiendo los nervios-

Sanji ya estaba hiperventilando ¿Cómo había acabado en esa situación? El sólo quería su ratito de darse amor y ahora estaba con un idiota sujetándosela esperando instrucciones ¿Por qué los dioses le odiaban tanto? Si se tratase de Nami sí que se consideraría bendecido, pero no, no era tal su suerte. Suspiró pesadamente, si no le enseñaba no terminaría nunca esa locura y con suerte mañana ya se le habría pasado la tontería y le dejaría en paz.

- Argh... está bien -dio su última calada y apagó el cigarro contra los tablones de la bodega, era hora de dar su primera, y esperaba, que fuera su última clase- esto no es un arte exacto, cada uno tiene sus propios gustos, pero hay algo a lo que todo hombre le gusta... "el sube-baja" -decidió bautizar así al movimiento de mano- sujétala con firmeza pero sin hacerte daño y empieza con un ritmo lento tirando de la piel de arriba abajo para que coja vigor y se endurezca.

Zoro asintió, eso no tenía ninguna dificultad para él, así que comenzó a imitar los movimientos que había visto realizarse a sí mismo el cocinero, no estaba mal pero no sintió nada especial ni interesante como para tener que esconderse a hurtadillas para realizar esto, su miembro no se endureció.

- Oye, esto no funciona – alzó su cabeza para mirar al rubio y le descubrió que estaba muy atento a sus movimientos, eso sí que le provocó algo dentro de su cuerpo e hizo que un pequeño espasmo de placer hinchase su miembro.

- ¿Eh? Ah... -parpadeó confuso y atendió las palabras del espadachín, era la primera vez que veía a alguien masturbarse delante de él y había sido... raro- bueno, es normal, si no te sientes inspirado o con ganas puede suceder, ten -le ofreció su revista por la página que estaba usando él, una hermosa mujer de cabello largo y claro con grandes pechos en pose sugerente.

El samurai arrugó la nariz, no era para nada de su agrado, esa pose forzada, ese rostro tan preparado ¿de verdad era excitante? Desvió un poco la vista y se encontró con la pierna del cocinero, la miró con detenimiento, le había visto luchar en muchas ocasiones, sabía que eran largas, pero no tanto. Su piel era clara y firme salpicado en vello rubio y aunque fueran delgadas eran firmes y fuertes. De nuevo su cuerpo reaccionó. Continuó la trayectoria de su mirada por sus muslos hasta que concluyeron en el punto donde la camisa cubría la intimidad del otro. Un gruñido, similar a un gemido, brotó bajo en sus labios y retomó el "sube-baja" en el que sin duda ahora era mucho mejor al estar totalmente endurecida. Siguió con el recorrido de su mirada, la camisa estaba algo arrugada y al tener un par de botones desabrochados pudo ver el pecho algo rosado del cocinero que delataba su respiración, su mano aumentó el ritmo cuando sus ojos se posaron por las clavículas y se dio cuenta de que Sanji tragó saliva con dificultad al ver como la nuez subió y bajó.

Los labios eran finos y estaban entreabiertos algo resecos por estar respirando por la boca. Pudo sentir como el placer empezaba a acumularse en su bajo vientre, algo nuevo y delicioso que no había experimentado hasta ahora por nada ni nadie. Cerró los ojos, un escalofrío se había apoderado de su columna vertebral en dirección a su entrepierna que ya estaba humedecida por algunas gotitas de pre semen, soltó de nuevo un ronco gemido y abrió los ojos para descubrir al cocinero con las mejillas totalmente encendidas y sus pupilas tan dilatadas que su iris azul apenas era una fina línea delgada al igual que sus labios apretados.

- ¡Ng! – tuvo que apoyarse en el suelo pues la descarga de placer culminó en un orgasmo que salpicó la madera del barco mientras trataba de recuperar el aliento, la base del pene se hinchó como solía ocurrir con los alfas para poder realizar el nudo, pero en este caso no había podido ser. Había cerrado los ojos inconscientemente cuando eyaculó y al abrirlos el rubio seguía igual mientras se aferraba a su camisa, Zoro sonrió de lado algo jadeante todavía – no ha sido tan difícil.

Fue el turno de Sanji de sentir el escalofrío por su espalda provocando que su vello se erizase, la voz del espadachín ya era ronca de por sí, pero ahora era el doble y no supo porque eso le pareció muy sexy, como un depredador a punto de atacar a su presa, Zoro se acercó a él mientras pasaba su mano limpia por la pierna del cocinero desde la rodilla hasta la cara interna.

- ¿Q-qué haces, idiota? – preguntó incapaz de reaccionar ante tal caricia que terminó colándose bajo su camisa y albergó con sus dedos el miembro endurecido de este donde ahora sí se dio cuenta de lo que estaba sucediendo y trató de detenerle sujetándole por la muñeca- esto no iba sobre mi...

- Habrá que terminar lo que empezaste ¿cierto? – su sonrisa se ensanchó y no dudó en comenzar la nueva técnica que acababa de adquirir que provocó un gemido ahogado en el rubio – esto no puede quedarse así...

- N-no, para... - usó su otra mano para sujetar el hombro del guerrero y detenerle pero este no obedecía, al igual que su cuerpo que se negaba a dejar de recibir las atenciones- Z-Zoro, detente...

Escuchar su nombre de esa forma, jadeante y suplicante, no ayudaba precisamente a que este parase, sino todo lo contrario, además, aunque repitiese una y otra vez que dejase de hacerlo sabía perfectamente que no quería, sino si habría usado toda su fuerza para lograrlo. Apretó un poco más el agarre y este gimió más alto, su miembro estaba completamente duro, su cuerpo se agitaba por las descargas placenteras y creía que no era posible pero su sonrojo aumentó en sus mejillas, le gustaría comprobar hasta donde quedaba su límite.

Por desgracia para Sanji, era incapaz de detenerle, esa inexperta mano era algo torpe y ruda, para nada como la suave y fina mano de una mujer, no entendía cómo podía estar así de duro entonces. Agachó la cabeza y cerró los ojos mezcla de vergüenza y querer intentar pensar en otra cosa, o que fuese otra persona el que estuviera masturbando, pero no pudo, la presencia de Zoro era tan inmensa que no podía negarle, solo podía disfrutar con todo aquello, se sentía al borde de culminar, era demasiado...

El alfa apoyó su frente en el cabello rubio a la altura de la frente y coló su nariz entre los mechones. Aunque solo podía escuchar sus propios gemidos y los latidos de su corazón en sus propios oídos, pudo oír como este inhalaba su olor. Fue el detonante para que el cocinero culminase en la mano del otro conteniendo el gemido mordiéndose el labio inferior.

Sus espasmos continuaron unos segundos más hasta quedar totalmente vacío, fue entonces cuando el de pelo verde se detuvo y le liberó pero sin apartarse todavía de él, su nariz seguía jugueteando con su cabello que le provocaba un cosquilleo muy diferente al que había sentido antes.

- Oye, cocinero... - dijo en voz baja en dirección a su oído, parecía que quería decirle algo, pero tal proximidad fue demasiado para este y Zoro ahora sí pudo comprobar el límite en el que este podía sonrojarse-

- E...E... -su cuerpo tembló, no solo sus hombros, sino por completo, cosa que interrumpió su frase y se apartó solo un poco para ver que ocurría- ¡ESTÁS MUERTO, CABRÓN! -Gritó avergonzado a la vez que tomaba impulso y le arreó una buena patada en la cara mandándolo a volar contra los barriles que había frente a ellos- ¡Argh, muerto, estás muerto! – repitió mientras se daba a la fuga a toda prisa tras coger algo de su ropa saliendo de la bodega en dirección a la cocina y encerrarse en la despensa.

- Ouch... ese idiota... -se quejó el insultado tras sentarse con una enorme marca roja con forma de pie en la cara, se sacudió los restos de madera de sus ropas, vio la puerta abierta y un zapato negro a mitad de camino, se había ido tan deprisa que ni se había dado cuenta de que se lo había dejado. Zoro soltó una risita divertida- esto va a ser divertido.

Sanji se encerró en la despensa completamente agitado y aun a medio vestir, el corazón le iba a estallar en el pecho ¿Qué acababa de pasar? ¿él y el marimo? No, imposible, trató de convencerse a sí mismo de que era una pesadilla, que se había caído y golpeado la cabeza, era lo único que tenía sentido. Se puso su ropa y se dio cuenta de que le faltaba un zapato, ni de broma volvería a la bodega donde ese pervertido cabeza de alga podía estar en verdad allí. Se aferró a su cabeza, sentado en el suelo tratando de olvidar lo sucedido, si, no había sucedido... nada había sucedido.

A la mañana siguiente el cocinero se despertó quejándose al descubrirse que estaba en la despensa, le dolía el cuello por haber dormido en una mala posición el resto de la noche ¿Qué hacía allí? Se levantó y salió del cuarto donde se encontró con el zapato izquierdo ¿Por qué estaba ahí? Medio adormilado se lo puso y se dio cuenta de la hora que era, pronto llegaría el resto con hambre y el desayuno tenía que estar listo.

Entre bostezos preparó todo un surtido de comida para la tripulación que entraron en la cocina justo a tiempo que él colocaba la última bandeja de tostadas en el centro de la mesa, Luffy fue el primero en llegar y zamparse la bandeja de un solo bocado, seguido de Usopp que le golpeaba en la cabeza por no esperar a los demás y Nami que le daba las gracias a Sanji por el desayuno, cosa que no pudo hacer más feliz al cocinero que se dedicó a rondarle sin darse cuenta de que el último que entraba era un somnoliento Zoro y se colocaba en su sitio habitual sin decir ni media. Como era habitual, el rato de desayuno siempre era entre risas y escándalo hasta que acabaron con toda la comida que había en la mesa, fueron saliendo uno a uno de la cocina.

- Oye, marimo desagradecido – le llamó Sanji ya que se había quedado el último y le señaló con su cigarrillo encendido- es de mala educación no dar las gracias por la comida que ponen frente a ti ¿Cuántas veces tengo que decírtelo para que esas algas absorban tal información?

Este se detuvo en el marco de la puerta mirándole con seriedad durante unos segundos, apoyó su mano en el pomo de la puerta como si fuese a cerrarla

- Gracias por la comida – dijo inexpresivo para cambiar a una sonrisa traviesa en sus labios- y también por la lección "oh Gran Sempai del amor" – esperó a la reacción de que este que fue el mismo sonrojo de anoche con una boca abierta que casi se le caía al suelo – espero con ganas la siguiente lección – dijo antes de cerrar dejando solo al cocinero.

Sanji cayó de rodillas sin fuerza en las piernas de nuevo con el corazón que le estaba dejando sordo con sus latidos. Entonces si era verdad, él y Zoro... en la bodega... ¿Cómo era posible?!

- ¿Qué va a ser de mí? – se preguntó a sí mismo en voz alta sin saber que una nueva aventura empezaba para él.

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Espero que hayais disfrutado de la lectura y os haya sacado alguna risilla.

Este fic también está publicado en wattpad a nombre de Aidiki-chan que soy yo misma :)