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Kim Namjoo no se consideraba a sí misma una persona cobarde, pero definitivamente no era la más intrépida entre sus conocidos. Cobarde era una persona que negaba a los demás y a sí misma, que no se atrevía a vivir su vida a su gusto y que jamás había tomado una decisión importante. Namjoo tenía un buen trabajo, tenía un apartamento propio y era fiel a ella misma.
Kim Namjoo se consideraba a sí misma una persona precavida, cautelosa y observadora. No se iba a la primera decisión, pensaba todo con cabeza fría y no por los ardientes pensamientos que podría llegar a tener.
Las amigas de Kim Namjoo consideraban a Namjoo una persona que ponía demasiadas excusas para vivir, no era una cobarde, pero ciertamente si era una persona miedosa. Para cualquier situación arriesgada en la vida, por más mínima que fuera, Namjoo tenía algo para decir y temer.
Sobre todo, si era sobre citas y conocer personas.
¿Y si no le gusto, pero está aceptando porque no tiene nada mejor que hacer?
¿Qué pasa si la persona no me gusta de esa forma y solo quiero una amistad?
¿Y si la cita es un fracaso, pero descubro que veo mucho a la persona en mi día a día y todo se vuelve incomodo?
¿Qué pasa si me dice que al final no le gustan las mujeres y se dio cuenta conmigo?
¿Y si hago una tontería humillante en la cita y no quiere volver a salir conmigo? Kim Namjoo se consideraba a sí misma una gigante tonta.
Aunque Namjoo fuera una persona con mucha confianza en sí misma y en quien era, como se veía y vivía. Las citas románticas o platónicas la hacían sentir muy insegura, no era un ambiente donde pudiera desenvolverse bien.
Ella no podía hablar de la avalancha de libros que se comía semanalmente, las citas nunca eran en exposiciones de arte que ella conociera ni mucho menos podía decir sobre las pequeñas cosas que le gustaban, todo se le olvidaba o apenas podía hablar en las salidas, sus citas terminaban por perder el interés, pero agradeciendo su compañía (Namjoo siempre ha pensado que lo han dicho por cortesía).
Y no es que fuese especialmente obligada a tener citas, sin embargo al parecer sus amigas y hermana siempre conocían a una compañera de trabajo, amiga, prima, ex compañera de preparatoria, la mamá de una amiga de su sobrina, una chica que se sentó al lado de Taeha en una clase, chica que se hizo las uñas en el salón con Jimin, estudiante adulta de la academia de Hosook o incluso una vez que Yoonji le hizo una cita con una de sus clientes de decoración de interiores.
Pero Namjoo estaba un poco harta de eso, intentar, intentar, intentar.
¿Alguna vez ha funcionado intentar tanto? Ella creía que ciertamente no, siempre había algo.
Ese algo siempre impedía que funcionara con alguien, y ella a este punto estaba bien con eso. Si se concentraba en lo feliz que era su vida sin una pareja, podía ver la poca falta que le hacía.
Aunque había momentos donde se debatía muy seriamente sobre cual era su verdadero miedo, que no funcionara era algo que desmotivaba a cualquiera, ¿pero su miedo? Que funcionara y no supiera manejar una verdadera relación.
Se puede vivir sin amor romántico, hay tantos tipos de amores que experimenta, con eso le basta. Aunque solo Namjoo conoce las lágrimas que suelta después de un final romántico predecible, después de una noche de chicas mientras ve a sus amigas irse de la mano de sus respectivas parejas, después de caminar del trabajo a su hogar y llega a ver a lo lejos una pareja dándose un beso bajo las luces de un poste antes de emprender caminos separados y miradas furtivas.
Namjoo quería ser amada, ni siquiera quería un amor irreal de películas o libros, quería un amor estable y acogedor, todo el paquete completo, desde los masajes en la espalda antes de dormir, los besos en la mano, las conversaciones incomodas y los malentendidos arreglados que vuelven más fuerte una relación. Todo lo que conllevaba una relación. Amor. Amor romántico.
Namjoo extrañaba el sexo también, más desesperado de lo que es capaz de admitir, aunque pocas veces lograba confesarlo a sus amigos, y es más fácil pensar en sexo que en una relación estable. Pero al ser una mujer lesbiana, demisexual* y tímida, el sexo era igual de difícil que pensar en una relación estable, era todo el paquete o no era nada.
Namjoo vivía su vida contradiciéndose a sí misma con sus decisiones y sus deseos. Se había cansado y rendido con las citas, pero aún entraba a su aplicación de citas a ver si alguien agradable y compatible según la aplicación la había contactado. Se emocionaba cuando una mujer hermosa le devolvía la mirada en el metro o cuando alguna clienta en su negocio parecía ser más coqueta que amable.
¿Por qué relacionarse era tan difícil para ella?
Pero deteniendo su monologo interno (para colmo, diario) Namjoo intento seguir trabajando disimulando que había estado mirando vacío de una manera muy melancólica sin ningún tipo de contexto para los demás. Era una ventaja de que no era una hora donde hubiera muchos clientes.
La tarde estaba tranquila y con buen clima, dentro de la floristería siempre había una pequeña sensación a humedad por las flores, pero fresco al mismo tiempo. Se la pasaba haciendo algo, limpiando la tierra, haciendo ramos prediseñados, cortándole las imperfecciones a su pequeña colección de bonsáis que tenía en la caja y revisando las exhibiciones de las flores. Por alguna razón últimamente estaban encargando flores amarillas como narcisos, girasoles y amapolas o con algo de amarillo como las margaritas y dientes de león que normalmente eran relleno para los ramos.
No sabía muy bien que significaba eso, según el calendario y su información como florista profesional, no había fechas importantes cercanas. Pero mientras el amor esté en el aire, Namjoo siempre tendría hermosas flores que vender.
Cuando el deber llama debe atenderlo.
Como en ese momento que por poco no se da cuenta que alguien había entrado a la tienda, que útil era la campana en ese momento, excelente idea.
- “¡Hola, bienvenida! ¿En qué puedo ayudarte?”.
La pelinegra pareció pensarlo mucho antes de bajar los hombros rendida y suspiró mirando con esperanza a la más alta. – “Definitivamente necesito tu ayuda. Hay una mujer muy hermosa en la clase de fotografía, podría hablarle, pero soy un asco coqueteando, relacionándome en general, ¿me entiendes? No sé si regalarle flores sea demasiado, pero cuando pasé al lado de tu tienda me sentí llamada, ¿puedes hablar tú para que yo pueda callarme? Estaré agradecida, siento que me estoy humillando sola aquí”.
Namjoo después de su primera reacción terminó riendo suave por la cara de tragedia de la pelinegra con ojos de venado, adorable.
- “Vamos, no te rías, estoy sufriendo aquí, hermana” – lloriqueó, pero también se estaba riendo.
- “Tal vez para algunos es demasiado pronto para las flores, pero hay quienes les gusta lo intenso, lo mucho, lo demasiado. Puedes intentarlo, un poco más sutil que un ramo de doce rosas rojas, pero algo que diga que definitivamente no es solo amabilidad sino un coqueteo de ‘me gustas’, ¿qué tienes en mente…?”.
- “Jungha” – sonrió mostrando una hilera perfecta con dientes de conejo sobresaliendo, super adorable. – “No tengo idea, creo que es de esas ideas impulsivas que tienes de repente y no te detienes a ver si es algo estúpido o no, solo… lo haces”.
Namjoo no tomaba esas decisiones, por miedo o precaución, pero como le gustaría tomarlas, a veces.
- “Pero estoy de acuerdo contigo, algo que diga que no es solo amabilidad. No quiero estar en la zona de amigos, a menos que sea inevitable”.
- “Trataremos de evitar eso, ¿Ambas van a una clase de fotografía me dijiste?” – mientras la más alta comenzó a caminar por el local dejando que los colores y formas hicieran un boceto en su mente, Jungha la siguió muy obediente.
- “Ella fue técnicamente mi profesora hace un par de meses cuando tomé el curso en esa crisis de la edad en donde uno vuelve a hacer y tomar cursos de las cosas que amaba, pero había abandonado cuando comenzó a tener más responsabilidades, ella y yo somos cercanas en edad, pero no somos amigas ni nada de eso. Ambas trabajamos en un instituto comunitario, yo por mi parte soy una entrenadora de defensa personal”.
Namjoo la miró con detenimiento, le gustaba la energía intrépida de Jungha, tímida, pero al mismo tiempo demasiado lanzada a vivir las experiencias.
- “Quiero salir con ella desde que la vi por primera vez, pero vomito todo lo que digo o soy más callada que un muerto, no encuentro una forma de hablarle y parecer linda, genial, sabes, alguien con quien querría salir”.
- “Jungha-ssi, seguramente siempre te ves así. Solo hace falta un pequeño empujón”.
- “Necesito que me empujen con mucha fuerza, soy muy tímida – suspiró – aunque no lo parezca” – se rascó la mano un poco apenada. – “De alguna forma siento que puedo decirte estas cosas sin morir de pena, debo descubrir como verme tan natural con la profesora Kim”.
- “Jungha-ssi probablemente sientes la confianza porque ambas – Namjoo las señaló a ambas con una pequeña rama que sobraba de una exhibición – somos un desastre con mujeres, soy peor que tú cuando estoy en citas, esto es un lugar seguro”.
- “Nos compadezco – leyó el gafete de la florista – Namjoo-ssi. Me gustaría que hubiera una flor que dejarle en el escritorio que mágicamente dijera: ‘Soy Jeon Jungha y me gusta desde la primera clase, profesora Kim’, soy su admiradora secreta”.
De repente ya sabía exactamente que podría regalarle a su profesora/interés amoroso.
- “¿Tomando riesgos últimamente? Eso suena importante, respeto a quienes son fieles a sí mismos” – Jungha desvió la mirada un poco sonrojada. – “¿Qué te parece un pequeño centro de mesa de cristal con gardenias y pequeños detalles de acianos? Los acianos son los mensajeros de sentimientos puros, mientras que la gardenia es la flor del amor secreto, se supone que las regalan para decir de cierta forma: eres encantadora, me gustaría ser algo más que amigas” – mientras le mostraba las gardenias frescas esperando por la pelinegra como si supieran de su ida a la pequeña tienda de la más alta.
- “Es sutil, pero es directo. Me gusta” – asintió rápido mientras sonreía a Namjoo. – “Lo necesito para mañana viernes, debo hacerlo mientras todavía tenga valentía” – asintió de acuerdo con el hilo de pensamientos que estaba teniendo.
Pero de repente se paró en seco. – “Pero no creo poder venir a buscarlo. Tengo el día lleno en mi gimnasio y en el centro comunitario, puedo pagar el delivery”.
- “¿Mañana? – cruzó el mostrador de la caja y revisó la agenda concentrada, aunque estaba vacía, aún no era marea alta para pedidos, ya había terminado los pedidos de las flores amarillas, así que estaba libre – tengo espacio en la tarde, allí estaré” – la pelinegra sonrió aliviada, aunque con algo de terror de por medio, (estaba sucediendo, sucedería).
Después que Jungha pagara, hablaran e intercambiaron números, la pelinegra salió de la tienda levantando el puño como motivada a hacer algo, y ese algo sería declarársele a la profesora Kim del centro comunitario.
Cuando cerró la tienda se dispuso a hacer el arreglo de gardenias de la pelinegra antes de dejarlo en el preservador de pedidos, colocando las flores silvestres y la gardenia hermosamente abierta en medio incitando ese amor secreto a revelarse. Hacer pedidos siempre lograba sacarla de sus pensamientos, pero esta vez solo hizo que pensara más y más.
Namjoo pensó en lo mucho que le gustaría ser más como Jungha: valiente.
