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The underdog dessert is plotting its rise to the top

Summary:

Jung Hosook entra en una crisis de edad al cumplir los treinta años, deberá enfrentarse a todos los retos que el trigésimo año de su vida le depara, ¿podrá más el miedo que tiene por las mujeres o sus deseos de tener su primera relación romántica importante?
¡Fighting, Jung Hosook!

Chapter 1: First part

Chapter Text

Los mediados de febrero eran buenos días, con buen clima, el invierno yéndose poco a poco dejando un clima refrescante, las personas resignándose a que efectivamente comenzó el año y no era un simulacro, promesas de año nuevo que ya se rompieron en su mayoría. La magia en el aire podía sentirse.

 

En los mediados de febrero, el terrible Valentín ya había consumido con la economía de los amantes y la alegría de los que aspiran por -migajas de- un buen amor. Ya los cupidos y los osos de peluche estaban guardados en el ático de la casa, las pruebas de embarazo agotándose en las farmacias y las flores marchitándose en los jarrones. La magia se sentía en cada rincón de la ciudad.

 

Los mediados de febrero eran buenos días para todos, realistamente para casi todos, había un día en particular que era digno de mención, pues el 18 de febrero era el día en que el trigésimo cumpleaños se presentó a la puerta a Jung Hosook.

 

En los mediados de febrero una acuariana con un particular miedo a envejecer parpadeó aturdida en su cama, asimilando que se estaba despertando, el trauma diario. Cuando su reloj despertador le gritó un muy personal: ¡Despierta Hoseokie, estás cumpliendo años! Con la voz de IA de Kim Seokjin de BTS. Frunciendo el ceño la pelinegra reaccionó corriendo a su baño gritando (ventajas de vivir sola) a su pobre espejo en la pared, como si este fuera culpable de todos sus predicamentos, tocando su piel haciendo expresiones lo más exageradas que su rostro era capaz de hacer en busca de arrugas y signos de la edad (¡su piel estaba bien!).

 

Mientras que se lamentaba, su pequeño (con eterna cara de culo) perrito Mickey la miraba con suma atención moviendo la cola.

 

A pesar de ser la segunda mayor, Hosook era que menos aparentaba serlo. Tenía una personalidad colorida, refrescante y extrovertida, que siempre la hacía confundir con alguien mucho más joven. Hosook tachaba en el calendario su cumpleaños (adoraba los regalos y los postres), porque siempre le recordaban que se volvía un año más vieja (¡y el día por fin había llegado!).

 

Porque cuando eres la única que no ha tenido una relación romántica importante (vivía demasiado sola), quien nunca quiso estudiar una carrera universitaria y en cambio terminó siendo la codueña de una cafetería en el centro de la ciudad, podía sentirse un poco intimidada ante la idea que había desperdiciado todos sus mejores años leyendo libros y viviendo su vida a través de protagonistas más valientes de lo que ella siente que llegaría a ser.

 

Cualquier otro día Hosook (definitivamente no estás incluido, Valentín, no es contigo) se hubiera levantado feliz y radiante, pero no hoy, era el dichoso cumpleaños, el que, para su disgusto llegó con todas las luces y anuncios.

 

Siendo seguida por Mickey cuando salió del baño se encontró con dos de sus mejores amigas al entrar a su habitación con serpentina y una pequeña tarta probablemente rellena con mermelada de fresa. Acostumbradas a la reacción de la pelinegra ya estaban en posición para consolar al pequeño cuerpo lloroso balbuceante lamentándose hasta por lo que no tenía más mínimo sentido.

 

Mientras que Jimin la protegió entre sus brazos como solo una madre gallina podría hacerlo, Yoonji suspiraba superada, pero igual la consoló como una buena amiga (en realidad solo le dio unas palmadas en la espalda)

 

- “Hoba, no podemos hacer esto todos los años, ya debes aceptar que cumples años y es inevitable” – Hosook se separó de ambas mirándolas a través de sus ojos lagrimeando.

 

- “Unnie, es mi cumpleaños y creo que puedo darme el lujo de cuantos dramas quiera o no hacer, está en la constitución de los cumpleaños”.

 

Bufó, pero al final le sonrió a Hosook. – “Adelante, pero no te excedas”.

 

Mickey ladró de golpe cuando Hosook lanzó un alarido como si muchos gatos rasguñaran una pizarra de tiza.

 

- “Mi juventud se fue al caño – chilló envuelta en sus cobijas como si fuera un burrito gigante relleno de drama – “Incluso perdí la firmeza de mis pómulos, ¿qué sigue? ¿tendré que empezar a usar sostén?  De solo pensar en lo pesadas que se pondrán mis tías con el tema de la maternidad me da escalofríos, o peor aún ¿mi trasero dejará de ser tan firme y pomposo como siempre ha sido?”.

 

- “Estás perfectamente bien, Hosook unnie. Aunque todo eso llegara a pasar no hará que tu belleza disminuya. Entiendo tus pensamientos, pero son erróneos”.

 

- “No tienes trasero Hoba, no te preocupes por ello. Nada estará caído” – aseguró Yoonji con una sonrisa.

 

- “¡Eres la peor unnie del mundo, vete de mi apartamento!” – soltó un gritó – “Además lo dice alguien que tiene el trasero más chico que he visto en mi vida”.

 

- “No es mucho es verdad, pero es un trabajo honesto, mi novia lo manosea bastante complacida, ¿qué opinas acerca de eso, Hoba? – a Hosook se le borró la sonrisa burlona – oh no, cierto que no tienes pareja”.

 

Aunque en el fondo le dieran algo gracia los chistes sobre su vida amorosa porque siempre ha permitido ese tipo de juegos con Yoonji, pero justo el día de hoy no le causaban mucha gracia realmente, pero no tenía ganas de señalarlo. - “Gracias, unnie. Era justo lo que necesitaba”.

 

- “Para eso estamos, Hoba – dijo sonriendo – además estás empezando a tener esas crisis de edad con inseguridades que películas como el diario de Bridget Jones implantaron a todas las mujeres adultas, Bridget siempre fue una reina, tú también lo eres, más te vale que lo entiendas oíste” – le dio un suave golpe en la frente.

 

- “Que frustrante que siempre nos quisiera hacer ver a nuestra madre Bridget Jones como otra cosa menos que una reina exitosa, sexy y hermosa. Una reina, un personaje ficticio que superó a la trama original y educó a toda una generación de mujeres, alabada sea”.

 

- “Amén” – dijeron las tres al mismo tiempo.

 

- “Jung Hosook levanta el trasero de la cama y vístete”.

 

- “No puedo unnie, estoy en medio de una crisis”.

 

- “Tus crisis y tú han convivido muy bien durante treinta años, pueden ir juntas al trabajo sin problemas. Levántate”.

 

- “Yah Hobi unnie, por favor deje de llorar. Hemos despertado temprano para traerle la tarta antes de irnos al trabajo” – lloriqueó Jimin como un pequeño adorable reclamo. Cosa que funcionaba sin falta en Hosook. – “Se ve tan hermosa como siempre, aunque ahora sea una masa de lágrimas… ligeramente graciosa” – dijo con una risita leve en la punta de la lengua, no podía burlarse de su unnie en medio de una crisis de edad.

 

- “Pero es que, no lo entenderías, Jimin-ah. Apenas tienes veintiocho años, hay tantas cosas que ya has logrado, tienes un buen trabajo, tienes una pareja estable, un gato adulto, y lo más importante, tu trasero sigue firme”.

 

Jimin estuvo de acuerdo con todo lo que dijo, se vio así misma sonriendo mirando con afecto a su trasero abultado y respingón, siempre ha estado allí para ella cuando lo ha necesitado. (¡Y para su novia también!)

 

- “Unnie no es el punto, no puedes deshidratarte de tanto llorar, cada año es peor”.

 

- “Oh Jimin-ah, este llanto no se compara en lo absoluto que el drama que armó por la muerte de Will Trainor cuando leyó el libro en 2015 antes de ver la película y llorar nuevamente – recordó a Hosook tirada en medio de la sala llorando a mares abrazada a la caratula de la película de renta – tuvimos que pedir el inhalador de la vecina prestado, fue una buena noche”.

 

Jimin sonrió por la expresión de satisfacción de la mayor, tenían una amistad muy particular.

 

- “Pero es que Will Tra-ainor… Y Louisa quedó muy mal en el segundo libro, y-” – Hosook estaba balbuceando mientras lloraba y Jimin solo suspiró con frustración por enésima vez en lo que llevaba de mañana, llegaría tarde a su trabajo si no salía en los próximos treinta minutos.

 

Pero resignándose a limpiarle las lágrimas a la pelinegra tomó su rostro - “Ay, unnie. Debe comenzar a salir más, socializar al menos, una cita mensual es todo lo que le pido; temo que encontrarla un día muerta entre sus libros” – lamentó la rubia, mientras que Hosook se encogía tratando de escapar de las manos de su amiga (¡y de su mirada lastimosa!), pero sin mostrar demasiada vergüenza, si su madre se había rendido con el hecho de que había criado a la eterna soltera de su familia, sus amigos también podían aceptarlo.

 

- “Yo he salido a citas – ambas alzaron la ceja retándola – solo no me acuerdo cuando fue la última vez, probablemente no fue hace tanto”. (¡Casi dos años desde su última cita real, fue hace mucho!).

 

Los acuarios y la necesidad de huir de cualquier relación por el más mínimo y pequeño problema existente por miedo a que no funcione, pero claro, disfrazándolo con problemas de compromiso, cosas de signos fijos, ustedes no entenderían.

 

- “¿Y ustedes vinieron a verme antes de que me suicide o solo a darme una tarta?”.

 

- “Hosook, recuerda nuestro manta sagrado de chicas bonitas: Quiero tener treinta años, ser coqueta y próspera. Estás en tu mejor momento, linda, confía en mí” – Hosook se volvió a esconder entre sus sabanas.

 

- “No estás vieja en lo absoluto. Tienes que prepararte para el trabajo, te suicidas después de terminar tu jornada, Namkyu debe estar esperándote – la obligó a salirse de su nido de omega con lazo roto (o de crisis de la edad) – Soy mayor que tú, ¿me estás diciendo vieja?” – dijo amenazándola con gracia, Hosook atinó a asentir con falsa tristeza.

 

- “Unnie tienes un pie en el más allá”.

 

- “Y no me ves quejándome por eso, ¿o sí?”.

 

- “Hoy será un día encantador, ya verás Hobi unnie” – la rubia la obligó a sonreír mientras Yoonji le metía un pedazo de pastel a la boca mientras terminaba de mancharle las mejillas y la boca, como cada año.

 

Iba a replicar, pero hasta ella se cansaba de esa lucha, (¡al menos en la noche podría quejarse con una botella de vino!) - “Gracias, chicas. Necesitaba eso”.

 

- “Ahora apresúrate a arreglarte – la arrastró con fuerza hacia el baño – mi pastelito debe estar esperándote en este momento. Asegúrate de verte hermosa como siempre para hoy en la noche, pasaremos por ti para una linda cena en tu honor, déjame el resto a mí” – le besó la mejilla.

 

- “Está bien, pero-” – hizo un mohín, pero como siempre, no le funcionó.

 

- “¡Apresúrate!” – gritaron ambas amigas haciendo que por fin la pelinegra entrara al baño.

 

 

 

Hosook entendía lo mejor que podía que para que existieran días buenos, debían coexistir con días malos. Tenía que existir un equilibrio, como encontrar lo bueno en lo malo y lo malo en lo bueno. Reconocer todo nuestro alrededor como un todo, viéndonos a nosotros como pequeñas partículas en un universo completo de existencia, viéndonos obligados a encontrarle sentido e importancia a nuestra propia vida para que esta no fuera consumida por la inmensidad abrumadora de la vida misma.

 

Entender que el éxito, la belleza y la perfección era para todos sumamente diferente era una clave en la vida, con ese hecho sobre la mesa sacábamos las comparaciones de lo propio con lo ajeno, dejábamos de minimizar o maximizar los logros ajenos, apreciábamos hasta los más pequeños de nuestros pasos. Pero no significa que sea fácil, estamos muchísimo más acostumbrados a vivir las vidas que nos muestran que debemos vivir, más que vivir nuestra propia vida.

 

Generalmente, a pesar de que Hosook compara su vida con la vida de la mayoría de las personas a su alrededor, de una manera objetiva y no envidiosa. Hosook amaba su vida, porque buscaba formas de amar su vida.

 

A veces se comparaba de forma dura por su falta de un título universitario, pero al final ella se repetía que se sentía algo exitosa trabajando en una pastelería de la que era 50% dueña, era un logro personal muy grande, no cualquiera lograba ser dueña de un negocio y su propia jefa, trabajando con una socia que era una de sus mejores amigas, además de que era un excelente trabajo y lo amaba. Podía no tener un título universitario, pero para Hosook no significa ni la mitad de lo que su negocio significaba para ella, estaba bien para los demás, ella sabía quién era y que amaba. Dolor con gusto como diría su mamá.

 

Otras veces lo hacía por la belleza en su vida, y en sí misma, este último que había sido todo un trabajo (aún presente) con el que lidiará toda su vida, pero a pesar de lo duro que puede ser compararte con las personas por el físico, ella se sentía bastante orgullosa de su proceso, cada mañana mirando a la mujer que ocultó durante muchos años detrás de barreras y murallas de inseguridades y malos tratos. La belleza en su vida, cada día que entraba a casa y miraba a Mickey, cuando la decoración de una tarta hacía sonreír a un cliente, cuando una señora le decía que se veía hermosa en la calle, cuando atardecía con hermosos colores logrando tomarle una buena foto o incluso cuando escuchaba su álbum favorito de Taylor Swift a todo volumen un viernes por la noche. Hosook buscaba la belleza en las pequeñas cosas, por más tonto que a veces sonara.

 

La perfección en su vida también era algo por lo que Hosook caía en comparación, aquello seguía en proceso, lo hacía desde una vista externa donde la vida ajena parecía ser perfecta y la suya con tantas casillas por rellenar.

 

Tener una casa propia con un bonito jardín, tener una pareja estable con la que pensara en una boda, tener hijos, viajar mucho y mostrar a todos las fotos de lugares que no es capaz de pronunciar. Pero Hosook buscaba alcanzar su propia perfección en pequeños pasos, tal vez mejorar el jardín trasero, un lindo gato negro que le haga compañía a Mickey, un nuevo corte de cabello o cambiar de color, y tal vez volver a intentar tener citas.

 

- “¿Señorita Jung?” – sin embargo, la voz fue abruptamente ignorada, Hosook estaba más concentrada en sus pensamientos que en el mundo que sigue corriendo a su alrededor.

 

Pero el tema de volver a las citas o salir con personas en general siempre hacía que Hosook pensara demasiado, pues no es como que realmente les tuviera miedo a las citas, Hosook estaba aterrada era a la idea de verse involucrada en algo más. m

 

Hosook tenía un profundo miedo al desamor, al engaño, ver a alguien al que le conoces hasta la forma en que duerme nuevamente como a un extraño que paso temporalmente por tu vida. Para ella lo pasajero era un hecho inevitable, pero eso no le quitaba el miedo y la decepción de las cosas pasajeras, ¿era ella capaz de culparse de tener miedo? Ella quería probar lo que era tener algo real.

 

Solo deseaba poder tener una respuesta a eso, algo que…

 

- “¡Jung Hosook!” – su hilo de pensamientos fue interrumpido por la voz (y el grito) de su vecina Siwon porque, aunque Hosook quisiera o no, el mundo seguía avanzando a pesar de su dialogo interno.

 

- “¿Q-qué?” – como toda una buena adulta terminó balbuceando mientras se sonrojaba por la pena, estaba de pie en la puerta de la calle terminando de cerrar quien sabe hace cuantos minutos. – “Señora Hwang, b-buenos días” – se volteó y le sonrió como pudo, pero salió una mueca bastante penosa.

 

La señora la miraba con una cara de confusión, Jung Hosook era chica extraña en su día a día, pero hasta ella sabía que hoy estaba actuando más extraño de su rareza normal.

 

- “Hosook-ssi, ¿qué estabas haciendo…?”.

 

- “Me encantaría poder quedarme para hablar señora Hwang, – miró el reloj invisible en su muñeca – pero voy tardísimo para el trabajo” – dijo todo de forma atropellada mientras intentaba huir del interrogatorio, a veces sus vecinas

 

- “Hosook-ssi”.

 

- “Nos vemos otro día, señora Hwang” – le pasó al lado casi a punto de correr balanceando su bolso, teléfono, llaves y audífonos en las manos.

 

- “Jung Hosook” – la llamó y a la pelinegra no le quedó otra opción que voltearse.

 

- “Dígame, señora Hwang”.

 

- “Casi lo olvido, ¡feliz cumpleaños, Jung Hosook! ¿Cuántos cumpliste, veintiséis?” – pero su expresión penosa fue reemplazada por una mueca sombría que desconcertó a la señora.

 

- “Estoy cumpliendo treinta, señora Hwang” – y se fue caminando como un zombie en vida casi soltando todo lo que tenía en las manos, mientras que la señora también retomó el caminó a su casa con el ceño fruncido.

 

Que niña más extraña era Jung Hosook.

 

 

El flujo de trabajo en la pastelería estaba normal, casi bajo, faltaba un par de horas para la hora de la merienda

- “Hoba~, te hice galletas de chispas de chocolate por tu cumpleaños, sé lo mucho que te gustan” – Namkyu le llegó a la castaña por detrás asustándola por hablar de repente, trayendo consigo una caja decorada con las mencionadas galletas.

 

Hosook sonrió como una tonta por el hermoso detalle abrazando rápido a su amiga. – “Gracias, Namie” – dijo con el regalo en las manos, sonriendo como tonta.

 

- “Espero que mejore tu día, debes sonreír, es tu cumpleaños. Estás más hermosa que nunca, debía decírtelo, estás radiante” – sonrió mostrando los tiernos hoyuelos de siempre.

 

- “Jimin es una traidora, ¿te dijo de la pequeña crisis?” – siseó quitando su sonrisa. No podía confiar esa pequeña libra de ojos sonrientes.

 

- “Oh claro que sí, citando sus palabras lo llamó: crisis de un bulto lloroso urgente de contacto físico”.

 

No era realmente una mentira, pero ¿todavía se sentía ofendida? ¡si!

 

Jadeó indignada mirando a todos lados a ver si algún cliente había escuchado. – “No existen los amigos, ¿Cómo serán los enemigos a este punto de la vida?” – dijo con la cara roja y avergonzada.

 

- “Hoba, tú sabes perfectamente que esos estereotipos de cuerpos envejecidos solo fueron hechos para hacernos sentir mal por llegar a los treinta, el sistema patriarcal te ve como un objeto y por eso te oprime con esas inseguridades – lo dijo con una expresión seria, queriendo que le tomen en serio en cada palabra – Eres hermosa y siempre lo serás, eres mejor que esas inseguridades ajenas a ti, te ves muy joven aún y cuando ya lo luzcas así, te verás hermosa a tu manera” – arregló los mechones rebeldes detrás de su diadema blanco, lucía exactamente como cuando tenía veintisiete, pero le daba crédito a sus sentimientos, era difícil pasar por cambios así teniendo inseguridades carcomiendo tu cabeza.

 

- “Creo que solo estaba exagerando – su voz sospechosamente nasal, como conteniendo las ganas de llorar – sabes como soy”.

 

- “No estabas exagerando nada, solo estás bien conectada con tus emociones y las expresas, está bien ser así, y de hecho es lo más sano. Si necesitas hablar, sabes que siempre estoy acá” – la abrazó de nuevo escuchando un jadeo ahogado salir de la pelinegra.

 

- “Gracias, Nam. La facultad de humanidades llora tu perdida”.

 

- “Me gusta preparar postres y decepcionar a mis padres con posgrados, dame crédito. Estoy donde quiero estar” – se ríe notando por fin a una clienta incomoda esperando ser atendida. Voltea a Hosook solo para terminar corriendo rápido a la cocina otra vez.

 

Lo suyo eran las medidas de recetas no las ordenes de clientes. Podía ser ENFP, pero la torpeza social siempre la dejaba mal parada.

 

- “¿Hola? No quería infortunar” – dice una castaña con un tono de voz un poco tímido. Hosook se le quedó viendo un segundo antes de poder reaccionar.

 

- “Disculpe, estimada cliente – hace una pequeña reverencia avergonzada con la caja de galletas en la mano, aún – Sea siempre bienvenido a Speacheless Cream’s ¿Qué desea ordenar?” – tenía su cuaderno de ordenes en la mano, no había más clientes por atender y era la mejor en su trabajo, pero esos ojos oscuros la tenían en un pequeño trance.

 

¿A Namkyu se le habrá escapado un bombón de la cocina? Porque estaba de pie frente a ella con una expresión seria, pero amable con un bonito conjunto de camisa de botón con pantalón formal. Con el cabello castaño por los hombros perfectamente peinado, labios pomposos y brillantes por el gloss, increíblemente alta con una figura fina y curvilínea.

 

Pero antes de que pudiera ofrecerle la sugerencia del día, la especialidad de la casa, un café de cortesía o una carta con una confesión romántica vergonzosa, la castaña la interrumpió. - “¿Qué tomas tú en un mal día? Porque en serio ha sido un día horrible y ni siquiera ha comenzado la jornada en el trabajo, que ni siquiera debería estar cubriendo, solo quiero tomar algo en una cafetería sin sentirme como una perdedora solitaria de treinta y dos años que decepciona a sus padres con tan solo respirar” – Hosook se desubicó por un momento abriendo ligeramente la boca por la estupefacción.

 

La castaña al notar eso se sintió el doble de avergonzada y estuvo a punto de pedir disculpas, pero la pelinegra fue más rápida. - “Oh, no te preocupes cariño – (cariño…) (¡¿cariño?!) tosió apenada mientras que ambas se coloraron más, si eso era posible – ve a la mesa doce. Es mi lugar favorito, confía en mí para lo demás – le guiñó el ojo mientras sonreía honesta – ¿Cuál es tu nombre, linda?”.

 

Lo admitía como buena perdedora, tal vez no era estrictamente necesario pedir los nombres a los clientes, (¡pero debía ponerle nombre a su nueva novia imaginaria!).

 

- “Kim Seojin”.

 

Hosook saboreó el nombre, en su defensa, era una mujer muy hermosa y ha tenido un mal día, es trágicamente su tipo.

 

- “Está bien, Seojin-ssi, espérame en tu mesa, por favor” – y con eso desapareció hacia la cocina, perdiéndose de la vista de Seojin quien se sentó en la mesa que le indicaron sintiéndose como una imbécil. Verse tan patética frente a otra mujer (para colmo, guapísima) adulta que no dudó en atenderla sin juzgarla.

 

- “Por eso nunca tienes citas, Seojin” – se reclamó a si misma mientras bufaba.

 

Cuando levanta la vista del teléfono que vibra sin cesar por las llamadas de su hermano, que bien, debe estar preocupado sabiendo de la pelea probablemente porque su mamá lo llamó, colgaba las llamadas mientras revisaba su escasa bandeja de entrada, algunos de su trabajo, dos de Jungha, uno del banco, para terminar, viendo los mensajes de su hermano agradeciéndole que cubriera su turno más tarde, en ese momento se sintió superada.

 

¿Pueden irse todos (de la manera más amable posible) al diablo?

 

¿Qué hacías después de una pelea fuerte con tus padres (mamá) por ser la decepción más grande de sus vidas? Claramente no es cubrir el turno de tu hermano en su trabajo en tu último día libre de la semana, pero he allí a Seojin haciendo exactamente eso.

 

Quería abofetearse por ser tan complaciente. Sin embargo, su hermano no era ni de cerca un mal hermano y siempre que podía la rescataba de cualquier situación, pero siendo su día libre después de su típica visita mensual a sus padres, quienes no perdían tiempo para recalcarles lo mal que vive su vida, quería pasar todo su día arropada en sus cobijas comiendo un litro de helado de fresa viendo las temporadas que le faltaban de Grey’s Anatomy.

 

Sin darse cuenta una bandeja con un pedido aterrizó en su mesa, y consigo una pelinegra bastante curiosa se sentó frente a ella.

 

- “¿Quieres desahogarte, Seojin-ssi?” – la castaña se quedó sin palabras por un momento. Debatiendo seriamente si la gerente de una pastelería a la que no había visto más de cinco minutos en la barra podría ser la confidente ideal para los predicamentos de su cabeza, además de ser una gerente muy guapa demasiado colorida y probablemente lejos de su liga.

 

- “No quisiera molestarte con eso, seguro tienes trabajo que hacer y yo aquí quitándote valioso tiempo”.

 

Las tres mesas con clientes ya atendidos casi chasquearon la lengua hacia la castaña. – “Me las sabré apañar, Seojin-ssi. Si no quieres hablar conmigo sobre como te sientes, es compresible y no lo tomaré en lo absoluto personal. Pero deberías hablar con alguien”.

 

- “De adolescentes o incluso de niños es normal esperar la aceptación paterna y materna. Cuando eres un joven adulto dejas de tomarle tanta importancia (en algunos casos), porque empiezas a conocer el mundo real y te das cuenta de todo lo que siempre has sido. Pero cuando ya la magia de los veintes se desvanece, ya tienes un trabajo fijo, empieza a importarte nuevamente lo que tus padres piensen de ti. Por más que logre cosas, mi mamá sigue inconforme con mi vida y mis decisiones, y realmente no me voy a desvivir por ser alguien que no soy para mantener sus expectativas, pero es difícil avanzar sin el apoyo de ella. Como mujer pareciera que lo único que se espera de mí es que me case con un hombre con buena posición, tenga hijos y permanecer lo más hermosa posible hasta mi vejez”.

 

- “Disculpa, pensé que estabas hablando de mi mamá”.

 

Seojin en vez de sentirse molesta por la respuesta tan inoportuna le pareció lo mejor que pudo decir, no es como si mágicamente le dé consejos de como sobrellevar una relación tan complicada, solo darle la perspectiva que no está tan solo en esa guerra.

 

- “Mi mamá se terminó resignando como eran cosas en realidad, ventajas de decepcionarla desde muy joven. Pero supongo que viene siendo parte de su personalidad, he conocido padres que no pueden dejar de querer interferir en la vida de sus hijos, muy coreano de su parte”.

 

- “Debiste darme ese consejo en mi adolescencia donde me quedé sin amigos y sin juventud intentando ser la mejor de la clase, presidente de la clase e intentar ser la figura materna de todas mis ex parejas. Aunque conociendo a mi mamá igualmente no se hubiera dado por vencida”.

 

- "A veces creo que las madres nos ven como una extensión de ellas y por eso son tan duras con nosotras, porque vamos, todo lo que hagamos, aunque sea para nuestra vida, la culpa termina recayendo en ellas. Consideran haber conseguido la forma de lidiar con el sistema que siempre está en nuestra contra, así que nos obligan a volvernos como ellas, para supervivencia. No apoyo eso, pero puedo entenderlo".

 

- “Sé que mi mamá me ama, pero a veces me da mucha presión. Me hace sentir culpable con mis decisiones, ya no soy una adolescente que se dejaba consumir por eso. Pero a veces quisiera una mínima señal de que está orgullosa de mí, aunque me lo diga cada vez que consigo lograr algo, no evita hacer algún comentario que desmerita todo lo que he logrado”.

 

- “Seojin-ssi, nuestra relación más jodida es con nuestra mamá, sé que lograrás conseguir darle un alto a la situación. A veces necesitamos tropezarnos hasta aprender a como caminar a ciegas, son lecciones, las personas son lecciones”.

 

- “Tienes una vista muy optimista de las cosas, Hosook-ssi”.

 

Algunas personas nacen con ese instinto, otras personas aprendieron por la fuerza, como Hosook.

 

- “Entre más dulce tenga en un mal día siento que el día podrá mejorar – dijo con una sonrisa y la castaña solo pudo pensar en que le gustaría ser tan alegre como ella – no sé ha sucedido hoy en concreto, Seojin-ssi, pero lo peor ya ha pasado, si no decepcionamos a nuestros padres con las decisiones de nuestras vidas no seríamos millenials. Te puedo asegurar que mientras no hagas algo criminal, nadie debería poder intervenir en las decisiones sobre tu vida ni siquiera tus padres, amigos o pareja, por favor vive bien y disfruta de la comida, si te hace sentir mejor yo también tengo un mal día ¡es mi cumpleaños! Y sinceramente no espero mucho de ese día, además de que puedas sentirte mejor. Creo que te he quitado mucho de tu tiempo, te dejo con tu pedido” – se reverenció lista para irse con la bandeja en su brazo y siente el ligero apretón de la castaña, quien le toma suavemente el brazo deteniéndola.

 

- “Muchas gracias, Hosook-ssi – sonrió – espero que si tengas un feliz cumpleaños”

 

Hosook había elegido las palabras correctas mucho rato, el impulso sobrenatural de ser extraña estaba gritando por salir de sus entrañas.

 

- “Igual tú – le devolvió la sonrisa – o sea, que tengas un buen día, no un feliz cumpleaños. A menos que sea tu cumpleaños, de lo contrario ¡feliz cumpleaños! Pero no es tu cumpleaños, ¿no es así? Creo que simplemente me voy a la caja y espero que puedas olvidar todo lo que acabo de decir para no morir de pena” -

 

Seojin sin embargo no dijo nada y solo sonrió. La pelinegra aliviada por no seguir humillándose sola, pero avergonzada de que no pude evitar hacerlo frente a la castaña.

 

- “Volviste, pensé que terminarías quedándote con esa mujer charlando. Si hubiese venido algún cliente podría haber sido una catástrofe, pero no llegó ninguno, no estás despedida”.

 

- “El 50% del titulo de la propiedad y empresa a mi nombre evita que puedas despedirme, Namkyu-ssi”.

 

- “Maldita sea la democracia y los trámites administrativos”.

 

Como propietarias y únicas empleadas tenían que dividirse las tareas y los pendientes, aunque fuera una tarde tranquila sin muchos clientes, siempre había algo que hacer. Pero la querida maestra pastelera decidió sentarse en la silla de la caja registrado para escudriñar a su compañera pelinegra. Hosook podía sentir los intentos para entrar en su cabeza.

 

- “Namkyu ya me duele la cabeza, la clave de mi cerebro no es el cumpleaños de Kim Seokjin”.

 

- “Oh vamos, tienes una mirada rara y cada cinco segundo estás mirando a la clienta con la que hablaste casi veinte minutos. Hicimos este negocio para poder contarnos los chismes en horario laboral”.

 

Hosook pudo fingir que era profesional en su área de trabajo, que era reservada con sus pensamientos y que tenía mejores cosas que hacer, pero eso definitivamente sería la antítesis de ella.

 

- “¿Cómo decirlo? ¿puedo ser honesta? – se rio maniáticamente confundiendo a la morena, y después la miró con una pose incomoda mirando hacia todos los lados – creo… creo que entré en celo cuando la vi, si tuviera cola la agitaría sin parar”.

 

- “¡Dios santo! Jung Hosook”.

 

Eso impulsó con furia una risa estruendosa desde lo más profundo de la morena, buscando agarrarse de la barra para no caerse de la silla terminando abrazando a Hosook que reía igual o peor, pero con la cara totalmente colorada. Tardo varios segundos en recomponerse y pudo ver la cara confundida de los clientes nuevos y la normalidad de aquellos clientes regulares que siempre apreciaban las interacciones de las dueñas cuando no había tanto trabajo. Seguía siendo algo inapropiado, pero era su negocio después de todo.

 

A lo lejos vio una mirada intensa de la tal Seojin, fija en la pelinegra que todavía estaba riendo un poco avergonzada. Y es que como toda buena lesbiana tenía ese sexto sentido para detectar a su gremio, a su manada, a las suyas. Y esa castaña de labios prominentes era tan homosexual como la palabra, no lo dice Namkyu, lo dice la biblia.

Hosook terminó contando muy brevemente la conversación, sin contar realmente lo que la castaña le había dicho, por educación y respeto a su privacidad. Pero tuvo lujo y detalle sobre los pensamientos sacados de una novela homoromántica donde ellas podrían ser las protagonistas.

 

- “¿Sabes qué vas a hacer? Le vas a hablar” – se lanzó de la silla para empujarla y poder sacarla de la barra, la pelinegra entendió de pronto las intenciones de la más alta y se aferró a la mesa de la barra como pudo.

 

- “No, no. Kim Namkyu, por favor no me hagas esto. Tú eres la buena, la mala siempre ha sido Yoonji” – lloriqueó aferrándose a sus brazos como pudo, - “Podemos llegar a un acuerdo razonable, no hay necesidad de ser tan extremos”.

 

- “Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Así que como buena amiga respeto tu derecho a negarte hablarle, pero reafirmo mi autoridad como una de tus mejores amigas para obligarte de todos modos”.

 

- “Namkyu – lloriqueó – piénsalo, creerá que estoy cobrando la amabilidad con otra cosa, ¿qué me diferencia de los hombres que exigen besos o algo más después de invitarte a comer? Si le pido una cita, nada lo hará”.

 

- “No es lo mismo, Sook – aseguró - Además, no te estoy pidiendo que la invites a salir, lo sugeriste sola” – la pelinegra enrojeció más (¡como si fuera posible!).

 

- “¿Y si tiene pareja?”.

 

- “Te disculpas brevemente y sigues con tu vida”.

 

- “Me niego, ya fui lo suficientemente vergonzosa frente a ella. No podría con más humillación, ¿y si sigue viniendo?” – empezó a negar muy rápido la cabeza mientras que Namkyu solo puso los ojos en blanco.

 

- Solo digo que deberías hablarle, para sembrar algo. Una amistad, ¿o algo más? Quién sabe si en un par de semanas florece una bella flor de amor lésbico”.

 

- “Primero, tristemente le tengo miedo a las mujeres, segundo esto resigna un futuro donde muero sola y desdichada, pensé que todas lo habíamos aceptado. Tercero, ¿no la viste? Si le llegan a gustar las mujeres de casualidad, es una lesbiana alfa sexy y hermosa, yo soy como un aperitivo para ella, una pequeña y olvidada magdalena en una mesa de postres – hizo un puchero viéndola de reojo (¿y si no le gustan las magdalenas?) –  No, no lo haré” – firme a su decisión, aunque por dentro no podía dejar de pensar en como serían los días calurosos en su jardín trasero leyendo un pequeño libro mientras Seojin traía una bandeja con limonada fría más un pequeño beso en la frente, terminando acostadas en el césped arriba del pecho de Seojin mientras hablan de su juventud con Mickey durmiendo al lado de ellas.

 

Cabe resaltar que Hosook era muy lesbiana, por si había dudas (¡ni había ni una sola duda!).

 

- “Escúchame Hosook, tú no eres ningún aperitivo, naciste para ser el plato fuerte. Ninguna MILF te puede hacer sentir menos que eso, confío en ti, eres mi gallo de pelea favorito” – cuando dejó de empujarla, Hosook cayó de bruces en la barra justo para el momento en que Seojin se acercó hacia ella.

 

Si seguía sonriéndole así, definitivamente Hosook sería el aperitivo más feliz del mundo.

 

- “Hosook-ssi, no tengo palabras para agradecerte. Mi día fue mucho mejor gracias a ti. En serio, muchas gracias” – se reverenció profundamente en muestra de agradecimiento y respeto.

 

- “O-oh no, n-no te preocupes – sonrió nerviosamente, la poca valentía se fue en el breve discurso que le dio – fue un placer para mí, escuchar lo que dices” – dijo suave.

 

- “¿Puedo hacer algo para agradecerte? En serio fuiste muy amable hoy” – dijo riendo, el ambiente era demasiado tierno, Namkyu estaba que chillaba como colegiala mientras las espiaba desde la puerta semiabierta.

 

Sin perder el tiempo le escribe a su chismosa favorita, su querida novia Jimin. Quien seguramente dejaría hasta de trabajar con la condición de saber las buenas nuevas.

 

AMORCITO, ADIVINA QUE

 

HOLA PASTELITO,

DIME DIME

 

Bueno, Hosook está coqueteando con una mujer en la barra en este momento…

Todo está saliendo perfecto

Sospecho que tiene la vida igual de desastrosa

como Hosook, es perfecta para ella.

 

No puede ser, soy una persona muy feliz

Hosook merece mucho amor

Y sexo, necesita urgentemente sexo

 

Es todo lo que queremos para ella

Aunque Hosook se ve asustada, algo me dice

que puede que por fin nos preste atención, amor

 

si no hace algún movimiento, namie

tendremos que tomar medidas desesperadas

 

 

- “No te preocupes demasiado por eso, todo está bien”

 

- “Pero…” – hizo un puchero mientras que Hosook pasaba la tarjeta de la castaña con concentración (y puede que colocando un descuento).

 

- “Nada de eso, nada que agradecer, es lo mínimo que puede hacer alguien por otra mujer en un mal día. Estamos tanto estrés constante que necesitamos que alguien nos eche una mano de vez en cuando” – ambas estaban dividas por la barra y aferradas al mismo pedazo de plástico que era la tarjeta de Seojin, por alguna extraña razón ninguna hacia nada para cambiar ese escenario.

 

“¿Puedo… invitarte una cena?” – tanto Hosook (como la misma Seojin) no podían creer lo que la castaña había preguntado – “Bueno, sabes. Para pagar la comida, en agradecimiento” – si tan solo pudiera esconder las mejillas sonrojadas, quizás se vería menos tímida y tierna para que Hosook pudiera respirar en paz por primera vez desde que la más alta entró en su perímetro.

 

¿Podría significar que era una cita? ¿podía renombrarle así? ¿iban a tener una cita? Cita, así como una cita, donde dos personas salen a una cita, teniendo una cita. Hosook no quería precipitarse (pero ya lo estaba haciendo).

 

- “¿Una cena? ¿así como una cita…?” – pero tan pronto como las palabras abandonaron su boca se arrepintió, ni siquiera por la pena, sino por la expresión confundida de la castaña.

 

Bien hecho, Hosook.

 

- “Claro, una cita; eso es. Una cita. Pero no son con segundas intenciones, no estés preocupada por ello”.

 

- “Ah, está bien” – claramente decepcionada, pero con su sonrisa igual de cálida. Se lo veía venir, quizás si estuviera protagonizando un libro de romance adulto podía quedarse con el interés amoroso con lindos labios.

 

Pero Hosook no estaba en un libro.