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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-01-13
Words:
1,457
Chapters:
1/1
Kudos:
25
Bookmarks:
3
Hits:
164

Sables cruzados, labios enlazados

Summary:

En Peridea, se desata un juego intenso de confrontaciones físicas y miradas intensas. La tensión entre Sabine y Shin alcanza su punto más alto debido a un inesperado impulso.

Notes:

Es mi primer fic en este sitio, espero les guste.

Work Text:

Sabine Wren siempre tempestuosa, impulsiva como ninguna.

 

Actuar primero, pensar después un lema que estaba grabado hasta sus huesos, un grito de guerra rebelde que chocaba contra la antigua filosofía Jedi. La metía en líos, sí, pero también pintaba su mundo de colores vibrantes y caóticos. Pero besar a Shin, una Jedi Oscura que había intentado matarla más veces de las que le importaba contar, eso sin duda era la cima de su temeridad.

 

En su defensa - un frágil escudo contra el huracán de sus propias acciones - desde su primer encuentro había percibido una tensión que crepitaba entre ellas, algo que retumba en el aire con cada choque de sus sables de luz. Una mezcla volátil que estaba destinada a detonar tarde o temprano. ¿Así que porqué no desactivarla con un beso? Una explosión inesperada con la cual con suerte nadie saldría herido de esa forma.

 

Comenzó como todos sus encuentros, con una pelea.

 

Atrapadas en Peridea, un páramo helado, su única escapatoria era la exploración, que, por alguna broma cósmica, siempre las llevaba a chocar. Los insultos volaban como dagas congeladas, seguidos de una danza elegante como mortal de sus sables de luz. Pero los golpes, aunque dirigidos con precisión, nunca llegaban con toda su fuerza. Era un baile de deseo que estaba apenas disfrazado de odio.

 

Ninguna de las dos se atrevía a decir la verdad. La tensión, las miradas robadas, la forma en que sus firmas de la Fuerza se entrelazaban como enredaderas; todo era demasiado descarnado, demasiado vulnerable. Así que se aferraban a la farsa del odio, a una amarga rivalidad que en realidad era una máscara delgada ante la necesidad de verse, un ansia de conexión aunque eso significara quemarse.

 

Hasta que un día se encontraron dentro de una cueva oscura, donde la única luz emanaba de un resquicio del cielo visible a través de la entrada, proyectado sombras largas y distorsionadas que bailaban en las paredes y el aire era más denso. En la parpadeante penumbra, Shin estaba de pie frente a Sabine. Sus ojos, del color del corazón de un glaciar, tenían una intensidad gélida que erizó la piel de Sabine.

 

"¿No te cansas de perseguirme, Shin?" La voz de Sabine era una aguja dulce, una gota de diversión que enmascaraba un torrente de emociones.

 

La Mandaloriana ansiaba con fervor una pelea contra la Jedi Oscura, un choque con sus sables y la Fuerza para que rompiera el sofocante silencio.

 

Pero Shin estaba demasiado cerca, como un depredador acechando a su presa. Su cuerpo, tenso y cargado de energía oscura, presionaba con la de ella, inmovilizándola por completo. Su aliento, un susurro cálido contra su mejilla, le provocó un escalofrío que nada tenía que ver con el miedo.

 

Pensó en atacar por sorpresa disparando sus blasters, pero la proximidad, el calor de sus cantacto en el hombro, hizo que la duda se deslizara por su mente. ¿Sería lo suficientemente rápida para reaccionar antes que la Jedi Oscura? Sabía que subestimarla sería un error fatal.

 

Antes de que pudiera reaccionar, un repentino movimiento de Shin, como un zarpazo de un lobo, hizo que su espalda quedara presionada contra la áspera piedra. Su rostro, una máscara de ira grabada con algo más... algo que ella no podía descifrar... estaba a escasos centímetros. Su mano suave y cálida, la agarró por la cadera, provocándole una descarga eléctrica.

 

"Como si no disfrutaras nuestros encuentros tanto como yo, Wren." Su voz, un gruñido bajo, retumbó en su pecho, haciéndola vibrar. "¿Crees que no he visto el destello en tus ojos?"

 

Las palabras flotaban en el aire, cargadas de acusación y de una extraña e inesperada vulnerabilidad. La fachada cuidadosamente construida de Sabine vaciló, un destello de incertidumbre la traicionó.

 

"¿Que hay de ti, Shin?" replicó con voz ronca. "¿Que me dices de la intensidad en que me miras?

 

Por un momento, la fría Jedi Oscura que tenía enfrente pareció desmoronarse. Su mirada, cautiva en la de ella, parpadeó con algo parecido a la vergüenza. Antes de que pudiera hablar, antes de que la frágil burbuja de su conexión magnética estallara, Sabine la silenció con un beso.

 

El beso no fue una explosión ardienteque esperaba, no. Más bien fue un ligero roce de labios contra labios, apenas una chispa encendida en el caos de sus mundos en colisión. Sin embargo, dentro de esa delicadacaricia, se empezó a gestar un huracán.

 

Las manos de Sabine se aferraron a los brazos de Shin, no por miedo a que la Jedi Oscura huyera, sino por una necesidad desesperada de aferrase un poco más a ese momento robado. Sabía que no debía permanecer en esa oscuridad por mucho tiempo, que no debía gustarle el calor del abrazo de esa mujer cuyos ojos brillaban con hielo pero no podía evitarlo.

 

Hasta el más simple roce sus dedos contra la piel de porcelana de Shin, le producía una sacudida, una contradicción contra la filosofía Jedi que conocía. Era una locura los sentimientos que sentía por Shin, la Jedi Oscura que encarnaba todo aquello contra lo que debía luchar.

 

Sabine no sabía en que momento se había llegado a interesarse tanto por ella, la mera existencia de esa criatura de las sombras debería provocarle una furia feroz, pero en su lugar le causa un deseo prohibido en su corazón que crecía cada vez más.

 

No podía negar que de alguna forma eran parecidas, nacidas bajo estrellas diferentes pero que compartían un fuego inquebrantable en sus ojos. Sin embargo, el abismo que las separaba era enorme, un abismo de luz y oscuridad que amenazaba con tragárselas enteras. ¿Era el destino retorcido, o simplemente una broma cruel de la Fuerza?

 

El poco raciocinio que le quedaba comenzó a desvanecerse con la suavidad del beso, dejando que sus bajos impulsos la guiaran hacia la atracción del abrazo de Shin, y la consumiera por completo siendo arrastrada al abismo con ella.

 

Finalmente el beso terminó. El sabor de Shin aún bailaba en sus labios, con la respiración aún agitada, cada inhalación atraía el aroma de la Jedi Oscura, cuero y adrenalina. Un brillo triunfante apareció en sus ojos, y una sonrisa traviesa floreció en sus labios acompañado un rubor en sus mejillas.

 

"Bueno, eso..." resopló, con la voz ronca por el beso. "nos ha ahorrado el intercambio de nuestros sables, no te parece." La risa ligera surgió desafiando el aire tenso a su alrededor.

 

Frente a ella, Shin se quedó helada, con los ojos abiertos muy abiertos por la sorpresa. El ceño fruncido de la Jedi Oscura apareció pronto en su rostro acompañado de un lento parpadeó.

 

"¿Qué demonios, Wren?" Su gruñido carecía de ira genuina, era más bien un rugido desconcertado ante el inesperada tormenta que Sabine causó.

 

"Oh, solo intentaba agregar un poco de diversión a nuestro aburrido juego." Sabine respondió con una expresión juguetona, sus ojos chispeando con una alegría rebelde. "Vamos, no me digas que no has sentido la electricidad centellar entre nosotras. Solo decide agregarle un poco más de contacto, ¿sabes?"

 

Shin la miró fijamente, sus ojos del color del hielo ahora mostraban una mezcla de desconcierto y algo que Sabine no podía identificar del todo. "Estás loca, Wren. Besar a tu enemiga mortal no es exactamente una táctica de combate probada."

 

La Mandaloriana se encogió de hombros con indiferencia. "Bueno, hasta ahora parece que funciona bastante bien, ¿no crees?"

 

La Jedi Oscura frunció el ceño nuevamente, pero Sabine notó que la tensión en sus hombros se relajaba ligeramente. "No sé cómo interpretar esto."

 

"¡Oh, vamos, Shin! Es simple. Pelea, beso, tal vez un poco más de pelea y luego más besos. ¿Ves? Todo en perfecto equilibrio", dijo Sabine, moviendo las manos en el aire como si estuviera explicando una fórmula matemática rebelde.

 

Shin rodó los ojos, pero una pequeña sonrisa jugó en sus labios. "Estás demente."

 

"¿Y tú una Jedi Oscura que disfruta de besos sorpresa en cuevas oscuras?", Sabine contraatacó con una ceja levantada, claramente disfrutando del inesperado juego entre ellas.

 

Las dos mujeres se miraron por un momento, el aire lleno de una mezcla de tensión y risas reprimidas. "Tal vez deberíamos dejar de pelear y simplemente besarnos más a menudo", sugirió Sabine con una risa traviesa.

 

Shin suspiró, pero la esquina de sus labios se curvó hacia arriba. "Quizás deberíamos, Wren. Al menos eso evitaría que me causaras problemas todo el tiempo."

 

"¡Oh, pero donde estaría la diversión en eso!", respondió Sabine, mirando a Shin con una expresión de complicidad.

 

Así, entre sonrisas y miradas cargadas de complicidad, Sabine Wren y Shin Hati decidieron dejar de lado la fachada de odio y rendirse a la tensión sexual que siempre había existido entre ellas.

 

Y Sabine pensó que ser impulsiva podía llegar a ser bueno algunas veces.