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In my blood

Summary:

Ella soltó una débil risa y tocó su nariz, de la misma forma que tantas veces antes. - Los pecados del padre, recaerán sobre los hijos. Y que en sangre la culpa exime sus pecados. En una línea de sangre maldita por los mismos dioses, ni siquiera Constantine podrá evitar el destino esta vez.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Mi madre no fue una buena persona. - Susurró. - Desde mi nacimiento recuerdo ver sus manos manchadas de sangre incontables veces.

 

Se estremeció ante el pensamiento. Más aún al comprender un poco más su mente, creía que nadie tenía recuerdos desde tan temprana edad...

 

Cuando me abandonó en brazos de mi padre, el siguió el mismo patrón que ella. - Afirmó manteniendo la voz baja, pero si hubiera prestado atención a sus ojos había comprendido que en el fondo, el dolor carcomía su alma.

 

Me volvió una carga. Algo que ocultar, "proteger". - Dudó antes de continuar. - La historia es demasiado larga, mi vida es demasiado larga. - Murmuró para sí misma. - Pero en simples palabras, hizo lo mismo que ella: Me abandonó. La diferencia es que con ningún padre, sino sola, aquí. En París.

 

N-no creo que eso... - Ella lo cortó con una mirada. Rápidamente calló y ella continuó.

 

Lejos de todo lo que había conocido durante años, comprendí que si no me querían, no debería importarme a mí tampoco. - Se dio la vuelta suavemente, caminando hacia el borde del balcón. - Y cuando el manto de Ladybug cayó sobre mí, solo pude aceptarlo. Incluso sabiendo que no era una concordancia perfecta, con mi vida consumiéndose a cada paso que daba en el traje...

 

Se estremeció. Eso explicaba muchas cosas. Por qué Ladybug solía estar demasiado débil después de varios akumas seguidos. Por qué su piel siempre estaba demasiado pálida después de restaurar todo el daño ocasionado... Por qué ella siempre tenía una sonrisa triste cuando pensaba que nadie estaba prestándole atención.

 

Él sabía que ella no estaba prestando atención a sus alrededores, demasiado perdida en su propia mente. Pero él sí, y sabía desde el primer momento en que ellos habían llegado lo más cerca posible sin ser vistos. Escuchaba su respiración atrapada, sus titubeos. Sus corazones acelerados, detenerse y continuar a ritmos frenéticos con cada palabra que abandonaba los labios de su compañera.

 

Y por sus olores, sabía que eran su familia.

 

La que la había destrozado de tantas maneras, que él no creía algún día recolectar todas las piezas.

 

Pero estaba bien, porque de dos partes rotas, ellos habían logrado formar algo.

 

Pero está bien. - Afirmó, con la sonrisa más brillante y rota que él había logrado apreciar en su rostro. Ingenuidad, dulzura, dolor, tristeza. Tantas emociones podía apreciar en su mirada, que no podía aceptarlo. - Porque por cada persona que ella asesinó, salvé mil. Por cada vez que ella condenó un alma al infierno, París sobrevivió a un nuevo amanecer. Y eso, vale la pena al final...

 

La vio tambalearse, y saltó a su lado. No había notado lo débil que estaba actualmente. Se reprendió mentalmente ante eso.

 

De qué estás hablando, Bug. - Susurró mientras la abrazaba con fuerza, temiendo que si la soltaba ella desaparecería en un instante. - No vale la pena si tu vida es la que está del otro lado. No lo vale.

 

Ella soltó una débil risa y tocó su nariz, de la misma forma que tantas veces antes. - Los pecados del padre, recaerán sobre los hijos. Y que en sangre la culpa exime sus pecados. En una línea de sangre maldita por los mismos dioses, ni siquiera Constantine podrá evitar el destino esta vez.

 

Escuchó la exclamación de su audiencia incluso cuando fue silenciosa. El nombre de John Constantine les era familiar, al parecer.

 

Ella se estremeció, quizás por el frio, quizás otra razón. No quería pensarlo. - Tikki quiso salvarme desde la primera vez, pero lo sabía antes de conocerla. Mi vida terminaría mucho antes de siquiera comenzarla. El Maestro Fu intentó todo lo que estuvo a su alcance, incluso cuando no sabía lo que estaba haciendo.

 

Sus palabras sonaban cada vez más a una despedida, una que él sabía ella estaba dando, y una que no estaba dispuesto a aceptar.

 

Ahora, que la mariposa ya no es una preocupación, estoy feliz de saber que eres libre. - Ella tomó su rostro entre sus manos, y juntando su frente sonrió al cerrar sus ojos. - Estoy feliz de que mi hermano podrá tener la vida que merece.

 

Él estaba llorando, llorando de una forma desconsolada, mientras ella le regalaba una sonrisa única. - No llores Chat, nunca te quedaron bien las lágrimas.

 

La mirada cómplice en sus ojos, lo hizo reír. Tomando sus manos suavemente, las beso. - Ma Lady.

 

Mon Chatón. - Soltó una risita, cargada de alegría. Y la pesadez a su alrededor pareció desaparecer. - Yo, Adhara, ultimo guardián en vida, por la presente reclamo de ti, Chat Noir salvador de París, el anillo de la destrucción.

 

Olvidada en un rincón la caja milagrosa, comenzó a brillar antes de aparecer entre ellos. La Sonrisa en el rostro de Chat era suave. - Hasta la próxima, Plagg.

 

La vio tomar la caja con suavidad, mientras se sentaba en el suelo. Mirándola como si fuera la primera vez. Por su mente corrieron mil escenas del pasado en un instante. - Te irás.

 

No era una pregunta, pero si una afirmación.

 

Mi vida aquí, está llegando a su fin. - Afirmó. - El tiempo nunca corre exactamente igual para nosotros.

 

Un eufemismo en sí mismo, niña. - Una voz diferente resonó.

 

Constantine. - Saludaron al unísono.

 

El niño del mar, niña flor. - Miró más allá de ellos y continuó. - Bats.

 

La niña frente a él se estremeció, pero no volteó su mirada. Los ojos verdes del rubio, se estrecharon en él.

 

Tienes que cerrar la brecha. - Sus ojos habían ido perdiendo el color con el pasar de los años. No eran el verde y azul intento que recordaba. Eran una mera sombra plateada.

 

Tus ojos son diferentes. - No era la respuesta que ella esperaba, si su postura tensa confirmaba algo. - Podría apostar que tu sangre tampoco tiene su color original.

 

Eufemismo de hecho.

 

Un niño dios, condenado a nada más que pagar las culpas de sus padres.

 

El rubio la abrazó con fuerza contra sí mismo, como si eso pudiera evitar lo que sucedería a continuación.

 

Siempre te molestó que te llamara niña flor, no, niño dios? - Ella evitó las miradas persistentes en su cabeza. Incluso la de su compañero.

 

Y en sangre, la culpa exime sus pecados. - Volvió a murmurar.

 

Ra's condenó su preciada línea de sangre. Dio tu vida, sin saber lo que eras. Sin saber que en ti, reside el poder que siempre había codiciado. - Continuó como si no la hubiera escuchado. Sabiendo que la atención de todos estaba en él en ese momento. - Un niño dios, condenado al ostracismo por su familia. Condenado a querer lo que nunca le ofrecieron.

 

Con cada palabra que salía de su boca, ella se estremecía y parecía volverse más pequeña. Pero eso no lo detuvo, tenía mucho que decir. Y muy poca consideración que ofrecer.

 

Un padre paranoico, una madre maldita, un hermano ingrato. La sangre no trajo más que sufrimiento. - Sentenció con firmeza. - Un alma fragmentada, reducida a nada más que un espejismo. Y sigues existiendo en este plano, por el simple hecho de que su alma se niega a soltar la tuya.

 

Adrien apretó su agarre sobre ella, queriendo ocultarla de todos. - Porque somos uno. Rotos y olvidados, unimos las piezas que encontramos. - Susurró mirándolo con odio.

 

Constantine se lo concedió al niño, incluso si ya no tenía el control total sobre la destrucción, su aura seguía cargando con ella y se extendió sobre todos los presentes, ahogándolos en ella.

 

Los dos lados de la misma moneda, porque se repite el patrón. - Una sonrisa cínica cruzó sus labios. - Un padre paranoico, una madre maldita. - la mirada del rubio nunca lo abandonó, soltando un siseo solo se estrechó más sobre ella. - Y encontramos algo que pesa más que la sangre.

 

El silencio invadió el espacio a su alrededor. Era la calma ante la tormenta en el horizonte. 

 

Pero ella tiene que irse, niño. - Sentenció John. 

 

Ella volverá a donde nada la afecte. - Un pequeño conejo, se posó sobre la cabeza de la niña. - El tiempo siempre amó a la pequeña mariposa.

 

Fluff, si te la llevas... - El pensamiento rápido del rubio, cortó lo que iba a decir.

 

Nos la llevaremos. - Corearon una serie de criaturas. – Y ella estará segura, por fin descansará.

 

Estará bien gatito. – Plagg le sonrió. – Puedes venir con nosotros, ¿Sabes?

 

¿Realmente? – La esperanza volvió a calentar su interior, si no tenían que separarse… Incluso si olvidaba todo, si la tenía, si seguía con ella a su lado. Podría soportar cualquier cosa. Sin ella no tenía sentido seguir. Sus almas habían estado tan solas, tan rotas, que no creía sobrevivir si debía seguir sin ella. Después de todo, Constantine no había estado errado. Su alma mantenía a Marinette, a Adhara Wayne, anclada a este plano.

 

¿Cuándo algo fue imposible para nosotros?- Tikki sonrió, igualando a Plagg.

 

En un destello, el único rastro de ellos fueron las manchas de sangre sobre el suelo. Y un susurro en el viento.

 

Nadie había esperado ese desenlace, salvo Jonh aparentemente. Si la mirada en las caras de los presentes era algo que asumir. Y john, suspiró. ¿Qué esperaban? Un abrazo de bienvenida. ¿Quizás? un hola papa... Seguro. Cinismo puro. Se dio media vuelta, mirando de reojo donde habían estado. La sangre dejada atrás. Vaya despedida. - Descansa, niña.

 

Y en sangre, la culpa exime sus pecados…

Notes:

Bueno, si... Es algo.