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Julián fue consciente de la suavidad de la piel tibia de Enzo bajo su mejilla y los tenues rayos de sol que comenzaban a asomarse en la habitación. Se estiró y enterró el rostro en el cuello ajeno, respirando profundo como si pudiera fundirse más en el contacto. Apenas pudo pestañear un par de veces cuando escuchó los pasos apresurados entrando a la habitación. Un instante después, Olivia saltó a la cama entre risas justo sobre él.
Consiguió atajarla en el aire, más por instinto que por estar realmente despierto, y se apuró a abrazar a Oli y acomodarla en el espacio entre ellos lo mejor que pudo sin que Enzo recibiera una patada.
–Buen día –saludó con la voz todavía ronca. Olivia se rió bajito con esos ojos brillantes que se parecían tanto a los de su papá y se metió debajo de la frazada. Julián se carcajeó al tiempo que se felicitaba mentalmente por haber obligado a su novio a vestirse después de las actividades de la noche anterior.
–Juli. –Olivia asomó la carita y soltó un grito cuando él amenazó con acercarse y hacerle cosquillas–. Hay que desayunar.
Con una rápida mirada a la luz que entraba por la ventana, Julián determinó que Olivia no estaba errada con la hora del desayuno, pero no podía evitar darse cuenta de que le estaban robando algunos minutos de sueño porque su alarma aún no había sonado. Enzo a su lado no parecía para nada inmutado por la visita, por lo que Juli estiró un poco el pie hasta patearlo suavemente, pero con suficiente fuerza para despertarlo.
–¡Pa! –exclamó Oli absolutamente emocionada al ver que Enzo los miraba con una sonrisa adormilada. Después de tres años juntos era un poco tonto seguir sintiendo mariposas, pero en momentos como ese, Juli no podría evitarlo ni tampoco quería hacerlo–. ¡Arriba!
–Cuánta energía, mi vida –comentó Enzo entre risas graves. Se sentó sacudiendo un poco el pelo que ya tenía completamente despeinado y extendió ambos brazos en una invitación que la pequeña no pudo rechazar. Se arrojó sin pensarlo dos veces y Enzo la recibió con una sonrisa deslumbrante, llenándole la cara de besos–. ¿Por qué te levantaste tan temprano, loquita?
Enzo y Juli cruzaron miradas por sobre la cabeza de Olivia. Normalmente en días de clases había que ir a buscarla y empezar a vestirla sin estar del todo despierta. Oli se encogió de hombros cómicamente y corrió los pelos que caían sobre su cara en un gesto muy similar al de su papá.
–Me desperté y tengo hambre –explicó simplemente, con ese tonito que parecía decirles que les estaba explicando una obviedad demasiado fácil como para que no la supieran. A Juli siempre lo desarmaba de ternura.
–Bueno, vamos a vestirnos entonces mientras Juli nos hace el desayuno, ¿dale?
Olivia asintió emocionada y le dio un sonoro beso en el cachete a su papá antes de bajar de la cama y salir de la habitación tan rápido como había entrado.
–¿No podremos pedir cinco minutos más? –preguntó Enzo con una media sonrisa mientras se acercaba a Juli. Enterró la cara en su cuello y Julián envolvió sus hombros para traerlo todavía más cerca.
–Si esperamos cinco minutos va a intentar cocinar ella. –Juli cerró su advertencia con un beso en el pelo de su novio–. Dale, andá a vestirla. Voy poniendo las tostadas.
–Te amo –soltó Enzo luego de un largo bostezo y lo besó fugazmente antes de bajarse de la cama.
Julián observó a su novio salir de la habitación en una copia casi idéntica del camino que había hecho su hija un momento atrás. Sonrió para sí mismo antes de buscar las pantuflas y se dirigió por fin a la cocina.
-.-
A Juli siempre le habían gustado los niños, pero a decir verdad, nunca se había planteado realmente si quería ser padre . (Usar ese término, aunque fuera mentalmente, siempre hacía que le ardieran las mejillas. ¿Qué pensaría Enzo si pudiera escucharlo?) La cuestión era que siempre se había llevado bien con primos y sobrinos más pequeños, pero nunca se había planteado lo que sería tener que participar en la crianza de un hijo propio o de alguna pareja. Ni siquiera se le había ocurrido pensarlo cuando empezó a salir con Enzo y eso que Olivia había venido en pack con él desde el principio.
Se conocieron en el cumpleaños de un amigo en común cuando Olivia era mucho más chiquita aunque igual de inquieta. Juli se había acercado a ellos para ofrecer su compañía, aunque realmente era la excusa perfecta para alejarse del caos de la improvisada pista de baile. Nunca se imaginó que se iba a quedar enganchado para siempre de la sonrisa canchera de Enzo y esos ojos que brillaban especialmente cuando Olivia hacía alguna gracia.
Varios amigos se sorprendieron cuando eventualmente empezaron a salir, pero para ellos fue lo más lógico del mundo. Se complementaban en todos los aspectos, y más allá de eso, desde el principio siempre se sintió bien estar juntos. Julián muchas veces pensaba que nunca había sido tan feliz en su vida hasta que conoció a Enzo.
Su relación creció con la naturalidad de las cosas que están destinadas a durar toda la vida y poco a poco, Juli y Enzo fueron construyendo un universo compartido que semana por medio orbitaba pura y exclusivamente alrededor de Olivia. Quizás no debería haber sido tan fácil ponerse de novio con un pibe que tenía una nena de tres años, pero Julián nunca vio la necesidad de complicar algo que naturalmente funcionaba tan bien.
El único momento donde todas las alarmas saltaron y Juli dudó seriamente de su lugar en la vida de los dos fue durante el primer cumpleaños de Olivia al que asistió. Enzo le insistió mil veces que iba a estar todo bien, pero no pudo evitar notar cómo la ex de su novio y toda la familia de ella lo miraban con suspicacia en el mejor de los casos, y directamente con desagrado en el peor. Juli ofreció un par de veces irse para evitar algún problema, pero Enzo nunca dio el brazo a torcer.
–Olivia a vos te adora y te invitó especialmente para que vinieras –murmuró Enzo cerca de su oído, ojeando con molestia a su ex familia política–. Si esas tienen un problema, se van a tener que ir ellas.
Con el tiempo hasta esas asperezas se habían limado y aunque Valentina no fuera su persona favorita, Juli podía convivir perfectamente con ella en actos escolares y festejos varios si la felicidad de Olivia estaba de por medio.
Así que si bien Julián nunca se había planteado ser padre, Olivia se había vuelto una parte indispensable de su vida tanto como Enzo, y disfrutaba muchísimo de verla crecer y colaborar donde pudiera para que creciera como una nena feliz.
–¡Juli! Está verde.
La voz de Olivia lo sacó de sus reflexiones y luego de comprobar que tenía razón, tiró suavemente de su manita y empezaron a cruzar la calle. Trató de recordar qué le estaba contando Oli de su día antes de que se distrajera dentro de su propia mente y así siguieron charlando hasta que llegaron al departamento.
Hacía ya unos cuantos meses que Juli se había mudado oficialmente con Enzo y debía reconocer que le encantaba ser el encargado de buscar a Olivia por la escuela semana por medio cuando se quedaba con ellos. Ya era algo que hacía con bastante frecuencia antes de mudarse así Enzo no tenía que hacer una maratón desde la otra punta de la ciudad para recogerla y llevarla hasta lo de sus papás. Ahora que trabajaba en el departamento era todavía más sencillo.
–¿Qué hay para comer?
–Milanesas, pero primero hay que lavarse las manos –indicó Juli mientras le ayudaba a sacarse la mochila y el abrigo. Las dos cosas quedaron abandonadas sobre el sillón sin mucha ceremonia, ya las iba a ordenar más tarde.
–¡Voy! –dijo y salió corriendo al baño.
Julián se rió en voz baja y se dirigió a la cocina. No se acordaba si les quedaban sobres para hacer puré instantáneo y si no era así, iba a tener que ingeniarse alguna forma de que Oli comiera alguna verdura.
Antes de concentrarse en el almuerzo revisó su celular y no pudo evitar la sonrisa que se formó en su rostro cuando vio que tenía una foto de Enzo sacada en el subte y un mensaje preguntando cómo estaban. Respondió rápido y dejó el celular en la mesada justo cuando Oli entró a la habitación.
–¿Lista?
–¡Sip! ¿Puedo ayudar a cocinar?
Julián asintió y juntos acomodaron el banquito para que Oli alcanzara la mesada y se pusieron manos a la obra. Su mamá le había recomendado que probara hacerle ensalada de zanahoria, a lo mejor podía enseñarle a Olivia a rayar las verduras con mucho cuidado.
-.-
Enzo llegó al departamento para la merienda y después de disfrutar de tres tazas de leche chocolatada, decidieron aprovechar el poquito de sol que quedaba para ir a la plaza así Olivia dejaba de torturarlos porque le habían prometido ir dos días atrás.
El otoño se hizo notar bastante pronto. Juli y Enzo habían pensado quedarse un rato para que Oli disfrutara de los amigos que había hecho en unos pocos minutos, pero ella no demoró mucho en acercarse con las mejillas rojas pidiendo volver porque no le gustaba el frío.
De nuevo en el departamento, Enzo tomó el relevo de sentarse a ver las cosas de la escuela y ayudar a Olivia para que terminara la tarea de Lengua. Tenía que practicar diferentes patrones para ayudar al proceso de aprender a escribir y Oli tenía tanto entusiasmo por terminar el ejercicio que le costaba seguir la guía de la fotocopia. Del otro lado de la mesa, Juli terminaba algunas cosas del trabajo mientras los ojeaba de vez en cuándo y trataba de contener las risitas que se querían escapar debido a la ternura que le generaba la escena con Enzo tratando de indicarle a Oli la mejor forma de agarrar el lápiz para hacer los patrones con curvas.
En cuanto terminaron y Enzo se acercó a la mochila de Olivia para guardar el cuadernillo, los sorprendió un grito de la pequeña tan repentino que les hizo dar un salto a los dos.
–Oli, ¿qué pasó?
–¡Me olvidé! ¿Pa, me pasás mi mochila?
Enzo miró a Juli con un gesto de confusión y le acercó la mochila. Sin perder ni un momento, Olivia sacó lo que parecían dos dibujos enmarcados con cartulinas de colores.
–Hicimos dibujos de las familias –explicó con una expresión de extrema seriedad que se veía cómica en su rostro infantil–. Este le hice a mami. Estamos mami, yo y Lunita.
Olivia les mostró el dibujo donde había dos figuras humanas muy simples pero bastante claras, y otra que representaba un gato sorprendentemente bien. Había un sol brillante en la esquina y muchas flores por todos lados.
–Está precioso, Oli. A tu mamá le va a encantar. –Enzo la felicitó con una sonrisa suave. Julián adoraba la forma en la que su voz tomaba una cadencia particularmente dulce cuando hablaba con Olivia.
–Las flores están preciosas –acotó Juli cuando Enzo le pasó el dibujo para que pudiera verlo en detalle.
–¡Y este hice para nosotros! –exclamó con una brillante sonrisa al tiempo que les mostraba el otro dibujo.
Como Enzo estaba más cerca fue el primero en tomarlo. Julián por un momento se distrajo con la expresión de puro amor en el rostro de su novio y por eso lo tomó por sorpresa cuando Enzo posó una mano en su rodilla al girar el dibujo para que pudiera verlo bien. En el dibujo había tres figuras de personas, una más pequeña y pintada de violeta en medio de las otras dos. Había corazones por todas partes y también varias flores; Oli estaba obsesionada con las flores últimamente. Juli tomó la hoja y observó cada detalle lentamente.
–Ese es el escudo de River –explicó Olivia con orgullo señalando un garabato cruzado por una raya roja. Juli se sorprendió al notar que estaba de pronto sentada en el regazo de Enzo y los observaba esperando por su reacción.
–¡Está buenísimo! –Enzo, por supuesto, fue el primero en reaccionar. La abrazó un momento y le dio un sonoro beso en el cachete–. Nos dibujaste súper bien. ¿Esa es una pelota de fútbol? –agregó señalando la esquina del dibujo que seguía en las manos de Juli.
Olivia respondió afirmativamente, pero su atención estaba al completo enfocada en Juli. Recién en ese momento Julián fue consciente de que sus ojos estaban a punto de soltar las primeras lágrimas y la media sonrisa emocionada que le ofreció Enzo fue el detonante final.
–¿Juli? ¿Estás triste? –La vocecita de Olivia estaba demasiado preocupada para el gusto de Julián. Tragó saliva intentando calmarse a sí mismo para poder tranquilizarla, pero Olivia fue mucho más rápida–. Si no querés compartir el dibujo con papi te puedo hacer otro. No te pongas triste.
Esa última oración le sacó una risa entrecortada. Julián se inclinó para darle un beso en el pelo y cuando se apartó vio que al menos ya no tenía el ceño tan fruncido como un momento antes.
–No, mi vida, cómo voy a estar triste –respondió finalmente. Miró de nuevo el dibujo y una nueva sonrisa invadió su rostro, aunque las ganas de llorar persistían–. Me encanta que compartamos el dibujo. –Abrió los brazos y sonrió cuando Oli aceptó la invitación inmediatamente, bajó de las piernas de su papá y rodeó su cuello en un fuerte abrazo–. Pasa que a veces cuando estás muy contento también te dan ganas de llorar –explicó lo mejor que pudo, buscando la cara de Enzo y viendo que él tenía los ojos igual de brillantes.
–¿Te gustó el dibujo entonces?
–Me encantó, Oli, es muy lindo. Y el escudo de River le da el toque, está genial. –Le dio unos besos sonoros que hicieron que Olivia se riera y después la dejó ir–. Vamos a ponerlo en la heladera, ¿dale?
Se puso en pie mientras observaba a Olivia salir disparada para la cocina. Enzo lo imitó y cuando estuvieron frente a frente, se inclinó lo suficiente para darle un dulce beso y con el pulgar de la mano secó un par de lágrimas que todavía recorrían sus mejillas.
–Me va a matar de amor –explicó Juli entre susurros mezclados con risas.
–Ustedes me van a matar a mí –replicó Enzo antes de darle un nuevo beso y tomarlo de la mano para llevarlo hasta la cocina. Olivia ya los estaba llamando a los gritos por la demora.
Colgaron el dibujo entre las fotos, recetas y recordatorios que se amontonaban en la heladera. Olivia aprovechó el momento de obvia fragilidad de los dos para pedir pizza para cenar, la pequeña mente maestra, y al final Enzo terminó dando el brazo a torcer.
–Pero los dos me ayudan esta vez. No quiero a nadie viendo Toy Story sin mí como la otra vez –advirtió Enzo mientras alzaba a Olivia y la hacía girar para su diversión.
–¡Yo cocina, pa! Juli también, ¿verdad Juli?
–Obvio. Si no tu papá les pone re poquito queso a las pizzas y eso no puede ser –dijo en un falso susurró que le sacó nuevas risitas a Olivia y una exclamación indignada por parte de Enzo.
La noche se diluyó en la preparación de la cena, alguna pelea menor por los ingredientes de las pizzas y muchas risas. El caos era bastante habitual cuando Olivia estaba con ellos y a decir verdad, a Juli le encantaba que fuera así. Pocas veces se reía tanto que cuando estaban los tres juntos.
La cuestión era que Juli nunca se había planteado ser padre ni tener su propia familia, pero esta vida que había construído con Enzo le daba la certeza de que había llegado justo al lugar donde tenía que estar.
