Work Text:
El pitido suena y la sangre sigue caliente, el cuerpo duele, el orgullo más, argentina perdió y se nota, Enzo no grita, no insulta, no patea nada, camina con el ceño fruncido y la mandíbula apretada, el estadio está más vivo que nunca, todos creian en esa bendita revancha que se inventaron por ganarles la copa, una rivalidad que a ellos les vale, pero que igual pesa
se sienta y lo ve a lo lejos
...
—ey, Julian, ¿todo bien, pá?
se da vuelta, ahí está richard, sudado, despeinado, con el top pegado al cuerpo y la camiseta en la mano, sonríe con todos los dientes, se acerca de una y le da la mano
—¿qué hacés, boludo? —responde Julian, devolviendo el gesto, el otro lo jala, lo transforma en un abrazo rápido, de cancha
—corrió toda la banda usted solo, parce, está loco, jugó una chimba
—nah, para el olvido, vos jugaste bien también eh, gran partido, lástima por nosotros
—marica, me dejaron más solo que un berraco, ¿vió? como si no jugara nadie más, pero yo sí le tenía fe a este encuentro, pa’ que vea —se ríe richard, arrogante— pero bueno, a lo bien, me divertí
—algo bueno tenía que quedar
—igual, le quería pedir que me la dé
—¿eh? —Julian alza las cejas, confundido
—vea, yo no vine hasta acá para irme sin su camiseta, usted verá
—¿así de una?
—así de una, pero qué más, oiga parce usted es muy callado… ¿toca pedírsela de rodillas o qué?
—Julian rueda los ojos, gesto de fastidio, todos le decían los mismo—¿y vos? ¿qué me das?
—la mía, acá hacemos trueques justos, mirá, tomá desde ya, toda tuya
Y se la lanza con una sonrisa, con una mirada rápida al cuerpo del argentino
Julian la pone entre sus piernas
—te va a quedar buena esa, es más entalladita
—qué pajero que sos, boludo —responde Julian, riéndose mientras empieza a sacarse la suya
se la saca de un tirón, el torso le queda descubierto, el sudor le marca los músculos, el cuello todavía tenso, se la alcanza y richard la recibe sin dejar de mirarlo, pero no dice nada, se pone la camiseta de Julian sobre el hombro, sin cuidado
—listo, esta no se lava
—andá, enfermo —dice Julian con una sonrisa cansada
—jugás hermoso, Julian, de verdad
—dale, ya está, colombiano chamuyero, andá a festejar con los tuyos
—con la tuya voy a festejar— le responde entre risas
y ahí, como quien no quiere la cosa, otro abrazo, algo fugaz, ríos le da una palmada en el pecho, justo al centro, suave, pero que se siente, corto, casual, pero que a Enzo le alcanza, el golpe al ego no le viene por la derrota, le viene por ver a su pareja, medio desnudo, en brazos del único tipo con el que se cruza y le saca chispas en cada partido, y encima, con su camiseta en la mano
...
de vuelta en los vestuarios, todo está tenso, el ambiente pesa por la derrota, no es que esos tres puntos importen tanto, solo son eliminatorias al final, pero el orgullo... ese sí que les pesa
Enzo está sentado con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos, quien lo ve a simple vista piensa que está dolido, que le jode perder, y no esta tan lejos de la verdad, pero la razón real por la que está así... Se está secando el pelo con una toalla al frente de los lockers, y Enzo... Él está esperando que todos se vayan
—¿en serio te vas a poner así por perder? boludo, no es para tanto, nosotros tenemos la copa, ¿no?
—vos mejor que nadie sabés que no es por eso que estoy así
—¿Entonces? ¿Es que ahora tengo que ser adivino? o…
Enzo se para, cruza la distancia sin apuro, pero con algo distinto en la mirada, se le planta adelante, lo mira, baja la vista, lo recorre entero
—te encanta, ¿no?
—¿eh?
—que te miren, que te vean
Julian se tensa apenas, pero no desvía la mirada
—no empieces, Enzo
Enzo ríe, sin humor, le habla bajo, de cerca
—la camiseta, te la sacás apenas termina el partido, transpirado, debajo del sol, como si no pudieras estar un minuto más con ropa encima, y se la das a ríos, como si nada
—me la pidió
—y vos se la diste, sonriente, canchero, ¿te gusta que lo imaginen?
—¿imaginar qué?
—esto, que te vean así y lo piensen, que te vean las marcas, las piernas, el culo apretado, como la vez que le regalaste el short a la mina en la tribuna y te quedaste en bóxer, ¿te acordás?
Julian se muerde el labio, no responde
—te gusta, sos una trola, te calentás con que te miren, con que se pregunten cómo te cogen, porque si Julian, toda la gente piensa eso
Entonces Enzo lo empuja contra el locker, lo gira, sin más, le baja el short rápido, con el bóxer incluido, y se deja caer de rodillas, le abre las nalgas y se entierra con la lengua, Julian jadea
—¿qué hacés, Enzo…?
—shhh, sos mío, ¿sabés? —susurra, enterrando más la lengua — todo esto es mío, pero te hacés el lindo, el que no sabe, el que regala el cuerpo como si no tuviera dueño
—Enzo… no da acá…
pero Enzo no para, le pasa la lengua como un castigo, le abre el culo con ambas manos y lo lame, se entierra allí entrando de a poquito, besando, mordiendo como si quisiera marcarlo, una, dos, tres veces, escupe, llena, trabaja como si lo conociera de memoria, como si supiera exactamente dónde tocarle para volverlo loco, y lo hace
Julian gime, todo el cuerpo le vibra, los ruidos se le escapan
—Enzo… Enzo… ¡ahí…!
—calladito, ju, tenés que estar calladito
Enzo no se detiene, la lengua le recorre todo, lo lame profundo, con los labios, con la nariz rozándolo, le mete un dedo, lo saca, otro lametón, otro gemido, y Julian se deshace
—¡me vas a hacer acabar! ¡Enzo, me voy a correr…!
entonces Enzo se levanta, le tapa la boca con la mano, fuerte, lo presiona contra el, la boca al oído
—estás muy ruidoso, así no podemos hacer nada, van a venir a ver qué pasa y no quiero que nadie más te escuche… ni que te vea ¿entendés?
—mmhh— Julian tiembla contra él, jadea contra su palma, se deshace, la pija le gotea, las piernas le flaquean
—¿querés acabar, juli?
—por favor… Enzo… no aguanto…
pero Enzo tiene otros planes, baja un poco lo toma de los costados y le sube el short de nuevo, rápido, apretandole un poco la cintura el elástico marcando su piel, el calor sube, lo sigue sosteniendo contra el locker, pegado a su nuca
—¿qué hacés…?
—te vas así, hasta el hotel, con el culo sucio, la pija dura, y la sensación de mi lengua todavía adentro
—Enzo…
—y escuchame bien, porque no lo voy a repetir —le dice Enzo, con la voz más baja, más peligrosa— no vas a acabar, no te vas a tocar, no te vas a sacar ni una gota
—Enzo… no podés…
—claro que puedo, porque sos mío, y porque sé que si te toco ahora, te vas a venir en mis dedos, y no lo merecés, no todavía
—¿y si no aguanto…?
—si llegás a acabar sin mí…
Baja la mano por dentro del shorts y le mete un dedo, solo uno pero hondo, Julian casi se cae
—…te vas a tener que bancar el viaje a argentina lleno, todo lleno de mí, Julian, pegajoso, ¿eso querés? ¿que todos se den cuenta de lo putita que sos?
—Enzo…
—¿querías atención? ¿te gusta que te miren? bueno, que ahora te vean caminando así, incómodo y necesitado
—te espero en el colectivo, amor, no tardes — y le da un beso en la mejilla y un golpe suave en la nalga
Julian queda así, el short mojado, goteando, la piel quemandole la cabeza llena de la imagen que se le viene, porque Enzo no habla al pedo, y esa noche, va a cobrársela toda
Perfecto. A continuación te paso el siguiente bloque ya corregido al estilo que estás usando: presente, sin mayúsculas ni puntos innecesarios, fluido y visceral.
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Julian va al lado de la ventana, callado, la pantaloneta un poco subida, apretando sus muslos, la tela se le pega al cuerpo marcando todo, la piel aun húmeda y la sensación lo están matando desde adentro, todavía está así
al lado, Enzo se sienta tranquilo, piernas abiertas, el codo puesto en el apoyabrazos, cabeza inclinada hacia él, silencioso, pero con esa sonrisa hija de puta que no necesita palabras
—mirá nada más cómo estás —le susurra, bajito, al oído
Julian traga saliva, mira por la ventana como si no pasara nada, pero las piernas apretadas, la espalda recta, el cuello tenso lo delatan todo
—¿querés que te ayude a calmarte? —susurra Enzo otra vez— acá, delante de todos, sin que nadie lo note
—callate…
—¿por qué? ¿te da miedo que se den cuenta lo tenso que estás? si te miran un segundo, ven la pija marcada ahí, contra el short, además, mirá cómo te tiembla la pierna…
Enzo estira la mano, apoya apenas los dedos sobre su muslo, un roce, nada más, pero es como una descarga
—¿todo bien? —pregunta uno del cuerpo técnico— estás todo rojo
—sí —responde Julian, rápido— todo bien
Enzo sonríe
—no te preocupes, yo lo estoy cuidando, es el calor, barranquilla no le cayó muy bien
el técnico le da una mirada fugaz y se va
Enzo le pasa la mano despacio por el muslo, sube, sin llegar, solo rozando
—¿ves lo que pasa? te gusta hacerte el buenito, pero estás empapado, ¿querés que te pase la campera encima, así podés abrir un poquito las piernas sin que te vean?
Julian no contesta, se muerde el interior de la mejilla, los ojos clavados en la oscuridad del vidrio
—igual, podés disimular todo lo que quieras —murmura Enzo— pero yo sé lo que pasa, y eso me basta, estás lleno, con el culo sucio de mi lengua, y el cuerpo gritando por acabar
—pará, Enzo…
—si yo meto la mano ahora, estás mojado, ¿querés que lo compruebe?
—Enzo, no…
—sigo pensando que te puedo hacer acabar acá, delante de todos, que lo sepa todo el plantel, que el nenito bueno de las cámaras, el que se hace el tímido, se vino solo porque le comieron el orto en los vestuarios…
Julian lo empuja con el hombro, despacio, no quiere armar ruido, no puede
...
la habitación está en silencio, la puerta se cierra con un clic apenas audible, Enzo no prende la luz, el cuarto huele a sábanas limpias, aire acondicionado, afuera barranquilla arde, pero adentro… adentro está Julian
sentado al borde de la cama, las piernas le cuelgan flojas, los hombros algo encogidos, la camiseta transpirada se le pega al cuerpo, el pelo está desordenado, los ojos bajos, parece calmo, pero el cuerpo le tiembla sutilmente
Enzo lo mira en silencio, un segundo, dos, camina, no dice nada, no hace falta, se agacha frente a él, con las manos sobre sus rodillas, le levanta la cara con la yema de los dedos, Julian alza la vista despacio, lo mira, no con reproche, solo con expectativa
Enzo le sonríe, suave, casi con ternura
—qué buen chico que sos… —le murmura, rozando su nariz
Julian se estremece, y Enzo se lo dice todo sin palabras, lo besa en los labios, despacio, un beso quieto, sin lengua, apenas una presión suave que dice hiciste bien, cumpliste
le besa una mejilla, la otra, lento, agradecido
—así me gusta tenerte —susurra contra su piel— obediente, esperándome
le acaricia el cuello, baja los dedos por los costados, por debajo de los brazos, lo toca como si estuviera memorizando cada línea, como si fuera suyo, y lo es
—alzá los brazos
Julian obedece sin decir nada, Enzo le levanta la camiseta por encima de la cabeza con calma, la desliza sin apuro, le acaricia los costados, la cintura, la espalda, las manos abiertas, lentas, piel contra piel
—estás temblando
—te extrañé —confiesa Julian, apenas un suspiro
Enzo no contesta, va al bolso, saca su camiseta, la despliega, se acerca, sin romper el momento se la pone, la baja por su pecho como si estuviera envolviendo una reliquia, la tela grande, suave, aún sudada del partido, lo cubre hasta medio muslo
Julian baja la mirada, casi avergonzado
—quedás hermoso así
le acaricia la cara con la punta de los dedos, le levanta el mentón con dulzura
—sos precioso, ¿lo sabés, verdad?
—sí…
Enzo se arrodilla frente a él, le sostiene la cadera, le baja el short con las dos manos, lento, arrastra la tela por sus muslos sin romper la mirada, lo deja desnudo,estremeciéndose apenas con su camiseta puesta, la pija dura, los muslos sensibles, el cuerpo entero queriendo ser tocado
y ahí, Enzo lo besa de nuevo, en los labios, en la barbilla, en el pecho, justo por debajo del cuello de la camiseta, baja con la boca como quien recorre algo sagrado
—Julian —le dice bajito, con los labios contra su piel— no sabés en lo que te metiste
Y él traga saliva, porque sabe, claro que sabe que esta falsa ternura no le va a salir barata, y lo peor es que no le importa, quiere que lo rompa
y lo besa, sin apuro, con los labios abiertos, húmedos, un beso largo que se vuelve más oscuro a cada segundo, más profundo, más lengua, más dientes
cuando se separan, Julian jadea, Enzo lo empuja un poco hacia atrás, hasta que queda recostado sobre los codos
—ponete en cuatro
el tono es bajo, pero no da lugar a discusión
Julian se mueve como puede, se gira tambaleándose, los muslos tensos, el culo apretado bajo la camiseta larga que apenas lo cubre
Enzo se queda un segundo parado detrás de él, viéndolo temblar
—abrite, mostrame
Julian obedece, baja los hombros, apoya la cara en la almohada, con las dos manos se abre las nalgas despacio, el culo húmedo, expuesto, el centro rojo, todavía latiendo por lo que le hizo antes
—eso, así me gusta, ¿así es cómo te quedaste por lo del vestuario?
Y le pasa un dedo, sin avisar
Julian se arquea
—todavía estás sucio… qué rico
Enzo se acerca más, apoya una rodilla en el colchón, le escupe directo al centro, la saliva cae pesada entre los pliegues, entrando
—mirá lo que sos, ni siquiera te habias cerrado, te dejé la lengua adentro hace un rato y todavía me estaba esperando
Julian gime bajito, el cuerpo tenso, sosteniéndose abierto para él
Enzo se escupe la pija sin apuro, se la frota con una mano, los dedos mojados la recorren desde la base hasta la punta
—te voy a coger así —le dice suave, como un susurro al oído— no necesitás más preparación, no te la merecés tampoco
y sin más, Enzo se apoya justo en el centro, rozandolo, apenas provocando y sin mas empuja, entra despacio, la cabeza lo abre, el cuerpo de Julian lo absorbe por completo, tiene que contenerse de no usarlo como queria
—¿viste que no necesitabas más? con lo que te hice hace rato te dejé listo, siente cómo entro, mirá cómo me recibís de fácil, boludo, cómo me apretás, sos una putita
—me estás rompiendo, Enzo…
Le agarra las muñecas, lo empuja contra la cama, lo deja con el pecho abajo, el culo bien parado, arqueado, estremeciéndose con la sensación de la pija adentro, hasta el fondo
—¿querías atención? ahora tenés la mía, ahora sabés lo que pasa cuando te regalás en la cancha, cuando te sacás la camiseta, cuando quedas expuesto, cuando otro te toca
Empieza a moverse, a embestirlo sin pausa, sin compasión, todo el cuerpo contra él, la camiseta le sube y le baja con cada sacudida, lo coge duro, las vistas son pornograficas, Enzo viendo como su pija entra y sale de Julian, como suena entre cada embestida
y entre gemidos, Julian se anima a más, a provocarlo un momento, total, el ya sufrió todo el camino, que más le puede pasar? y se ríe, ahogado, desesperado, vengativo
—igual… por algo estás sacado… por algo estás celoso… fue que viste lo bueno que está Ríos, ¿no?
—¿Qué? —resopla Enzo, saliendo casi por completo y volviendo a entrar clavándosela más hondo
—sí… con ese cuerpo… seguro debe coger de maravilla… te debe dejar temblando…
Enzo gruñe, literalmente, lo empuja más contra el colchón, le aprieta las muñecas, lo somete con una mano en la nuca hundiendo la pelvis, hasta que el pecho y la cara de Julian quedan totalmente pegados al colchón
—no sabés lo que decís, Julian…
—¿ah no? —ríe como puede— miralo bien la próxima… esos brazos… esas piernas… capaz a vos te gusta más que a mí… ya te calienta desde hace tiempo ¿No? capaz vos querías que él…
Y Enzo lo suelta y se sale de un tirón, lo deja vacío, Julian casi se cae hacia adelante del impulso, pero antes de que pueda girarse, Enzo ya lo agarra otra vez, fuerte, de los muslos, lo alza como si no pesara nada y lo sienta encima, de espaldas, mirando hacia el espejo del placard frente a la cama
y se vuelve a meter con fuerza, lo empala completo, Julian suelta un gemido largo, ahogado, la cabeza hacia atrás, el cuello tenso, ahí están, la camiseta de Enzo le cuelga entre las piernas de Julian, apenas le cubre el abdomen, pegada de sudor y humedad
—mirate al espejo cómo estás, me estás montando con mi camiseta, con mi pija adentro, hablame de Rios ahora, dale…
Julian cierra los ojos, esconde la cabeza en el cuello de Enzo
—no… Enzo…
—¿qué? ¿Ahora que no quieres?
—no puedo… no hagas eso… no me quiero ver así
—Así cómo, ¿así de entregado? ¿así de necesitado? no me importa, Julian, vas a mirarte, vas a ver lo que provocás, vas a ver lo que soy capaz de hacerte, porque vos no sos así con nadie más, porque nadie más te hace esto
Le agarra la cara con una mano, se la gira despacio, pero firme, los ojos de Julian chocan con el espejo, se ven tal como dijo Enzo él montado, sus rulos pegados a la frente, con la pija adentro, las piernas abiertas y goteando apenas de preseminal, el cuello marcado, apenas cubierto con la camisa del número 24, debajo, el cuerpo de Enzo, ancho, sus brazos rodeándolo, apretándolo
—Esto sos cuando estás conmigo, no te escondas, mirá, mirate bien
cuando Enzo se mueve, Julian gime, casi como un sollozo, pero no aparta la vista, se queda mirando mientras Enzo lo bombea desde abajo, lento, profundo, haciéndolo temblar con cada empuje, cada gemido le escapa como si ya no pudiera contener nada más
—¿no te gusta verte así? —murmura Enzo, pegado a su oreja— pero mirá qué lindo estás cuando sos mío, cuando te rompo así, cuando estás tan concentrado en que te coja que no tenés ni fuerzas para hablar de otro
—Enzo… la concha de tu madre — gime ya Julián, sin resistencia, dándose todo a la sensación
—¿vas a hablarme de alguien más de nuevo?
—no… no… ¡nunca más!
—¿de quién sos? — dijo Enzo mientras lo tomaba más fuerte alzandolo un poco y dejándolo caer de lleno sobre su pija, una y otra vez
—tuyo… Enzo…
Enzo le aprieta el pecho con una mano, la otra baja entre sus piernas, y sin dejar de moverse, agarra el borde de la camiseta mojada, y lo frota con ella
—¿te da vergüenza ahora? —le susurra— mirá cómo goteás con mi camiseta en la piel, te estás retorciendo con la sensación, putito
Julian suelta un gemido que casi parece un llanto, el cuerpo se le sacude, el reflejo es insoportable, el escudo de la camiseta pegado al pecho, su pija dura siendo frotada con esa misma tela, Enzo enterrado hasta el fondo, moviéndolo como quiere
—mirate, Julian, mirá cómo te rompo, con mi nombre y mi número pegado a la piel, mientras te hacés mierda en mi pija
—Enzo… Enzo, me voy a correr…
—No, juli, aún no, vas a acabar cuando yo te diga
—dame permiso… por favor… Enzo, por favor dejame acabar…
Enzo le sube la camiseta, mete una mano, le frota el pecho por debajo, tocando los pezones duros, que siempre se le marcan sin importar si hace frío o calor, escupe en su otra mano y la baja hasta su pija y se la envuelve completa
las caderas le marcan el ritmo, cada vez más profundo, cada vez más desesperado
—cuando yo diga… solo cuando yo diga…
—me duele… — decía un Julian agitado, el cual no sabía si seguir dando sentones o empujar contra la mano que lo tocaba
—sos hermoso así… hecho mierda… caliente… suplicando que te deje…
—Enzo… por favor…
Enzo gime contra su oído, la pija le palpita adentro, el cuerpo a punto de venirse
—me estoy viniendo… no aguanto más… — decía Julian en un último suspiro
—si aguantás, aún me estás dejando entrar…
Pero Enzo lo sostiene fuerte, contra él y le hunde la pija hasta el fondo, mueve más rápido la mano y le susurra al oído
—ya está, acabá, acabá para mí
Y ahí está, Julian se va, se deshace, los muslos le tiemblan, el gemido que suelta cuando se corre es agudo, casi un sollozo, se viene encima, mancha su propio abdomen, la camiseta, las piernas, los dedos de quién lo sostienen
Enzo gime fuerte, lo agarra con ambas manos de las caderas empuja fuerte manteniéndolo ahi y se viene adentro, profundo, llenandolo, sin poder moverse más y se queda así, un rato
—¿no decís nada?
—me dejaste sin fuerzas…
—mejor, para que no te pases más de vivo
Julian gira un poco la cara y Enzo aprovecha, le busca la boca y lo besa, despacio, sin lengua, solo eso, la boca de Julian, tibia, húmeda sobre la suya es un beso que no busca nada, que no lleva a nada, solo dice “te amo” y “ya está, todo está bien”
—decime de quién sos —murmura apenas, con la voz ronca, con la boca contra su mejilla
—ya te lo dije…
—decímelo de nuevo
Julian cierra los ojos, lo siente respirar en su oído, la pija de Enzo todavía adentro, el peso de todo encima
—tuyo…
Enzo le aprieta la cadera con una mano, baja la otra por el pecho hasta encontrar su corazón latiendo fuerte
—tuyo, Enzo… siempre
Enzo cierra los ojos, apoya la frente entre su hombro, no duda, alza la cabeza y le toma la cara con una mano, le gira un poquito el rostro y lo besa de nuevo ahora sí, más largo, más húmedo, más sentido, le muerde el labio, se lo chupa despacito
—sos precioso, todo vos, sos tan mío, juli… entiendo por qué todos te quieren coger
—soy tuyo, Enzo… y aunque no lo digas… aunque te hagas el duro… vos también sos mío
—lo soy, y no me importa nada más, solo que estés así… conmigo
🎧 Audio extra: por último quiero decirte, hacé clic acá.
