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Nick no sabía qué hacer con Judy. Desde hacía varios días, algo en ella había cambiado, y él lo notaba con una claridad que lo angustiaba en el pecho. La sentía distante, como si una pared invisible se hubiera levantado entre los dos, una gran barrera que no podía tocar.
El Intentaba recordar cuándo había empezado todo aquello, pero los días trascendían en su mente como una clase de rompecabezas.
Le había traído flores esa mañana un ramo de lirios silvestres y margaritas que él mismo había escogido rigurosamente en la florería, pensando que ese gesto cambiaría un poco su ánimo.
Judy las había aceptado con una sonrisa educada, un “Gracias, Nick” suave y sincero, pero sus ojos violeta no brillaron como solían hacerlo.
No hubo ese salto impulsivo para abrazarlo, ni esa risa y sonrisa contagiosa que siempre lo desarmaba. Solo un agradecimiento breve, seguido de un inmediato regreso a su locker mientras guardaba algunas cosas..
Ahora la observaba desde el otro lado, apoyado contra la pared con los brazos cruzados.
Judy estaba sentada frente a su computadora, acomodando informes con una concentración casi obsesiva. Sus orejas largas caían ligeramente hacia adelante, señal de que estaba sumida en sus pensamientos. Tecleaba con rapidez, revisaba papeles, los ordenaba una y otra vez, como si el orden externo pudiera calmar el caos que claramente llevaba dentro.
Ella siempre había estado dedicada al trabajo. El sabía que era una de las mejores oficiales, justa e incansable. Pero esto era diferente. No era sólo profesionalismo, era aislamiento. Se alejaba, de él.
Durante el almuerzo, ella rechazó amablemente la invitación a comer con una excusa vaga sobre “mucho papeleo pendiente”.
En las patrullas, sus conversaciones se habían reducido a comentarios estrictamente laborales.
Ni una broma, ni una mirada cómplice, ni ese roce casual de sus hombros o patas que antes era tan natural entre ellos.
Contestaba con monosílabos, evitaba sus besos más largos, y cuando él intentaba abrazarla por detrás, ella se tensaba un segundo antes de relajarse…
Nick sentía que navegaba en un mar de dudas e inseguridades. ¿Habría dicho algo que la lastimó sin darse cuenta? ¿Habría hecho algo mal?... Repasaba mentalmente cada conversación reciente, cada gesto, cada momento que habían pasado juntos, ya sea viendo películas malas en el sofá de su pequeño apartamento. Todo parecía normal hasta hace poco. O quizás él había estado tan absorto que no se dio cuenta de las señales.
Lo peor era esa sensación de impotencia. Quería preguntarle directamente, sacarle la verdad a esa pequeña coneja testaruda obstinada que tanto amaba, pero sabía que si la presionaba demasiado, ella confesaría algo que no quería escuchar.
Judy Hopps no era de las que se derrumbaban fácilmente, guardaba sus preocupaciones enterrandolos muy dentro, pensando que así, no los preocuparia a los demás.
Se acercó inseguro despacio a su escritorio, sin saber qué hacer, con las patas en los bolsillos para parecer casual.
“¿Todo bien, Zanahorias..?”, preguntó de forma casual con tono ligero, aunque estaba desmoronándose por completo.
Ella levantó la vista un segundo, sonrió de nuevo esa sonrisa que ya no llegaba a sus ojos.
“Sí, solo mucho trabajo atrasado, tu sabes”. Luego volvió de nuevo a sus informes.
Nick se quedó allí un momento más, observando cómo sus dedos apenas al pasar de las páginas. Algo ocultaba, estaba seguro. Algo le pasaba a su pequeña coneja, y él no descansaría hasta descubrir qué era y cómo ayudarla. Porque si había algo que Nick Wilde había aprendido en todos estos años juntos, era que no dejaría que Judy enfrentara sola ninguna circunstancia peligrosa…
Ella en cambio estaba reflexionando en todos los acontecimientos hasta ahora que había compartido con Nick…
Habían tenido momentos muy personales, íntimos e intensos entre ellos dos. Sus formas de demostrar su afecto y aprecio, como toda pareja normal lo demuestra a su ser amado. Pero por supuesto esto, era algo muy inusual…. Él era un zorro astuto, el depredador, ella una presa, una coneja menuda.
Ella aun recordaba con añoranza los acontecimientos anteriores.. Al principio habían iniciado oculto, una relación secreta. Temerosos por varias razones.
Primero el perder su puesto de trabajo. Ellos desconocian el reglamento pero temían que las relaciones en el trabajo estuvieran prohibidas. Pero cuando descubrieron que no. Aceptaron ante todos, que eran una pareja.
Cuando anunciaron su relación a todos no les sorprendió a nadie. Sus amigos más cercanos los felicitaron, soltaban la típica respuesta ‘¡ya lo sabía!’...‘¡eran muy obvios chicos!’...‘¡ya era hora!’
Sus amigas más íntimas cuando le hacían llamadas, dado que eran bastantes conocidos por el alto cargo que tenían en zootopía en ZPD. Tambien porqué habían salido ya varias veces en las noticias, y ahora todos habían corrido el rumor que los dos héroes conocidos de zootopia ahora eran novios. Una pareja interespecie..
Le preguntaban aspectos de su vida sexual. Avergonzándola, hasta la raíz de sus orejas. Le preguntaban cosas relacionadas a Nick de cómo era estar con él y demás cosas.
Había momentos en que, al tomarse de la patita por donde transitaban junto varias especies de mamíferos junto a sus parejas, con niños, adultos y demás, algunos los miraban raro. Era de esperarse...
Era obvio el motivo, a pesar de que zootopia era un lugar muy inclusivo, todavía había quienes no aceptaban del todo las relaciones interespecie. Por eso, ella procuraba ser menos visible y obvia cuando había demasiados mamíferos..
A lo que él lo notó y se dio cuenta, porque en esos instantes él apretaba su pata con más fuerza o la rodeaba con el brazo por los hombros, acercándola, de forma más cariñosa y protectora. Poniéndola aún mas nerviosa. Dándole insinuaciones a lo que ella avergonzada volteaba a todos lados...
Nick siempre era el que iniciaba los momentos íntimos entre ellos dos...
Algo Irónico. Porque cuando eran amigos ella era la que más muestras de afecto le daba a él.. Pegándose a él. Abrazandolo. Bromeando, golpeandolo amistosamente sus antebrazos, pero ahora.
Ahora.
Todo había cambiado..
Era todo lo contrario..
El siempre la llenaba de mimos y besos casuales en sus mejillas y cuello, hombros siempre insinuandose descaradamente con ella. Ahora que eran pareja, Nick se sentía con la libertad de tocarle su rabo y otras partes del cuerpo.
Pero no sus orejas…
Nunca sus orejas…
Es cierto que ella le dijo al principio que nunca se le debería tocar las orejas a un conejo pero eso fue cuando eran solamente amigos…
Ahora eran y son una pareja formal..
Són novios..
Ella le pedía a gritos que él lo hiciera. Pero obviamente de una forma más erótica.
Ella recordaba cuando en la escuela había algunos que le jalaban las orejas para molestarla pero ella siempre repelía, sobre todo se defendía a ella y a los demás a pesar de ser tan pequeña. Le molestaba cualquier contacto en esa zona en particular…
Suspirando volvió a pensar en Nick...
Era en los pequeños detalles donde Nick revelaba, sin necesidad de grandes declaraciones, cuánto la amaba.
Un mensaje casual a media mañana para recordarle que desayunara, aunque ella siempre se saltaba el desayuno en medio del caos en zootopia.
La forma en que, sin decir nada, revisaba dos veces el chaleco antibalas de ella antes de una operación, ajustando las correas con dedos precisos.
Nick era el tipo de novio que cuidaba en silencio, con una ternura que no necesitaba alardes. La escuchaba atento. Sabía cuándo tocarle la nuca para aliviar la tensión que ella cargaba entre los hombros después de un día largo, y cuándo simplemente rodearla y dejar que el silencio hablara por los dos.
Protegerla era su instinto más profundo, aunque ambos sabían que era una batalla imposible. Ella era policía hasta los huesos, obstinada. Una de las mejores de la brigada junto a él.
Sus nombres aparecían con frecuencia en los informes internos como los que había resuelto lo imposible, la que no se rendía ante pistas que otros daban por muertas, y justamente por eso vivía siempre al borde del peligro. Las redadas, los interrogatorios tensos, las persecuciones… su trabajo era un imán para el riesgo.
Nick lo aceptaba, aunque le costara la vida cada vez que ellos salían por la puerta con la placa.
Él mismo era policía, su compañero en más de un caso importante, el hombre con el que compartía no solo la cama sino también las noches en vela analizando expedientes. Compartían la misma vocación. Por eso él nunca le pidió que dejara de ser quien era. Solo intentaba, con cada pequeño gesto, inclinar un poco la balanza hacia su lado hacia la seguridad, hacia la vida, hacia los años que quería pasar con ella.
Y ella, a su manera un poco terca y apasionada, dejaba que él la cuidara. Porque en el fondo sabía que esos detalles, de su pata que buscaba la suya en la oscuridad, la mirada que la recorría buscando heridas invisibles, la voz calmada que le decía “ten cuidado” sin sonar a reproche eran la prueba más contundente de que, para Nick, ella era lo primero, lo único, lo irrenunciable.
Desde pequeña solo tenía un sueño claro, nítido, innegociable…. ser policía. Proteger a los más pequeños.. Quería la placa, la acción, resolver casos, ayudar a los demás. Quería correr riesgos, descifrar enigmas, sentir que su vida tenía un propósito mayor que la biología. Con eso le bastaba.
Era feliz entrenando hasta el agotamiento, estudiando por las noches, imaginando el día en que entraría a la academia. Etc. No necesitaba más. El amor, el sexo, los bebés… podían esperar. O, en su mente, directamente no llegar nunca.
Y así fue durante años. Se sentía completa...
Todo eso cambió cuando conoció a Nick.
No fue un flechazo instantáneo ni una escena de película. Fue algo más lento, más profundo, casi sin darse cuenta... Era solo era su mejor amigo, su compañero en la brigada, a trabajar con ella en casos mixtos.
Competente, astuto, con esa forma de observar que complementaba perfectamente la suya. Discutían estrategias, compartían cafés a las siete de la mañana, reían de los mismos chistes que solo los policías entienden.
Entonces, sin que ella se diera cuenta del todo, notó cómo su olor de jabón, y perfume con café y algo cálido que era solo suyo se quedaba en su memoria mucho después de que él se fuera.
Por primera vez, cuando establecieron su relación sintió curiosidad por el tacto. Por los besos. Por lo que significaba entregarse a alguien no solo con la mente, sino con el cuerpo.
A ella nunca le había interesado el sexo. Ni siquiera lo entendía del todo, como algo que movía al mundo entero menos a ella.
No era asexual en el sentido estricto sentía atracción, a veces, fugazmente, pero el deseo físico siempre le había parecido un ruido de fondo, algo que los demás exageraban. Nunca fue una prioridad, ni siquiera una curiosidad profunda.
Su vida no giraba en torno a encontrar a alguien, enamorarse, casarse, tener mucho sexo y luego llenar la casa de bebés. Eso era el guión que sus padres repetían con cariño insistentemente “Algún día te estabilizarás, encontrarás un buen partido, tendrás una hermosa familia… una camada grande.. ”. Para ellos, esa era la felicidad verdadera, el típico ciclo natural de su especie.
Pero para ella no.
Sus padres aún seguían soñando con una boda tradicional y una camada de conejitos saltarines. Ella ya no podía imaginar esa vida… sin Nick en ella.
Su sueño de ser policía seguía intacto, brillando con la misma fuerza de siempre. Pero ahora había espacio para algo más.
Para él... Para la posibilidad aún lejana, aún asustadiza de un futuro que incluyera amor, estabilidad... No porque fuera el deseo de sus padres, sino porque, por primera vez, también empezaba a ser el suyo. Eso, para alguien que siempre había creído que con una sola cosa era suficiente.
Nick no había reemplazado su sueño. Lo había ampliado.
El pensar en su primera vez que estuvieron juntos, fue un completo caos.
Parecían dos adolescentes en su primera vez, nerviosos, torpes, con las mejillas sonrojadas por timidez. Bueno, bueno al menos para ella era literalmente su primera vez.
Aunque había tenido algunos novios casuales en el pasado, relaciones breves y superficiales que apenas duraban unas pocas semanas, nunca había llegado tan lejos con nadie. Siempre se había detenido antes de cruzar esa frontera íntima.
Esa noche, ella era un nudo de nervios. Habían hablado del tema durante días, con calma y sinceridad, y finalmente acordaron que era el momento. Sin embargo, ahora que estaban solos en la habitación, el miedo la invadía por completo. A pesar de ser una mujer intrépida la misma que se enfrentaba sin dudar a peligros reales en su trabajo, que corría riesgos calculados y actuaba con decisión bajo presión, esta vulnerabilidad la desarmaba.
Lo que más la aterrorizaba no era solo la inexperiencia, sino la diferencia esencial entre ellos, él era un zorro, pertenecía a una especie distinta, con instintos más agudos, una fuerza contenida y respuestas físicas que podían ser impredecibles.
¿Y si su cuerpo reaccionaba de forma diferente, demasiado intensa o demasiado ajena? …
¿Y si él notaba algo extraño en ella?..
El temor a que esa intimidad, en lugar de unirlos, revelara un abismo insalvable la paralizaba.
Ella nunca pensó estar con un depredador.. Debía admitir que tenía un poco de miedo. Pero ella era una chica que no se dejaba intimidar..Afrontaba toda y cualquier circunstancia.
Nick, sentado a su lado, percibió su tensión sin necesidad de palabras. Tomó su pata con suavidad y esperó en silencio hasta que ella levantó la vista.
Ella tragó saliva, luchando contra el nudo en la garganta.
Él negó con la cabeza sonriendo, acercándose un poco más.
Nick por su parte también se encontraba con el pelaje erizado pensativo pero ansioso, solo bastaron un par de besos para entrar en calor. Trato de que siempre ella estuviera cómoda..
Sus garras eran afiladas y muy electrizantes. Intimidante. Sobre todo los colmillos de su hocico.
Recorrió sus curvas de una manera única.
Sus palabras, sinceras y calmadas. Ella respiró hondo, poco a poco, se dejó llevar por los besos que él inició con delicadeza.
Los besos fueron más profundos, más urgentes. Sus patas ya sabían dónde ir, qué buscar.
El tuvo un nudo. Algo interesante para ella. Dado que fue y duró bastante tiempo. Había escuchado que los conejos machos también les parecían, pero era muy leve, solo duraban muy poco..
Todo fue lento, atento, lleno de pausas y miradas de consentimiento y cuando finalmente se entregaron el uno al otro, el miedo se transformó en algo más, confianza, conexión, amor.
Después, se acurrucó contra su pecho..
Nick la abrazó más fuerte y besó su frente.
El cerró los ojos y dejó escapar un suspiro bajó, casi un ronroneo contenido, y ella sentía que ese gesto era una entrega absoluta, una confianza que no le había dado a nadie más.
Después de su primera vez se entregaron de nuevo, con más confianza, más hambre. Y después, otra vez y otra vez. Aún con los nervios flotando en el aire, pero ya disueltos en caricias y susurros. Lo que más la fascinaba de Nick, era su cola. Esa cola espesa, de un pelaje sedoso y tan suave..
Ella sonrió acariciándolo un buen rato, explorando cada centímetro, notando cómo su cuerpo respondía con pequeños temblores, cómo su cola se enroscaba instintivamente alrededor como si quisiera retenerla allí para siempre.
Era un gesto íntimo, porque era algo exclusivamente suyo, algo que solo ella podía agarrar de él, entonces, sin necesidad de palabras.
Ya no eran dos adolescentes nerviosos, eran amantes que se descubrían con avidez, que aprendían el mapa del cuerpo del otro a través del tacto, del aliento, del sonido de un gemido contenido.
Al final, siempre exhaustos y satisfechos, se quedaban abrazados. Cálida y protectora, como una promesa silenciosa.
Así, entre caricias y besos que ya no pedían permiso, entendieron que lo suyo no tenía fin, solo nuevos comienzos, una y otra vez.
Cuando por fin llegaron a la intimidad, descubrió algo que nunca había imaginado que el sexo, con el mamífero correcto, no era solo placer físico. Era otra forma de conexión, de confianza absoluta, de decir todo sin palabras.
Cuando estaban solos y él se relajaba por completo, se dejaba caer sobre el sofá o la cama, y ella no podía resistirse pasaba los dedos despacio, como quien acaricia una nube.
Uno de los detalles recientes que ella había experimentado y que la descolocó pero le encantó y que no admitiría abiertamente por vergüenza, fue un momento intenso que habían compartido.
En un momento de éxtasis, él la había agarrado de las orejas y tirado de ella como soporte mientras la embestía.
Ella gimió entre en shock muy sorprendida pero complacida, es cierto que le dolió un poco el tirón pero también le gusto bastante. Más que eso, le encanto. Se excitó aún más.
“Perdón creo que me excedí.” se disculpó él avergonzado mientras ambos descansaban después del encuentro íntimo. Él le acariciaba su pelaje gris mientras ella lo abrazaba.
A lo que ella no supo qué responder. Le daba vergüenza admitir que le había gustado.. No tuvo el valor de decirlo. Era alguien muy cerrada en ese aspecto. Le avergonzaba.
Con Nick su vida había dado un giro de 360 grados. Ahora quería hacer cosas pervertidas con él pero no sabía cómo decírselo.
Ahora ella no sabía cómo pedírselo personalmente.
Ella y Nick habían tenido buena comunicación a pesar de todo los conflictos que han vivido juntos. Pero esto la superaba a ella.
En ese momento ella se dio cuenta que sus orejas era la zona más erógena y delicada que tenía.
Hoy no era un día común, era su primer aniversario de novios por lo que ella sabía lo que hoy pasaría. Estaba ansiosa. Hacía mucho que no tenían intimidad.
Él tenía planeado desde hace días, llevarla a comer a algún sitio prestigioso y tal vez una ida al cine. Una caminata por la noche cerca de las afueras de zootopia.. Para después invitarla a su casa. Pero no pudieron llevarlo a cabo por el exceso de trabajo que tuvieron en los últimos días y especialmente hoy.
Ya era bastante tarde..
Suspirando por enésima vez ella se concentró en sus deberes. No debía disociar en el trabajo..!.
Por su parte Nick seguía reflexionando.
Nick lo había notado, Judy estaba distante desde hacía semanas. Ya no era la misma coneja, con las orejas erguidas y una sonrisa que iluminaba la habitación.
Ahora entraba con un semblante diferente.. Él no entendía qué pasaba. Y eso lo estaba volviendo loco.
Por las noches, Nick se quedaba despierto mirando el techo. Su mente ahora se convertía en su peor enemiga. Los pensamientos llegaban como una avalancha, intrusivos, alarmantes, inevitables.
‘Quizás se dio cuenta de que tal vez ya no es feliz conmigo’.
‘Conoció a alguien en la academia. Algún ambicioso, sin pasado cuestionable, alguien con quien tal vez sus padres estarían encantados’.
‘¿Y si todo esto fue solo una fase para ella? Una aventura con el chico malo que ya se le pasó’.
Resonaba en su cabeza como un mantra.
Cada idea era peor que la anterior. Se imaginaba a Judy riendo con otro, planeando un futuro que no lo incluía a él.
Se veía a sí mismo solo de nuevo, pero esta vez con un vacío que antes ni siquiera sabía que podía existir.
Porque Judy no era solo su novia. Era lo más importante que había tenido nunca.
Nick nunca había tomado una relación en serio. Antes de ella, su vida sentimental era una sucesión de ligues breves, sin compromiso, noches divertidas que terminaban al amanecer sin promesas ni expectativas. Se había convencido de que así estaba bien. Que no necesitaba más.
Pero con Judy todo fue distinto desde el primer día. Ella lo salvó, ella lo hacía un mejor mamífero, lo miraba como si viera algo bueno en él incluso cuando él mismo no lo veía. Por primera vez, Nick se permitió soñar con un futuro una casa más grande, vacaciones juntos, tal vez… algún día… formar una familia que desafiara todas las estadísticas. Se había enamorado tan profundo que la idea de perderla le provocaba un dolor físico en lo más profundo de el pecho.
Y ahora, esa distancia.
“Hey cariño dadas las circunstancias de hoy. Te gustaría...quieres ver una película…tú sabes, una de acción. o tal vez algo de terror.?” mencionó mirándola.
“Uhmm suena bien…” Musitó ella estirándose en su asiento. Tanto papeleo que habían hecho que le doliera la cabeza y espalda.
“ En mi casa o en la tuya?” cuestiona interesada expectante…
“ En la mía.. Bueno… estaba pensando que podríamos pedir tu sabes algo para comer.”
La casa de Nick era espaciosa, un poco desordenada. Pero cómodo y reconfortante.
En cambio en su departamento era mucho pequeña, se podían escuchar entre las paredes. Había momentos en los que se escuchaba gritar a sus molestos vecinos. Perturbando su momento íntimo entre Nick y ella.
Por la que siempre eligen mejor el espacio de nick… Entonces ella había quedado ir a su casa.. Pero primero iría a la suya a arreglar algunas cosas pendientes…
Pero realmente era para pensar y prepararse mentalmente en cómo se lo pediría a Nick aquello que le ponía las orejas rojas de vergüenza.
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“Hey lindura. Llegaste…” él le dio una amplia sonrisa coqueta.. Le beso la mejilla de forma cariñosa ligeramente..
“Vaya, al parecer limpiaste y arreglaste hoy.” dijo sorprendida volteo a ver alrededor..
“Si bueno… Hoy es nuestro día especial.”. El comento, se hizo un lado dejándola pasar.
Empezó la película, y cada uno pidió algo que se les antojara. Ella optó por una ensalada fresca, él por una pizza cargada de ingredientes.
Pasados unos minutos, llegaron sus alimentos. Ella apenas tocaba la comida removía las hojas con el tenedor, nerviosa, con el corazón latiéndole.
Hoy sería el día. Hoy, sí o sí, se lo confesaría.
Le revelaría aquel gusto inusual que guardaba celosamente. Esa fantasía que la consumía en secreto. Sabía que esta noche darían rienda suelta a todo, no habría marcha atrás.
Después de un rato sentados viendo la película. Sin apenas darse cuenta, sus miradas se encontraron en la penumbra de la sala.
Él se inclinó primero, rozando sus labios con un beso suave, casi tímido. Ella respondió, al principio contenida, con los labios temblorosos. Pero pronto los besos se volvieron más profundos, más urgentes. Sus patas de él buscaron su cintura y su nuca. La respiración de ambos se aceleró, y el mundo y la película, la ensalada fue olvidada, la pizza enfriándose, solamente se redujo a ese calor creciente entre los dos.
Ella aún se mostraba algo retraída, como si una última barrera de pudor la retuviera. Pero en sus ojos brillaba la decisión esta noche se entregaría por completo, y le pediría aquello que tanto deseaba.
“Nick yo”… hablo de manera tensa
Nick tragó saliva con dificultad, sintiendo un nudo en la garganta.
“¿Sí? ¿Qué pasa, zanahorias?” tartamudeó, la voz quebrada por los nervios, el corazón latiéndole desbocado.
“Tengo que hablar contigo…” confesó ella, titubeante, bajando la mirada un segundo antes de volver a clavarla en él.
‘Oh, no’ pensó Nick de inmediato. El miedo lo golpeó como un balde de agua fría. ‘Hoy va a pasar. Me va a dejar. Me va a abandonar’. Su mente se llenó de imágenes de un futuro sin ella, y un pánico sordo le apretó el pecho.
“Yo… yo quería… “empezó ella, las mejillas ardiendo, las patas temblándole ligeramente sobre la mesa.
‘No, no, esto no puede estar pasándome…’, repetía él en silencio, preparándose para lo peor.
De pronto, ella soltó todo de corrido, como si temiera que las palabras se le escaparan si no las decía rápido.
“Pedirtequemientraslohacemosmejaleslasorejasporfavor.”
Fue tan veloz, tan atropellado, que sonó como una sola palabra incomprensible.
Nick parpadeó, atónito.
“¿Qué?” logró articular, la voz ronca por la confusión.
Ella, completamente sonrojada, respiró hondo, reuniendo valor. Sus ojos brillaban con un indicio de vergüenza y excitación contenida. Cerró los párpados un instante, como si se estuviera lanzando al vacío, y luego lo miró directamente.
“Quiero… que mientras lo hacemos… me jales las orejas. Por favor “ repitió esta vez despacio, cada sílaba cargada de intensidad, el rostro encendido hasta las raíces.
El silencio que siguió fue denso, eléctrico. Nick la observó, procesando lo que acababa de oír, y poco a poco la tensión de abandono se transformó en algo completamente distinto una oleada de calor que le recorrió el cuerpo entero.
“Lo se es un poco raro.. Soy rara… Nunca creí que realmente me gustaria, había escuchado que es una clase de fetiche pero nunca pensé...”
“Espera espera.. Por eso estabas así?.... Todo este tiempo fue por eso” balbuceó incrédulo..
“Si bueno si..?” átono.
Él le sonrió para después empezar a reír estruendosamente.
“¿Q..qué? ¿Qué es tan gracioso?” ella interrogó expectante aun sin entender.
“Zanahorias, cariño en verdad eres una cosita rara.. Pensé en lo peor..” Tomó suavemente sus mejillas y la acercó a él besándola de nuevo…
“Espera qué fue lo que pensaste…?” cuestionó perpleja, separándose de él.
“Nada tu sabes lo normal…” río para luego añadir “ Creí que abandonarías.. Si te soy un poco honesto.. no lo sé, estabas rara creí que terminarías lo nuestro…Tu sabes….”
"¿Qué?.. ¿Es en serio?" preguntó ella, con los ojos muy abiertos, con incredulidad y risa contenida en la voz.
"Sí, bueno… tal vez me excedí y exageré un poco…" respondió Nick, rascándose la nuca con una sonrisa culpable, el rostro aún encendido por el malentendido.
"En verdad que eres un tonto…" murmuró ella, pero su tono era puro cariño. Se inclinó hacia él sin esperar respuesta y lo besó de nuevo, esta vez tomando ella toda la iniciativa.
Sus labios se abrieron con ansia, su lengua invadió su boca con urgencia, y sus patas se aferraron a su camisa como si temiera que se apartara.
Nick gruñó bajito contra su boca, devolviéndole el beso con la misma intensidad. Cuando se separaron apenas lo suficiente para respirar, él la miró con los ojos oscuros, cargados de deseo.
"Entonces… ¿quieres que te trate rudo hoy?" susurró con voz ronca y seductora, rozando sus labios contra los de ella. "¿Quieres un castigo?.. Has sido una conejita muy mala conmigo…"
Ella sintió que un calor le bajaba por el vientre. Mordió su propio labio, conteniendo un gemido.
"Sí, bueno… solo un poco…" admitió en un susurro entrecortado, las mejillas ardiendo. "Aprendí del mejor…"
Nick sonrió con esa sonrisa peligrosa que ella adoraba. Bajó la cabeza y empezó a mordisquearle suavemente el cuello primero besos húmedos, luego pequeños bocados que le arrancaban suspiros. Cada roce de sus dientes era preciso, justo en los puntos que la volvían loca.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás, ofreciéndole más piel, cerrando los ojos mientras se entregaba por completo. Gustosa aceptaba el trato, cada caricia, cada promesa implícita. Extrañaba esto con todo su ser, perfecta de ternura y dominio que solo él sabía darle.
Lo extrañaba a él, su calor, su olor, la forma en que la hacía sentir tan deseada, tan viva.
Esto era el cielo absoluto. Y la noche apenas comenzaba.
Empezaron a desprenderse de sus ropas. Poco a poco hasta estar completamente desnudos. Pelajes gris y naranja sobresalian. La llevó cargando rápidamente a su cama. El empezó a acariciarle sus pechos firmemente de una manera que la excitó rápidamente. Amaso cada uno tomando un momento para después hundir sus dientes en su piel sensible..
“Voltéate entonces dulzura..” Le ordenó sensualmente.
Ella obedientemente se volteó deseosa.. impaciente.. Inconscientemente retrajo sus orejas hacia atrás.. El aprovecho y lamió cada una en la base con su lengua para después pasarlo en todo su borde dejándola temblando.
“Andas muy ansiosa he…” susurro cerca de su oreja. Él la tocó suavemente en su parte más delicada entre sus piernas.
Ella jadeó excitada, un sonido profundo y tembloroso que escapó de su garganta cuando sintió cómo él se posicionaba entre sus piernas. El aire de la habitación estaba cargado, pesado de deseo acumulado.
Entonces, sin previo aviso, la penetró. Fue rudo, directo, sin delicadezas innecesarias. Ella arqueó la espalda con un gemido ahogado, dolía un poco al principio, pero ese dolor se intensificada deliciosamente con el placer que tanto había anhelado. Se sintió llena, invadida, exactamente como quería.
Nick tomó suavemente sus orejas entre sus dedos, primero con ternura, acariciando los lóbulos como si fueran algo frágil y precioso. Luego, cuando ella empujó las caderas hacia él pidiéndole más sin palabras, las agarró con firmeza y las jaló hacia atrás.
‘Oh, Dios…’, pensó ella, los ojos cerrados con fuerza. ‘Está pasando… realmente está pasando’.
Él empezó a moverse dentro de ella, al principio despacio, sosteniéndose de sus orejas como si fueran riendas... Cada embestida era controlada, profunda, dándole tiempo para que su cuerpo se adaptara a su tamaño, a esa presión deliciosa que la hacía temblar.
Ella estaba encantada. Le fascinaba. Cada tirón en sus orejas enviaba una corriente eléctrica directa a su centro, intensificando todo, el roce, el calor, el ritmo que él marcaba. Dios, era realmente bueno… sabía exactamente cómo tocarla, cómo dominarla sin lastimarla, cómo convertir su fantasía más íntima en algo real y abrumadoramente placentero.
Sus gemidos se volvieron más altos, más desesperados. Se aferró a la almohada, clavándole las uñas, pidiéndole en silencio que no parara, que siguiera jalando, que siguiera siendo rudo… porque esto, exactamente esto, era lo que había estado esperando toda la noche.
Nunca penso que disfutaria el tener sexo pervertido.. Ella siempre se consideró muy recatada… Pero con Nick todo cambio..
“Ni…nick!” Gimoteo extasiada Suplicando.
Casi estaba ahí..
“¿Estás cerca cariño..?”
“S..sii..” pronunció entrecortadamente. “ Por favor no pares” Mordiéndose el labio inferior transpirando.. Bastante sonrojada…
“Te voy a meter un pequeño cachorro, ¿te gustaría?”
Ella sorprendida de sus palabras, muy ruborizada debía admitir que una parte de ella sí quería, a pesar que sabía que era erróneamente imposible.
“¡Oh si..!! ¡Por Favor nick..!” ella grito.
En cuanto terminó de pronunciar un último jadeo seco.. Llegó a su orgasmo.. Arqueandose.
“Mierda” exclamó excitado.
Nick no pudo aguantar más. Con un gruñido profundo y animal, se corrió abundantemente dentro de ella, llenándola con un calor intenso que la hizo estremecerse de pies a cabeza. Parte de su semen escapó, escurriendo lentamente entre sus muslos y manchando las sábanas ya revueltas.
Satisfecho, respiró con dificultad, el pecho subiendo y bajando agitado. Todo su pelaje estaba erizado, la piel sensible bajo el torrente de endorfinas que recorría su cuerpo como una ola cálida y adictiva.
Se dejó caer un poco sobre ella, cuidadoso de no aplastarla, soltandola suavemente, perdido en esa nube de placer absoluto.
Ella, aún temblando por su propio clímax, sintió cómo el pene de Nick se hinchaba dentro de ella, creciendo, presionando contra sus paredes internas. Sabía exactamente lo que eso significaba, el nudo. Esa unión íntima y primitiva que los mantendría atados por un rato más, como si sus cuerpos no quisieran separarse el uno del otro.
"¿Qué tal, pelusa?" murmuró él con voz ronca y cariñosa, rozando su nariz contra la de ella. "¿Estás bien…?"
"Uhmm…" respondió ella, con una sonrisa leve y perezosa curvando sus labios. Cerró los ojos, disfrutando la sensación de estar tan llena, tan conectada a él. "Más que bien…" susurró al fin, alzando una pata para acariciar su mejilla cubierta de pelaje suave. "Excelente."
Se quedaron así, anudados, con sus respiraciones sincronizadas y cuerpos entrelazados en la penumbra.
El mundo exterior no importaba. Solo ellos, el calor compartido, y la promesa de que esto volvería a pasar de nuevo… muy pronto.
“Esoo estuvo”…suspirando ella alzó mas su cabeza que había caído en la almohada en pleno éxtasis.. Todo su cuerpo laxa no se podía mover “ Realmente lo disfrute mucho... Gracias”
“¿Te gusto?” preguntó él en voz baja.
Ella soltó una risa suave, casi avergonzada.
“Más de lo que crees” ella confesó “Nadie… nadie me había tocado así nunca.”
Después de un rato, la hinchazón finalmente bajó y Nick se separó de ella con suavidad, deslizándose fuera de su cuerpo con un último suspiro compartido. Ambos se acomodaron entre las sábanas revueltas, aún temblando levemente por las réplicas del placer.
Mientras él descansaba a su lado, con la respiración aún entrecortada, ella deslizó la pata hacia abajo y lo acarició con lentitud, sintiendo cómo el pelaje se deslizaba entre sus dedos. Nick se estremeció, abrió los ojos y la miró absorto de calma y placer.
Se abrazaron con fuerza, corazones latiendo al unísono. La cola frondosa y cálida de Nick se enredó alrededor de ellos como una manta viva, cubriéndolos del fresco de la noche y creando un pequeño refugio solo para los dos.
“Esto” susurró ella contra su cuello “es mi parte favorita de ti.”
Nick sonrió en la oscuridad y apretó el abrazo.
“ Por cierto, zanahorias…" murmuró él, la voz baja y ronca por el cansancio y la emoción.
Ella giró un poco la cabeza para mirarlo, curiosa, los ojos brillando en la penumbra.
"Feliz aniversario…" susurró Nick, con una sonrisa tierna que le llegaba hasta los ojos.
Ella sintió que el corazón se le hinchaba de amor. Sonrió enamorada, acariciándole la mejilla.
"Igualmente Nick…" respondió con voz suave, casi como un suspiro.
Se besaron por última vez esa noche un beso lento, profundo, lleno de gratitud y promesas silenciosas. Sabían que mañana les esperaba un día largo, lleno de trabajo y responsabilidades, pero hoy… Hoy habían tenido tiempo de sobra para demostrarse su amor de todas las maneras posibles, incluidas las más extrañas.
Se acurrucaron más cerca, envueltos en la cola de él, y poco a poco el sueño los venció.
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Fin.
