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Vía láctea

Summary:

¿Por qué?

¿Qué paso?

¿Dónde están?

¿La ignorancia es la clave para la felicidad?

Mi mente esta llena de tantos recuerdos, que ya no me puedo dormir.

 

Hiromu Arakawa es la artista creadora del manga Fullmetal Alchemist. Yo solo tomé prestado sus personajes y agregué personajes originales.

Notes:

english version: https://archiveofourown.org/works/78081506/chapters/204627211

Chapter 1: Los días que no dolían

Chapter Text

 

Muchos colores y olores me llenaban, el sol brillante pegando en mi cara. Cortaba margarita tras margarita, haciendo coronas de flores para mis amigas. Juegos y más juegos, flores coloridas como nuestros vestidos.

Escuché a lo lejos la voz de mamá, ya era hora. 

Corrí por el sendero hasta llegar a la puerta de mi casa, con mi mamá y papá a un lado. Olía riquísimo; la tarta de pera de mi mamita era la mejor de todas, ni siquiera la tía Sarah podría ganarle.

¡Oh! Dejé la corona con Winry sin terminar. Bueno, ¿qué se le podrá hacer? 

 

...

 

Mi mamá dice que debo llamar a sus amigas “tías”, porqué son como mis segundas o terceras madres... ¡El caso es que tengo muchas mamás! 

La tía Trisha siempre me abrazaba con fuerza y me adulaba. Siempre, de los siempres tenía lista mi comida favorita: Crema de zanahoria con pan recién hecho. 

Observaba a Edward que no quería comer porqué “sabía” demasiado a leche. 

Ja, qué niñato. 

 

 

...

 

—Tía Trisha...

—Dime cielo... 

—Mi mami dice que te ama muchísimo. Siempre la escucho rezar por ti en las noches, pero cuando te visita ella no te dice eso. ¿Por qué? — pregunté; quizás ella también hacía lo mismo.

—Oh... quizás es... ¡Porque es un secreto! — me cerró el ojo y sacó la lengua, haciendo una cara graciosa. 

Me hizo reír y solo le pude dar un besito en la cara. 

—¡Te amo tía Trisha!

—¡Y yo a ti, pequeña!

 


 

Caminé a casa con mis amigos, mientras tratábamos de caminar en linea recta sobre la marca de tierra que dejó el último carruaje. Si pisábamos mal, perdíamos... ¡y seguramente se burlarían hasta el cansancio!

—Oye, Ed — le hablé al Narciso mayor. 

—¿Qué? 

Escuché las vocesillas de Rebecca y Winry, burlándose de mis pasos chuecos. ¡Groseras!

—¿Cuándo va a regresar tu papá? Mi papá dice que no es de caballeros abandonar a su familia, y yo no pienso que él no sea un caballero. — dije con la frente en alto.

Edward salió de la línea de tierra, ¡Ja tonto! Pero apretó las manos en puños, se volteó a verme y me empujó, tirándome sobre el polvo seco, ¡Me dolió muchísimo!

—¡Estúpida! 

Lo vi salir corriendo y, en el proceso, Alphonse lo siguió. 

Me ardía el trasero y solo pude llorar por el dolor. ¿Por qué hizo eso mi amigo? ¿Acaso ya no lo somos?

Mis amigas me levantaron y fuimos tras los Narcisos a iniciar una guerra de tierra.

 


 

Hoy volveríamos a visitar a la tía Trisha. Mamá había estado impaciente por verla; siempre que hablaba de ella no paraba de sonreír y se esforzaba más en sus postres y comidas.

El menú de hoy: pollo con espárragos.

Los espárragos son unos tubitos verdes que parecen crayolas... crayolas... ¡ahí esta el amarillo!

Le estaba haciendo un dibujo a mi Narciso como disculpa por el otro día. Sé que con esto, volverá a jugar conmigo. 

El cabello de Edward es puntiagudo, como triángulos, como una estrella, como el fuego... como un trueno. Sí, como el trueno, aunque solo una vez en mi vida haya visto uno en el pueblo. 

Fue veloz y brillante aquella noche. 

¡Listo, el dibujo ya está!

 

...

 

—¡Es patético! — me gritó Ed, su rostro estaba rojo y agitaba el dibujo de arriba a abajo. 

—¡No lo es! 

—¡Si lo es! Tú y tú dibujo son... feos y patéticos. 

Se cruzó de brazos, se dio media vuelta y se fue. Encerrándose en aquella habitación que me tenían prohibido entrar.

Otra vez me picaba la nariz y los ojos, veía borroso y brillante mientras sentía mis lagrimas bajar. Fui detrás de él y toqué la puerta varias veces.

—¡Ed, Edu, Edward! 

No hubo respuesta.

Alphonse apareció detrás de mí. Lo abracé; al parecer había despertado de su siesta. Limpió mi cara con sus pequeños pulgares. Le extendí el dibujo que le había hecho y lo recibió con felicidad.

—¡Bonito! 

Dije que si con la cabeza, le señalé a él en el dibujo y yo a su lado, con un corazón rosado arriba de nosotros. 

—¡Gracias Lara!

La voz de mi tía Trisha y la de mi mamá resonaban por la casa, buscándonos. Miré por última vez aquella puerta misteriosa y tome la mano de Alphonse para bajar por las escaleras.

Nos encontramos con nuestras cálidas madres, sus sonrisas brillaban como los días de verano y olían delicioso, me hizo sentir sueño al estar con ellas.

La tía Sarah y el tío Uley no tardaron en llegar, acompañados de la abuela Pinako y Winry. 

 

¡Tengo una familia maravillosa! 

¿Quién necesita a ese niño feo y grosero? ¡Luego se le pasará el berrinche! 

 

 

...

 

No puedo dormir, aunque haya jugado todo el día con mis amigos, la cabeza me da vueltas y tengo frío. 

Las luces de la casa están apagadas y solo escucho la madera crujir sobre mis pies. 

¿Cuándo volverá el papá de Edward? Así la tía Trisha podría actuar como mi tía Sarah y mi mamá... ¿No lo extrañan? Yo no podría vivir sin mi papá. ¿Por qué Alphonse es tan diferente al mayor? 

No lo entiendo, ¿Por qué no le piden que regrese?

Tiré del brazo de mi papá para despertarlo. Vi su sonrisa. Me colocó en medio de la cama, podía sentir que me llenaban de besos mientras imaginaba que era una princesa de un cuento que me gusta mucho.

Qué feliz soy.

 


 

—Oye Winry. — le hablé a mi amiga, ambas sentadas en la tierra del patio de la escuela.

—¿Qué pasa? 

Hacíamos pastelitos de barro, los gritos y risas de los demás niños hacían eco en nuestra platica. 

—¿Tú crees que las hadas son reales? Leí un libro donde eran unas criaturas mágicas que podían realizar ciertos deseos a los niños que se portan bien. Pero que suelen desaparecer después de cierto tiempo. 

—Hm... No lo sé, mis papás me dicen que los deseos lo cumplen los científicos. 

Vi que su pastel estaba quedando más lindo que el mío. Me hizo enojar, un sentimiento salado que tenía en la punta de la lengua, quería gritarle. 

—¡Bah, que aburridos! Los científicos no tienen color, tienen números y muchos anteojos. En cambio las hadas tienen brillo y pueden generar algo a partir de su magia. — intente copiar el mismo bizcocho de mi amiga, pero se estaba desmoronando. No me gusta. No me gusta.

—Mis papás son médicos... Ellos saben muchas cosas interesantes, así que, ¡Prefiero creerles a ellos que a un libro de un extraño! 

Finalmente el barro se desplazo a ambos lados, quedando como una masa sin forma. El pasto se asomaba a los lados y me dio asco, nunca podré igualar el pastel de barro de ella.

—¡Ya no juego! — me levanté de la tierra y sacudí mis manos contra el aire. Busque a alguien más con quien jugar. 

—¡O-oye, espera! 

 


 

Mi mamá me gritó, me dijo que no podía hacer las cosas por mi cuenta. Pero, si que puedo.

El sol ya comenzaba a guardarse, tenía que correr para llegar a la casa de mi mejor amiga y escaparnos. Mi corazón latía muy fuerte, podía sentir las vibraciones al dar cada paso. 

La pude ver, sosteniendo a su cachorro Den. La saludé muy despacito.

—Winry, vámonos.

—¿A dónde? Ya casi es hora de la cama. 

—Organice una pijamada con la tía trisha y los enanos. — susurré, los ojos de ella brillaban como el arrollo que esta más abajo de su casa, ella me dijo que si con la cabeza y sostuve a Den en mis manos.

Su lengua hacía cosquillas y no dejaba de moverse. Le di muchos besitos aunque oliera gracioso.

Vi a mi amiga bajar con su bolso rosado. Sonreí y nos tomamos de la mano, caminando a la casa de nuestra tía. 

Den seguía moviendo su colita.

 

...

 

Ella se quedó totalmente sorprendida y por supuesto, ¡Nos regañó! Pensé que estaría contenta de recibirnos, casi me pongo a llorar hasta que sentí sus brazos alrededor nuestro, con fuerza y nos dio una taza con leche caliente y miel a cada una. 

A Den solo le pudo ofrecer un poco de agua tibia y una galleta. 

—No podemos regresar ahora... ya esta muy oscuro. — decía mi tía mientras observaba a través de la ventana. Empezó a toser un poco... Quizás por el frío. 

—¡Entonces que se arme la pijamada! — grité feliz, Winry me extendió las manos y comenzamos a saltar en circulos. 

Mi tía se rió, encendió la chimenea y subió por las escaleras, trayendo consigo a los dos narcisos medio despiertos. Sentía como una chispa en la panzita me hacía cosquillas, no podía dejar de correr ni saltar alrededor del lugar. 

—Les traje más compañía niñas... ¡Diviértanse! — antes de que mi tía subiera de nuevo, le dijo algo en el oído a Edward. Solo pude escuchar un “si”. 

Abrace a mis amigos y les propuse mil ideas de juego, saque de mi mochila mis crayolas, una almohada y unas muñecas. 

Los ánimos se alzaron y jugamos la mayor parte de la noche.

Cuanta cálidez.

 

...

 

—¡Te encontré! —me gritó Alphonse.

Yo estaba detrás de una puerta. Me quejé, molesta de mi derrota.

Fui la primera en ser encontrada. Lo ayudé a base de risas a encontrar a los últimos dos rubios, él tenía la misma edad que yo, pero sentía que era como mi hermano menor. Quería cuidarlo. 

Pero, buscamos por toda la sala, el baño, el comedor y nada. Hasta que subimos al segundo piso y me encontré frente a frente aquella puerta a la cual no podía abrir. Sentí miedo, una sensación fría recorrió mi espalda y tropecé con mis propios zapatos.

Alphonse me tomó de la mano y caminamos hacia su habitación, él sabía que no podía ir más allá. Pero me distrajo rápidamente al ver unos piesillos debajo de la litera. Sonreímos y les jalamos las piernas a ambos rubios, ellos gritaron sorprendidos y nos reímos. Sus rostros estaban de un color gracioso y nos tumbamos en el piso. Haciendo quizás una estrella. 

Ya habíamos pegado nuestros dibujos en las paredes y habíamos bebido nuestra leche (excepto Ed que se escondió de su taza un buen rato) la chimenea se apagó con el tiempo y la casa quedó en silencio solo con nuestra respiración de arriba a abajo. Un sonido bastante bonito, que me recordaba su confianza, su conocimiento. 

Den estaba hecho bolita en algún lugar de la sala, ya que la tía Trisha le hizo una cama improvisada. 

Bostezabamos y poco a poco nos dejamos llevar. 

Ed y Al bajaron los colchones de aquellas literas para hacer un solo colchón, nos acomodamos con todas las almohadas y sabanas posibles. Podía sentir las manos de todos, sus piernas sobre mi una cálidez asombrosa. Parecíamos hermanos.

Yo de verdad que soy muy afortunada por tener a esta familia. 

—Buenas noches hermanos. — dijo Al, metiendose el pulgar a la boca.

—Night night...

—Buenas noches.

—¡Buenas noches, los amo!