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Julián Álvarez y el estudiante de intercambio

Summary:

Julián es un niño de 11 años que, en las vacaciones antes de entrar a la escuela secundaria en Manchester, se entera que es un mago, lo que da un giro de 180 grados a su vida.
o
Enzo es un estudiante de Castelobruxo, la prestigiosa escuela de magia de América del Sur, que viaja a Reino Unido como estudiante de intercambio para continuar sus estudios en Hogwarts.
o
Simplemente, una historia Julienzo en el universo Harry Potter.

Notes:

¡Hola!

Esta es una historia que hace mucho daba vueltas en mi mente, hasta que me animé a unir dos de mi pasiones: el Julienzo y el universo Harry Potter. Además, siempre me han gustado las fotos y videos de Enzo con la bufanda de Griffindor y su varita mágica.

Algunas aclaraciones:
1. Es un trabajo original y hecho sin IA.
2. Está escrito en español neutro, porque se asume que en el mundo mágico todos tienen el mismo idioma.
3. En este universo, Julián y Enzo tienen la misma edad (11 años), por lo que irán al mismo curso.
4. Aunque se menciona algunos personajes originales, la mayoría son del universo Harry Potter, más Julienzo y una pequeña mención al Cutilicha (mi pareja amiga favorita)
5. Este fic pretende ser un pequeño presente de cumpleaños para un gran amigo del fandom con quien compartimos, además de amor monogámico por el Julienzo, ser potterheads.
6. Julienzo soulmates en todos los universos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:



Julián no puede creer lo que dice en la carta lacrada que le entregó el elegante pero extraño caballero.

Aquel hombre llegó justo antes de la hora del té, una costumbre muy inglesa a la que toda su familia terminó aficionándose, pero con unos pequeños cambios cada vez que pueden: en lugar de té, ceban mates cuando cuentan con hierba; y en lugar de galletitas, facturas que hornea su mamá. Ya son 5 los años que han pasado desde que se mudaron de Argentina a Inglaterra, pero sigue extrañando a su patria.

Le llamó mucho la atención que, aunque afuera está lloviendo de forma torrencial, como suele suceder en Manchester, el traje y los zapatos del caballero están secos e impecables.

No entendió nada de lo que el misterioso hombre, que se apellida Longbottom, le dijo a sus padres antes de entregarle la carta. ¿Acaso mencionó una escuela de magia? ¿Hogwarts dijo que se llama? ¿Que él es profesor allí?

—Esta carta es para ti, Julián. —dijo Longbottom, finalmente, con una sonrisa amable.

Julián, con las manos un poco temblorosa, rompe el lacre y saca una carta de un papel que parece tener siglos de existencia, escrito con ¿tinta? En la misma dice:



COLEGIO HOGWARTS

DE MAGIA Y HECHICERÍA

Querido señor Álvarez:

Tenemos el placer de informarle que dispone de un cupo en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Le adjuntamos la lista del equipo y los libros necesarios.

Las clases empiezan el 1 de septiembre. Esperamos su búho antes el 31 de julio.

Muy cordialmente,

Minerva McGonagall

Directora


—¿Esto quiere decir que yo soy un mago? —es lo único que pregunta Julián, luego de releer varuas veces las líneas. El profesor parece contento de que el niño empiece a entender todo.

—Así es, Julián. Comprendo que es un poco difícil de asimilar, pero lo estás tomando bastante bien… todos lo están tomando muy bien, debo decir. En otras ocasiones han intentado llamar a la policía o me han ido encima con un bate.

—No es que no lo esté pensando —murmura el papá de Julián, pero la mamá, colocando una mano tranquilizadora sobre su brazo, toma la palabra.

—Disculpe, señor Longbottom, aunque le hemos escuchado con respeto, como usted merece, todo nos parece un disparate ¿Cómo podemos creer en lo que nos está diciendo? Parece una broma de muy mal gusto. Debe saber que mi hijo tiene una plaza en el Whaley Range y además practica fútbol los fines de semana en las divisiones inferiores del club Manchester City. Nosotros no jugamos con su futuro.

—La comprendo, mi estimada señora, pero todo es real. Permítame hacer una pequeña demostración. Veamos… oh, pero si ya son las 5 de la tarde.

Julián juraría que el señor Longbottom saca una pluma fuente, pero de un momento a otro en lugar de la pluma tiene en sus manos una ¡¿¿¿VARITA MÁGICA???! y, tras hacer un movimiento, aparece en las manos de todos los presentes delicadas tazas de té. En el aire flota una pava de porcelana que se acerca por sí sola a cada taza para llenarla con el aromático y caliente líquido ámbar, y flotan al costado de cada persona presente en la sala platitos con galletitas y masitas dulces.

—Disculparán que sea té con galletitas y no mates con facturas, como ustedes prefieren, pero los magos argentinos son muy quisquillosos con el tema y nunca me ha salido bien: que si la montañita, que si me quedan re lavados... en fin.

Julián siente que su mandíbula se va a dislocar de lo mucho que tiene la boca abierta, pero observa que sus padres están igual de asombrados. Por lo visto, todo lo que el misterioso caballero ha dicho es real. Igual, como sus papás siempre le han insistido en que debe ser educado, musita un “Gracias” y sorbe un poco de té. Está delicioso. Toma una de las galletitas y es de las cosas más ricas que ha probado. Sus papás siguen sin tocar el té.

—¿Magos argentinos? —exclama el papá de Julián, completamente superado por la situación. —Señor, jamás escuchamos de eso. Nuestro hijo no puede ser un mago, o brujo, o lo que sea. No queremos para él una vida de truquitos, tiene un gran futuro por delante, como le explicó mi esposa.

Si las palabras de su padre han ofendido al visitante, este no lo muestra.

—Entiendo su turbación, señor Álvarez, pero créame, no hay confusión alguna. Cuando hablo de magos, no me refiero a los charlatanes que suele haber en… en su mundo. No. Me refiero a magos y brujas de verdad, que nacen con el don de la magia. Y los hay en todos los países. La magia de América del Sur es particularmente poderosa. Si ustedes hubiesen seguido viviendo en Argentina, hubiesen recibido carta de Castelobruxo, la escuela de la región. Nosotros tenemos un registro mundial integrado de todos los nacimientos mágicos. Cada vez que llega al mundo un niño mago en hogares de muggles…

—¿En hogares de qué? —interrumpe Julián. No puede dejar de escuchar al tal Longbottom, que sin duda debe ser un mago de verdad, porque se siente completamente hechizado por cada palabra que sale de su boca.

—Muggles, Julián. Es como denominamos a las personas sin magia. En tu caso, has nacido en un hogar donde no tienes antepasados que hayan sido magos o brujas. Pero eso no importa en absoluto. Se siente que tú tienes mucha, muchísima magia. Muchos de los mejores magos provienen de hogares muggles, sin ir muy lejos, nuestra actual ministra de Magia.

—¿Tienen un Ministerio de Magia? —pregunta asombrada la mamá de Julián.

—Así es, señora Álvarez, se tiene que regular las actividades con magia para mantener el equilibrio entre la comunidad maga y la no maga, lo que, lamentablemente, en su mayor parte significa evitar que los no magos sepan que existen magos y brujas de verdad, ya que el ser humando suele atacar aquello que no entiende, y tenemos muchos ejemplos de eso en la historia, como la Inquisición y las cacerías de brujas.

Longbottom tomó una masita dulce y la acompañó con un sorbo de te antes de continuar.

—Por cierto, hay ministerios de Magia en cada país. No hace mucho nos visitaron varios ministros de Magia sudamericanos y el director de Castelobruxo para actualizar los convenios de intercambios de estudiantes, así que es muy probable que Julián tenga compañeros sudamericanos en clases.

Julián se siente fascinado con todo lo que está oyendo. ¿En verdad él podría hacer eso de aparecer cosas de la nada? ¿Qué más podría hacer con magia? ¿Convertir, digamos, al insoportable de Scholes, el que para molestando a su amigo Licha, en un sapo verrucoso?

—Aunque todo lo que dice suena convincente, no deja de parecernos increíble, señor Longbottom. Más porque Julián ha tenido una vida completamente normal, nunca ha mostrado magia o cosas de esa.

—Es verdad —dice Julián, que súbitamente se siente como un globo al que lo han pinchando, escapando toda la ilusión de su ser. —Yo nunca he hecho nada mágico.

—¿Estás seguro? —pregunta, con una sonrisa cómplice, Longbottom. —Porque nosotros tenemos registro de varios incidentes mágicos. Por ejemplo, cuando tenías ocho años, mientras jugabas al fútbol, alguien envió la pelota a la copa de un árbol, y tú lograste volar para poder bajar la pelota.

—¡Eso no fue así! —Interviene la mamá de Julián. —Lo que pasó es que Juli trepó ese enorme árbol en un momento que nadie se dio cuenta, y afortunadamente no se cayó. Le prohibimos volver a subir un árbol.

—Es que usamos un hechizo confundidor en todos los presentes, señora. Eran demasiados testigos como para un Obliviate; así que optamos por confundirlos un poco, para que creyesen que Julián había trepado y no volado. Ya que estamos, haré que recuerden el hecho tal y como fue.

Tomando de nuevo la varita, Longbottom dijo “¡Finite Incantatem!” y, súbitamente, como si se hubiese descorrido un velo, Julián recordó perfectamente el incidente de la pelota: vio cómo Connor, uno de los chicos con los que jugaban, chutó tan mal el balón que lo mandó a la parte superior de un árbol altísimo, de ramas muy delgadas e imposibles de sostener incluso el peso de un niño. Julián, embroncado porque estaban en lo mejor del partido, sólo deseaba alcanzar el balón para seguir jugando. Lo miró con tanto anhelo e intensidad que poco a poco lo veía más cerca, hasta terminar alcanzándolo con facilidad. Cuando se dio cuenta, estaba él mismo en la copa del árbol, y aunque al principio se asustó, rápidamente razonó que, si subió concentrándose en la pelota, sólo necesitaba concentrarse en algo de la superficie terrestre. Se enfocó en un muy asustado Connor y, en unos segundos, estaba a su lado, sin haber sufrido rasguño alguno.

En la palidez de su padre y la forma como su madre lleva las manos a su boca, Julián se da cuenta de que ellos han recordado lo mismo. Además, otros recuerdos vinieron a él: la ocasión en que, al no querer comer los horribles cupcakes de su vecina Lottie, los mismos desaparecieron sin que él haya dado un solo bocado, o la vez que Scholes, el abusón, le quitó a Licha su pelota para jugar él con sus compinches, cosa que puso furioso a Julián, pero de la nada cada vez que intentaban patearla la pelota se movía y terminaba golpeando a Scholes y su pandilla.

¿Entonces de verdad es un mago? Todo indica que sí, y una enorme sonrisa apareció en su rostro. 

—Veo que al fin me crees —dice, complacido, el señor Longbottom. —Por favor, Julián, tienes que confirmar que sí quieres ir a Hogwarts. La nueva política en el mundo mágico es que van sólo quienes en verdad lo desean, pues la magia no es una imposición. Siempre es lo más conveniente, porque te enseñan a controlarla y utilizarla adecuadamente. Pero es tu decisión. Permíteme hablarte un poco más sobre Hogwarts…

Mientras Julián y sus papás (que lucen más tranquilos y están dando buena cuenta del té y las galletitas y masitas) escuchan con atención, el señor Longbottom les hace un pequeño relato sobre lo que es Hogwarts: una de las escuelas más prestigiosas del mundo. Les habla del castillo, de sus 4 casas, de las principales asignaturas (acá es cuando los Álvarez se enteran que están frente al profesor de Herbología) y del quidditch, el deporte mágico por excelencia.

Mientras lo oye, Julián pone en una balanza los pros y contras de la decisión. Todo lo que cuenta el señor Longbottom es fascinante, y se muere de ganas por ir a ese Hogwarts. Solo hay una sombra en su decisión: el fútbol. Si va a esa escuela, probablemente no pueda practicar fútbol.

—Señor, perdón, profesor Longbottom, ¿entonces en el mundo mágico no se juega fútbol?

El interpelado sonríe.

—Hasta hace unos años lamentablemente era así, pero la última Gran Guerra Mágica nos demostró que lo mejor es integrar hasta donde es posible los mundos mágicos y no mágicos. Mucho de la guerra se originó en prejuicios contra los muggles, en un absurdo sentimiento de superioridad de un sector de la comunidad mágica, y el resultado fue terrible.

Julián juraría que vio brillar una lágrima en los azules ojos de su interlocutor, pero este parpadea rápidamente y sigue hablando:

—Por eso, los últimos tres ministros de Magia (Kingsley Shacklebolt, Percy Weasley y Hermiones Granger) impulsaron que los magos conociesen más del mundo no mágico. Estudios Muggles pasó a ser una asignatura obligatoria todos los años, con excursiones cada cierto tiempo al mundo no mágico, y algunas de las principales actividades muggles ahora se practican en el mundo mágico. De ellas, las más populares son los deportes, y entre todos, el fútbol es el que más gente congrega. Ahora tenemos campos de fútbol en Hogwarts a los que hemos colocado hechizo impermeabilizadores antimagia para evitar que los hinchas de los equipos contrarios hagan trampa, como desatar los cordones de los botines o cambiar la trayectoria de la pelota.

Julián no necesita saber nada más. Su destino acaba de dar un giro de 180 grados. O los dio desde el momento en que nació y la magia decidió hacerlo uno de sus elegidos.



*******



Enzo camina entusiasmado por el Callejón Diagon. Aunque era acompañado por Hagrid, guardabosques y profesor de Hogwarts, este quedó encandilado con una exposición de criaturas fantásticas africanas que se estaba realizando en el recién inaugurado Sala Dobby, en honor a una de las criaturas más valientes del mundo mágico.

—¿No te gustaría entrar un ratito a verlas, Enzo? —preguntó, con una nota de contenida de emoción en la voz, el enorme profesor, que el interpelado, desde que lo vio, no tuvo dudas de que se trataba de un semi-gigante.

Para Enzo, que venía de una escuela rodeada de plantas y criaturas exóticas, no era precisamente un planazo. En su lugar, se muere de ganas por visitar uno de los barrios mágicos más famosos del mundo.

—Realmente no, profesor, preferiría ver las tiendas… si desea usted puede ver la exposición mientras yo voy buscando las cosas de la lista de útiles por mi cuenta.

Hagrid quiere decir que sí al instante, porque una de las cosas que más lamenta es aún no haber podido recorrer el mundo, tal como hizo el autor de su libro de cabecera, “Animales Fantásticos y dónde encontrarlos”, para conocer todas las maravillosas especies mágicas que existen; pero el recuerdo de su misión lo frena. Sin embargo, el rostro moreno del niño recién llegado a Inglaterra refleja seguridad y mucha confianza en sí mismo. De alguna manera parece mayor de lo que en realidad es, sin duda resultado de la enseñanza mágica que estila darse en Sudamérica. Los ojos azabaches proyectan una mirada firme y serena, y aunque solo tiene once años, los dibujos en su piel, costumbre ancestral de los magos sudamericanos para demostrar las habilidades mágicas adquiridas, eran impresionantemente numerosos para un chico de su edad. Sin duda este nuevo estudiante dará mucho de qué hablar en Hogwarts.

—¿Estás seguro, Enzo?

—Claro que sí, profesor. Igual tengo conmigo el knut localizador que me dio. Así podrá saber dónde me encuentro.

—Está bien. Diviértete y anda con cuidado… bueno, ya no. Ahora el mundo mágico es un lugar seguro.

¿Acaso lo que Enzo ve en el rostro del hombretón es un gesto de tristeza? A su mente vienen detalles de la última Gran Guerra Mágica Europea narrados en el Libro Contemporáneo de Historia de la Magia, Actualización Minuto a Minuto (un libro interminable donde cada día aparecía una página nueva con las últimas novedades del mundo mágico) que estudió en la escuela. Se percata entonces que el Hagrid que se mencionaba como miembro de la Orden del Fénix y uno de los más fieles aliados de Harry Potter, es el mismo profesor que lo está acompañando. Tiene muchas ganas de preguntarle cosas sobre la guerra, pero siente que no es el momento y, además, el profesor ya se dio vuelta para ingresar a la flamante sala mágica (Enzo juraría que Hagrid lo hizo para ocultar una incipiente lágrima).

El morocho recorre el callejón, admirando todos los carteles animados que anuncian mercaderías de todo tipo. Cuenta además con un mapa mágico donde están marcadas todas las tiendas que debe visitar, cada uno de los locales invitándolo a visitarlos desde el mismo mapa. También observa el punto blanquirrojo que lo representa a él, pero también muestra otras centenas de puntos moviéndose, cada una de colores distintos, y cuando sitúa su índice en uno de los puntos, aparece su nombre y ocupación. Mucho mejor que el Google Maps que siguen usando los muggles en sus celulares.

Enzo está decidiendo por dónde empezar a buscar los útiles escolares cuando, mientras, sin darse cuenta, sus pies siguen caminando, como si se dirigiesen a una dirección en específico. Al darse cuenta, se para para ubicarse bien y empezar por la tienda de túnicas, pero al levantar la cabeza, le llama la atención una camiseta de River Plate a lo lejos. No puede creerlo, es casi como estar en casa nuevamente. Busca en su mapa de quién se trata y segunda sorpresa, la persona de la camiseta está también representada por un punto rojiblanco. Al colocar su índice sobre el punto sale la leyenda: “Julián Álvarez, 11 años, ingresante a Hogwarts de primer año. Lugar de procedencia: Manchester”.

Enzo no entiende por qué un chico de Manchester tiene una camiseta de River pero igual se acerca, como si el tal Julián tuviese un imán. Al fin puede observarlo bien: es un niño un poco más bajo que él, de piel muy blanca y rulos castaños que su madre intenta acomodar repetidamente, sin éxito. Enzo percibe que el chico tiene mucha magia en su interior, mientras que sus padres no. ¿Será un hijo de muggles?, se pregunta.

Cuando se acerca lo suficiente, la pregunta que se hizo tiene respuesta, ya que el chico y sus padres están discutiendo frente a un auditorio con un cartel donde dice: “Guía para padres muggles con hijos magos: Conferencia orientativa”.

—El profesor Longbottom nos recomendó esta conferencia, Julián, entiende.

—A ustedes papá, no a mí. No quiero estar cuatro horas sentado en un auditorio.

—No te podemos dejar andar solo por allí, hijo. —insiste su madre.

—Pero el profesor Longbottom les explicó que es seguro. Por favor, digan que sí.

Algo en el tono de desespero y exasperación de la voz del castaño despierta simpatías en Enzo. A él también le rompía las pelotas la sobreprotección. Por suerte, desde que iba a la escuela de magia, había adquirido mucha independencia.

Sin saber exactamente a qué impulso responde, Enzo se acerca a la pequeña familia y, con más aplomo del que en realidad siente, se dirige a ellos.

—Hola, mi nombre es Enzo Fernández. ¿Son de Argentina? Yo nací en Buenos Aires.

Los tres interpelados voltean, sorprendidos. Enzo puede observar que Julián, su futuro compañero, también tiene unos impresionantes ojos castaños. El padre toma la palabra.

—Hola, Enzo, qué gusto. Sí, también somos de Argentina, solo que nos mudamos hace varios años y radicamos en Manchester. Mi nombre es Gustavo, mi esposa se llama Mariana, y él es Julián, nuestro hijo.

—¿Eres estudiante de Hogwarts también? —pregunta Mariana con amabilidad, pero sus ojos se detienen un poco más de lo necesario en los dibujos que Enzo tiene en la piel. El morocho se da cuenta. No es la primera vez que eso le pasa con muggles. La mayoría de veces le molesta, pero como siente la necesidad de dejar una buena impresión, responde con amabilidad:

—Lo seré. Soy estudiantes de intercambio. Vengo de la Escuela Castelobruxo, donde estudiamos los magos de Sudamérica. A diferencia de Hogwarts y otras escuelas mágicas, en Castelobruxo se tiene la opción de entrar desde los 8 años, porque al ser la más avanzada en Magizoología y Herbología, desde pequeños aprendemos a identificar y cuidar de las especies fantásticas y a canalizar la magia para proteger la Amazonía. A medida que avanzamos en conocimientos y habilidades mágicas, recibimos los estigmas, que son estos dibujos en la piel. Por cierto, podemos disimularlos —y mientras lo dice, toda su piel queda limpia, frente a tres asombrados pares de ojos —pero para nosotros es un orgullo portarlos.

Los tres Álvarez se sienten impresionados por todo lo que oyen. Los padres, sobre todo Mariana, que se siente avergonzada de haber formulado juicios precipitados, ponderan que si la educación mágica forma niños así, su hijo estará en buenas manos. Pero el más impresionado de los tres es Julián, que piensa que ese chico de cabello y ojos brillantemente negros es el más extraordinario que ha visto en su vida.

—Entonces tú debes saber mucho de magia —comenta el castaño, con mucha admiración.

—Un poquito, sí —responde con inusual timidez el morocho —pero me falta aprender muchísimo y Hogwarts es la mejor escuela de magia del mundo. Me emociona mucho poder estudiar acá.

—¿Y en tu anterior escuela también juegan fútbol? —a través de la campera medio abierta, Julián ha notado que Enzo también lleva una camiseta de River Plate. Este sonríe antes de responder.

—¿Bromeas? Fuimos la primera escuela donde empezó a jugarse fútbol. Creo que se jugaba mucho antes de que el Ministerio de Magia oficialice su práctica. Además de los torneos de Quidditch, también se hacen torneos de fútbol y, para mí, son mucho más divertidos.

Al final, todo se arregla rápidamente. Los padres de Julián, encantados con el aplomo y simpatía natural de Enzo, dejan que su hijo recorriese el Callejón Diagón en su compañía. Cuando ambos entran a la conferencia y dejaron solos a los dos niños, el castaño le regala una sonrisa espléndida al morocho.

—Gracias por salvarme de mis padres.

Enzo se ríe con ganas.

—Para eso estamos los amigos.

Julián sintió un bonito cosquilleo en el pecho cuando Enzo dijo la palabra amigos. Sí, le encantaría ser amigo de alguien como Enzo Fernández. Tratando de continuar la conversación, dice:

—Veo que también usas una camiseta de River.

—Sí, también soy hincha de La Banda. Fue por tu camiseta que me acerqué a rescatarte.

—¿En serio? ¿Y si tenía una de Boca?

—Olvídate, dejaba que te lleven a esa conferencia horrible.

Ambos se ríen mientras caminan en dirección a la tienda de túnicas mágicas, donde consiguen tres juegos de cada una. Las túnicas autoajustables son el último grito de la moda, así que ya no es necesario tomar medidas, las mismas se ajustan a las características corporales de cada estudiante. Luego van a Flourish y Blotts, donde adquieren los libros de primer año (y un par más de libros que les llamaron la atención: Semejanzas entre el Quidditch y el Fútbol Muggle: Utilice su magia interior para ser tan bueno como Messi y Listado incompleto de plantas y criaturas mágicas, con actualizaciones día a día). Luego se dirigen a la droguería, donde adquieren un surtido extendido de pociones. Después se dirigen a los almacenes mágicos para adquirir los elementos que les faltan, como calderos, balanzas y telescopios.

Mientras realizan sus compras, conversan animadamente, y pronto saben casi todo de sus vidas.

Enzo le cuenta a detalle todo sobre Castelobruxo y las casas que la conforman, la Amazonía, los animales y plantas que cuidan. Sabe tanto de magia que Julián se sorprende cuando Enzo le cuenta que sus padres no son magos.

—Entonces, ¿Tu familia también es de muggles?

—No exactamente. Es lo que creíamos, hasta que llegó la carta de Castelobruxo, que fue cuando mi abuela materna nos reveló que mis tatarabuelos habían sido magos, pero mi bisabuelo, ella y mi mamá son squibs.

—¿Squibs?

—Personas que nacen en hogares de magos y brujas pero que no tienen magia. El caso es que como ni mi bisabuelo ni mi abuela tuvieron magia, ella decidió hacer vida de muggle. Se casó con uno y su hija, mi mamá, tampoco tuvo magia. En cambio, cuando nací, mi abuela se percató de que yo tenía pequeños brotes de magia, pero prefirió guardar silencio hasta ver si llegaba la carta de Castelobruxo. Al llegar esta, lloró de alegría y nos contó todo lo que sabía.

A Julián le hubiese encantado tener también una abuela que le hablase de la magia, porque se sentía perdido.

—Qué suerte de venir de una familia con magos, así sea tu tatarabuelo. Yo no sé nada del mundo mágico, voy a ser el peor de la escuela.

Enzo le da un pequeño apretón de aliento en el brazo.

—No te preocupes, Juli, la verdad es que nadie llega sabiendo gran cosa a la escuela, incluso los niños nacidos en familias mágicas. Míralo desde el lado amable: Nadie te superará en Estudios Muggles, que ahora es asignatura obligatoria. Pero puedo contarte algunas cosas más para que no te sientas tan perdido.

Aunque durante su visita al hogar de los Álvarez el profesor Longbottom les había dado un panorama general del mundo mágico, para Julián la explicación de Enzo es mucho más amena e interesante. Le habla de la última Gran Guerra Mágica Europea, al menos, lo que aprendió en Castelobruxo. Julián se entera que el afable profesor que le había llevado su carta de Hogwarts es uno de los máximos héroes de esa guerra, el último que había logrado que la espada de Griffindor acudiese a su llamado (Enzo le explica qué es la espada de Griffindor) y el que destruyó el penúltimo horrocrux del villano de villanos, un tal Voldemort, del que todos hasta la fecha preferían evitar mencionar el nombre. Julián sintió horrible cuando entendió qué es un horrocrux y, sobre todo, cómo se hacen. Su respeto por el profesor Longbottom crece a pasos agigantados.

La plática es tan interesante que deciden ir por un helado a la heladería de Florián Fortescue. Mientras disfrutan de sus enormes copas, Enzo sigue respondiendo las curiosas preguntas de Julián hasta que, antes de meterse una gran cucharada de helado en la boca, dice:

—Ya hablé mucho, Juli. Ahora quiero conocer de tu vida.

Julián le cuenta entonces de su vida en Manchester, aunque frente a todo lo que le había contado Enzo, se le antojaba bastante simple. Sin embargo, al morocho parecía resultarle todo muy interesante, sobre todo sus prácticas de fútbol en el Manchester City.

Pasan a hablar sobre sus amigos, y Enzo le cuenta de varios chicos de su ex escuela, pero sobre todo de uno, Cristian, al que llaman Cuti, que también vendrá a Hogwarts.

—Estoy seguro que te caerá muy bien, es todo un personaje el Cuti.

Julián le cuenta de sus amigos, que al parecer son menos numerosos de los que cree, pero se detiene en Lisandro.

—También es de familia argentina. Jugamos por equipos rivales, porque él es de las divisiones menores del Manchester United, pero desde la primera vez que nos vimos nos caímos muy bien y nos hicimos grandes amigos. Incluso se cambió a mi escuela, donde jugábamos juntos los recreos. Es quien más pena me da dejar. Seguro que le hubiese encantado encantado ser mago y venir a Hogwarts y todo eso. Siempre hablaba de las energías y cosas así. Ahora que me doy cuenta… ¡él tiene un colgante exactamente igual al tuyo!

Julián señala el dije que tiene Enzo en su cuello: un triángulo que en su interior tiene un círculo, y a su vez este está dividido verticalmente por una línea. El morocho abre grandemente los ojos, sorprendido, pero luego parece darse cuenta de algo y sonríe.

Juli, creo que tu amigo Licha también es mago, o al menos viene de una familia de magos. Sólo en la comunidad mágica sabemos qué significa esto.

—¿Y qué significa?

—Son Las Reliquias de la Muerte, Julián, de las que ya te hablé. El triángulo representa la Capa de Invisibilidad, que oculta a su usuario de manera perfecta. El círculo representa a la Piedra de Resurrección, capaz de evocar a los muertos; y la línea representa a la Varita de Sauco, la varita más poderosa que ha existido. La capa es propiedad de Harry Potter, y el paradero de la piedra y la varita son desconocidos.

Julián asimila toda la información que Enzo comparte, pero lo que más resuena en su cabeza es que Licha también sea mago. Con eso, su vida en Hogwarts sería perfecta. Aunque pensándolo bien, incluso sin Lisandro las cosas estarían bastante bien, ahora que había conocido a Enzo.

Pasan a hablar de las casas de Hogwarts y a cuál les gustaría pertenecer. Enzo, como se imaginó Julián desde el principio, desea pertenecer a Griffindor.

Estoy casi seguro que me tocará allí, Juli, porque antes de dejar Castelobruxo, le pregunté al Árbol Milenario, que es el que determina a qué casas pertenecemos allí. Yo pertenezco a la casa Boitatá, la serpiente de fuego; así que podría ser de Griffindor o de Slytherin

A Julián también le gustaría pertenecer a esa casa, o quizá Ravenclaw, pero le da miedo caer en Slytherin, de donde al parecer salieron la mayoría de magos tenebrosos, o en Hufflepuff, donde al parecer llegan los magos menos talentosos.

En ese momento, aparece Hagrid y Enzo los presenta. Julián juraría que ve algo moviéndose en los enormes bolsillos del aún más enorme hombretón.

—Julián Álvarez, qué gusto conocerte al fin. Neville, es decir, el profesor Longbottom, me habló mucho de ti.

Enzo le comenta que estaban hablando de las casas y le pregunta cómo se define a qué casa pertenece cada estudiante, Hagrid les habla del Sombrero Seleccionador. Julián entonces le pregunta cuál es la mejor casa de todas. La respuesta de Hagrid los sorprende.

—Ninguna casa es mejor que las otras, chicos. Para ser honesto, si me preguntaban eso hace algunos años, hubiese dicho Griffindor, que es mi casa. Pero la guerra nos mostró que hay buenos y malos magos en todas las casas y todas las escuelas. Lo importante son nuestras elecciones, lo que decidimos hacer con nuestra magia.

Llegan los padres de Julián, que saliendo de su conferencia lo buscaron y lo vieron a lo lejos en la heladería. Si el tamaño de Hagrid los sorprendió, al menos no lo hicieron evidente. Por lo visto, lo que les explicaron sobre el mundo mágico fue de mucha utilidad. Rápidamente empiezan a hablar con el semigigante como si fuesen buenos amigos.

Hagrid comenta que desea tomar algo un poco más fuerte de lo que ofrecen en el local de Florián Fortescue, e invita a todos a ir al Caldero Chorreante. Mariana y Gustavo aceptan gustosos, pero Julián recuerda algo.

—Aún me falta mi varita mágica.

 No se hacen problemas. Hagrid y los papás van al Caldero Chorreante, llevando ellos todas las compras que los chicos habían hecho, mientras Julián y Enzo se dirigen a la tienda del señor Ollivander.

—Es el más famoso fabricante de varitas del mundo mágico. —explica Enzo —Si bien existen otros, la mayoría coincide en que sus varitas son las mejores. El señor Tissera, el principal fabricante de varitas de América Latina, fue su discípulo hace décadas, pero a veces importa varitas de su maestro. Cuando me tocó encontrar la mía, había llegado un cargamento de varitas Ollivander y entre ellas estaba mi varita. Me muero de ganas de conocer a su fabricante.

Ambos niños entran a la tienda Ollivander, un lugar pequeño y oscuro atiborrado de alargadas cajitas laqueadas hasta el techo. Una campanilla resonó en cuanto entraron, y del fondo emerge un anciano de andar menudo, de mirada penetrante. La raída túnica que viste parece más vieja que él.

—Julián Álvarez y Enzo Fernández. Bienvenidos.

Los dos muchachos, impresionados, devuelven el saludo al dueño de la tienda, un poco confusos, porque no saben cómo el anciano conoce sus nombres.

—Entonces, el señor Álvarez viene por su varita, ¿cierto?

—Sí, señor.

—Y el señor Fernández ya cuenta con la suya, ¿es correcto?

—Correcto, señor —responde Enzo, mientras la saca.

—Oh, sí —dice Ollivander, mientras toma sin pedir permiso la varita de Enzo y la revisa, al mismo tiempo que la limpia y pule con un líquido brillante de una botellita que apareció de la nada. —La recuerdo. Una varita especial. Me apenó tener que enviarla a Sudamérica, pero así tenía que ser, para ella que eligiese a su dueño.

—Perdón —interrumpe Julián, extrañado —¿Dice que la varita escoge al mago?

—Así es, señor Álvarez. Es la varita la que decide a qué mago servir. Y también puede cambiar de dueño si así lo desea. Es parte de su magia. Veamos qué varita lo elige.

El señor Ollivander saca una cinta métrica que empieza a tomar por sí sola una serie de mediciones en Julián, desde su talla hasta el espacio entre sus ojos y el largo de sus dedos. Cuando la cinta termina, el fabricante toma una varita de una de las cajas estrechas y se la entrega a Julián.

—Veamos con esta —dice.

Julián la toma, pero no sucede nada. Ollivander la retira rápidamente de sus manos y saca otra. Nada. Una tercera y nada. Pasan varios minutos probando varitas, sin éxito. Aunque Enzo lo anima, Julián empieza a preocuparse. ¿Qué sucederá si ninguna varita lo elige? ¿Tendrá que regresar derrotado a casa?

Por lo contrario, el señor Ollivander parece disfrutar mucho el momento.

—Vaya, hace mucho que no tenía un cliente tan difícil. Esto lo hace mucho más interesante. Cuénteme, señor Fernández, ¿Se demoró mucho en ser elegido por su varita?

—La verdad, sí —responde Enzo, enrojeciendo un poco, lo que por suerte no se ve gracias a la penumbra del ambiente. —Llegó a asustarme la posibilidad de que ninguna varita me elija. Por suerte, el señor Tissera sacó el cargamento de varitas que usted había enviado y entre ellas estaba la elegida.

—Oh, sí, lo recuerdo. Mi gran amigo Romulus me lo contó en una carta. Le sorprendió bastante, y a mí también, que esa varita encontrase tan pronto dueño.

En los ojos del fabricante apareció un brillo extraño, como que acabase de tener una revelación. Sin emitir palabra regresó al fondo de la tienda y salió, llevando otra cajita.

—Pruebe esta, señor Álvarez.

Julián tomó la nueva varita, que era de color negro, y esta vez sí sintió algo: un cosquilleo agradable en los dedos (similar al que había sentido en el pecho cuando Enzo dijo que eran amigos) acompañado de un calor que le llegó hasta el corazón. Unas brillantes chispas de color blanco y rojo salen de la punta de la varita, y tanto el señor Ollivander como Enzo aplauden.

—Creo, señor Álvarez, que ya fue elegido por una varita. Pero debo estarme haciendo viejo, no sé cómo no me di cuenta antes.

Enzo y Julián intercambian una mirada de extrañeza. Ollivander sonríe, mostrando una boca parcialmente desdentada.

—Cuéntenos, señor Fernández, ¿de qué materiales está hecha su varita?

—De madera de nogal negro, 32 centímetros, con núcleo de nervio de corazón grifo, señor. El señor Tissera me dijo que era muy especial y rara.

—Efectivamente, señor Fernández, es muy especial. Una varita hermosa y con mucha personalidad, semi flexible pero muy versátil y elegante. Y su núcleo es su mayor singularidad. Es muy raro poder contar con grifos, porque viven en lugares inaccesibles y debes obtener su permiso expreso para obtener uno de sus valiosísimos nervios de corazón.

¿Acaso Julián estaba escuchando bien? ¿Grifos?

—Pensé que los grifos sólo eran parte de la mitología, señor, y que no existen en verdad.

El señor Ollivander lanzó una risita despectiva ante el comentario del castaño.

—Oh, mi querido muchacho, recuerda que muchas de las cosas que los muggles llaman mitos o fábulas son cosas que no han logrado explicar. Los grifos, como muchos otros mal llamados animales mitológicos, existen, solo que estos son particularmente raros. El único que pudo ganar su confianza y estudiarlos adecuadamente fue Newt Scamander. Justamente él, hace muchos años, es quien me consiguió los nervios, pero únicamente dos, provenientes de un mismo grifo dorado, que son incluso más raros. Con esos nervios me di el gusto de fabricar un par de varitas muy especiales. Uno de esos nervios de corazón de grifo es el de su varita, señor Fernández, y el otro está en otra varita también de nogal negro, 28 centímetros, un poco más fina y flexible pero resistente. Y esa es la varita del señor Álvarez.

Ambos muchachos se miran asombrados, procesando todo lo que el señor Ollivander acaba de decir. De repente, ambos sienten que sus varitas parecen cobrar vida propia y buscarse entre sí, como reconociendo su hermandad. Cuando ambas varitas se unen en las puntas, de ellas salen brillantes chispas doradas y rojas que se convierten en un resplandeciente lazo que las fue enrollando, llegando a envolver también las manos y brazos que las sostienen, como haciendo un lazo de unión.

Esta vez el asombrado es el señor Ollivander, que musita “increíble” y “maravilloso” de forma reiterada, hasta que el lazo se evapora. Ante las miradas inquisidoras de los chicos, el anciano, luego de meditar en silencio por un tiempo que les pareció interminable, les dijo:

—Al hacer una varita, es el núcleo la que determina todas sus características, como la madera a usarse y el tamaño que tendrá. Al no existir dos núcleos iguales, no hay varitas iguales. Por eso son muy raras las varitas hermanas, las que incluso así mantienen características distintivas, porque en general escogen maderas distintas para mantener su singularidad. En el caso de sus varitas, lo primero que me llamó la atención es que ambos núcleos, además de venir del mismo corazón, sólo admitieron la madera de nogal negro, que es también poco frecuente por ser una madera difícil de domar, que no aceptan cualquier mago, pero que al encontrar a su dueño establecen una lealtad inquebrantable. 

Ollivander hace una pausa teatral para inhalar profundamente y siguió hablando.

—Las últimas varitas hermanas que hice fueron, como ustedes deben saber, son las de Harry Potter y El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Sí, sé que ya no existe, pero prefiero seguir sin mencionar ese nombre. Y con ellas, como suele suceder con las varitas hermanas, se estableció una relación de rivalidad, buscando someterse entre sí.

El fabricante señala las varitas de Enzo y Julián.

—Cuando hice sus varitas, aunque luego de tantos años debería decir que son las varitas las que me utilizan como su instrumento para ser fabricadas, decidí mantenerlas lo más lejos posible, así que mandé una de ellas con mi buen amigo Tissera, pensando que con eso evitaría potenciales peligros. Imaginen mi sorpresa cuando me enteré que esa varita ya había conseguido dueño, y más aún al sentirla llegar con usted, señor Fernández.

Julián mira preocupado a Enzo, ¿eso significa que sus varitas son antagonistas? Él no había sentido eso cuando éstas se buscaron como si fueran imanes y se unieron; por lo contrario, sintió calidez y alegría, como si hubiese llegado al fin a casa. Enzo parece pensar lo mismo, porque pregunta:

—¿Eso quiere decir que nuestras varitas son rivales?

Por primera vez, ven una amplia y tranquilizadora sonrisa en Ollivander.

—Es lo que yo creí, señor Fernández; sin embargo, debo reconocer humildemente que la magia de las varitas nunca deja de sorprenderme ni enseñarme nuevas cosas. Lo que sucedió con sus varitas es algo muy poco común: es un Encantamiento de Alianza. Magia muy antigua y fuerte, en la que dos magos establecen una unión sempiterna, reconociéndose como sus iguales, como dos partes de un solo todo. Sus varitas protegerán mutuamente a sus dueños y jamás se atacarán entre sí, además que unirán fuerzas por objetivos comunes. Lo más extraordinario es que sus varitas se reconocieron y establecieron la alianza por sí solas, lo que significa que el vínculo entre ustedes es sumamente poderoso.

Nadie comenta nada más. Tras pagar por la varita y despedirse de Ollivander, los dos amigos (ya se les puede llamar así) caminan en silencio, uno junto al otro, ambos inmersos en sus pensamientos.

Enzo comprende que, más que la camiseta de River, lo que hizo acercarse a Julián fue la magia de su varita. Ella lo reconoció antes que él mismo como su par.

Desde que el morocho se presentó ante él y sus padres, Julián sintió que lo conocía de toda la vida, y esa impresión había aumentado de forma exponencial a medida que pasaron tiempo juntos. Todo era sumamente sencillo y cómodo con Enzo, las palabras fluían y la confianza afloraba.  

Sí, la única palabra que puede definir de forma perfecta ese vínculo entre ambos es mágico.

Cuando ya están cerca del Caldero Chorreante y presienten que el tiempo juntos se acaba, al menos por ese día, Enzo se anima a hablar.

—Día intenso, ¿no?

—Demasiado —conviene Julián.

—Yo me quedo hospedado en El Caldero Chorreante hasta el 1 de septiembre… Es decir, hasta pasado mañana. ¿Y tú?

—Mis padres y yo regresamos esta noche a Manchester. En tren es bastante rápido. Y regreso a primera hora del 1 de septiembre. Prácticamente haré transbordo de un tren a otro.

—Entonces, ¿Nos vemos en King’s Cross?

—Queda. Ehmm, Enzo, ¿Qué pasa si el Sombrero Seleccionador nos pone en casas distintas?

Enzo se sorprende un poco con la pregunta, pero rápidamente comprende el sentido y le regala a Julián una de sus brillantes sonrisas.

—Sucede que alentaremos a equipos distintos de quidditch y listo, Juli. Fuera de eso, seguiremos siendo amigos.

La respuesta de Enzo parece agradar mucho a Julián, pero este vuelve a soltar un suspiro.

—Me gustaría estar en Griffindor… que ambos estemos en Griffindor, Enzo. Pero seguro el sombrero me mandará a Hufflepuff.

—Y Hufflepuff tendría mucha suerte de tener a un mago como tú, Juli. Aunque estoy casi seguro que los dos iremos a Griffindor.

—¿Y eso por?

 —Por nuestras varitas. Su núcleo es de corazón de grifo, un animal que es en mitad león y mitad águila. Bueno, en base a eso, también podría tocarnos Ravenclaw, pero cuando pasó lo del Encantamiento de Alianza, las luces que salieron de nuestras varitas y el lazo que se formó fueron dorado y rojo, los colores de Griffindor.

Lo que dice Enzo tiene mucho sentido, así que Julián se tranquiliza y se siente inusitadamente feliz. Ya quiere que sea el 1 de septiembre y poder ir a su nuevo destino. Con su amigo Enzo.

Cuando llegan al Caldero Chorreante, los Álvarez se despiden de Hagrid y de Enzo y se apuran, para no perder el tren hacia Manchester. Enzo está tan cansado que no quiere cenar, por lo que se retira a su habitación.

Tirado sobre la cama, Enzo piensa en todo lo ocurrido durante el día. Sabe que Julián será alguien muy importante, demasiado importante, no solo en su época de Hogwarts, sino también para su vida. Le gustaría hablar con su antiguo profesor de Magizoología, Sócrates Vieira de Oliveira, que además de ser su docente preferido era una especie de tutor, y uno de los magos más sabios que conoce. Seguramente él sabría más datos sobre ese Encantamiento de Alianza, pues Encantamientos era otra de las ramas que impartía, pero a los cursos superiores.

Siente un picoteo en la ventana de la habitación, y se trata de Polo, la lechuza de plumaje gris oscuro del Cuti. Sonríe y va a abrir la ventana. Toma la carta que trae la lechuza, le agradece por su trabajo y va a la jaula de Baruk, su propia lechuza, de plumaje castaño claro casi naranja, para pedirle que le haga espacio a Polo. Baruk, que estaba dormitando, inicialmente se enoja, pero al ver que se trata de Polo, le hace espacio de buena gana y deja que el recién llegado tome agua y coma algunas de sus golosinas lechuciles. Enzo vuelve a tirarse en la cama para leer la carta.

En ella, su amigo le cuenta que ha paseado por todo Londres antes de llegar al día siguiente al Callejón Diagón (sí, el Cuti es así de intenso, cuando quiere contarle a Enzo esperar unas horas le parece una eternidad). Visitando el estadio del Tottenham conoció a un chico copadísimo, que también es mago y empezará el primer año con ellos en Hogwarts. Se llama Lisandro, vive en Manchester, pero su familia, oh casualidad, también es argentina. Hicieron tan buenas migas que los padres de Lisandro terminaron invitándolo a quedarse con ellos hasta el día del viaje a Hogwarts.

Enzo no puede creer lo que está leyendo, y empieza a reírse a carcajadas, lo que asusta a ambas lechuzas, que protestan indignadas. Les pide perdón y termina de leer la carta. No tiene dudas, ese Lisandro debe ser el amigo de Julián, el famoso Licha. Enzo está seguro que Lisandro sí debe saber que Julián es mago desde mucho tiempo antes, y por eso se hicieron tan amigos, pero no se lo podía decir hasta que el castaño se enterase por las vías oficiales. Qué chiquito que es el mundo.

Escribe un mensaje de una sola línea para el Cuti: “Dile que te hable de Julián”. Ya se imaginaba las respuestas. Llama a Polo, le coloca la carta en su patita y la lechuza sale volando en busca de su dueño. Se imagina la cara de felicidad de Julián cuando vea que su amigo Lisandro también estará en Hogwarts.

¿Y si le cuento antes?

No lo piensa dos veces, así que se sienta y, tomando otro papel, empieza a escribir la carta que mandará con Baruk a Julián, mientras imagina la cara que éste pondrá cuando vea a una lechuza picoteando su ventana:


“Querido Julián: …”

 




Notes:

Si les gustó, amaría que me dejen sus kuditos y comentarios.
Si aún no han leído a Harry Potter, por favor, den una oportunidad a una de las mejores sagas juveniles de la historia.

Y, nuevamente, feliz cumpleaños, querido amigo Shinzoku (un poco tarde, pero los fics no se escriben solos y esta cristiana tuvo que laburar estos días), y también feliz cumpleaños a Juli, en vísperas de su onomástico.

Un enorme abrazo a todos,

Readeregom