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Una de las partes de la gira mundial de Huntr/x era América.
—Bien, supongo que esta será la parte favorita de Zoey. —Dijo Bobby, tomando un puñado de pines para pegar en el mapamundi. —Tenemos que elegir las fechas en América.
Los ojos de Zoey se iluminaron inmediatamente.
—Dispara. —Respondió, esperando ver los lugares que Bobby había anotado previamente.
Evidentemente, la mayoría eran sugeridos por la empresa. Ellos tenían los datos y sabían dónde era factible hacer los conciertos. Los lugares que más ganancias dejarían y más vistas tendrían.
De momento, llevaban cinco conciertos en Corea, siete en Japón. Eran los dos lugares de donde más ventas tenían. Era evidente que tenían que ir a todos los lugares disponibles. Luego estaba todo el sudeste asiático.
Kuala Lumpur, Bangkok, Singapur y China tenían al menos dos y tres fechas. Y Mira había abogado para agregar a Yakarta y Manila, con expectativas de agregar una segunda fecha. Sídney también estaba incluida.
Luego, regresarían a Corea para dar unas tres fechas. Y de ahí partirían a Europa. Por supuesto, la empresa ya tenía algunos lugares marcados, como tres fechas en Reino Unido y una en España.
Fue entonces cuando Rumi se decidió a proteger a los europeos. Consiguiendo una fecha en Roma, otra en Milán, otra en París y en Alemania. E incluso, tras un largo debate, consiguió fechas para Praga, en Zagreb y en Varsovia.
Solo les quedaba América.
—Estarás feliz de saber que la empresa quiere recorrer todo Estados Unidos. —Empezó. —Quieren empezar con California. Luego de ahí serían Las Vegas, Texas, Miami, Michigan, Chicago, Washington, Seattle, Minnesota y Nueva York para nuestro tour.
Zoey frunció el ceño, haciendo el esfuerzo por si faltaba otra ciudad importante de Estados Unidos. Pero llegó a la conclusión de que no.
—¿Qué más? —preguntó, haciendo que Bobby empezara a sudar.
—Bueno… Habrá un par de fechas en México. —Prosiguió. —Una fecha en la capital.
—¿Una? —Mira lo interrumpió, escéptica. —¿No es México nuestro tercer o cuarto lugar con mayor streaming? Una fecha se quedará corta.
—Estoy de acuerdo con Mira. —Dijo Rumi. —Siempre veo comentarios en los lives que vienen de México. Que sean dos fechas.
—Yo diría tres. —Completó Zoey. —Tres fechas en Ciudad de México, y una en Guadalajara o en Monterrey. Te aseguro que estarán sold out.
—Pero…
—Creo que ya tendrán listo el Estadio Azteca, el Akron o el BBVA. Hay capacidad de sobra.
Bobby no estaba seguro de cuándo Zoey se había vuelto tan experta en estadios de México. Solo asintió con la cabeza y los anotó. Tendría que pelear con las compañías por eso.
—Bien, lo anoto.
Zoey asintió, pero siguió hablando.
—Oh, y para los boletos en México, busca la manera de que Ticketmaster no venda los boletos. Tienen problemas de reventa y precios inflados. Podemos usar nuestra propia plataforma.
Bobby palideció. Otro problema más que solucionar. Pero no es que tuviera decisión; de alguna manera, sabía que Zoey se enteraría si no cumplía sus peticiones.
Y nadie quería decirle que no a Zoey.
—Me encargaré de que Ticketmaster no se encargue de la venta.
—Gracias, Bobby. —Soltó, marcando los lugares en el mapa. Por supuesto, ninguna de las chicas sabía ubicar a ‘Guadalajara’ en el mapa. De hecho, dudaba que supieran pronunciarlo.
—Me sigo preguntando cómo es que ubicas tantos lugares en el mapa. —Murmuró Rumi, viendo los lugares donde Zoey había puesto el pin. —Es increíble.
—Un día les voy a hacer un examen de geografía. —Respondió Zoey, rodando los ojos. —No puede ser que tú ubiques nada más Rusia, China y Japón, y que Mira no sea capaz de ubicar a Marruecos en el mapa.
—Bueno, no es como que esa clase fuera muy importante aquí. —Se defendió Mira. —Aunque sea, aquí sigue siendo una materia obligatoria. No se puede decir lo mismo en Estados Unidos.
Zoey ya no dijo nada.
—¿Qué otro lugar lo tienen planeado? —preguntó Zoey. Bobby empezó a hiperventilar.
—Eh… Nada más. —Murmuró, riendo nerviosamente. —Solo estaban planeando esos lugares, y honestamente, creo que..
—¡Claro que no! —exclamó Zoey, ofendida. —Si es una gira mundial, ¿crees que es justo poner fechas en todo Estados Unidos y no en el resto del mundo?
—Zoey, solo de las fechas que planeamos, terminamos con… —Bobby quiso debatir sobre el cansancio. Sería un año entero viajando solo a los lugares que llevaban, pero Zoey no lo dejó.
Se puso de pie, tomando varios pines en sus manos y clavándolos en diferentes partes de Sudamérica.
—Deberíamos dar una fecha en Canadá. —Declaró, poniendo un pin en Quebéc. —Otra fecha en Colombia, en Perú y Argentina. Dos fechas en Chile… Y tal vez tres en Brasil. Lo último que necesitamos es una polémica al nivel de Dove Cameron Brasil.
¿Dove Cameron Brasil? ¿Qué era eso?
Nadie sabía de qué rayos estaba hablando Zoey, pero lo importante era que tenían que cumplirlo.
—¿Por qué no has dicho nada de ese lugar? —Rumi se atrevió a preguntar, señalando un enorme pedazo de tierra. —Ve… Ve… Venezuela.
Zoey hizo un esfuerzo para no reírse por la forma rústica de Rumi de hablar español.
—Hay un bloqueo comercial ahí. —Explicó rápidamente. —Aunque me encantaría, no podemos ir para allá. Es por eso que no mencioné nada.
—Oh. —Rumi dio un par de pasos hacia atrás.
Mira se seguía preguntando cómo era que Zoey sabía eso, si nunca veían el canal de noticias.
—Bien. Entonces… ¿Ninguna fecha más? Terminaríamos la gira por América en Argentina, entonces. —Siguió Bobby, organizando todo.
Un poco nerviosa, Zoey bajó la mirada antes de preguntar de nuevo.
—¿Podemos agregar una fecha en Puerto Rico? —preguntó. —Sé que es una isla y seguramente sea en el estadio más pequeño de todos, pero… El Estadio Hiram Bithron está bastante bien… Me gustaría poder ir.
Zoey sabía que era imposible. Sabía que no tenía ninguna posibilidad. Estaba lista para escuchar a Bobby decir que no podía cumplir esa petición.
Era un sueño imposible.
—Bien. Una fecha más para Puerto Rico. Creo que puedo ponerla tras las fechas de México, Perú y Colombia. —dijo Bobby.
Zoey abrió los ojos de la impresión. ¿En serio le había dicho que sí?
—Solo una pregunta. —Mira habló, frunciendo el ceño. —¿Dónde rayos está Puerto Rico?
A la mañana siguiente, Zoey las estaba esperando con un Kahoot de geografía y la canción de los países.
—¡Buenas noches, México!
A través de los audífonos, Rumi podía jurar que escuchaba el estruendo de los gritos y vitores. En Estados Unidos no eran tan ruidosos.
Era la primera vez que llegaban a un país latinoamericano. Era la primera vez que Huntr/x se presentaba en uno de esos países, y el recibimiento era sencillamente… Brutal. Eran gritos y vitores que nunca había escuchado en ningún lugar antes.
Empezando porque nunca le había pasado que el público cantara con ella la canción completa, en vez de solo escucharlas.
Zoey les había obligado a aprender algunas palabras en español por alguna extraña razón. Ahora entendían el porqué. La gente se había vuelto loca con solo decir esas palabras.
Aunque era extraño, porque en el libreto, las únicas que hablaban español eran Mira y Rumi. Zoey no decía una sola palabra.
El ambiente en el Foro Sol era una caldera de energía humana. De alguna manera, Bobby había logrado conseguir que Ocesa les diera el Foro Sol sin necesidad de incluir a Ticketmaster en el paquete.
Eso sí que era un milagro.
Y por eso, el ambiente se sentía mucho más entre fans. Lleno de Lightsticks y carteles de amor a las chicas.
—¡Hola, México! —gritó Mira, acercándose al borde del escenario. Las pantallas gigantes mostraron su rostro sudado pero radiante. —Nosotros... nosotros muy felices de estar aquí. ¡Ustedes son muy ruidosos! ¡I love it!
El rugido que siguió casi la tumbó. Rumi, por su parte, se acercó al micrófono con una sonrisa pícara, recordando las tarjetas que Zoey les había obligado a memorizar en el avión.
—¡Nosotras estar felices de estar aquí! —exclamó Rumi con un acento coreano-inglés bastante marcado. El público estalló en carcajadas y gritos de adoración. —¡Viva México, cabrones!
Esa última frase, que probablemente Bobby no habría aprobado, y que estaba provocando que el equipo de relaciones públicas en Corea tuviera varios microinfartos, hizo que el estadio literalmente temblara. Mira y Rumi se miraron, asombradas. Habían estado en Tokio, en Seúl y en Londres, pero esto era otro nivel de intensidad. La gente no solo coreaba; la gente rugía cada sílaba de las coreografías.
Sin embargo, en el centro de toda esa euforia, Zoey parecía estar en su propio mundo.
Cuando tuvieron un pequeño descanso y mientras cambiaban su outfit, Mira le habló.
—Es increíble... —jadeó Mira, bebiendo agua. —Nunca vi a tanta gente gritando de emoción al mismo tiempo. Zoey, ¿no es asombroso?
Zoey simplemente asintió, secándose el cuello con una toalla. Su mirada recorría el mar de luces de los lightsticks, pero sus ojos parecían estar enfocando algo a kilómetros de distancia.
—Sí, es impresionante —respondió Zoey, sonriendo ligeramente.
—Anda, diles algo. Practicaste más que nosotras —le susurró Rumi, mientras se ponían en la plataforma para salir al escenario.
En la siguiente pausa, Zoey tomó el micrófono. El estadio quedó en un silencio expectante, listos para escuchar su voz. Ella abrió la boca, pero la cerró de inmediato. Un destello de algo parecido a la melancolía se cruzó por su rostro.
—Thank you for coming tonight —dijo finalmente, de nuevo en inglés, con una voz que sonó extrañamente plana.
Aunque, claro, la traductora del concierto estaba ahí para traducir todo lo que Zoey decía.
—Next song is… wait! —Mira gritó, deteniendo la música con un gesto exagerado de sus manos. —Wait, wait! ¡Queremos jugar!
El estadio rugió ante la interrupción. Era el momento de la dinámica de interacción, esa parte del concierto que las chicas habían hecho en todos los conciertos. Cuando las chicas elegían a personas al azar para subir al escenario con ellas y compartir un momento.
—¡Vamos a subir a tres personas! —anunció Rumi en inglés, y luego, mirando su mano donde tenía escrita la traducción fonética, gritó en el micrófono. —¡Subir aquí! ¡Con nosotras!
La histeria fue inmediata. Brazos, carteles, peluches del Dr. Simi y lightsticks se agitaron violentamente en las primeras filas. Era obvio a quiénes elegirían. Siempre era igual en todos los conciertos. Los fans de la primera fila, los que habían pagado los paquetes VIP más costosos, eran los afortunados.
Mira señaló a una chica que lloraba desconsoladamente sosteniendo un cartel que decía "MIRA, MARRY ME".
—¡Tú! —gritó Mira, lanzándole un beso. —¡Sube! Security, please help her!
Rumi no tardó en elegir a su favorito. Un chico vestido con una réplica exacta del vestuario del video de debut de Huntr/x.
—¡Y tú! ¡Me gusta tu estilo! —le guiñó un ojo.
Las dos personas elegidas eran izadas por seguridad hacia el escenario, temblando de emoción. Entonces, todas las miradas se volvieron hacia Zoey.
Ella estaba parada en el centro, con el micrófono en una mano y la otra en su cadera. No miraba a la zona VIP. Ni siquiera miraba a la zona General A, donde los fans gritaban con desesperación, estirando las manos como si pudieran tocarla.
Zoey entrecerró los ojos, ignorando las luces que la cegaban, y levantó la vista. Miró hacia arriba, pasando la zona de pista, pasando las primeras gradas, hasta llegar a la parte más alta y lejana del Foro Sol. A esa zona donde las figuras humanas eran apenas puntos borrosos, donde el boleto era más barato, pero la pasión se sentía igual de intensa. La zona donde la gente veía el concierto a través de las pantallas porque el escenario les quedaba a kilómetros y sentían la pared del Foro Sol.
—¿Zoey? —preguntó Mira, confundida al ver que su compañera no elegía a nadie de enfrente.
Zoey se llevó el micrófono a la boca.
—Camera... —Ordenó, señalando con su dedo índice hacia la oscuridad de las gradas superiores. —Point the camera up there. Way back.
El camarógrafo, confundido, siguió la dirección del dedo de Zoey. En las pantallas gigantes, la imagen hizo zoom, pasando por encima de miles de cabezas hasta enfocar la zona más alta.
—Here —dijo Zoey.
En la pantalla apareció un grupo de fans en la última fila de la última grada. Apenas se veían por la distancia, pero uno de ellos estaba agitando una bandera enorme con el logo de Huntr/x, saltando con tanta energía que parecía que iba a caerse de la estructura. No le importaba estar lejos; estaba viviendo el mejor momento de su vida.
—El de la bandera —exclamó, en su inglés más americano posible. —Que baje.
El estadio se quedó en silencio por un microsegundo, procesando lo que acababa de pasar, antes de estallar en un grito ensordecedor que superó todo lo anterior. El respeto por Zoey había aumentado enormemente en ese momento. Zoey acababa de ignorar a los ricos de la primera fila para elegir a alguien que probablemente había ahorrado meses para pagar el boleto más económico.
—¿De... de hasta allá? —preguntó Rumi, con los ojos muy abiertos. —Va a tardar en bajar.
—Esperaremos —respondió Zoey simplemente, cruzándose de brazos.
Por primera vez en toda la noche, una sonrisa genuina, pequeña y casi imperceptible, curvó la comisura de los labios de Zoey mientras veía en la pantalla gigante cómo el fan de la bandera casi se desmayaba de la impresión y empezaba a correr escaleras abajo escoltado por el staff.
La multitud comenzó a corear, golpeando el suelo con los pies, haciendo vibrar el concreto del Foro Sol.
Mientras esperaban a que el chico de la bandera lograra bajar desde la estratósfera del Foro Sol y cruzar las vallas de seguridad, Rumi y Mira mantuvieron al público entretenido.
—So... —Rumi se paseaba por el escenario, jugando con su micrófono. Miró a la chica que lloraba y al chico del cosplay que ya estaban arriba, temblando de emoción junto a los guardias. —We have time for questions! ¿Preguntas? ¿Ustedes tener preguntas?
La traductora, una mujer invisible desde algún lugar del backstage, tradujo rápidamente la instrucción por los altavoces, aunque la mayoría había entendido.
El chico del cosplay, que llevaba una peluca idéntica a la de Rumi, fue el primero en recibir el micrófono. Estaba hiperventilando.
—I love you, Rumi! —gritó, casi rompiendo los tímpanos de todos. —Your... your hair is beautiful!
Rumi soltó una carcajada y tocó su propio cabello.
—Oh, thank you! —respondió en inglés, guiñándole el ojo. Luego, intentando recordar sus lecciones, agregó. —Tu pelo... también... muy bonito. Very cool.
El público vitoreó el intento de español. Luego fue el turno de la chica que Mira había elegido. Apenas podía hablar por el llanto, pero logró balbucear una pregunta sobre cuándo volverían. Mira, conmovida, respondió con un dulce "Pronto, promise", mientras la abrazaba de lado.
Finalmente, el chico de la bandera llegó al escenario. Estaba bañado en sudor por la carrera, con el pecho subiendo y bajando violentamente, pero con una sonrisa que le partía la cara. Zoey, que se había mantenido en un segundo plano bebiendo agua, dio un paso adelante.
—You made it —dijo Zoey, sonriendo y riendo a su lado. —Nice flag.
El chico parecía a punto de desmayarse. Estaba viviendo el mejor momento de toda su vida, sin duda alguna
—Thank you, Zoey... thank you... —jadeó, aferrándose a su bandera como si fuera un salvavidas.
El ambiente era perfecto. La conexión entre las idols y los fans estaba en su punto máximo. Rumi, sintiéndose confiada por la buena vibra, decidió darle el micrófono una vez más al chico del cosplay.
—One more thing to say? —preguntó Rumi, animada. —¿Algo más?
El chico asintió con vehemencia. Se notaba que había recuperado la compostura y ahora se sentía envalentonado por estar frente a miles de personas y junto a sus ídolos. Sus ojos recorrieron a las tres chicas y luego el escenario.
Pensaba que estaba a punto de dar el mejor elogio de todos.
“Chicas, realmente es un honor que estén aquí. Ustedes son un icono mundial. De aquí, deben ir directo a los Grammy y al Super Bowl. Porque ustedes sí saben hacer música, y no como lo que se escucha ahora aquí.”
La sonrisa de Zoey se desmoronó inmediatamente. Era como si un chip se le hubiera activado en la cabeza.
Zoey podía hacer muchas cosas, pero no tolerar comentarios como ese.
El silencio que siguió al comentario del chico no fue absoluto, pero la temperatura en el escenario descendió bajo cero en cuestión de milisegundos. Rumi y Mira no entendían nada de lo que acababa de decir. Al menos, no hasta que la traductora se lo dijera, pero captando que el tono había sido… arrogante.
Pero Zoey…
Zoey no parpadeó. Su mano, que sostenía el micrófono relajadamente a un costado, se tensó hasta que los nudillos se pusieron blancos. Dio un paso hacia el chico, lentamente. Le arrebató el micrófono de la mano al chico con un movimiento, sobresaltando a todos. Se acercó tanto a él que el chico retrocedió, asombrado.
Y entonces, el inglés perfecto desapareció. Lo que salió de su boca fue fuego puro, con un acento y una cadencia que nadie en ese estadio había escuchado jamás.
—Mira, genio. —escupió Zoey, y el micrófono retumbó con la fuerza de su voz. —¿Tú te crees que porque te traje a esta tarima tú tienes derecho a faltarle el respeto a la gente?
El chico se quedó paralizado, con los ojos como platos. No entendía qué estaba pasando. ¿Zoey hablaba español?
—¿"Lo que se escucha aquí"? —repitió Zoey, imitando el tono despectivo del chico, con una mueca de asco—. ¡Tú lo que eres es un traidor! Vienes aquí, a mi show, a tirarle a la música latina, ¿y te crees que me vas a impresionar?
Rumi y Mira se miraron, igual de sorprendidas que el público por escuchar a Zoey.
¿Desde cuándo Zoey hablaba español? ¿Y tan bien?
—¿Zoey…? —intentó intervenir Mira, pero Zoey levantó una mano, callándola sin mirarla.
Zoey volvió a clavar la mirada en el chico, señalándole el pecho con un dedo acusador, golpeando el aire al ritmo de sus insultos.
—¡Ustedes son latinos! ¡Ustedes inventaron muchos de los mejores ritmos de la música! —gritó, y su acento puertorriqueño se marcaba en cada sílaba, comiéndose las eses y golpeando las erres. —¡No seas tan pendejo de venir a denigrar lo tuyo pa’ lamerle las botas a los de afuera! ¡Ten un poco de dignidad!
El estadio estaba en shock. Nadie respiraba. El acento era inconfundible. Zoey estaba hablando con un perfecto acento caribeño.
—¡A mí no me vengas con esa mierda de música de verdad, mamabicho! —continuó, ya sin filtro alguno. —Si no sabes respetar tus raíces, entonces no me respetas a mí. Así que te me ubicas, o te bajo yo misma de aquí a patadas. No quiero fans como tú. No nos uses para atacar a otro artista, puñeta…
Zoey señaló las escaleras con un gesto imperioso.
Entonces, el chico, saliendo ligeramente del shock, volvió a hablar.
—¿Zoey de Huntr/x acaba de insultarme en caribeño? ¡Estoy viviendo en una realidad alterna!
Los vítores y los gritos se hicieron mucho más grandes y estruendosos.
“ZOEY, INSÚLTAME A MÍ TAMBIÉN”
“¡ZOEY HABLA PERFECTO ESPAÑOL!”
“ZOEY, SIÉNTATE EN MI CARA E INSÚLTAME COMO A UNA DE TUS CHICAS FRANCESAS"
—Zoey... what did you say? —susurró Rumi, acercándose con cautela, viendo todo lo que había pasado, mientras seguridad se llevaba a los chicos.
Zoey pareció despertar en ese momento. Miró a Rumi, luego miró al público que gritaba eufórico, y finalmente se dio cuenta de lo que acababa de hacer. Su máscara se había roto en mil pedazos frente a 65,000 personas.
El color abandonó su rostro. Se llevó una mano a la boca, horrorizada.
—Oh, shit —susurró en inglés. Ya había cambiado de chip.
Zoey soltó un suspiro cuando salió del baño del hotel. Actualmente, su nombre era la tendencia número uno en Twitter y las redes sociales no paraban de mencionarla.
#ZoeyEspañol
#ZoeyCaribeña
#ZoeyInsultando
No había una persona que no estuviera hablando de ello. Incluso estaba en todas las noticias de espectáculos de Latinoamérica y de Corea.
Evidentemente, la empresa había salido a dar disculpas, y a exigirle que también las diera. Pero más que por imposición… Zoey estaba haciendo eso por ella misma.
Tomó su celular, buscó la cuenta de TikTok que tenía y empezó su live.
Primero no fueron nada más que un par de saludos y esperar a que la gente se uniera.
—Rumi y Mira salieron a cenar. Se supone que las alcanzaré pronto, pero… Primero quería hacer esto.
Irremediablemente, las preguntas sobre lo que había pasado empezaron a llegar. Supuso que ya no tenía más opción.
—Sé que… Tengo que dar algunas explicaciones. —Empezó, bajando la mirada, en un perfecto español. Los comentarios empezaron a aumentar y volverse locos. —Pero, en primer lugar, quería pedir una disculpa sincera por mi comportamiento. Para nada fue correcto que insultara a un fan de esa manera, y prometo trabajar sinceramente en ello.
Un montón de corazones aparecieron en la pantalla.
—Para los que se preguntan… El español fue la primera lengua que aprendí. Incluso antes que el coreano. —Confesó, con la mirada perdida. —Mi abuela era puertorriqueña, mi abuelo era estadounidense. Mi madre hizo un viaje una vez de joven y así conoció a mi padre. Se quedó a vivir con él en la isla cuando nací. Durante diez años, yo nací y crecí en Puerto Rico, como una boricua más.
Zoey hizo una pausa, mordiéndose el labio inferior mientras leía los comentarios que pasaban a la velocidad de la luz. "Boricua", "Reina", "¿Por qué lo ocultaste?” Suspiró, apartando un mechón de cabello de su rostro.
—Pero las cosas cambiaron. —Continuó, su voz bajando un poco el volumen, volviéndose más íntima. —Mis padres se divorciaron. Fue una época complicada, económicamente difícil. Mi papá se tuvo que ir primero a Estados Unidos para buscar un mejor trabajo que pudiera permitirle vivir independientemente. Y cuando cumplí diez años… Me mudé definitivamente con él a California. A Burbank.
Zoey miró a la cámara, pero sus ojos parecían traspasar la pantalla, recordando esa transición.
—Ahí fue donde… no sé, supongo que empecé a guardar esa parte de mí en una caja. —Admitió, jugueteando con sus dedos. —California era diferente. Luego vino el sueño de ser idol, las audiciones, mudarme a Corea, el entrenamiento… Todo pasó muy rápido. Y de repente, hice las matemáticas.
Hizo una pausa dramática, dejando libres sus pensamientos.
—Tengo veintitrés años. He vivido trece años fuera de Puerto Rico. He vivido más tiempo lejos de mi tierra que en ella. —Su voz tembló ligeramente. —A pesar de todo, a pesar de poderlo leer e intentar no olvidarlo, mi español a veces se traba. A veces olvido palabras y tengo que buscarlas en Google. Mi acento se ha mezclado con el inglés y el coreano. Y empecé a sentir que… que ya no era lo "suficientemente latina".
Se encogió de hombros; una sonrisa triste apareció en su rostro.
—Me daba terror decirlo. —Confesó, mirando directamente al lente. —No quería ser esa chica que usa su herencia como una estrategia de marketing. Sentía que si lo decía, la gente pensaría que me estaba aprovechando, o que era una falta de respeto para los que sí viven allá, los que luchan día a día en Latinoamérica. Yo soy una chica privilegiada que vive en un apartamento lujoso en Seúl… ¿Con qué derecho me iba a llamar latina?
Suspiró profundamente, sintiendo que se quitaba un peso de encima que llevaba cargando desde el debut.
—Me sentía una impostora. Un fraude. Pensé que era lo más respetuoso que podía hacer, ya saben, no ocupar un espacio que sentía que ya no me pertenecía.
Zoey se rio suavemente, una risa sin humor.
—Pero no sé... Siempre intenté mantener las cosas. Hablaba con mi padre en español. Mis abuelos fueron y me criaron. Crecí viendo chistes y comentarios en español. Y bueno… No sé, no me gusta cuando alguien menosprecia la cultura con la que crecí. Lo tomé muy personal.
Zoey cerró los ojos por un segundo, preparándose mentalmente para el golpe. Esperaba leer palabras como "falsa", "gringa", "aprovechada" o "whitewashed". Su pulgar se quedó estático sobre la pantalla, temiendo hacer scroll y confirmar sus miedos.
Pero cuando finalmente se atrevió a mirar, el chat no era una zona de guerra. Era un abrazo masivo.
Banderas de Puerto Rico, México, Colombia, Argentina y Chile inundaban la sección de comentarios, moviéndose tan rápido que parecían un río de colores.
"¿Impostora? Nena, acabas de insultar en boricua fluido, eso no se finge."
"¡SABÍA QUE TENÍAS SAZÓN! ¡LO SABÍA!"
"La sangre llama, Zoey. Eres nuestra."
"¡Zoey latina canon event!"
"No te disculpes por proteger tu historia, te amamos."
Zoey parpadeó, sintiendo que un nudo en su garganta, uno que ni siquiera sabía que tenía, comenzaba a desatarse. No había odio. Solo una bienvenida eufórica, como si una familia perdida hace mucho tiempo finalmente le abriera la puerta.
Entre la marea de amor, un comentario en mayúsculas, fijado por la cantidad de likes que recibió en segundos, captó su atención.
"ESPERA, SI ERES BORICUA... ¿SIGNIFICA QUE SIEMPRE NOS ENTENDISTE? ¿LEÍAS LOS MEMES Y LOS CHISMES EN ESPAÑOL TODO ESTE TIEMPO?"
Zoey leyó la pregunta en voz alta, y de repente, la tensión en sus hombros se rompió. Una carcajada sonora, genuina y un poco escandalosa, escapó de sus labios. Se echó hacia atrás en el sofá, cubriéndose la cara, pero esta vez por pura diversión.
—Ay, Dios mío… —dijo entre risas, negando con la cabeza. Ya no había vuelta atrás. Se acercó al teléfono, con los ojos brillando con una picardía que los fans rara vez veían. —Sí. Sí, los leía. Los leía todos.
El chat estalló en caos. Emojis de payasos y caritas gritando llenaron la pantalla. En un buen tiempo, Zoey finalmente se dejó llevar por el ambiente.
