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Nebulosa

Summary:

Parece irreal lo iluso que puede ser un corazón enamorado en ocasiones, perdonando todo con tal de obtener algo a cambio. Tal vez el problema de Taehyung es que ama demasiado y perdona muy rápido.

No se sorprendió al descubrir esa noche que la farsa seguía igual de firme que la primera vez, pero sí le sorprendió que la persona que alguna vez había dicho amarlo ahora lo tratara con tal brutalidad. También le sorprendió que un completo extraño estuviera más dispuesto a protegerlo que su propia pareja.

"Taehyung lo miró, regalándole una sonrisa genuina, tal vez la única que había tenido esa noche.

—Gracias, en serio —dijo el rubio.

—No hay nada que agradecer —Jungkook sonrió dulcemente en su dirección, con un brillo en los ojos que se abría paso incluso en la densa penumbra"

Chapter 1: Uno

Chapter Text

—Jeon Jungkook, ¿qué te dije de distraerte? ¿Me vas a obligar a poner cortinas en la ventana?

El joven desplazó la vista del extenso jardín hacia su madre, la cual lo miraba con una expresión fría y penetrante desde el marco de la puerta. Volvió a fijar su atención en el libro bajo sus manos, pero las palabras escritas se volvían ilegibles. Movía la birome nerviosamente, mientras por el rabillo del ojo observaba cómo aquel cuerpo imponente se acercaba.

—Dame eso —dijo la mujer mientras tomaba entre sus manos el cuaderno. Empezó a arrancar las hojas, una por una, mientras el niño lo miraba con los ojos dolorosamente abiertos.

El sonido de una hoja siendo arrancada y hecha un bollo se repetía, incesantemente, mientras veía como el piso se llenaba de pelotas blancas de papel, empezando a ocultar el sofisticado parquet amarronado.

—Sos un inútil, nada haces bien. Pero vas a aprender, por las buenas —otra hoja arrancada— o por las malas.

Se repetía y el suelo desaparecía. Llevó sus manos a las orejas y cerró los ojos con fuerza, pero el ruido no cedía, se repetía. Se repetía y se repetía y se r...

Abrió los ojos rápidamente, llevando una mano instintivamente a su corazón que latía con ferocidad bajo su pecho. La ausencia de sonido que lo rodeaba resultaba reconfortante. Intentó respirar hondo, procurando estabilizar su respiración, pero sus pulmones exigían oxígeno violentamente, irritados tras una larga privación. Una extraña sensación empezó a invadirlo, un hormigueo en su estómago que lo incomodaba.

No pensaba. Su mente no podía trabajar, estaba tan nublada como una tarde gris de otoño, pero el miedo no necesitaba de la razón para ser y apoderarse de sus sentidos. Las manos empezaban a picarle y su corazón no quería parar, estaba decidido a agitarse hasta el cansancio. Se reincorporó en la cama violentamente y cerró sus ojos con fuerza, las lágrimas empezaban a caer desesperadamente intentando inundar el lugar. Su cuerpo había tomado el protagonismo absoluto, bloqueado cualquier pensamiento que amenazara con salir.

No supo exactamente cuánto estuvo así pero se sintió como una eternidad. Por mucho que lo intentara sentía que su cuerpo estaba fuera de control, castigándolo con una desobediencia arrasadora. El miedo, la más primitiva y enceguecedora de las emociones, era la única sensación que lo acompañaba. No ayudaba que lo único que viera a su alrededor al abrir los ojos fuera una oscuridad tan absoluta que volvería imperceptible incluso un agujero negro. Su atención estaba puesta única y exclusivamente en su respiración que no parecía dispuesta a ceder antes sus súplicas, llevándolo hasta el ahogo.

No fue hasta un tiempo después que sintió que la tensión empezaba a ceder. Enterró la cara en sus rodillas flexionadas y se abrazó con fuerza a sus piernas mientras las lágrimas seguían cayendo sin cesar. A través del agua y de sus gimoteos quiso drenar todo el dolor que pinchaba en su corazón. El recuerdo del sueño empezó a abrirse paso entre las nubes de su mente, haciéndose más claro. Sollozó más fuerte deseando que fuera solamente una producción ingeniosa de su cerebro, pero la imagen se impuso cada vez más nítidamente, adquiriendo las cualidades de un recuerdo que por mucho tiempo intentó sepultar.

Se estiró débilmente para encender la luz del velador y la claridad expuso la habitación. Blanca, fría, vacía. El silencio se extendía en el exterior y en su interior. Miró el reloj verificando que era plena madrugada, aunque carecía de importancia, de todos modos no volvería a pegar un ojo en toda la noche.

El contraste entre el piso helado y el calor de su cuerpo lo hizo estremecerse, aliviado, sin embargo, de volver a sentir una sensación tan básica. Caminó intuitivamente a la cocina en medio de la oscuridad, desesperado por servirse un vaso de agua que bebió con la misma velocidad que lo haría un extraviado en medio del desierto.

Podía ver el patio sumido en una siniestra penumbra desde la gran ventana, apenas iluminado por la imponente luna que decoraba el cielo aquella noche, pese a lo cual brillaba más que su sombrío hogar.

No intentó encender la luz, simplemente se sentó en la gran isla, dejando que los pies le colgaran a metros del suelo. Cerró los ojos mientras su mente deambulaba sin un hilo conductor. Después de tantos años, se había acostumbrado a que sus pensamientos lo atormentaran a cualquier hora del día, no era una sorpresa que les gustara controlar sus sueños de vez en cuando. Su cuerpo, sin embargo, no quería saber nada al respeto, podía sentir su rechazo expresarse en cada lágrima y en cada doloroso apretón de su corazón, pero no podía ayudarlo. Por más que quisiera consentirlo e ir por los caminos que exigía, estaba fuera de su control. Su mente tenía el mando, y él no tenía poder sobre ella.

Su corazón volvía a estar en calma, acompañando el estado de ensoñación en el que se estaba hundiendo. Abrió los ojos lentamente y otra vez el patio oscuro lo recibió. Faltaban horas para que volviera a adquirir su verde habitual y eso, por alguna extraña razón, lo angustió. El árbol imponente, cuyas grandes ramas eran decoradas por hermosas hojas que otorgaban alivio en el caluroso verano, apenas lograba distinguirse del resto del paisaje. Los pájaros no cantaban ni revoloteaban libremente de una punta a la otra. Las flores estaban ocultas por una negrura asfixiante que comía todo su color. Apenas podía verse una zona iluminada de la calle, separada de su propiedad por una frondosa ligustrina que no terminaba de tapar todo cuanto se hallaba tras ella.

—¡Te dije que me dejes en paz! —dijo una voz extraña. Se sorprendió de lo fuerte que sonó el grito, aún cuando venía del exterior. Intentó localizar a alguna persona en la limitada visión que le era permitida.

Podía distinguirse que una voz respondía pero no lo suficientemente alto como para entender el mensaje. Dudó un instante, no sabía lo que sucedía, pero al oír que la discusión no cesaba, bajó de la isla rápidamente y salió por la puerta trasera hacia el patio. Temía que alguna persona pudiera estar en peligro. Las voces se hicieron más claras en el exterior.

—Estas exagerando, no te vayas así —dijo una voz masculina.

Pudo ver como dos cuerpos venían bajando por la calle, uno caminaba rápido y notablemente furioso mientras el contrario lo seguía como podía.

—¡Taehyung! ¡Fue un error! —volvió a hablar la misma voz y el que venía primero se detuvo en seco en medio de la única luz cálida que adornaba la calle contigua a su casa, girando sobre sus talones.

Agradeció que la ligustrina escondiera su presencia en la oscuridad. La visión era reducida pero lo suficiente clara como para ver los movimientos de ambos chicos.

—¿Un error? —dijo con indignación el chico bajo la luz, siendo por fin alcanzado por su perseguidor— El error fue mío por haberte dado una oportunidad.

—No podes irte así. ¡Estás exaltado! Dejame que te pida un taxi al menos.

—¡No quiero nada de vos! —el grito volvió a asustar a Jungkook. Vaya, ese chico tenía buenas cuerdas vocales. Rio por la sorpresa pero su sonrisa rápidamente se esfumó cuando vio que el otro hombre, sin nombre aún, lo tomaba fuerte del brazo para arrástralo por el camino que habían venido —¡Soltame imbécil! ¡Gyumin, soltame!

Jungkook no pudo ver mucho más porque sus pies salieron disparados hacía la reja. Abrió la puerta a la velocidad de la luz, agradeciendo haber olvidado poner llave antes de irse a dormir. Corrió hasta el lugar que previamente estaba observando y se detuvo en seco a pocos centímetros de los chicos, sus puños estaban apretados a los costados de su cuerpo y la expresión en su rostro era severa, casi asesina. El desconocido detuvo su marcha, sorprendido por la nueva presencia que los acompañaba, y ambos miraron a Jungkook.

—Te dijo que lo soltaras —su tono era notablemente hostil pero el tal Gyumin no se dejó intimidar, apretando más fuerte el agarre mientras el otro chico soltaba un gemido de dolor.

—¿Y si no quiero? —la forma jocosa en que dijo esas palabras irritó todavía más a Jungkook. Se acercó con paso firme hacía él y, con una fuerza que no sabía que tenía, lo empujó haciéndolo tambalear. Taehyung casi cae al piso también por el movimiento brusco pero logró zafarse del agarre a tiempo, alejándose rápidamente de Gyumin.

—Te voy a romper la cara —dijo Jungkook. Una risa seca salió de los labios del hombre frente a él y los ojos se le transformaron, como los de un león que no soporta que se metan en su territorio. Se reincorporó pero a Jungkook no lo intimidó, sus alturas eran similares y apenas igualaba su musculatura.

—Oigan, cálmense —dijo el tercero, intentando interponerse entre ambos. Teniéndolo ahora más cerca pudo notar que su cabello era de un tono dorado que contrastaba perfectamente con sus facciones.

—No te metas, Taehyung.

Si hasta ese momento Jungkook había mantenido un gramo de cordura, el tono despectivo de Gyumin lo llevó hasta el límite. Una voz en lo más profundo de su ser le decía que parara pero la ira lo cegó. Cerró la distancia que había entre ambos en un instante, agarrando con fuerza su remera entre puños. Sus ojos amenazaban con volverse rojos de la furia y su corazón palpitaba tan fuerte que apenas podía escuchar otra cosa.

—¿Te crees muy vivo, no? —el tipo rio y Jungkook se preguntó qué carajo le hacía tanta gracia.

—¿No te enseñaron a no meterte donde no te llaman, bonito? —las orejas de Jungkook ardieron al escuchar ese apodo. Pudo notar que le estaba divirtiendo su estado colérico, así que optó por otra táctica. Las comisuras de sus labios se elevaron.

—¿No te da pena estar haciendo el ridículo en la calle? Te ves como un idiota abandonado —la burla en su tono golpeó justo en el ego del muchacho, sustituyendo su irritable sonrisa por una mueca de desprecio. Jungkook, en cambio, sonreía triunfante. Se había cruzado con un par de imbéciles así en su vida, sabía cómo tratarlos.

Ojalá la diversión le hubiese durado más tiempo porque al instante un puño se estampó en su cara. Maldijo en voz baja mientras sobaba su mejilla adolorida. Un torrente de odio inyectó sus venas y lo miró con frialdad, no podía detenerse en este punto. Escuchaba a lo lejos como el rubio les hablaba desesperado pero para su mente se sentía como apenas un susurro. Lo exterior y su propio raciocinio carecían de importancia ahora mismo. Tal vez sería de las pocas ocasiones en donde él, su mente y su cuerpo estarían de acuerdo, y estaban enojados, muy enojados.

En un abrir y cerrar de ojos, había devuelto el golpe, desestabilizando a su oponente. Vio la expresión de dolor en su rostro pero no paró, en su lugar, lo empujó hasta dejarlo caer de espaldas. No sentía otra cosa que un odio visceral recorrer su torrente sanguíneo, impulsando sus manos a actuar. Quiso caer encima de él y seguir con el trabajo, nada hubiese deseado más que eso, pero un cuerpo lo jaló hacía atrás. Luchó para soltarse pero el contrario insistía, vociferando palabras que percibía mas no comprendía.

—¡Basta los dos! —de pronto el mero fenómeno acústico se tradujo en una frase y sintió cómo el miedo lo invadía. Pestañeó, incrédulo, y se dejó alejar por el cuerpo detrás suyo. Cayó de rodillas al piso mientras el hombre que había golpeado lo miraba perplejo, dudando en si bajar la defensa o no.

No era propio de él actuar de esa manera. Se había prometido a sí mismo hacía largo tiempo que no se dejaría llevar tan fácilmente por la ira. ¿Qué le había pasado? Algo dentro suyo se había adueñado de él sin notarlo, cegándolo completamente.

Taehyung lo miraba con tristeza y notablemente exaltado, sin saber exactamente que hacer, buscando una respuesta en la miraba de Jungkook que no halló. Él tampoco lo sabía. Volvía, poco a poco, a sentirse eclipsado por un temor intenso.

Escuchó un ruido en la lejanía que avanzaba a gran velocidad. Al girar la cabeza, vio como las luces de la policía se acercaban. Suspiró aliviado aunque una parte suya seguía furiosa. Intentó ignorarla, hacerla callar hasta que...

Volvió a mirar el punto anterior cuando escuchó pasos alejarse. Esto era increíble. Una risa de incredulidad salió de sus labios. No intentó detenerse, aunque la misma voz de antes le gritaba que lo hiciera. Se echó a correr detrás de Gyumin. No hizo falta mucho esfuerzo para alcanzarlo, definitivamente el chico no era un deportista, así que lo tiró al piso, inmovilizándolo bajo su cuerpo. Sus manos picaban, presas del enojo que aún lo invadía, pero no iba a extralimitarse de nuevo.

—¡Soltame idiota! —Gyumin se removía con todas sus fuerzas bajo él.

—¿Y si no quiero?

Las luces parpadeantes no tardaron mucho en terminar a su lado.

♡♡♡

—Te podes ir, Jungkook. Tenés suerte de que te conozca y que el testigo esté a tu favor. ¡No te pelees con gente en la calle, por dios! —dijo el comisario frente a él.

Jungkook lo miró avergonzado, era una situación verdaderamente insólita para ambos. El joven era querido por los vecinos del pequeño barrio, no llamaba la atención ni producía situaciones molestas, mucho menos era su hobby pasar las noches en la comisaría.

—Lo siento, Dowon. Me enojé y no pensé en lo que estaba haciendo —el comisario asintió, completamente resignado.

—Como comisario no puedo decir esto pero como persona de a pie —le dió unas palmadas en la mano de Jungkook que descansaba sobre el escritorio—, no hiciste nada malo. Andá a casa.

El más joven no estaba convencido de eso pero no iba a insistir, agradecía el intento de contención del hombre.

Estaba dispuesto a irse pero una pregunta seguía carcomiendo su cabeza. Mordió su labio inferior, entre avergonzado por estar en esta situación y entre dubitativo por lo que quería preguntar. Se estiró un poco sobre el escritorio para que sus rostros quedaran más cerca. El comisario lo interrogó con la mirada.

—¿Sabés quién es ese tipo? —dijo el azabache casi en un susurro.

—Se mudó hace poco en tu manzana. No lo conozco pero viendo la situación no parece ser de fiar —Jungkook rio mientras volvía a su posición. Todo el barrio sabía que una vez que Dowon se ponía en tu contra, tu estadía estaba condenada. Era un hombre justo y amable con las personas, pero las décadas en el servicio lo habían dotado de una severidad con la que ningún criminal querría cruzarse.

—Bueno, jefe. Me voy, que la noche siga tranquila —mientras salía de la habitación escuchó como el hombre lo maldecía entre dientes. A pesar de todo, se conocían hace tantos años que el trato cordial había desaparecido hacía mucho. 

El pasillo desolado volvió a recibirlo con una quietud espeluznante. La energía pesada en cada esquina del lugar era palpable, dejando en evidencia que uno no estaba en ese lugar por gusto o diversión. El paso de los años se hacía notar en cada grieta que intentaba pasar como parte de la decoración y en los muebles machacados por el descuido y el polvo. No había lugar para perderse, el pasillo y las puertas bloqueadas marcaban solo el camino.

Si para él no era agradable estar allí se imaginó que para el otro joven tampoco. No pudo evitar sentirse culpable, habían terminado en esta situación por haber cedido a sus impulsos. Podría haber ayudado de otras maneras pero dejó que su ira tomara el control absoluto. ¿En qué se diferenciaba del otro hombre si él tampoco pensó en otra opción que no fuera el uso de la fuerza?

Seguía un poco asustado, no era fácil entender como había perdido los estribos dos veces en una sola noche. No dominar sus emociones en alguna que otra ocasión se había vuelto un hecho usual en su vida pero esto... llegar a golpear a una persona, lo asustó. Se consideraba una persona tranquila, duro con las palabras gracias a su profesión, mas no con el cuerpo.

Cuando llegó a la salida, la presencia de su nuevo vecino sentado al lado de la puerta tomó toda su atención, estaba con los brazos cruzados y con un notorio humor de perros. No era su intención provocarlo más, si podía fingir que no lo conocía de ahora en más estaría encantado, así que no lo miró ni por el rabillo del ojo y cruzó la puerta con la seguridad de quien no lamenta nada en su vida, aunque él lamenta tantas cosas, pero no estaba seguro de que esta fuera una de ellas. Es cierto, nunca había estado a favor de la violencia, hasta el punto de que huía de cada posible pelea sin importarle si quedaba como un cobarde. Se sentía culpable por dejar que sus emociones lo dominaran. Sin embargo, solo recordar esa risa soberbia y el aire de superioridad de aquel hombre hacía que pugnara por sofocarlo un fuego intenso en su interior. No podía soportar la idea de que tipos como él se salieran con la suya.

Respiró hondo. Pese a que era una noche estrellada de verano, el clima exterior era notablemente frío. Lo recorrió un escalofrío que le hizo frotar sus brazos descubiertos. A pesar de todo, era un alivio tener tal sensación después de largos días de un calor agonizante. Sus pasos no se detuvieron, siguieron avanzando por el patio delantero hasta que chocó con alguien repentinamente. La cabellera rubia le resultó conocida al instante.

—Lo siento —dijo rápidamente el chico que hacía menos de una hora estaba intentando defender. Jungkook se alejó, nervioso de poder incomodarlo.

—No te preocupes, iba distraído.

—¡No! —Jungkook lo miró extrañado— O sea sí, lo siento por chocarte pero además... —mordió su labio nerviosamente mientras desviaba la mirada. El mayor entendió al instante.

—No te disculpes por eso, no fue tu culpa. Fui yo el que empeoró todo, ¿cierto? No debí meterme

—No, por dios, no pienses eso. Estoy muy agradecido de que estuvieras ahí, no sé qué pretendía hacer ese idiota —su voz portaba un desprecio particular que no pasó desapercibido por el azabache. No sabía qué había pasado exactamente entre ellos, pero le daba pena aquel chico que había terminado envuelto en una pelea entre dos idiotas irresponsables. Lamentaba que la noche terminara así.

—Pero por mi culpa terminamos acá, no pensé en lo que estaba haciendo.

—No fuiste el que lo empezaste, solo te defendiste. Si Gyumin tuviera dos dedos de frente tal vez nos habríamos ahorrado todo esto.

Jungkook no supo qué responder. Lo incomodó el silencio que se extendió entre ellos, incapaz de encontrar el modo de salir de ese aprieto. Las palabras del rubio por más que intentaban servir de consuelo, no detenían el conflicto dentro suyo. 

—¿Tenés en que volver? —dijo para intentar retomar la conversación. Taehyung lo miró extrañado ante la pregunta pero se limitó a negar con su cabeza— Puedo conseguirte un auto para que vuelvas a casa entonces.

—No es necesario —el rubio se había puesto nervioso por la repentina atención. A pesar de que lo había ayudado, seguían siendo completos desconocidos—, ya hiciste mucho por mí.

—A esta hora no se consigue nada acá pero yo tengo a alguien de confianza —Taehyung seguía mirándolo titubeante— Por favor, dejame ayudarte, ¿o preferís quedarte con el quetejedi? —Jungkook señaló con la cabeza hacía la puerta de la comisaría, donde aún retenían al aludido, y soltó una risita nerviosa para aligerar el ambiente. Temía haber pasado un límite, pero cuando el otro rio también en respuesta, se relajó — Perdón si es tu novio pero es un imbécil total —el desprecio en su voz era tan notable que se avergonzó de no poder contenerlo. Taehyung rodó los ojos.

—Gracias a dios ya no lo es —era palpable la dureza que se anudaba a sus palabras.

Un silencio cargado volvió a inundar el ambiente, mientras Taehyung jugueteaba nervioso con su labio. Considerando sus opciones, la más lógica sería aceptar la ayuda ajena pero lo avergonzaba. Ese extraño ya había hecho mucho por él, suficiente culpa sentía ya de ver su mejilla roja.

—Por favor —insistió el azabache, no podía dejarlo en ese lugar solo sin más. Su conciencia se lo recriminaría por meses.

—Está bien —dijo el rubio resignado-, pero ni se te ocurra a pagar.

Jungkook sonrió y tanteó el bolsillo trasero de su pantalón en busca de su teléfono. Se detuvo en seco. No había tal bolsillo trasero porque estaba en pijama, y como había salido disparado de su casa tampoco había tal teléfono. La sorpresa en su rostro se hizo evidente para Taehyung, quien le preguntó qué pasaba.

—Dejé el teléfono en casa —ambos rieron—. ¿Me prestas el tuyo? —Taehyung volvió a dudar.

—¿Para? —Jungkook no entendió la pregunta.

—Para llamar, ¿no?

—¿Te sabés el número del taxista?

—Sí, me sé el número de todos mis amigos —la confusión en el rostro de Taehyung descolocaba cada vez más a Jungkook— ¿qué?

—Nada, es que es raro que hoy en día una persona sepa de memoria un número. Para algo existe la agenda de contactos, ¿no? —sacó el celular de su bolsillo y se lo tendió finalmente— Buena memoria.

—¿Qué harías si perdés todos tus contactos y estás perdido?

—Llorar, probablemente —Jungkook soltó una pequeña risa y tecleó el número en el celular ajeno. Se alejó un poco del menor para hacer la llamada.

Mientras tanto, Taehyung se permitió analizarlo. Lo que resaltaba a primera vista era su imponente tatuaje que decoraba todo su brazo, el cual se notaba tan trabajado como el resto de su cuerpo. Lo segundo que más resaltaba eran los piercings que decoraban su rostro y orejas, junto a un pequeño pero bonito lunar debajo de su boca. Y lo tercero, pero no por eso menos cautivante, sus ojos; eran tan grandes como un abismo pero, aún así, brillaban como un río dorado donde uno agradecería sumergirse hasta su extrema profundidad.

Pese a todo, ese desconocido le generaba una sensación extraña. De algún modo sintió una carga pesada que caía sobre sus hombros, degradándolo, atenuando su brillo natural. No pudo evitar sentir una chispa de tristeza, aunque no supiera siquiera de dónde salía esa intuición y qué tan correcta era.

Cuando cortó, sin mediar palabra, se dirigieron a la plaza ubicada enfrente de la comisaría. El silencio volvió a hacerse presente.

Se sentaron en un banco que apenas estaba iluminado por una luz de calle que intentaba, sin mucho éxito, penetrar los grandes árboles que cubrían la cuadra. La ausencia de movimiento en las calles, a excepción de algún perro que vagabundeaba por ahí, y la ausencia casi de luz, les produjo una tranquilidad absurda para quien haya leído demasiadas novelas criminales; pero ellos agradecían esa quietud después de la tormenta que pasaron, especialmente Taehyung, quién no había podido alejar los pensamientos negativos de su mente.

Jungkook se removía inquieto en su lugar, no sabía si hablar o dejar que el tiempo pasara sin más. Miraba de reojo de vez en cuando al rubio, quien parecía sumido en sus pensamientos.

Pasaron un rato largo así, esperando que el auto llegara bajo la noche estrellada.

Taehyung estaba agotado. Su día podría haber terminado mucho peor pero había tenido la suerte de ser ayudado por un desconocido cuyo nombre ni siquiera conocía. Abrió su boca sorprendido y miró al chico a su lado. Este le devolvió el gesto al instante.

—Ni siquiera pregunté tu nombre —Jungkook rio—, soy estúpido.

—Jungkook me llamo, y supongo que vos sos Taehyung —el tono era juguetón pero al rubio lo irritó pensar en la situación que había llevado a que supiera su nombre. Cuando el azabache vio el cambio repentino de expresión en el más joven, se asustó pensando que había abusado de su confianza. Quiso agregar algo pero las palabras fueron interrumpidas.

—Dios, en serio lo siento. Te hice pasar un momento de mierda —el tono entre apenado y frustrado, quemó el interior del mayor, quien no esperaba esas palabras. Otra vez cualquier discurso quedó atorado en su garganta.

El rubio apoyó los codos en sus piernas y escondió por completo su rostro en la palma de sus manos. Estaba muy enojado consigo mismo por haber permitido que todo esto pasara. Al fin y al cabo era su culpa. Gyumin lo había engañado una vez, se había cagado en su relación sin la menor consideración por los sentimientos de Taehyung, y él, pese a todo, lo perdonó. Pensó que el arrepentimiento era genuino; quiso creer que las citas juntos, las flores con mensajes de disculpas, las visitas a su casa y los regalos esporádicos significaban algo. Quiso creer que todo era real, que Gyumin lo amaba tanto como él lo hacía. Pero todo fue una farsa estúpida que se acabó apenas él cedió y lo perdonó. Reconstruyó, pedazo a pedazo, la confianza en su pareja y él, con una rapidez sorprendente, la volvió a destruir, pisoteándola hasta no dejar ni un rastro del amor que alguna vez se tuvieron. Si acaso hubo un amor recíproco alguna vez.

Su corazón no dolía como la primera vez, más bien estaba decepcionado, pero no de Gyumin sino de él mismo. Decepcionado por creer, por confiar, por volver.

Empezó a expulsar las lágrimas que había venido guardando toda la noche. Quiso dejar todo en esa plaza, cada gramo de dolor existente y cada gota de amor que quedara hacia esa persona.

El azabache a su lado lo miraba sorprendido, sin saber exactamente qué hacer. Su corazón dolía de ver a ese chico tan destrozado, porque aunque no lo conociera podía sentir el dolor que arrastraba. Dudó un instante pero terminó llevando una mano a la melena dorada para acariciarla. Esperó poder darle así alguna contención aunque fuera mínima.

Taehyung se sorprendió por el repentino tacto en su cabello pero no lo alejó, la calidez de las caricias contrastaba dolorosamente bien con el frío arrasador que los rodeaba. Lloró más. Era humillante estar así de destrozado frente a un completo desconocido, pero no podía parar. Era agotador sostener la compostura cuando uno estaba hecho pedazos en su interior.

Las caricias no cesaron en ningún momento, pero las lágrimas sí lo hicieron poco a poco. Su interior se fue sintiendo más a gusto, agradecido de que lo dejara drenar todo lo que necesitaba en ese momento. Liberó a sus ojos y miró directamente hacía la comisaría, separada de ellos solo por una estrecha calle. Se prometió que acá terminaba todo, que acá dejaría esa parte de su corazón que, pesara lo que le pesara, siempre le correspondería un poco a Gyumin; pero no al que estaba adentro de ese edificio sino del que se había enamorado en primer lugar, con el que había vivido años importantes de su vida. Ahora ese Gyumin era solo una ilusión y lo dejaría ir por siempre.

La mano de Jungkook bajó hacia su espalda, sin parar de acariciarlo, intentando alejar la tensión de su cuerpo. Taehyung lo miró, regalándole una sonrisa genuina, tal vez la única que había tenido esa noche.

—Gracias, en serio —dijo el rubio.

—No hay nada que agradecer —Jungkook sonrió dulcemente en su dirección, con un brillo en los ojos que se abría paso incluso en la densa penumbra. Revolvió su cabello por última vez antes de alejar su mano.

El ambiente volvió a llenarse del puro silencio, ahora cómodo y aliviador, al menos para el pobre corazón de Taehyung que le iba a costar un tiempo sanar por completo.

De pronto, un auto se detuvo frente a ellos y Jungkook avanzó en su dirección inmediatamente. Taehyung vaciló un momento pero lo siguió, mientras veía como la ventanilla del auto bajaba lentamente dejando al descubierto a su conductor. Su cabello estaba decorado con claritos dorados que contrastaban bien con su piel morena.

—¡Perdón amigo! Desperté a Seokjin mientras hablábamos y tuve que pasar por un interrogatorio antes de ser liberado —Jungkook rio mientras abría la puerta de atrás. Se apartó haciéndole una seña a Taehyung para que entrara, a lo cual él obedeció instantáneamente, deslizándose por el asiento y saludando al conductor.

—No lo culpo, ¿quién sale de su casa a estas horas? —Jungkook se asomó por la puerta, sin entrar, lo cual extrañó a Taehyung.

—Yo viniendo a salvarte el culo —el azabache soltó una carcajada— ¿No subís?

—Llevalo a Taehyung, yo puedo volver caminando —Jungkook no pretendía causarle más molestias al menor, era mejor así.

—¡¿A esta hora?! —dijo el rubio. La fuerza en su voz sorprendió a los dos amigos—. Estás loco, subí —Jungkook lo miró, indeciso.

—Pero...

—Subí, Jungkook —mientras obedecía la orden sin rechistar, vio como un par de ojos lo analizaban por el espejo retrovisor.

—Hasta tu casa, supongo —dijo Namjoon, para romper el silencio. Arrancó el auto sin esperar la respuesta que no necesitaba, después de todo verificar era una simple formalidad del oficio.

—A mí me dejas en mi casa pero a Taehyung hasta donde te diga él.

—Perfecto pero, ¿vamos a hablar del elefante en la habitación? Porque venirte a buscar a una comisaría es nuevo.

Jungkook se removió incómodo en su lugar, no sabiendo qué decir, no pretendía exponer al rubio sin más. Taehyung lo miró de reojo, notando el porqué de su silencio.

—Fue mi culpa —intervino rápidamente, recibiendo una mirada sorprendida del azabache—, mi ex se portó como un idiota y Jungkook solo me ayudó —el conductor, cuyo nombre todavía desconocía, rio.

—Suena a algo que Jungkook haría —el nombrado puso los ojos en blanco y cruzó los brazos sobre su pecho.

—Es lo que cualquiera haría —se defendió.

El auto siguió hábilmente el camino que conducía al lugar de donde la policía los había sustraído. No tardaron en llegar ya que, después de todo, la comisaría quedaba a pocas cuadras. Jungkook bajó, no sin antes decirle a su amigo que le transferiría toda la tarifa después, a lo cual Taehyung protestó sin éxito alguno.

Se despidieron finalmente y el rubio le regaló una última sonrisa de agradecimiento genuino, esperaba que el receptor supiera cuanto había valorado su ayuda.

Cuando el vehículo retomó su marcha se dejó adormecer por el suave movimiento. Las acogedoras casas con sus patios enormes empezaban a ser reemplazadas por imponentes edificios. El movimiento en las calles se volvió más habitual.

Deseaba estar rápidamente en su cama, envuelto por las mantas y permitirse por fin descansar. ¿Hacía cuánto no se sentía tan liviano? De alguna manera esta situación había hecho que muchas tensiones que al parecer estaban habitando silenciosamente su cuerpo, por fin se fueran. Suspiró aliviado. Por fin había terminado todo. Por fin podría empezar a vivir de nuevo... o eso esperaba.

—Gracias —le dijo al conductor cuando pararon frente a su departamento—. Dejame pagar el viaje, por favor.

—Jungkook me mataría, lo siento. Sus ojos y su cara engañan pero en realidad es terrorífico cuando se enoja —Taehyung no pudo evitar reír porque lo sabía muy bien.

Resignado, bajó del auto y volvió a agradecer antes de cerrar la puerta. El coche desapareció en la calle solitaria y él se adentró al familiar edificio. Agradeció que el ascensor estuviera abajo aguardando por él y no al revés.

No intentó prender las luces, simplemente caminó hacía su cama a tientas y se sumergió en ella. El sueño lo envolvió rápidamente, esperando que aquel chico estuviera disfrutando tanto como él de estar nuevamente en su hogar. Lo que Taehyung no sabía es que no había nada parecido a un hogar en aquella enorme casa.