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medio despiertos

Summary:

Pastor y Diosito enfrentan un castigo. Pastor no puede dejar de pensar.

Work Text:

Había tenido el descuido infernal de quedarse pegado a un tipo tan ridículo como este.
Tampoco es que importara, adentro del penal eran poco y nada; puro cachivache y perdido, pero había algo en Diosito que no le cerraba. No era el pelo, ni la pinta de falopero, tal vez lo que le resonaba era ese rosario que le cuelga del cuello y su lejanía a Dios. Ese apodo estupido. La forma en la que mal hablaba. La vida que acostumbraba. Todo combinado lo hacia una tortura a la vista de Pastor.

No quería escucharlo hablar más, estaba cansado. Tan cansado que no pensó cuando le encajó una trompada.

“...”

Hubo un silencio que parecía eterno. Había funcionado, Diosito estaba callado, pero ahora el pecho de Pastor se le llenaba de angustia y culpa al ver esos ojos llenos de lágrimas. No se trataba de esa lágrima traicionera que cae como reacción natural del cuerpo al ser golpeado. Detrás de esas lágrimas había otra historia.

“Perdóname, Diosito. No sé qué me pasó”

Si sabía. En el fondo sabía que la trompada fue lo único que se le ocurrió para no darle un beso. Porque eso era algo que le pasaba a menudo, querer besarlo. Un pico o algo más pasional. Lo había imaginado un par de veces ya.

Eso era probablemente lo que más le molestaba. Todas esas cosas que le provocaba, y aquellos sentimientos que creía haber podido abandonar volvían a aparecer.

Se sentía avergonzado, toda una vida huyendo para chocarse con una pared en el lugar menos cordial.

“Yo no te hice nada, Pastor. No entiendo porque me tratas así”

Estaban solos en una celda, un retorcido castigo para que dejaran de pelear. Como los nenes chiquitos, arrinconados en penitencia. Un guardia pasaba cada cierto tiempo y provocaba un alboroto, los estaban privando del sueño. De las torturas más antiguas utilizadas por el hombre, un método fácil y rápido que vuelve loco a cualquiera.

“Sabes que pasa, loco. Vos estas zarpado en merca y tenes más noches que la luna, y yo la verdad que no te estaría siguiendo el ritmo. Necesito silencio. Por favor, callate un rato.”

“¿Y por eso me pegas? ¿No tenes un wachin vos? Poca paciencia manejas…”

“Mi hijo no es un pelotudo como vos”

“Esta bien loco, no me bardees más.”

Pastor cerró los ojos otra vez, era en vano, algún guardia se estaba por asomar y acabar con la paz. No pasó mucho tiempo hasta que volvió a suceder, la cachiporra contra las rejas, los gritos y silbidos.

“A ver las nenas si se me despiertan”

No daba más, no tenía forma alguna de saber hace cuanto tiempo estaban así. Su mente estaba jugándole en contra. Tenía escalofríos que no entendía si eran espasmos provocados por su mente aturdida o si genuinamente tenía frío.

“Es mejor esto a que te violen, Pastor.”

El comentario lo tomó de imprevisto, por solo unos segundos había olvidado que estaba ahí. Diosito estaba en silencio desde que habían discutido.

“Mmmh”

“¿Tenes frío?”

“No sé”

“Toma” se sacó la campera deportiva blanca y estiró la mano para alcanzarla. No había caso. Pastor no tenía fuerza para moverse.

Juan se arrastró hasta donde estaba echado Miguel y lo ayudó a ponerse la campera.

Pastor apretó los dientes cuando vio de reojo el rosario de Dios.

“Gracias”

“No estás bien vos… No creo que nos dejen mucho más. No se le puede morir más gente a Galván”

“Tenes mucha fe”

“Poca y nada. Te diría de rezar pero Dios a mi no me tiene en cuenta.”

“Dios jamás se olvida de nadie… Además, si tan poco crees ¿Por qué tenes ese rosario?”

“Era de mi vieja.”

“Ah”

Ninguno se había dado cuenta de que la mano de Diosito nunca se movió de lugar, seguía apoyada sobre el brazo del otro hombre.

“Tenes que aguantar, Miguel. Vos tenes que salir de aca.”

“¿No dijiste recién que nos van a sacar?

“De la cárcel. Vos tenes que salir de la cárcel y no volver más.”

“No es tan fácil, lo sabes más que nadie.”

“Yo no tengo vida allá afuera. Ya no sé quien soy… No sé si quiero salir de aca.”

“No digas pelotudeces, esto no es vida. Afuera podes arrancar de nuevo.”

“Yo no. Estoy maldito yo, Pastor.”

“No creo–”

De nuevo el ruido estalló en sus oídos.