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Un bebé

Summary:

— Quiero un bebé.

La propuesta fue firme y completamente inesperada. Farfadox se atragantó con su propia saliva y comenzó a toser como un enfermo de asma.
—...Rich, ¿Lo dices enserio?

No sabía que responder exactamente a algo así. Era una frase bastante fuerte, y lo era aún más conociendo a la persona de la que provenía. Farfadox se acomodó mejor en el sofá y giró la cabeza hacia Rich: el hombre estaba demasiado tranquilo fregando platos.

— Lo he estado pensando, y me gustaría intentarlo— esboza una pequeña sonrisa ante esas últimas palabras. En realidad, llevaba quizá un mes entero pensando en eso—, pero solo si tú quieres también. No voy a insistir si tú no estás de acuerdo.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

— Quiero un bebé.

La propuesta fue firme y completamente inesperada. Farfadox se atragantó con su propia saliva y comenzó a toser como un enfermo de asma.

—...Rich, ¿Lo dices enserio?

No sabía que responder exactamente a algo así. Era una frase bastante fuerte, y lo era aún más conociendo a la persona de la que provenía. Farfadox se acomodó mejor en el sofá y giró la cabeza hacia Rich: el hombre estaba demasiado tranquilo fregando platos.

— Lo he estado pensando, y me gustaría intentarlo— esboza una pequeña sonrisa ante esas últimas palabras. En realidad, llevaba quizá un mes entero pensando en eso—, pero solo si tú quieres también. No voy a insistir si tú no estás de acuerdo. Tampoco te sientas presionado a querer ser padre, ¿Sabes? Se que ya habíamos hablado de esto, y sé que dije que—.

— Rich— la voz de Farfadox interrumpe la del wither. Se levanta del sofá con rapidez y camina a la isla que separa la sala de la cocina, apoyándose allí— Ya sabes que yo jamás me he cerrado a la idea de ser padre. Ahora no sería la excepción.

Aquellas palabras hacen sonreír internamente a Rich. Oír la positiva ajena hace que le revolotee el estómago.

Después de tantos años, el farfano seguía teniendo esos efectos en él.

— Pero, tu fuiste el que dijo que no quería hijos, ¿Pasó algo para que cambiarás de opinión?

Farfadox está realmente consternado por esta revelación. Le preocupa que Rich esté jugando algún tipo de broma con él, porque no le parece un tema gracioso. Espera que no lo sea, porque no quiere comenzar una discusión.

Rich se queda un rato en silencio, con los ojos fijos en la olla que está tallando, mientras aprieta suavemente la boca con aire pensativo. Su pareja lo mira con notoria expectación, ya preparándose para que Rich le devuelva la mirada y sonría diciendo: "Es una broma". El argentino casi puede degustar el sermón que le dará por la bromita cuando el omega finalmente responde:

— No. Simplemente, quiero intentarlo— Rich por fin lo mira devuelta. No hay una pizca de humor en su semblante; más bien se ve preocupado, pero hay una sonrisa curiosa en sus labios— Nunca creí que estaría listo para tener hijos, pero hace un tiempo me di cuenta de que lo estoy, y me gustaría que los tuvieras conmigo, si no es mucho pedir, claro.

Rich termina de hablar sintiendo que un ojo le lagrimea. Evita la sensación y se enfoca en el hombre frente a él. Farfadox está notablemente sorprendido con sus palabras. El wither duda por un segundo ante lo que acaba de compartir, y se asusta de que su novio pueda haberse espantado con ello. Sin embargo, Farfadox finalmente parece salir del pequeño lapso mental y sonríe. Solo eso. Rodea la isla que los separa y camina hasta Rich, envolviéndolo en un fuerte abrazo.

—...hace un tiempo, eh— dice Farfadox, terminando con el dulce silencio. Rich se ríe y finalmente se aleja de los brazos del farfano—. ¿Desde cuándo estás pensando en un bebé? Pudiste decírmelo antes.

Farfadox se apoya contra la pared y mira a su esposo, quien vuelve a su ardua tarea con los trastes.

— No quería hablarlo contigo hasta que estuviera seguro de lo que sentía— responde Rich—. Y creo que empecé a considerarlo desde hace un mes. Necesitaba analizar bien está decisión.

Farfadox está sorprendido, pero no demasiado. Rich, desde que se conocen, ha sido alguien que analiza cuidadosamente todo. Por lo tanto, un mes no es tanto para sus estándares. Quizá es hasta poco.

— Bueno...entonces, ¿Qué onda?, ¿Querés que empecemos a intentarlo hoy?

Farfadox se cruza de brazos y levanta un pie para frotarlo contra los de su pareja. Rich se ríe y le devuelve una patada suave con un rostro de asco fingido.

— No lo sé, ¿Quizá deberíamos hacer un calendario?

Farfadox parpadea.

— ¿Calendario de que?

Rich sonríe nervioso.

— De qué días lo vamos a hacer. Así podemos ir controlando el proceso, intentarlo en mis días fértiles y...

Farfadox se ríe al ver cómo se le pone colorada la cara al wither mientras explica sus ideas respecto a cómo deberían llevar a cabo este "proceso"; si, es una forma un poco fría de llamarle, pero Farfadox conoce a su pareja. Sabe que, si le está contando todo esto, es porque realmente está decidido a hacerlo. Y, cómo buen científico, investigó las mejores formas de llevarlo a cabo.

Aunque por lo avergonzado que suena, está claro que su determinación a tener un hijo también está atravesada por muchos nervios que intenta disimular.

Es bueno haciéndolo, pero Farfadox ya lo conoce demasiado.

— Oye, podemos hacer todo eso, pero creo que primero deberíamos tomarnos esto con algo más de calma. Al menos, al principio. Intentemoslo estas semanas sin tanta planeación y veamos que pasa. Si no lo logramos, entonces comenzamos a considerar todo lo que me contaste.

Rich siente que las palabras de Farfadox son un bálsamo para su ansiedad. La forma más relajada de actuar de su marido es justo lo que los planes rígidos de Rich necesitan. Por eso siempre se han complementado tan bien.

Se llevan la conversación a la cama. Farfadox se queda dormido escuchando a Rich hablar sobre los gastos que van a tener que considerar durante los primeros años de vida de una criatura. Sin embargo, ya para antes de eso habían tomado la decisión con seguridad: iban a comenzar la maravillosa (y aterradora) aventura de la paternidad.

Al día siguiente se envían mensajes y memes al respecto mientras está cada uno en su trabajo. Está nueva etapa hace que ambos sonrían como bobos y no se quiten de la cabeza la imagen de ellos cargando una criatura gritona y arrugada con los ojitos de Farfadox y el pelo de Rich. Cuando se reencontraron en casa, ambos siguieron hablando y bromeando un poco sobre el tema.

— Podríamos hacer uno de esos vídeos virales che.

Expresa Farfadox mientras están cenando.

— ¿Qué videos?

Pregunta Rich, medio distraído mirando el video en Youtube que Farfadox puso parar mirar mientras comían. Algo sobre minería y piedras preciosas.

— De revelación de género; cuando los papás no saben si van a tener un nene o una nena.

Rich frunce el ceño.

— ¿Y eso porque sería un video viral?

— No lo sé, a la gente le gusta ver cómo reaccionan los papás. Que se yo, Rich— responde el farfano, riéndose con suavidad—. Al menos, podríamos grabarlo para tenerlo de recuerdo. Quizá en unos veinte años a nuestro bebé le gustaría verlo, y a mí también.

Quizá es por todas las imágenes que se forman en la cabeza de Rich, o por como la voz de Farfadox se fue haciendo más suavecita conforme hablaba, pero el wither termina llorando de la emoción y necesita un momento para recomponerse.

Siempre ha sido sensible después de todo. Farfadox se pregunta si con el embarazo va a empeorar. En ese caso, deberá tener cuidado con las bromas que le haga o Rich estará llorando día por medio.

Esa noche fue el primer intento del "proyecto paternidad". Ambos están emocionados, y por unos segundos se sienten igual que cuándo tenían veinte años y su vida sexual estaba en lo más alto. Fueron tiempos divertidos.

— ¿Te imaginas te embarazas al primer intento?— murmura Farfadox, cuando ambos ya están acurrucados en la cama luego de haber limpiado las sábanas y tomado una ducha; a ninguno le gustaba dormir sintiéndose sudado.

Rich niega con la cabeza.

— Eso sería imposible, hombre. Los omegas masculinos suelen tener dificultades para lograr un embarazo, y puede que mi edad lo haga aún más difícil— la respuesta de Rich hace que Farfadox se preocupe un poco.

¿Y si esto de ser padres les tomaba más tiempo del que creían?, ¿Que pasaría si no logran concebir después de meses de intentarlo?, ¿Acaso iban a tener que recurrir a clínicas de fertilidad y complejos procedimientos médicos? ¿Rich se... arrepentiría?

La respuesta a todas esas preguntas llega dos semanas después. Ambos hombres están en el baño, y Farfadox está acomodando su celular en el lavamanos para grabar el momento. Sea positivo o negativo, será significativo porque da inicio a esta aventura.

Rich está agitando sus manos suavemente de la ansiedad mientras respira agitado. Farfadox se muerde la boca con una sonrisa tonta. Están tan nerviosos que ninguno parece estar listo para dar el siguiente paso.

— ¿Ya está grabando?

Pregunta Rich, apuntando al celular de Farfadox.

— Si, si— responde el farfano, mirando brevemente a la cámara y levantando los pulgares a esta con emoción.

— No te hagas muchas expectativas, Farfa— pide Rich a su pareja. Si bien el wither también está muy ansioso por esto, quiere mantener la mente lo más objetiva posible; sus probabilidades son bajas, así que un negativo es más probable que un positivo, y no deben ponerse mal por eso.

Farfadox asiente y le toma la mano a Rich.

— ¿Los reviso?

Pregunta Rich, apuntando a la caja donde metieron ambos tests de embarazo. Si, realizaron dos tests. En realidad iban a probar con tres, pero Farfadox insistió en que con dos era suficiente.

— Dale.

Farfadox aguanta la respiración cuando Rich saca ambos aparatitos de la caja y se inclina para ver el resultado en ambos. Cuando se gira con expresión de haber descubierto un animal nuevo, el argentino siente que el mundo se detiene.

— Estoy embarazado, Farfa.

Dos palabras. Es todo lo que Farfadox necesita para llorar de la emoción y apretar a Rich entre sus brazos, compartiendo el remolino de emociones y pensamientos que estás dos palabras van a significar en sus vidas de ahora en adelante.

— ¡Lo logramos al primer intento, wacho! Somos buenísimos.

Aquella frase de Farfadox hace estallar a Rich en risas, y ambos se ríen mientras se sostienen. Queda como un bonito recuerdo en la galería de videos de Farfadox.

Las semanas antes de la primera ecografía se resumen en mucho amor y miedo. Si bien los dos se sienten inmensamente felices de que ya hay un embarazo en curso, también hay nervios que no pueden ser ignorados.

— Quizá debería usar las vacaciones acumuladas que tengo para pasar tiempo contigo cuando esto del embarazo avance.

Dice Farfadox, echándose en el sofá. Rich simplemente tararea en respuesta, y sigue tecleando en su laptop.

— Supongo que yo también renunciaré a mi trabajo en la universidad.— expresa el wither, mientras está releyendo lo que acaba de escribir.

— No es necesario que lo hagas, podemos turnarnos para cuidar del bebé, o contratar a alguien para que esté con él mientras ambos trabajamos.

— ¿Crees que dejaré a nuestro hijo con un extraño?— pregunta Rich. Su tono es firme, y hace que Farfadox agache la cabeza. El wither suspira y se frota el rostro: no debería estar trabajando un día sábado, eso se nota en el estrés que se le acumula.

El hombre guarda su trabajo, cierra la laptop y se encamina hasta su pareja; no pide permiso cuando se recuesta sobre el cuerpo del farfano, y a este tampoco le importa. Al contrario, lo abraza y ayuda a acomodarse hasta que la cabeza de Rich se relaja contra el pecho de su marido. Ese lugar que sólo era suyo.

— No quiero que dejes de hacer lo que te apasiona por este bebé, Rich. Podemos encontrar una forma de cuidarlo sin dejar de trabajar— dice Farfadox en voz bajita, mientras enreda los dedos de una mano en el pelo negro y largo de Rich.

— El bebé va a necesitar mucha atención, cuidado y cariño, y no me agrada la idea de que otra persona le de aquello. Al menos, no más que tú y yo. Por mi parte, no me molesta renunciar a dar clases si puedo ver a mi pequeño caballero crecer.

El apodo que Rich le da al bebé hincha de amor y ternura el corazón de Farfadox. Un pequeño caballero...o caballera.

— Bueno, de todos modos aún tenemos muchos meses para pensarlo.

Los dos están de acuerdo en eso. Pero no consideraron que el tiempo se les iba a escapar de las manos como arena. Llegaron a su primera ecografía con mucha emoción, pero también con bastante cansancio; no imaginaron que las complicaciones del embarazo se harían notar tan pronto, pero desde esa primera madrugada donde Rich salió disparado al baño a vomitar, las cosas cambiaron. Ahora el café estaba prohibido en el hogar porque su olor le molestaba al omega, y cada que tenían un momento juntos Rich lo aprovechaba para usar a Farfadox de almohada y dormir; el estado de mareo y náuseas constantes estaban poniendo a prueba la determinación del wither de ser padre, y él no se iba a dar por vencido. Tenía que demostrarse a sí mismo que era muy capaz de mantener un embarazo sano y una vida laboral exitosa al mismo tiempo...o al menos hasta que pudiera recurrir a un descanso prenatal.

— ¿Señor Rich?

La voz amable de una mujer hace a la pareja levantar la cabeza. Desde una puerta blanca les espera haciéndoles señas para que entren.

— ¿Cómo están?

Pregunta la doctora; era joven, probablemente más que ambos hombres y puede notar el nerviosismo en el ambiente.

— Emocionados.

Responde Farfadox. Se queda parado junto a la camilla dónde Rich se recuesta y le toma una mano. Ambos están con los nervios a flor de piel, pero Rich lo está aún más; ha investigado tanto sobre embarazos y las dificultades que podrían generarse durante el primer trimestre que ya ha comenzado a ponerse un poco negativo en cuanto al proceso, y Farfadox ha tenido que lidiar con esa negatividad insistiendo en que todo ha ido bien, y que la ecografía le dará la razón.

La verdad es que Farfadox no tiene la más remota idea de embarazos; él se dedica a estudiar rocas, así que está rezando porque todo esté en orden, o Rich se pondrá como un maniático.

— ¿Saben cuánto tiene el embarazo?— pregunta la doctora, mientras comienza a preparar el ecógrafo.

— Ocho semanas.

Rich responde con firmeza. Ha estado contando cada día desde que supo del embarazo, y todo para llegar a esta primera revisión. Si bien en base a sus investigaciones la ecografía más importante es unas semanas después, esta primera significa el primer acercamiento a la vida que crece dentro de él. La primera vez que podrán verlo allí; una confirmación visual de que su descendencia existe. No es que dude de su embarazo, los síntomas físicos le han dejado muy claro que está esperando, pero vomitos y náuseas no son pruebas muy agradables de la existencia de su cachorro. Cómo buen científico, Rich quiere ver con sus propios ojos a su pequeña creación, por más diminuta e insignificante que sea.

— ¿Es su primer bebé?

Pregunta la doctora, buscando aliviar un poco la tensión en sus nuevos pacientes. Mientras espera una respuesta, le señala a Rich que se levanté la camisa para ponerle gel sobre el vientre.

Está muy frío, lo suficiente como para que Rich arrugue el rostro.

— Si, el primero de muchos— contesta el argentino. Es obvio el humor en su tono, aunque Rich no tiene cabeza para las bromitas de su marido.

Cuando presionan el transductor contra su vientre, Rich le aprieta la mano a Farfadox. Los dos se quedan tiesos mirando la pantalla junto a la camilla, buscando encontrar alguna forma en lo que está proyecta. La doctora mueve y presiona el transductor contra el wither buscando al tan ansiado embrión por segundos que parecen durar una eternidad en la cabeza de ambos padres.

Finalmente, la espera acaba, y la imagen queda estática; en ella, se observa un agujero negro y dentro este un pequeño bulto amorfo.

— Ahí está— anunció la doctora, con una sonrisa.

Farfadox está impresionado. El ya sabía que sería padre, pero ver al fetito ahí es abrumador. Lo que siempre destacó de él como alfa no era su fuerza o su voz de mando, sino su necesidad de proteger y cuidar al resto. Era un instinto con el que Farfadox no podía luchar, y siempre ponía la seguridad de otros sobre la suya, especialmente si se trataba de alguien que amaba. Y ahora ese instinto tenía un objetivo claro: su hijo. Esa pequeña bolita que crecía dentro de su esposo lo iba a necesitar, y Farfadox haría lo posible por darle todo lo que necesitara, y más.

Desciende la mirada hasta encontrarse con su pareja. Rich está igual o más sorprendido que él; seguramente también está cuestionandose toda su vida de ahora en adelante.

— ¿Qué opinas?— pregunta el argentino. Tiene un poco de miedo de que este golpe de realidad le haya arrancado la idea de la paternidad a Rich.

No podría culparlo de todos modos. Desde que se conocieron, hace doce años atrás, Rich le había comentado sobre su negativa a tener hijos.

Había tenido una vida un poco complicada lidiando con su salud mental, y siempre decía que no se veía capaz de cuidar a un cachorro cuando no era capaz de cuidar de sí mismo. Y lo decía en serio. Los primeros años de convivencia juntos fueron duros, porque Rich dejó ver el desastre que podía llegar a ser; existían días donde no llegaba a dormir, otros dónde olvidaba comer, o todo eso combinado con falta de higiene y orden. Aquellos hábitos casi logran destruir su relación, pero con el paso del tiempo (y un ultimátum de parte de Farfadox), el omega mejoró. Fue un proceso largo, donde el apoyo del argentino y de la terapia fueron fundamentales para llegar a un equilibrio: a día de hoy, Rich mantenía un horario de sueño saludable, comía mínimo 3 veces al día, y ordenaba el hogar cada que podía.

— Es igual a las fotos que ví en Google.

La respuesta hace reír a Farfadox. Y luego se ríe Rich. Y ambos simplemente dejan que toda la tensión acumulada se disipé con las risas.

— ¿Se ve de ocho semanas?— preguntó Farfadox con gran curiosidad sobre el estado de su primogénito. El Whiter asintió sin miramientos, dejando que el momento divertido se alargara con una risa extra que iba acompañada de ojos inundados de ternura.

Las lágrimas caen cuando la doctora les da la oportunidad de escuchar el latido del pequeño caballero. Es un sonido fuerte, constante, rápido; señal de que todo va bien. Un alivio para ambos padres, que lloran agarrados de las manos con la melodía que les brinda el corazón de su hijo.

Por supuesto, Farfadox pide fotos y una grabación de todo lo que vieron; quiere esos recuerdos para sí mismo, y también los necesita para darle la noticia a su familia y amigos.

Luego del emotivo momento, tienen una pequeña charla educativa con su doctora respecto a los cuidados y consideraciones que deben tener para asegurar un embarazo saludable y seguro. Farfadox anota todo en el bloc de notas de su celular, mientras Rich simplemente escucha con atención; la mayoría de recomendaciones no son nuevas para él luego de pasarse horas leyendo al respecto, pero siempre es bueno oírlas de un profesional.

Dos semanas después, la pareja realiza una reunión familiar para dar la gran noticia. Ambos han hecho un gran trabajo manteniendo el secreto, así que esperan reacciones inesperadas de sus seres queridos. Farfadox invita a su padre y a su primo, Shadoune. Habla con ellos casi a diario, y siempre que puede los visita, por lo que no es tan sospechoso para ninguno que Farfadox los invite a cenar a su departamento.

— Es una reunión para celebrar nuestro aniversario con Rich. Se que es en dos meses más, pero en esa fecha me toca hacer un viaje de trabajo y pensamos que sería bueno reunirnos todos antes de eso.

Les explica Farfadox a cada uno por llamada. No es bueno con las mentiras, pero logra convencerlos.

Por parte de Rich, invita a su hermano mayor y a Killer, su mejor amigo y compañero de trabajo. Se conocen desde hace tanto tiempo que Rich lo considera como un segundo hermano. Los convence de venir a cenar con la misma excusa de Farfadox y, si bien levanta un par de sospechas por parte de ambos invitados, los dos aceptan sin mayor problema.

Llegada la fecha, todos los invitados llegan dentro de la hora acordada; el primero, como siempre, es Killer. Vive a un par de cuadras, así que no le toma mucho tiempo hacerse en el departamento de la pareja.

Tanto Rich como Farfadox lo saludan con un abrazo cariñoso.

Luego llegaron los invitados de Farfadox. Shadoune llena el ambiente con su aroma a pan recién horneado que luego se mezcla con el fuerte aroma a ceniza del padre de Farfadox. Rich arruga la nariz ante tantas feromonas alfa.

— ¡Que gusto verlos!— exclamó Shadoune, echando un ojo rápido a la pareja.

Farfadox no parece afectado por el tiempo, aunque en su rostro nota ojeras más marcadas que la última vez que lo vio. Rich, en cambio, se ve igual de cansado que muchas otras veces en el pasado, aunque con algo más de un sospechoso color en el rostro.

— Nos demoramos un poco más porque pasamos a comprar— el padre de Farfadox da un paso al frente y le entrega a Rich una botella—. Farfadox siempre dice que este vino es tu favorito, así que pensé traer uno para la ocasión. Espero no te moleste compartirlo.

El hombre mayor sonríe y abraza a Rich.

Mientras Rich agradece el regalo, Farfadox mira la escena con dulzura. Su alma se siente completa cuando ve a las personas que ama reunidas.

El último en llegar es el hermano de Rich. Se sorprende al ver a tanta gente reunida, pero el fuerte y repentino abrazo de su hermano menor lo relaja.

— El tráfico en estas calles es un infierno, ¿no planean mudarse a una zona más tranquila?— bromea el mayor, soltando lentamente a Rich.

— No es una mala idea.— responde.

En realidad, no lo es. Seguramente, a su hijo le haría feliz vivir en una casa con un patio amplio y lleno de césped; un sitio donde él, Farfadox y un inquieto cachorro pudieran tumbarse a contemplar las nubes.

La imagen mental hace al omega emocionarse un poquito, pero calma sus emociones lo más pronto posible. Aún no es momento de la gran noticia.

Después de saludos cariñosos y breves conversaciones sobre la vida de cada uno, todos se sientan a la mesa; quedan un poco apretados pues no es una mesa para siete personas, pero la leve incomodidad se olvida entre bromas y risas; el ambiente está cargado de felicidad y de tranquilidad; todos agradecen la instancia para olvidar un rato la atareada vida en la ciudad repleta de obligaciones, responsabilidades, compromisos, tensiones, etc, etc. La pequeña familia que han conformado Farfadox y Rich es un ambiente seguro, y sus reuniones son motivo de alegría y no incomodidad, como suele suceder en otras familias.

Farfadox, con la ayuda de su marido, sirven la comida. Como Rich es pésimo cocinando, el argentino se encargó de preparar un estofado de carne con arroz. No es el plato más elaborado del mundo, pero era lo que se le antojaba a Rich, y últimamente todo lo que el español quiere Farfadox lo hace con tal de mantener contento al encargado de cargar con su hijo.

— Antes de comer, deberíamos brindar por esta reunión.— opina el padre de Farfadox. En un segundo, toma el vino tinto que él mismo trajo y se lo entrega a Farfadox, con una sonrisa expectante.

— Opino lo mismo.— dice Rich, y le da un codazo a su compañero.

Ambos cruzan una mirada rápida. Es el momento.

El argentino se levanta, destapa el vino y sirve una cantidad generosa a cada uno de sus invitados, para finalizar con su propia copa. No escapa de la atención del resto que no le sirve a Rich, y al principio es confuso, al punto en que su padre está listo para regañarlo. Sin embargo, Farfadox levanta su copa y toma la palabra.

— Quiero empezar con agradecerles que estén aquí. A Rich y a mí nos hacía mucha ilusión poder reunirnos con todos ustedes.— comienza Farfadox, mientras le hace señales a su esposo de que se levante. Rich sonríe nervioso y lo hace, agarrando con fuerza el brazo del otro—. Bueno, les dijimos que esta reunión es debido a que pronto nos vamos a ir de viaje...pero la verdad es que, eso es mentira.

Todos se miran con cierta confusión en el rostro.

— Sin embargo, tenemos otra noticia que darles.

Antes de decirlo, Farfadox levanta la mirada al rostro del otro y le sonríe.

— Rich y yo vamos a ser padres.

Todos quedan absolutamente perplejos ante sus palabras. Si bien existía cierta sospecha entre los invitados por toda esta reunión, no pasó por sus cabezas que les darían tal noticia. Dada la cantidad de años que llevaban conociendo a la pareja, y a las múltiples negativas que habían dado a lo largo de ese tiempo cuando les preguntaban por hijos, este anuncio es realmente sorprendente.

— ¿No están bromeando, verdad?

Pregunta Shadoune. La pregunta hace reir a los futuros padres, y ambos niegan con la cabeza.

Luego de eso, todos ya están de pie yendo a felicitar a ambos hombres. Rich recibe con emoción un abrazo de su hermano y Killer, y llora especialmente en los brazos de su mejor amigo. Si bien Killer era completamente ignorante de la gran noticia, resultaba ser el único al que Rich le había comentado vagamente algunos pensamientos respecto a la posibilidad de hacer crecer su familia.

— Si tuviera un hijo, ¿Crees que lo haría bien?

Fue lo que le preguntó Rich hace dos meses atrás mientras revisaban los detalles de su futura investigación.

— ¿A qué te refieres?— Killer lo miró confundido.

— ¿Crees que sería un buen padre?

Es una pregunta interesante, aunque Rich se ve bastante desinteresado revisando los papeles entre sus manos.

— ¿Hay algo que no me haz dicho?

Fue la respuesta de Killer, preocupado en ese momento de estar perdiéndose algo en la vida de su mejor amigo. Rich se rió y negó con la cabeza. Una pequeña incomodidad le invadió unos segundos después. Quizás tocar ese tema que solo rondaba como pensamientos intrusivos y ahora hacerlo real de forma verbal no era lo más sensato. Optó por huir a la seguridad de un comentario al azar de su trabajo, desviar temas era una de las muchas cualidades que podía hacer.

— Serás un excelente padre.

Murmura Killer finalmente a Rich, ahora que lo tenía entre sus brazos con la noticia de un futuro hijo en camino.

Farfadox recibe las felicitaciones de Shadoune y su padre con una gran sonrisa.

— ¡Muchas felicidades, Farfa!— exclama el francés, apretando con sus largos brazos al otro alfa.

Cuando lo suelta, no dura mucho para ser envuelto nuevamente por otro par de brazos, solo que está vez es su padre quien le acuna. El hombre lo aprieta con mucha fuerza y solloza bajito contra la oreja de su hijo.

— Felicidades, Farfa— susurra. Es una frase temblorosa, cargada de amor, orgullo y emoción.

Si bien su padre nunca opinó demasiado cuando Rich negaba futuros planes sobre tener hijos, Farfadox sabía que a su padre la idea de ser abuelo le hacía ilusión. Por supuesto, nunca insistió o regañó al argentino por no dárselos, pero sí solía soltar una que otra broma sobre el tema. Y, según dicen por ahí, detrás de cada broma hay un poco de verdad; un verdadero deseo por ver a Farfadox convertirse en padre.

— Gracias, viejo— contesta el alfa, consolando a su padre con caricias en la espalda.

Después, ambas partes felicitan al otro; los allegados de Rich felicitan a Farfadox, y la familia de Farfadox envuelve de cariño a Rich. Cuando termina el ajetreo de saludos, lágrimas y abrazos, todos vuelven a la mesa con ojos rojos por lágrimas y sonrisas tan amplias que les falta rostro para sonreír.

— Si lo hubiera sabido, no traía el vino, Rich. Una disculpa.

Dice el alfa más viejo, viendo cómo Farfadox llena la copa de Rich con jugo.

— No hay problema, Farfa podrá disfrutar del vino por mí.— responde Rich, estirando una mano bajo la mesa y acariciando el muslo del argentino. Este se tensa y casi derrama el jugo por accidente.

— ¿Cuánto tiempo tienes de embarazo, Rich?— pregunta el hermano del mencionado. Aunque, de todos, ha sido el más relajado con la noticia, por dentro está realmente conmovido, ¿Y como no? Su hermano menor va a tener un bebé; el niño que alguna vez cuido, ahora va a ser responsable de su propio niño.

— Diez semanas. Por el momento no se me nota, aunque Farfa insiste en que sí.— explica Rich, ya cortando su trozo de carne. Tantas emociones le abrieron el apetito, y por la salud de su bebé (y la suya propia) debe alimentarse.

— Es que tú no te ves como yo te veo, Rich. Yo veo el bultito— explica Farfadox. Le pican los dedos por tocarle el vientre. Por ahora se abstiene solo porque no sabe si Rich estará cómodo con ese tipo de contacto frente a tanta gente.

La conversación en torno al nuevo integrante de la familia continúa hasta que llega la hora de irse. Antes de que lo hagan, Farfa les entrega una pequeña impresión de la primera ecografía como recuerdo; todos la miran con sorpresa, y algunos vuelven a emocionarse hasta las lágrimas. Cada invitado se va a casa con la bonita sensación de que, en unos meses, van a tener la oportunidad de ser parte de la vida de esa criatura.

Al quedar solos, Rich suelta un largo suspiro y se deja caer sobre el sofá. Está aliviado de que todo saliera bien. Horas antes del encuentro estaba yendo de aquí para allá imaginando cómo iban a reaccionar sus familias a la importante noticia; con su tendencia al pensamiento catastrófico, lo único que venía a su mente eran reacciones negativas. Pero, por supuesto, su cariñoso y comprensivo alfa lo sacó de esas ideas con su humor y mimos.

Ahora que la reunión finalizó, y todo salió a la perfección como Farfadox esperaba, tenía que ir a restregarle un poquito su victoria a Rich.

— Te dije que saldría bien— anuncia el argentino, buscando su lugar a un costado de su esposo.

Rich en respuesta tararea con los ojos cerrados. Farfadox queda embobado mirándolo así; se nota el cansancio en su semblante, pero también se ve realmente bello. No sabe si es mera imaginación suya o si el embarazo tiene algo que ver, pero Farfa podría jurar que Rich se ve mucho más bonito este último tiempo. Cree recordar que le menciono algo así, aunque no está seguro. Por ahora, prefiere pensar que la emoción y la alegría de la paternidad le han brindado más vitalidad a su esposo.

— ¿Querés irte a dormir?— pregunta.

— Hay que limpiar primero— responde el omega. Abre los ojos, y gira la cabeza hacia el otro. Los brillantes ojos de Farfadox le hacen sonreír.

Farfadox está tentado a ser un caballero y decirle que se vaya a la cama sin preocuparse de nada más. Sin embargo, es viernes por la noche, ha sido una semana larga y él también quiere descansar pronto, por lo que la ayuda de Rich haría que el trabajo de limpiar tantos trastes sea más rápido.

Los dos se levantan perezosamente del sofá. Antes de comenzar a llevar todo a la cocina, se envuelven en un abrazo y respiran el aroma del otro.

— ¿Crees que esté bebé huela a ti?— pregunta Rich una vez que se han soltado.

El omega se encarga de apilar los trastes en la mesa para luego llevarlos a la cocina, dónde Farfadox se arremanga la camisa para comenzar a fregar.

— Mmm, supongo que dependerá si es un alfa, omega o beta. Personalmente, preferiría que huela a ti; el aroma a ceniza no es muy popular— contesta Farfadox en voz alta, organizando todo lo que debe limpiar rápidamente.

Rich se ríe. El aroma de su esposo es de los más envidiados por otros alfas, pues es un olor que se hace notar en cualquier espacio; a dónde vaya, la ceniza se abre paso en el ambiente y obliga a cualquiera a prestar atención al portador de tan peculiar aroma; te guste o disguste, es imposible no reaccionar ante la presencia de una fragancia así. Sin embargo, Farfadox nunca se ha sentido muy cómodo con ello; prefiere mantener un perfil bajo, pero es complicado si una de sus cualidades más básicas hará que todo el mundo centre sus ojos en él.

La mayoría lo creé un alfa de temer debido a su contextura ancha, apariencia espectral y aroma a fuego y ceniza. Lo cierto es que, si bien cómo todo alfa podía actuar de forma violenta y agresiva, Farfadox siempre ha sido muy tranquilo y amigable con todos.

Su padre lo había criado para ser un buen hombre y, ya con treinta y dos años, Farfadox cree que su viejo logró su cometido.

Dos meses después, el bebé ya se hace notar. Rich, quien nunca había cambiado de talla desde que pegó el estirón en la adolescencia, ahora estaba comenzando a tener problemas para entrar en su ropa. Sus pantalones ceñidos a la cintura ya no le cerraban, y tuvo que encontrar refugio en los que le llegaban a la cadera. El problema con eso es que sus camisas tampoco están dando el ancho a su nuevo peso, así que muchos de sus atuendos favoritos ahora, o no le quedan, o dejan entrever su vientre. El asunto deprimió un poco a Rich, pero esa tristeza se esfumó en cuanto fue testigo de la primera patada de su bebé.

Fue durante el trabajo, mientras estaba en la oficina de maestros revisando exámenes, que el repentino movimiento lo dejó helado.

Por al menos veinte segundos no movió ningún músculo, esperando a que su cachorro le regalará otro movimiento. Lamentablemente, no sucedió, pero con la primera patada fue suficiente para alegrarle el resto de la semana.

Su bebé crecía sano y fuerte. Todo su lado omega no podía estar más orgulloso; en cada cita con la doctora recibía elogios de su parte por su buen semblante y, por supuesto, por su hijo saludable. Rich se preocupó de realizar todo examen posible para descubrir si su pequeño presentaba algún tipo de anomalía que necesitará ser tratada durante o después del embarazo, y para el alivio de ambos padres, dio negativo en todo.

Su hijo estaba en excelentes condiciones, teniendo un pronóstico por demás positivo, aunque eso no haría que Rich bajará la guardia en cuanto a cuidados y recomendaciones.

Durante el tiempo que pasaba, Farfadox no podía evitar sentirse un poco inútil. En cierto modo lo era, pero no porque actuara mal, sino por el simple hecho de que Rich era el que, en términos netamente biológicos, se debía encargar de todo el trabajo. Aún así, el argentino siempre buscaba algo que hacer para aligerar el trabajo de su esposo.

¿Tenía antojo? Farfadox lo resolvería, ¿Necesitaba vomitar? Farfadox estaba ahí para agarrar su cabello, pasarle enjuague bucal y llenarlo de expresiones de afecto, ¿Le dolía la espalda? Sin problema, Farfadox estaba ahí para traerle almohadas, un té caliente y una larga sesión de masaje por esas manos anchas que nunca han dejado de tratar con amor a Rich.

En general, Farfadox estaba dispuesto a lo imposible con tal de complacer a su omega. El mejor agradecimiento a todas estás acciones era que Rich le regalará una sonrisa, una caricia en el rostro y, por supuesto, que lo dejará sentir a su hijo.

Para las veinte semanas, la pareja acude a control con su doctora, con la única diferencia de que ahora los acompaña Killer. Era momento de conocer el sexo de la criatura, y Farfadox insistió demasiado en hacer una revelación de genero sorpresa y para lograr aquello iban a necesitar de un ayudante; y no había mejor candidato que el buen Killer.

Para ello decidieron hacer algo sencillo e íntimo; Killer mando a hacer un pastel con relleno colorido (azul o rosa, dependiendo del sexo del bebé).

— ¿Crees que será un niño o una niña?

Pregunta Farfadox aquel sábado en la tarde, mientras esperan la llegada de Killer con el ansiado pastel.

Ambos están tirados en la cama; Rich está de espaldas con los ojos clavados en su celular, y Farfadox está recostado a su lado admirando lo bonito que se ve. Aunque no todos estarían de acuerdo, el argentino cree que es el hombre más afortunado del mundo en este momento gracias a su omega.

Cuando iniciaron su relación, muchos le decían a Farfadox que Rich era una pésima elección para ser su pareja y futuro padre de sus hijos; al ser Farfadox un alfa y Rich un omega, la mayoría asumió que no tardarían mucho en tener bebés, pues no era muy común que un alfa se fijará en un omega para una relación seria, y todos creían que Farfadox se hizo de la compañía de Rich para comenzar a tener cachorros. Era un pensamiento desagradable pero más común de lo que se esperaría, pues la sociedad, aunque había avanzado, seguía teniendo demasiados prejuicios y discriminación en torno a los omegas, y Farfadox fue testigo de aquello de primera mano al anunciar a Rich como su novio.

Muchos de sus antiguos amigos de universidad le dijeron que Rich era el omega más feo que habían visto, y que no se veía útil para generar descendencia, ni mucho menos para disfrutarlo una noche.

El argentino nunca tomó en cuenta aquellas palabras. Desde el primer momento en que su camino se topó con el de Rich algo en su cabeza hizo clic. Fue un sentimiento abrumador, pero que al mismo tiempo le brindó una paz absoluta. Fue como encontrar algo que perdiste hace mucho tiempo y finalmente encuentras.

Farfadox no sabía que había perdido algo, mas después de Rich supo que había encontrado aquello que lo llenaría por el resto de su vida.

— No lo sé, ¿Tu tienes preferencia?— contesta Rich, sacando a Farfadox de sus pensamientos.

El argentino hace un sonido apretando la boca mientras piensa.

— Yo...amaré a esa criatura sea lo que sea. Sin embargo, me gustaria una nena.— Farfadox alarga una sonrisa.—, pero eso no quiere decir que no lo amare si es un niño.

— Comprendo.— el omega deja su celular a un lado y se gira hacia Farfadox— Si no es una niña ahora, quizá la próxima vez lo sea.

— ¿La próxima?— pregunta con sorpresa el argentino, con los ojos bien abiertos. Rich simplemente se ríe, y Farfadox se acerca más— ¿Quieres que tengamos más?

— Aún no lo sé, Farfax, pero no me cierro a la idea por ahora.

Farfadox acepta su respuesta con emoción. Como alfa, la idea de tener muchos cachorros junto a su omega lo hace sentir una enorme satisfacción, no obstante, desde pequeño y (especialmente luego de casarse con Rich), siempre ha evitado poner sus deseos e instintos alfa por sobre otros. Farfadox sabe que si quisiera podría hacerlo. Está en su naturaleza el poder de mando y la capacidad de doblegar a otro si lo deseara, y sabe que Rich está hecho para obedecer ante un alfa. Sin embargo, por sobre cualquier deseo, necesidad, o exigencia que tuviera Farfadox, su amor y respeto por Rich es más fuerte. Jamás, ni ante el peor problema que han enfrentado, ha pasado por su mente alzarle la voz y abusar de su inherente poder sobre el wither.

Bueno, a veces le gusta bromear usando una voz grave para fingir que lo está mandando. Rich siempre se rie con eso.

Killer llega al hogar una media hora después. Trae una caja entre sus manos y en cuanto pone un pie en el hogar se comienza a quejar de lo complicado que es andar por las calles cargando un pastel. Veinte minutos más tarde, los tres están preparados para la esperada revelación.

— ¿Ya estás grabando?

Farfadox mira a Killer, luego al bonito pastel blanco con la frase "¿Niño o niña?" escrito sobre él. Por supuesto que, antes de iniciar está revelación, el argentino le sacó muchas fotos para sus recuerdos.

— Si, si— susurra Killer, mirando la escena a través de la pantalla del celular. En esta, se ve a sus dos amigos parados frente al pastel que espera ser cortado.

Rich se encarga de cortar un trozo del pastel y luego le entrega el cuchillo a Farfadox para que haga el honor de sacar el pedazo y, por consiguiente, revelar el sexo de su descendencia.

— Deberíamos hacerlo juntos— propone Farfadox.

— Mmm, tal vez— contesta Rich.

En otras palabras, no.

El argentino sonríe de los nervios y acepta su misión. Presiona el cuchillo bajo el trozo que Rich corto y, lentamente, lo levanta. Aunque no toma más de cinco segundos, ese simple movimiento pareciera demorar demasiado. Pero aquella breve pero eterna espera acaba cuando el trozo se separa del resto del pastel y revela el color oculto dentro de él: rosa.

— Una niña.

Dice Rich.

No le da tiempo ni para girar a mirar a su esposo cuando esté ya está gritando y saltando de alegría.

— ¡Yo sabía, Rich! ¡Es una niña!— anuncia a los cuatro vientos. Suelta el cuchillo y el trozo de pastel y abraza a Rich con fuerza— Seremos padres de una niña.

Killer los graba un rato más, viendo con ternura a sus amigos emocionarse, gritar, reír y abrazarse. Está seguro de que serán excelentes padres. Eventualmente la pareja une a Killer a la celebración, y pasan el resto del dia hablando acaloradamente sobre la futura nena que tendrán que cuidar, y fantasean con todas las cosas que planean hacer con ella.

Los siete meses de gestación llegaron más rápido de lo que se podría imaginar. Si bien el tiempo parecía correr más rápido de lo que ambos hombres podían soportar, también tuvieron que enfrentar importantes sucesos en ese periodo de tiempo; para empezar, habían comenzado a comprar todo lo necesario para la bebé: biberones, pañales, ropa, juguetes, etc. Junto con eso, también agregaron al carrito de compras nuevos muebles, como un pequeño armario para guardar todo lo relacionado a la criatura y lo más importante: una cuna rosada que no llegó armada y Farfadox tuvo la desdicha de tener que construir.

Rich lo ayudó en esa tarea dándole palabras de ánimo mientras se estiraba sobre el nido que había construido en la cama.

Otro asunto importante ocurrido en el último mes fue que Rich renunció a su trabajo de profesor universitario. Aunque le ofrecieron flexibilidad horaria y un permiso médico bastante amplio para descansar durante y después del embarazo, el omega decidió que no podía mantener aquel trabajo a largo plazo. Su hija era ahora su prioridad, y sus primeros años de vida iba a necesitar mucho de la compañía de alguno de sus dos padres, y Farfadox definitivamente no podía renunciar a su trabajo millonario. A él le iba a tocar mantener a la familia en términos adquisitivos, y Rich intentaría adaptarse a una vida en el hogar.

Bueno, no tanto. Si bien dejaba de ser profesor, iba a continuar con sus proyectos de investigación. La mayoría de estos los llevaba a cabo con Killer, y él no tenía problemas con poner en pausa todo por unos meses para darle tiempo a Rich de acomodar su nueva vida paternal.

Además, otro asunto que comenzaba a tomar relevancia era el ya-no-tan lejano nacimiento. A pesar de ser alguien nervioso y preocupado, Rich no ha querido pensar mucho en ese momento, ¿la razón? Es algo que le aterra lo suficiente como para que su mente decida evitarlo. Por eso es que le pidió a Farfadox que se encargara de planear todo para el día en que a su hija se le ocurra llegar al mundo.

— ¿Te gustan más las cesáreas o los partos naturales?— pregunta el alfa una noche mientras ayuda a Rich a construir un nido.

Su pareja nunca tuvo la costumbre de hacer nidos, pero al parecer el embarazo le ha revolucionado las hormonas y ahora quiere anidar siempre. A Farfadox realmente no le molesta, en realidad cree que es adorable verlo acurrucarse entre su desastre de almohadas, mantas y ropa del argentino.

— La doctora dijo que es mejor una cesárea— contesta Rich.

— Si ya se, pero quiero saber que prefieres tú— insiste Farfadox, pasándole una almohada.

Rich exhala y no responde. Cuando ya pasa más de un minuto, el argentino frunce el ceño.

— ¿Rich?

— ¿Qué?

— Te hice una pregunta.

Por la forma en que Rich tira la almohada contra el colchón, Farfadox comprende que su compañero se ha molestado.

— Pensé que tú te encargarías de ese asunto— dice Rich. Suelta la última manta que tenía entre los brazos de mala gana y se sienta en el colchón, dando la espalda.

— Es lo que estoy haciendo— contesta Farfadox.

— ¿Entonces por qué me estás preguntando cosas?

Con esa frase, Farfadox comienza a contar hasta diez en su mente para mantener la paz. Se rasca la cabeza y, luego de recordarse a sí mismo que su esposo solo está estresado y no dice nada con malicia, decide sentarse en el colchón a una distancia prudente del otro hombre.

— Rich— susurra, arrastrando una mano hacia el mencionado.

Aunque reacio al inicio, el omega finalmente se gira para mirar a su pareja.

— Ya te dije que no quiero hablar sobre ese tema— explica Rich. Aunque está enojado, estira su propia mano y la entrelaza con la de Farfadox.

— Lo sé, pero tendremos que hablarlo de vez en cuando.— dice el argentino. Su voz es suave, aunque no suena complaciente. Tiene que ser asertivo para calar en el carácter terco del otro.— Solo faltan dos meses para que la bebé nazca y quiero que estemos listos para ese momento.

— Estoy asustado.— admite Rich, llevándose la otra mano al rostro para frotarse la frente.— Tener a la bebé va a doler.

Farfadox asiente en silencio, acercando su cuerpo al de Rich hasta que ambos están sentados uno junto a otro.

— Tienes razón, te va a doler.— afirma el argentino.

— Si tú intención es hacerme enojar, lo estás logrando.

Advierte Rich, intentando soltar la mano de su esposo. En respuesta Farfadox se ríe bajito y le aprieta con suavidad la mano.

— Flaco, va a doler, porque los nacimientos son dolorosos. Nunca he escuchado a alguien decir que el nacimiento de su bebé fue pura alegría y placer.— explica Farfadox, buscando con su mirada los ojos del otro hombre.— Sin embargo, yo me encargaré de que ese día tu única preocupación sea aguantar ese dolor y ya. Todo estará listo para ti, y para ella. No te puedo prometer que no va a doler, porque eso sería mentirte, pero si te puedo prometer que todo estará preparado, y que yo voy a estar contigo.

— ¿Y si ocurre algo malo?— balbucea el español. Su postura rígida cambia y deja que su miedo fluya, dejando que su esposo pueda ayudarlo a lidiar con él. Rich se inclina hacia Farfadox, y este al instante pasa su brazo por su espalda, acariciándole está con cariño.

— Lo vamos a solucionar.

— ¿Estás seguro?

Ambos se miran. Los dos pueden notar el cansancio del otro; Rich cada vez duerme menos debido a lo incómodo que es tener una criatura presionandote los órganos, y Farfadox mantiene su estrés laboral habitual acompañado de la falta de sueño por estar junto a Rich en sus desveladas.

— Seguro.

Responde Farfadox. Muy en el fondo, esa seguridad flaquea ante la idea de que algo malo le pueda ocurrir a su hija o a Rich. Si hubiese algún inconveniente y alguno se viera afectado...Farfadox prefiere no pensarlo. No vale la pena. Estarán bien.

El séptimo mes termina con ambos padres cansados pero aliviados al tener la cita con su doctora, la cual les dijo que todo iba bien. Les comento que, si bien tenía cierta preocupación al inicio del proceso debido a lo delgado que era Rich, cada mes que pasaba le demostró que el omega estaba saludable y no presentaba mayores complicaciones.

Así llegaron a los últimos dos meses del proyecto paternidad. Farfadox consiguió juntar las vacaciones que había acumulado para tomarse un descansó este tiempo restante, y ya estaba planeando lograr conseguir un permiso de paternidad para quedarse aún más tiempo en casa. Quería pasar el mayor tiempo posible junto a su familia, pues sabía que lo iban a necesitar, especialmente Rich. Ninguno tenía experiencia con bebés, así que era probable que las primeras semanas con la nena vayan a ser un calvario. Según el omega, existía la posibilidad de que, después del nacimiento, desarrollará una psicosis y enloqueciera debido al cansancio y estrés acumulado, por lo que le suplico a Farfadox vigilarlo. El argentino cree que Rich está, para sorpresa de nadie, preocupándose demasiado por cosas con bajas o nulas probabilidades de pasar, aunque comprende el motivo real de su consternación; Rich tiene miedo de que algo malo le pueda ocurrir a su hija por su culpa. El argentino sabe que eso jamás pasaría, pero acepta las peticiones de Rich para que no se coma más la cabeza.

Ese penúltimo mes, entonces, lo pasan juntos. Al principio ambos se sienten algo raros. La adicción al trabajo de cada uno provocó que el tiempo de convivencia se redujera a las noches y fines de semana, por lo que los primeros cinco días de convivencia en el hogar fueron un golpe de nostalgia. No sé veían las caras por tanto tiempo desde hacía años. Quizá desde la universidad. No obstante, aunque era algo inusual para ambos, descansar juntos esos dos meses fue la mejor decisión posible.

Además de acurrucarse y mimarse, aprovecharon el tiempo para otras cosas como decidir el nombre de su hija. La elección les tomó casi una semana entera, pues ninguno quedaba convencido con los nombres pensados. Llegó un punto en el que Rich comenzó a buscar opciones en internet para inspirarse, pero no fue de gran ayuda. Fue durante una noche, cuando Rich no podía dormir y su marido hacía el mejor esfuerzo por acompañarlo que una idea llegó:

— Suwie.

Rich se sobresalta un poco al sentir la vibración de la voz de Farfadox. Perezosamente levanta la cabeza del pecho argentino para verlo.

— ¿Qué cosa?— pregunta Rich, seguido en un bostezo.

— Suwie, ¿Qué opinas de ese nombre?

Farfadox baja los ojos hasta Rich.

— Es gracioso, y tierno.— contesta el omega, analizando el nombre en su cabeza— Suwie.

Antes de poder discutir más, Rich se sorprende por el movimiento en su vientre. A diferencia de las patadas dolorosas contra sus órganos internos, está vez su hija parece simplemente querer dar una señal de vida y no atentar contra el cuerpo que la está creando.

— Creo que le gustó ese nombre— susurra el omega, con una sonrisa boba en los labios.

— ¿Por qué?, ¿Se movió?

Sin esperar respuesta, Farfadox ya se está acomodando para poder tocar su barriga.

— Sip.

El argentino se sienta sobre la cama, y se incorpora junto al vientre de Rich. Al principio de este proceso, era un poco extraño para el wither tener a Farfadox encima tocándo y hablándole a su estómago. No obstante, después del centenar de veces que lo hizo durante esos meses, ahora a Rich le parece gracioso y adorable.

Como el nombre Suwie.

— ¿Te gusta el nombre Suwie, nena?— dice Farfadox, pegando su cara contra la piel del otro.

Rich se ríe. Abre la boca para hablar, pero se queda sin palabras cuando la criatura vuelve a moverse.

Si bien no es la primera vez que Farfadox le habla a su vientre proponiendo nombres, está es la primera vez que la sienten moverse justo después de eso.

— Es una señal, Farfa.— dice Rich, viendo a su marido que está boquiabierto.

— Será Suwie entonces— anuncia el alfa.

Inmediatamente después llena de besos a Rich y comienza a hablarle de los planes que tiene para cuando su familia de dos pase a tres. Y ambos terminan durmiendo al rato después, repletos de ansias por el futuro y por tener ya a su hija.

Aquello no tarda mucho en suceder. Llegado el último mes, los dos hombres están paranoicos con el asunto del nacimiento. Cada que Rich hace una cara o un gesto extraño, Farfadox ya está junto a el preguntándole si cree que la nena ya viene.

— Si, Farfa. Acaba de decirme que está lista. Ahora sale.

Suele responderle Rich solo para molestarlo. La cara de decepción mezclada con alivio en el rostro de su marido hace al omega olvidar por un rato lo agotado que está.

Porque, Dios, ya no soporta estar embarazado un día más.

Nunca en su vida había cargado tanto peso. Se siente enorme, y para alguien que nunca acumuló un gramo de grasa en el cuerpo, está abrumado. Para colmo, ya nada de su closet le queda. Ahora su única forma de mantenerse vestido es robando la ropa de Farfadox y, aunque extraña su propia ropa, no puede quejarse. En estos momentos, cuando sus instintos y hormonas están descontroladas, nada lo alivia más que las feromonas de Farfadox. Han sido su anestesia durante el último tiempo, y en este noveno mes Rich sólo logra encontrar calma a su cansancio físico y mental a través de la fragancia de su marido.

Es gracioso, porque si bien Farfadox es lo único que logra relajarlo, el omega también ha estado algo más agresivo que de costumbre. No es personal contra el alfa, simplemente el embarazo está en su punto máximo y Rich solo quiere que su hija salga de una buena vez para poder descansar más de cuatro horas seguidas sin sentir que le patean la vejiga.

Es por esto que Farfadox intenta ser lo más paciente que puede y darle su espacio a su compañero cuando no está de humor. Eventualmente Rich lo buscará y le pedirá que lo acompañe, y el argentino aceptará sin problema. Entiende que el omega ya está harto de su estado; el dolor de espalda, la presión en la cadera, los pies hinchados, el peso extra, la irritación en el pecho, etc. Son demasiadas cosas con las que lidiar, y Farfadox no quiere volverse otra tensión para su esposo. Su misión ahora es estar a su lado y brindarle todo el apoyo que pueda esperando el ansiado día.

Y este llega en la semana cuarenta del proyecto paternidad.

Aquel día no había sido muy diferente de los últimos. Rich sentía las mismas molestias de hace semanas, y lo único medio peculiar fueron los espasmos que sentía en la parte baja. Pero llevaba sintiendo espasmos hacía meses, así que no le prestó demasiada atención. Todo cambió cuando llegó la noche. Mientras Rich trataba de dormir como lo hacía su compañero, sus ojos se abrieron de par en par al sentir que, en un instante, se le humedecida la ropa interior y el pantalón de pijama.

Eso fue una sorpresa, pero la sorpresa más grande para Rich fue que no entró en pánico. Esperaba enloquecer cuando su fuente se rompiera, sin embargo, está bastante tranquilo con ello. Asume que ya está en trabajo de parto y deberán ir a la clinica, por lo que debería prepararse.

Se sienta sobre la cama, se estira bien y luego se para junto a la cama mirando a su marido roncar. Decide que lo dejara dormir un rato más pues merece descansar un poco antes de que el estresante final del proceso comience.

Luego bosteza, se rasca la cabeza y decide que se dará un baño. No quiere dar a luz sintiéndose sucio, y no se ha bañado en dos días.

Farfadox despierta sobresaltado cuando escucha el agua del baño correr. En cuanto abre los ojos busca a Rich, y se desconcierta al darse cuenta de que su compañero se está dando una ducha a esas horas de la noche. El argentino suspira y vuelve a golpear la cabeza contra la almohada.

"Debe estar harto del dolor muscular y se está dando un baño para aliviarlo"

Piensa, esbozando una sonrisa tranquila.

Cuando Rich sale del baño, Farfadox abre un ojo para verlo.

— ¿Cómo estás?— pregunta, viéndolo de arriba a abajo. El embarazo lo ha cambiado mucho físicamente, pero eso no afectó ni un poco al amor y devoción que Farfadox siente hacia el wither.

— Se me rompió la fuente, así que hay que prepararnos— responde Rich, mientras camina hacia el closet y busca entre la ropa casual de su marido algo que ponerse.

Farfadox siente que se le reinicia el cerebro en ese instante. En cuanto se recupera del pequeño colapso mental, lo primero que hace es saltar de la cama e ir junto a Rich.

— ¿Te duele?— como siempre, su primera preocupación es el bienestar de su compañero. Lo mira de un lado a otro como si buscará alguna señal de que algo sucede en el cuerpo del omega, pero todo se ve normal.— ¿Se te rompió durante el baño?

— No me duele.— explica Rich, mientras agarra una camiseta negra.— Y se me rompió cuando estaba en la cama.

Farfadox comienza a quitarse el pijama y vestirse igualmente, sabiendo que no tienen tiempo que perder.

— ¿Por qué no me despertaste?— cuestiona, mientras se pone unos vaqueros gastados de un tirón.

— Quería que pudieras descansar un poco más. No podrás dormir otra vez, al menos no está noche.— explica Rich, haciéndole señas con las manos para que lo ayude. Al instante, Farfadox le acomoda bien la camiseta en el cuerpo, y le brinda apoyo para ponerse un pantalón.

Se visten con bastante prisa, no obstante, al terminar de hacerlo ambos sienten que están demasiado calmados para lo que están por vivir. Probablemente ninguno puede creer del todo que el momento llegó. En un par de horas van a conocer a su hija.

— ¿Cómo te sientes?

Esta vez es Rich el que se preocupa por el estado de su marido, estirando su mano para acariciar su mejilla.

— Yo debería preguntarte eso a ti.

Responde el argentino, tomando la mano que acaricia su rostro para besarla. Su caballerosidad siempre le revuelve las hormonas a Rich.

— Bueno, yo estoy tranquilo, pero es raro. Pensé que cuando llegara este momento me iba a volver completamente loco.

— Yo igual. No puedo creer que me pase días enteros vigilando que no se te rompa la fuente, y lo hace cuando estoy dormido.

Rich se ríe, y luego su esposo también.

— Voy a guardar todo para irnos a la clínica.— Farfadox se estira y le da un beso a su pareja.— Espérame un poco.

Unos diez minutos después, los futuros padres están listos para comenzar la última etapa de este largo proceso: el nacimiento. Aunque estaban tranquilos, un dolor más intenso golpeó a Rich durante su camino al auto, lo que levantó todas las alarmas en la pareja.

— Estoy aquí.

Susurra el argentino, poniendo una mano en la espalda de Rich.

El omega se mantiene tenso unos segundos más hasta que el dolor finalmente cede. Rich exhala en el instante y abre los ojos, mirando a su esposo; el pánico en el rostro de Farfadox le genera cierta ternura.

— Puedo cargarte hasta el auto si quieres— propone el alfa. Ver a su esposo sufriendo lo hace sentir terrible, y necesita encontrar una forma de ayudarlo.

— Estoy bien, no te preocupes.— Rich lo calma con una sonrisa y, aunque la presión en sus caderas ya se está volviendo dolorosa, continúa caminando hasta que llegan al auto.

El omega se queda en el asiento de copiloto y Farfadox es el conductor. El rostro de cada uno refleja bien cómo están enfrentando ese momento; el argentino está absolutamente tenso, con la mandíbula apretada de nervios. Siendo un alfa tan protector, ser testigo del sufrimiento de su omega y no poder hacer algo para ayudarlo le genera muchísimo estrés. Rich, en cambio, está tranquilo (al menos más que su pareja). Si bien sabe que el dolor va a aumentar de aquí en adelante, se siente bastante confiado en que podrá soportarlo pues tiene la seguridad de que su hija nacerá en un buen lugar gracias a su esposo, y este último va a acompañarlo en cada momento.

— ¿Qué sentís?

Pregunta Farfadox mientras conduce momentos después de que su pareja sufre una contracción. El argentino daría lo que fuera con tal de transferir el dolor de su pareja a si mismo si así evita verlo sufrir.

— Está saliendo— responde Rich con tranquilidad, recuperando el aliento.

— ¿QUÉ?— el rostro del alfa se deforma del pánico—, ¿Qué hago?, ¿Detengo el auto?

Farfadox ya está viendo un lugar para detenerse cuando Rich suelta un par de carcajadas.

— Te estoy molestando, hombre. No siento nada extraño además de las contracciones.

— No es el momento para ese tipo de bromas, Rich. Me vas a matar así— se queja el argentino, devolviendo la mirada a la calle. Al menos ese chiste ayudó a bajar su ansiedad; si Rich estaba bromeando así, es porque todo sigue bajo control.

Llegaron a la clínica diez minutos después. Farfadox se había comunicado con ella desde antes de salir de casa, así que en cuanto llegaron ya había personal recibiendo con amabilidad a Rich. El argentino se había tomado muy enserio el darle la mejor experiencia posible a su compañero en este arduo momento; era consciente del miedo que sentía Rich al nacimiento, por lo que se esforzó en encontrar un lugar que pudiera brindarle a su esposo seguridad y tranquilidad. Así fue como encontró está clínica enfocada en todo lo relacionado al embarazo, la cual expresaba brindar un excelente apoyo antes, durante y después de la llegada de un bebé al mundo.

Farfadox esperaba que cumplieran su palabra, o estaba preparado para poner una jugosa demanda.

Sin embargo, no hubo ningún problema. Por la mañana de ese día, luego de bastantes horas de dolor creciente y consuelo, la primera parte del proyecto paternidad finaliza. Con un fuerte llanto, Suwie llega al mundo. Y, luego de ser velozmente limpiada y revisada, el personal entrega a la pequeña a Rich.

Ambos padres quedan enamorados con la pequeña bebé rosadita que gimotea suavemente en los brazos del padre que lo trajo al mundo.

— ¿No sacarás una foto?— murmura Rich, sin quitarle la mirada a su preciosa hija. Es lo más hermoso que ha hecho, y puede jurar que cada segundo de sufrimiento ha valido la pena ahora que tiene a Suwie acurrucada en su pecho.

— No, este recuerdo es exclusivo de ambos— responde Farfadox. Apenas puede ver con tantas lágrimas que tiene en los ojos.

Antes de que ese momento termine, el argentino agradece a su esposo por la oportunidad de ser padres juntos, y por supuesto lo llenó de elogios por haber superado todo el proceso. Finalmente, cuando Rich ya se encuentra descansando en una cama y Suwie está a un metro en una pequeña cuna de hospital, Farfadox le recuerda lo mucho que lo ama y promete cuidar por siempre de la pequeña familia que han formado.

Rich no escucha todo lo que dice debido al agotamiento, sin embargo su esposo mira con ternura al omega dormir, y luego se acerca a la cuna para ver a su nena descansar también.

Su primera misión como padre será velar por el sueño de las dos personas más importantes en su vida.

***

Al día siguiente, ambos padres siguen en la clínica. Ni Rich ni su hija presentaron mayores dificultades durante el nacimiento; la bebé mostró estar saludable ante cada examen así que estaba lista para irse a casa, sin embargo su padre omega había perdido más sangre de lo esperable en el nacimiento, por lo que los médicos le aconsejaron quedarse dos días en observación para prevenir.

— No se parece a mi.— dice Rich la tarde del segundo día de Suwie; la niña está comiendo en silencio mientras Rich la examina.

— No te lo quería decir, Rich, pero esa bebe no es tuya.— contesta Farfadox bromeando, mientras está en su celular respondiendo los mensajes de todos los que le han escrito luego de ver su publicación en redes sociales sobre su hija.

— Tampoco se parece a ti— agrega Rich, peinando con su dedo las motitas de cabello negro y rosa que se pegan a la frente de su bebé.

— No es hija de ninguno. Es del espíritu Santo entonces— Farfadox alza la mirada y ve a su esposo embobado con la bebé acurrucada en su pecho.

Antes de decir algo más, aprovecha de sacarles una foto.

— Ella es demasiado bonita para ser nuestra hija, realmente se esforzó en buscar nuestros mejores genes y formarse con ellos, ¿De dónde sacó ese cabello rosa? Realmente no se parece en nada a nosotros. — dice Rich.

— Por ahora no creo que se parezca a ninguno, flaco. Hay que darle tiempo de crecer— propone Farfadox, acercando más su silla a la cama de Rich.

El omega tararea. Aún tienen mucho por delante, y decide que quiere aprovechar cada segundo de su hija. El tiempo pasa demasiado rápido, y en un pestañeo está pequeña criatura ya va a estar corriendo y jugando por allí. Por ahora, sin embargo, es pequeñita y necesitada.

Dos meses después, la vida de la pareja no vuelve a ser la misma. Un mes luego del nacimiento, concretan la compra y mudanza a un nuevo hogar; una casa grande en un barrio tranquilo a media hora de su departamento anterior. Fue un proceso estresante considerando la existencia de una bebé que lloraba cada tres horas y no permitía descansar a nadie, pero todos sus conocidos los ayudaron a cambiarse exitosamente a su nueva casa. En ese sentido, también estuvieron recibiendo ayuda con Suwie; el hermano de Rich aparecía al menos tres veces por semana para visitar a la pareja, aunque su visita se resumía en cuidar y entretener a Suwie mientras sus padres dormían. Del mismo modo, Killer y Shadoune también solían ponerse de acuerdo para ir a ver a la pequeña y, obviamente, a sus cansados padres. Ambos padres agradecer mucho la ayuda, especialmente el argentino, el cual se tomo el tiempo para hablar con todos y suplicarles que cuidaran mucho de Rich.

A Farfadox solo le quedaba un mes de descanso antes de tener que volver al trabajo, así que se esforzaba mucho por apoyar en el hogar y estar presente en cada cosa que su hija necesitara. Era tal su esfuerzo que un día le dijo a Rich que, si él pudiera, alimentaria a la bebe sin dudar.

— Me quieres quitar mi trabajo exclusivo— fue la respuesta de Rich, mientras acunaba de forma posesiva a la niña envuelta en sus brazos.

— Nunca podría reemplazarte. Yo creo que, aunque me encargará de hacer todo por la nena, ella seguiría prefiriendo estar con vos.— dice Farfadox mientras prepara la cena.

Rich se ríe con suavidad, evitando moverse demasiado por la bebé. Nuevamente queda hipnotizado por la belleza de su hija, y se pregunta si es normal sentir tanto amor por una criatura que solo se dedica a dormir, llorar y comer. La ama demasiado, y ya no puede imaginar su vida sin ella a su lado. Bueno, sin ella y....

— Te amo, Farfa.

Dice Rich, sobrepasado por el amor que siente por el farfano.

El aludido gira la cabeza. Allí sentado en el sofá, Rich le sonríe mientras sostiene a su hija. El argentino no pierde tiempo y deja lo que está haciendo para ir con su compañero y besarlo; primero los labios, luego las mejillas, la mandíbula y finalmente baja por su cuello, finalizando por besar la marca de unión.

— Yo a ti.

Suwie se duerme en el pecho de su padre viéndolos a ambos hablar y reír. Aunque no es consciente de muchas cosas, la pequeña sabe que esos dos gigantes significan seguridad.

— Entonces, ¿Cuándo tenemos otro?— pregunta Farfadox, luego de un par de besos más.

— ¿Quieres intentarlo está noche?

...

— No.

Responde Farfadox y Rich estalla de risa. Por ahora, Suwie es más que suficiente. El "proyecto paternidad parte 2" puede esperar.

Notes:

Quería escribir algo nanai y salió esto.

Gracias por leer!