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Posterior a su resurrección en la batalla de Asgard, Shura se sentía más ansioso que nunca y su Omega interior buscaba la manera de salir a flote.
Engañar por años a la mayoría de sus compañeros en el pasado fue fácil, todos creían fielmente que era un beta al no poder segregar feromonas ni tener un aspecto delicado como cualquier Omega, pero ahora la tarea se le dificulta, su Omega interior ha despertado luego de años que lo mantuvo sellado con su propio cosmos e infusiones de té.
Irritante, molesto y terco, la voz de su Omega clamando por su Alfa lo tenía cansado. No podía presentarse como si nada ante el hombre que mató hace 13 años para darle los buenos días y luego decirle, soy tú Omega. Eso sería patético y Shura de Capricornio solo pudo darse el lujo de ser patético una sola vez en la vida... Quizá tres veces, pero no más, su orgullo depende de qué no pierda la cara nuevamente.
Todos tienen que seguir creyendo que es un Beta y no un jodido Omega.
Shura ha renegado de su casta desde que se presentó como un Omega a los 18 años. Cuando a penas era un niño deseaba con toda su alma ser un beta, una persona común y corriente que no se sintiera atraída por el olor de ningún Alfa, ni necesitado de afectos ni de atenciones durante sus celos.
Después de la muerte de Aioros, el niño francés del de décimo primer templo se convirtió en su mejor amigo y a los 15 años este se presentó como un Omega con aroma a brisa fresca del amanecer.
Camus había sido más valiente que él al aceptar su casta frente al falso patriarca.
El gran detonante de sus ahora graves problemas, se presentó después de su regreso al santuario luego de la batalla contra el dios asgardiano, Loki. Porque con su regreso, Aioros también había vuelto a la vida como un Alfa con aroma a tabaco, fuerte e imponente y todo eso despertó a su Omega, el cual se había encargado de dormir y casi sellar durante 5 largos años como Athena a los dioses gemelos en la anterior Guerra Santa.
Atrapado entre la pared y su propia Excalibur, Shura se encargó de dejar hace dos días su peculiar reclutamiento impuesto por el mismo después de enfrentarse a Aioros y este lo perdonará así como si nada hubiera pasado, por lo menos debía obtener un castigo por su osadía de atacarlo cuando llevaba a Athena en brazos, pero en cambio solo recibió una sincera sonrisa y un abrazo que lo alteró por completo.
Sabiendo que hoy Aioros tendría la misión de entrenar al caballero de Pegaso junto con Marin de Águila, Shura cruzó su templo como un vil delincuente, solo para llevarse la sorpresa de que cualquier lugar en la casa de Sagitario olía a tabaco como si Aioros fumara. Con el corazón latiendo de manera desbocada entró a escorpión. —Milo de Escorpio, solicito permiso para cruzar tu templo.
El galante caballero de escorpión le mostró una mirada llena de rencor, pero después esos ojos azules se mostraron curiosos. —¿Qué es ese olor?
El ritmo cardíaco de Shura que anteriormente en Sagitario era elevado ahora disminuye. Esto no puede estar pasando, el idiota de Milo no puede enterarse de que es un Omega. —¿Qué olor?— haciéndose el tonto arruga su nariz queriendo oler el aroma que es evidente, su propio aroma a flores de cerezo. —Da lo mismo que busque olfatear lo mismo que tú, soy un simple beta.— alza los hombros restándole importancia.
—Huele a Omega con aroma a flores de cerezo.
Shura traga saliva. —Desconozco a que te refieres y tengo prisa, así que vuelvo a pedir tu permiso para pasar tu templo.
—Concedido, no tengo ganas de ver tu cara, así que continúa tu camino y de regreso no preguntes nada solo pasa.
Aliviado de escuchar esas palabras se da prisa a cruzar el templo de Escorpión, las botas de su armadura resuenan con el mármol.
—Shura, espera.
Milo lo detiene a unos cuantos pasos de la puerta y capricornio no puede evitar sentir miedo, Milo es un Alfa dominante así que debe actuar de manera cuidadosa si no quiere ser atacado de manera espontánea.
—Si dime.
Trata de mantener la calma como siempre y mostrar un rostro inexpresivo.
—Alfa de fuego.
—Gracias por hacer entrar en razón a Camus durante su pelea en Asgard. Camus es un amigo muy importante para mí que verlo en contra nuestra, me generó un inmenso dolor.
Shura suspira aliviado aunque no esperaba un agradecimiento de Milo de Escorpio luego de que en la Guerra Santa contra Hades lo atacará con catorce de sus quince agujas escarlatas.
—No hay nada que agradecer.
Ni siquiera en esa pelea que podía durar mil días sudo tanto como lo hizo en este momento temiendo ser atacado.
—Alfa de fuego.
—Omega tonto, dormir tanto te afecto. Milo, no es Aioros.— le respondió internamente.
Más calmado llegó hasta la casa de libra que ahora ocupaba el antiguo maestro Dohko de Libra que ahora tenía el aspecto joven de un Alfa de 18 años.
Dohko se convirtió en un gran amigo suyo y de Aldebarán de Tauro, así que ahora mismo lo buscaba como ese único amigo que sabía su sucio secreto.
—Maestro Dohko, necesito su ayuda.
Al ser un Alfa de más de 243 años enlazado con el antiguo patriarca Shion, Dohko no representaba una amenaza a su integridad como Omega.
—La cabra recluida por fin salió de su castigo impuesto.— Dohko llegó a atenderlo luciendo su imponente armadura. —¿Qué ha pasado?
—Necesito su ayuda.
El tenue olor a flores de cerezo características del país japonés, hace que el maestro de libra sonría. —¿Es sobre lo que ya hemos discutido?— su pregunta obtiene un asentimiento como respuesta. —Acompáñame.
De manera atenta, Shura se dirige al acogedor comedor de estilo oriental con el que está familiarizado.
—¿Cómo te sientes?
—En una montaña rusa. Mi Omega ha despertado después de permanecer dormido por cinco años.— baja la mirada apenado.
—Lo suponía. Los omegas inducidos al sueño por voluntad propia cuando despiertan son insistentes y tercos.
—Maestro, requiero un supresor más potente que los anteriores que me suministraba. Necesito volver a dormir mis instintos de Omega. Todos creen que soy un Beta y como tal debo continuar, pero prefiero tomar algo natural a supresores farmacéuticos, ¿usted sabe de alguna infusión de té que pueda tomar?— sus ojos se muestran suplicantes.
—Si hay, aparte de las infusiones que has tomado y de los fármacos.— el décimo caballero sonríe entusiasmado al escuchar esas palabras del castaño de ojos verdes. —Son más potentes.
—Justo lo que necesito.
—Sin embargo no te los daré.
—¿Por qué?— su entusiasmo se ve opacado.
—Shura, los supresores aunque sean naturales causan demasiado daño a los Omegas. Te verás afectado si sigues con esta absurda idea de querer ocultar lo que verdaderamente eres.
Principalmente puedes quedar completamente estéril.
—Dohko, soy un caballero de Athena, mi propia vida no depende de mí. Tener cachorros solo se interpondrá en mi misión; además si tengo cachorros, estos pueden quedar huérfanos en cualquier momento y tengo toda una lista de razones por las cuales no quiero procrear.
—Si no te quedas estéril, tu sentido del olfato se verá afectado y tu Omega interior puede confundir con facilidad el olor de tu Alfa con el de alguno otro.
Shura se ruboriza, no quiere pensar que eso fue exactamente lo que pasó en la casa de Escorpio cuando sus piernas temblaron ante la presencia de Milo.
—Por la expresión de tu cara eso seguramente ya pasó, así que tienes que parar estás ideas de seguir usando supresores de aroma. Tú mismo te estás poniendo en peligro, aparte de todo lo anterior podrías tener una desviación de cosmos e inclusive morir por suprimir tu naturaleza y no solo eso, también puedes dañar a tu Alfa y supongo que lo último que quieres es dañar otra vez a Aioros.
Dohko mantiene una gran seriedad en sus palabras, pero Shura se preocupa más por lo último. —¿Cómo sabes que Aioros...?
—Tus instintos dormidos despertaron justamente cuando regresamos de Asgard y Aioros regreso entre nosotros. Tal vez tu Omega no estaba dormido propiamente por los supresores y el uso de tu cosmos, tu Omega dormía tranquilamente porque su Alfa estaba muerto.
Los ojos de Shura se vuelven cristalinos. Todo este tiempo quiso negarse a esa idea y prefirió creer que su cosmos era demasiado poderoso que incluso podía suprimir todos esos instintos de Omega. —Yo...
—Si mueres, Aioros perderá su instinto Alfa tanto como tú perdiste tu instinto Omega durante los años que permaneció muerto. Eso viéndolo desde el lado más negativo, pero si sigues tomando supresores, Aioros no te reconocerá como su Omega y podrá estar con cualquiera que en lugar de darle hijos sanos y fuertes como su destinado, le dará cachorros débiles y enfermos.
Las lágrimas pronto se hicieron presentes bajando por las mejillas del pelinegro. Estaba en un laberinto que solo tenía una salida, lo cual era cruel e injusto. —Dime, ¿Cómo quieres que le diga a la persona que mate años atrás que soy su Omega destinado?— sus globos oculares se vuelven rojos por el llanto. —¡Dohko, mírame!— ordena entre lamentos. —No soy lindo como otros Omegas, mi musculatura se puede comparar con la de un Alfa... Así que yo no puedo ser digno de nada. Todos estos años me he esforzado por aparentar ser un simple beta, si tenía algún rasgo como Omega yo mismo me encargué de cambiarlo.
El castaño casi pelirrojo niega con la cabeza, Shura no solo se niega a ser un Omega, también tiene problemas de autoestima creados por el mismo.
—Shura... Aioros ya te perdonó, el mismo acepto que fuiste engañado durante la rebelión de Saga. Hablar de estas inquietudes sobre tu casta con él no te será más doloroso.— suspira. —No eres un Omega delicado, eso lo puedo entender, así como debes entender que esos son estereotipos creados por la sociedad. No todos los Alfas quieren un Omega lindo y delicado, muchos quieren un Omega rudo y guapo como tú.
Aioros fue tu amigo en la infancia, tal vez en nombre de esa amistad puedan conocerse como Alfa-Omega y quizá lleguen a tener una relación estable, puedes hablarle de tus miedos y todo lo que te acongoja.— limpia las lágrimas en el rostro del caprino de oro. —Si no deseas tener cachorros, puedo recomendarte otro tipo de supresores que funcionan como métodos anticonceptivos para que el nudo no pueda fecundar, aunque también debes hablar de esto con Aioros.
Toda esa conversación fue innecesaria y el caballero de libra se da cuenta de ello cuando escucha:
—Dohko, dame los supresores de aroma que pedí, antes de que todos se enteren de que soy un Omega.
Negando con la cabeza se dirige a la alacena donde tiene todo tipo de hierbas amargas y aromáticas para cualquier situación. Toma las necesarias para la infusión, las coloca en una bolsita especial y las deja sobre la mesa. —Un té dos veces al día durante nueve días serán suficientes para hacer que tu glándula de aroma deje de segregar feromonas de olor durante todo un mes.
Sé responsable con esto, porque es una droga altamente peligrosa si se consume en grandes cantidades.
Al saber de medicina tradicional china, Dohko es el caballero más cercano a lo que puede considerarse un doctor en el Santuario.
—Gracias.
—Aunque debes recordar muy bien lo que te dije. Mis palabras son una advertencia sobre lo que puede ocurrir.
Un asentimiento fue suficiente. —Shiryū, ¿está mejor?— decidió cambiar la conversación.
—Lo está, sus heridas han sanado con éxito. Es probable que en diez días esté viajando desde china hasta aquí.
—Me alegro por él. Ahora debo retirarme antes de que mi aroma se fortalezca.
El maestro de libra solo niega con la cabeza, suspirando resignado a la propia decisión del caballero de Capricornio. —Te veré después.
Sin ánimos y con los ojos irritados por su anterior llanto, Shura sube las escaleras que lo llevan de regreso al décimo templo.
Al pasar de nuevo por Escorpio no hace ninguna pregunta, su paso ha sido concedido con anticipación por el guardián del octavo templo y al recordarlo es cuando termina dándose cuenta de que Milo descubrió que el aroma a flores de cerezo provenía de su cuerpo.
Milo puede ser todo lo que quiera, pero no es un Alfa tonto que se deje engañar de esta manera, después de todo la experiencia con las mentiras cotidianas lo ha llevado a un entrenamiento no deseado para descubrir la falsedad en las personas.
Con el orgullo más pisoteado que nunca, termina de cruzar el templo del escorpión de oro, teniendo en mente un intercambio para que Milo mantenga la boca cerrada sobre su verdadera casta.
El templo de Sagitario nuevamente se siente como cuando recién llegó al santuario. La majestuosa estatua de Quirón sobre la novena casa es impresionante, un centauro apuntando con su arco a los cielos.
Desde la entrada puede percibir el aroma a tabaco, un olor que se ha convertido en un estimulante para su Omega interior, haciéndolo sentir una extraña felicidad.
Para su mala suerte, en los cielos se aprecia el magnífico vuelo de alas doradas propias de la armadura de Sagitario. Aioros es el único caballero que puede pasar sin problema los doce templos volando gracias a las alas de su armadura y el permiso libre que Saori Kido la reencarnación de la diosa Athena le ha concedido.
Sin más remedio Shura espera frente al noveno templo la llegada de su mejor amigo de la infancia, sin percatarse de que su glándula de aroma comienza a desprender más feromonas para atraer al Alfa.
—Shura.— Aioros le llama por su nombre sin usar su título de caballero. —¿Qué haces aquí?
Mareos, se siente mareado, el olor a tabaco es demasiado fuerte, tal vez porque el centauro dorado estuvo entrenando bajo los rayos del sol.
—Caballero de Sagitario.— muestra sus respetos ante el digno hombre que un día dio su vida por salvar la de Athena. —Pido permiso para cruzar por tu templo.
—No tenías que esperar para ello, eres como de mi familia Shura. Aioria y tú pueden cruzar libremente mi templo.
Los ojos verdes brillan como las estrellas del cielo en el manto de una noche sin luna llena. Las amables palabras de Aioros no tenían la intención de hacerlo sentir especial, pero su Omega lo hace, se siente importante.
—Es inútil que después de lo ocurrido todavía sigas considerándome así.— la amargura se instala en su boca. —Debo irme.
—Me gustaría hablar contigo, no es sano que después de lo que hablamos ese día tomes una reclusión impuesta por ti mismo. Hace tiempo que no te veía... y Shura, ahora estoy aquí, no hay ninguna razón para que busques castigarte por lo acontecido hace años.— con delicadeza toma el brazo derecho del que alguna vez fue su discípulo. —Puedes continuar tu vida sin sentirte culpable, ya te lo dije, no te guardo rencor.
El contacto visual era relativamente innecesario, pero sus miradas se buscan.
—Yo...
Las acciones hablan más que las propias palabras, Shura se abalanzó a cubrir con sus brazos el cuerpo del centauro de alas doradas. Su puño izquierdo apretó la bolsa donde llevaba las hojas de hierbas sustitutas de un supresor farmacéutico.
No, Shura no podía hacer que su Alfa volviera a sufrir por su culpa, si Aioros es su Alfa destinado haría todo lo que estuviera en sus manos para no dañarlo aun si eso va en contra de sus propios deseos de seguir siendo respetado como un Beta.
Con una expresión de felicidad en su rostro, Sagitario correspondió el abrazo sintiendo el leve olor a flores de cerezo. —Es imposible que el olor de los sales gemelos de la casa de virgo llegué hasta aquí. El cosmos de Shaka y su aroma a incienso retienen ese olor en la sexta casa.— Capricornio tembló durante el abrazo al escuchar esas palabras, pero tampoco se separó. —Shura...— no para Aioros era imposible algo así, su amigo era un Beta fuerte y sobresaliente. —¿Shura, eres un Omega?
El décimo caballero fue incapaz de responder, su cuerpo se sintió pesado y sus ojos se cerraron sin desearlo.
Si Aioros no lo hubiese sostenido fuertemente en el abrazo, su cuerpo seguramente estaría besando el suelo.
—Shura...— sus ojos mostraron su preocupación y buscaron el rostro del español.
El aroma es evidente, Capricornio le había mentido por primera vez en toda su vida, pero tampoco se enojó al saberlo, su razón tomo en cuanta que Shura tenía sus propias razones para ocultar su segundo género.
Sus brazos tomaron el cuerpo desmayado con todo y armadura puesta. La careta de cuernos cayó en el suelo haciendo un sonido metálico que fue incapaz de despertar a su dueño. En el suelo, Aioros también pudo notar una bolsa extraña hecha de tela con algunos símbolos en chino.
Sacando sus propias conjeturas, Aioros supo que Shura había ido con el maestro de libra por algún té medicinal.
No sabiendo exactamente qué hacer, llevó el cuerpo del fiel caballero hasta su habitación donde notó el sudor que comenzaba a cubrir su cuerpo.
Con una toalla húmeda, se encarga de limpiar solo su rostro mientras recuerda como cuidaba fielmente a la misma persona cuando era un niño y caía en fiebre después de sus primeros días de entrenamiento.
Sagitario observa de manera detenida el rostro de su compañero que pasó de ser tierno con sus mejillas abultadas a uno atractivo. La tentación lo lleva a delinear con la punta de sus dedos las facciones del ibérico.
Su piel es suave y sin imperfecciones a pesar de ser un Santo de Athena.
Se burla de sí mismo al ser tan tonto y dejarse convencer de que su mejor amigo era un Beta, cuando todo su ser gritaba que era un Omega, sobre todo su cintura pequeña donde la armadura de Capricornio se ajustaba más.
—El Alfa que tenga el gusto de ser tu destinado será sumamente afortunado.— se muerde el labio inferior con melancolía, no quiere ser posesivo con el hombre que cuido de niño, pero solo pensar que otro Alfa pueda tocarlo hace que su estómago se retuerza en bilis, pues en el fondo de su corazón sus sentimientos puros y sinceros solo le pertenecen al Omega.
—¡ES NUESTRO OMEGA!— relincha su Alfa interior al poder tener acceso a sus tontos pensamientos.
Ante la revelación, su corazón quiere salirse de su pecho por latir de manera desbocada como un equino en plena competencia de carreras.
—Así que esa es la razón por la que no me lo dijiste. Tú lo sabías.— acaricia el cabello negro que es rebelde a sus caricias. —Hace tiempo cuando fui revivido en Asgard me di cuenta inmediatamente de que mi misión era luchar contra Andreas, pero después cuando Athena salió victoriosa de la Guerra Santa contra Hades y nos trajo de regreso no entendía mi misión de regresar con ustedes a pesar de que Athena me encomendó entrenar al caballero de Pegaso, pero hoy finalmente la entiendo, mi misión aparte de ser caballero de oro también radica en hacerte feliz, velar por ti y protegerte, Shura.— conmovido por la ternura, Aioros se atreve a dejar un suave beso en la frente de su destinado del que ha estado enamorado desde que ambos eran solo unos niños.
Las tupidas pestañas del Omega comienzan a temblar dando a entender que despertará de su desmayo inoportuno.
—Aioros.— su simple nombre es pronunciado como en el pasado. No hay formalidades.
—Te has desmayado. ¿Durante tu salida de reclusión al menos has comido algo?
Shura se acomoda en la cama para quedar sentado y de manera cautelosa baja su mirada. —Lo hice, pero esto solo fue un efecto secundario de los supresores.— sus mejillas lucen acaloradas.
—Supresores, ¿Cuánto tiempo los has estado consumiendo para simular ser un beta?
—Desde... Desde que me presenté como un Omega a los 18 años.
Sus cejas castañas se fruncen en una dolorosa expresión, pero la lástima es algo que a Shura no le gusta que otras personas sientan por él, así que lo más que puede hacer es llegar a su lado y abrazarlo. —Si deseas seguir usándolos durante tus períodos de celo está bien, pero no los uses para ocultar tu aroma eso puede resultar más perjudicial para tu salud.
Los insistentes ojos verdes lo observan seguramente escuchó cada una de sus palabras cuando perdió el control de su cuerpo debido al desmayo. —Si me lo permites, yo quiero estar contigo y cuidar de ti. Déjame ser un Alfa responsable.
Las lágrimas son las que reciben sus palabras. —No... No merezco que debido a esto estés retenido a mi lado. Ya te he causado bastante daño para amarrarte por causas del destino. Yo seguiré tomando los supresores, confío en que si los tomo de manera responsable ese hilo del destino que nos une se rompa para que puedas enamórate libremente de un Omega que te merezca y este a tu altura.
Aioros toma una bocanada de aire que saca lentamente. —Shura, no es necesario que lo hagas, no estoy aceptando ser tu Alfa solo por ser destinados. Desde que era un adolescente y estuviste a mi cuidado, yo comencé a generar sentimientos por ti. Cuando regresamos de Asgard y dijiste que eras un Beta, mi mundo se cayó a pedazos, eso significaba que no tenía ni la más mínima oportunidad de conquistarte porque el destino me estaría atando a otra persona y eso sería cruel porque me negaría a aceptar ese destino, pero el día de hoy... Me siento feliz de saber que eres un Omega y que nuestros destinos eran los correctos.— sus ojos estudian la reacción de Shura. —¿También sientes algo por mí o debo recurrir a un cortejo para enamorarte?
Completamente sonrojado, Shura cubrió su rostro con las manos, quisiera huir de la habitación de Sagitario, pero le resulta imposible su Omega interior está gustoso por estar en el lecho cubierto con las feromonas de su Alfa.
—Deja de sonrojarme con tus palabras, ya me siento lo suficientemente avergonzado de desmayarme.— sus dientes rechinan por el enojo que siente por las acciones cometidas por su propio cuerpo.
—Bien, supongo que será divertido comenzar el cortejo hasta que me aceptes como tu Alfa y te aceptes a ti mismo como un Omega.— sus labios depositan una delicada caricia sobre su frente, es lo más arriesgado que puede hacer pues para besar a Shura como quisiera necesita de su consentimiento y duda que ahora sea el momento preciso para pedir algo como eso. —Te dejaré solo para que descanses, cuando te sientas mejor puedes quedarte aquí o ir a Capricornio.
Iré a recoger tu tiara y una bolsita que tiraste cuando te desmayaste, cualquier cosa después de eso estaré en la sala leyendo un libro por si necesitas algo.— como recompensa recibe un leve asentimiento y termina por salir de su habitación.
—Yo también siento cosas por ti, pero como puedo decírtelo sin sentirme culpable de que mi Excalibur tomo tu vida en su filo.— cierra los ojos y aspira el olor de Aioros impregnado en cada objeto presente en la habitación.
Cuando Aioros estaba muerto, el templo de Sagitario no tenía ningún aroma, pero ahora que está vivo y con su edad acordé de 27 años, presentado como un Alfa dominante, todo es diferente.
En sus pensamientos, Shura piensa que ya no hay razones para seguir utilizando supresores de olor, pues ahora su Alfa está presente, pero todavía en el futuro puede recurrir a los supresores anticonceptivos para evitar embarazos no planeados, solo espera que Aioros pueda comprender sus razones para no quedar abrazado de cachorros, no hasta que los dioses griegos tengan un tratado de paz.
• Fin •
