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Español
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Published:
2025-06-17
Updated:
2025-12-16
Words:
34,965
Chapters:
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If We Have Each Other (Español)

Chapter 7: VII. Algo más grande que nosotros

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El Distrito Suburbano era un ecosistema digno de estudio, sus callejones plagados de delincuencia y adicción dificultaban la supervivencia de los más débiles y susceptibles. El único con el poder suficiente para salir librado de eso, sin duda, era Silco, porque quien controlaba el Brillo, controlaba los Carriles.

El dichoso “Brillo” no era solo una sustancia adictiva, era un elixir de vida, un compuesto capaz de sanar las heridas más profundas… por un precio.

El abuso del Brillo siempre, siempre, terminaba siendo mortal para quien lo consumía. Por ello Piltover había prohibido tajantemente su uso, pero Silco no tardó mucho en comprender que su distribución, si bien era ilegal, también era una mina de oro.

Y, en el caso de Jinx, había sido una salvación. 

Aquel día en que la pequeña Powder se convirtió en Jinx tras causar la muerte accidental de sus hermanos adoptivos en el incendio de La Última Gota, Jinx quedó herida y de no ser por el Brillo que le fue administrado, habría muerto con tan solo once años. Por desgracia, Claggor y Mylo no corrieron con la misma suerte.

La sangre putrefacta de Jinx había alcanzado la vida de sus hermanos, de la misma forma en que creyó que lo había hecho con Isha.

Nada volvió a ser igual después de eso, Vi y Vander se distanciaron de ella, y Silco fue el quien extendió su ala para protegerla, parecía ser el único ser humano sobre la tierra que de alguna forma la comprendía, a su extraño y retorcido ser.

El problema era que, aunque el Brillo ya formaba prácticamente parte de ella, debía administrarlo constantemente para no sufrir ningún tipo de síndrome de abstinencia y eso era particularmente doloroso. Muy doloroso.

Y, aun así, a pesar de que Jinx conocía el dolor que el Brillo podía causar y las consecuencias que desencadenaba en otros, no le interesaba que siguiera siendo distribuido en los Carriles, no mientras eso le siguiera dando el control de los mismos a ella y a Silco.

Por eso Ekko y Vi se habían marchado, por eso habían decidido abandonarla de la misma forma en que su madre lo hizo, y nunca los perdonaría por ello.

Pero… esta vez, las circunstancias la habían superado y necesitaba ayuda con urgencia. 

La lluvia ya había encharcado las calles cuando Jinx golpeó la puerta de aquel apartamento en Piltover. Pocos minutos después de un golpeteo incesante, la puerta se abrió mostrando a Ekko y su mirada adormilada, evidentemente molesto de que fuera despertado a mitad de la noche.

En cuanto él notó a la muchacha bajo el umbral, cubierta por una capa grisácea que caía desde sus hombros hasta los tobillos, el aire se le esfumó del pecho en un segundo.

—Jinx… —Ekko parecía genuinamente confundido—, ¿qué es lo que haces aquí?

Wow —escupió ella, con sorna—, después de tanto tiempo sin vernos, ¿así es tu “cálida bienvenida”?

Ekko frunció el ceño.

—Perdóname, pero no esperaba recibir una visita a estas horas de la madrugada —se quejó.

Jinx forzó una sonrisa burlona con la que trató de contener el dolor de la herida, pero había llegado hasta ahí a pie y estaba agotada, podía sentir cómo las piernas le temblaban y poco a poco perdía la fuerza en ellas. Era un verdadero milagro que todavía se mantuviera erguida.

Sin embargo, su orgullo no era suficiente para cargar con todo el peso de un cuerpo agonizante y terminó desplomándose. Ekko reaccionó rápidamente, capturándola entre sus brazos antes de que se golpeara contra el suelo.

—¡Jinx! ¿Qué carajo? —exclamó Ekko, deteniéndose por un segundo a observar el hilo de sangre que escurría desde algún lugar debajo de la capa hasta terminar en su tobillo, entonces su voz se tensó con angustia—. ¡Jinx!

Pero la muchacha no reaccionó, por más que Ekko tratara de despertarla, la mirada errática del joven apenas alcanzaba a distinguir el rostro traslúcido de ella.

—¡POWDER!

Esta vez la desesperación llevó a Ekko a agitar a Jinx bruscamente, despertando a Isha y provocando que llorara en los brazos de su madre. El muchacho se sobresaltó ante el sonido, la bebé había permanecido oculta, cobijada debajo de la capa de Jinx y, sin preocupación por el exterior, se quedó dormida todo el trayecto, hasta que el insolente joven la despertó, y ahora lo único que la pequeña quería era despertar a mamá. 

Ekko quedó atónito al descubrir a la niña que se agitaba tenazmente tratando de colgarse al escote de Jinx, luego dirigió su mirada hasta la herida de bala que se veía cada vez peor. Tragó en seco y levantó a Jinx en brazos, la muchacha se mantenía inconsciente, pero su ser se había aferrado a Isha, por lo que nunca aflojó su abrazo alrededor de ella.

En las siguientes horas, Ekko se mantuvo vigilante ante cualquier alteración en el estado de salud de su compañera. No podía llamar a ningún médico, Jinx seguía siendo una criminal buscada, él lo sabía muy bien, acababa de ver un cartel de “Se Busca” con su cara poco antes de volver a casa. Así que él había hecho hasta lo imposible para curar sus heridas, no fue sencillo, pero agradecía que el ambiente hostil de los Carriles de alguna forma lo orillara a aprender un poco de medicina cuando era más joven.

Y si de algo estaba seguro era que, con toda la sangre que Jinx había perdido, no podría alimentar a la bebé que descansaba a su lado en ese momento, aunque despertara, sería una muerte segura.

—¿Ella es… tu madre? —le preguntó.

La pequeña había dejado de llorar en cuanto Ekko la recostó junto a Jinx, pero parecía estar demasiado inquieta desde que ambas entraron a ese apartamento. Se la pasaba pateando el aire, agitando las manos como si la cercanía que mantenía con su madre no fuera suficiente.

El muchacho soltó un resoplido. Era imposible para él creer que Jinx se había convertido en madre, pero los cabellos azul-castaños de Isha no mentían. Además, la bebé tenía un peculiar parecido con ella, sus facciones eran tiernas y similares a lo que Jinx alguna vez había sido.

—Tendrás que esperar un poco para que despierte. Lo siento, pequeña, pero ella ahora está luchando por su vida.

Isha se quedó quieta un segundo, con la boquita entreabierta y los ojitos curiosos fijos en él, como si estuviera procesando la información que Ekko acababa de darle. El muchacho sintió un golpeteo en el pecho y, al instante siguiente, Isha enroscó los labios en un puchero que lo puso en alerta.

Parecía haber comprendido que mamá estaba sufriendo y que no podría mecerla en sus brazos, ni alimentarla, ni siquiera hablar con ella.

—No, no, no… por favor, no llores.

Movido por el pánico que el llanto de la bebé le provocó, la tomó en sus brazos, tratando de arrullarla torpemente. Claro que Ekko no sabía cómo hacerlo, todo eso era nuevo para él. Era evidente que nunca se imaginó meciendo en brazos a la hija de su ex pareja.

La hija de Jinx… y alguien más. 

Tragó en seco, como si un puñado de espinas se hubiese atascado en su tráquea, cuando sintió las manitas de Isha tirando de su camisa. No había notado que la habitación ya se encontraba en un silencio revitalizante, la bebé había dejado de llorar y solo así Ekko comprendió que no estaba hambrienta o inquieta, solo asustada. Lo único que ella quería era estar en los brazos de mamá, pero no parecía estar incómoda en los de él. 

El gesto tranquilo de la pequeña terminó por aprisionar el corazón de Ekko en una emoción que nunca antes había sentido.

Jinx abrió los ojos con dificultad, posiblemente el haber dejado de sentir la presencia de Isha cerca de ella desencadenó una preocupación latente en su pecho que la obligó a despertar de su letargo.

Buscó a Isha en cuanto se despertó, sintiendo un horripilante sabor amargo recorriéndole la garganta al recordar ese momento en que Silco le notificó que su bebé había muerto tras el parto.

Por un segundo temió que todo hubiese sido un sueño, otra pesadilla. Y que Isha realmente estuviera muerta. Hasta que escuchó un gorgojeo dulce que la hizo levantar la vista hacia Ekko.

Ahí estaba él, en la otra punta de la habitación, danzando suavemente con la pequeña acunada entre sus brazos, Isha lo miraba con atención, haciendo soniditos inentendibles pero capaces de endulzar los oídos de ambos adultos.

El corazón de Jinx se partió por la mitad. El momento anterior a ese, en el que Lars casi asfixió a la niña horas atrás, la dejó helada. Su bebé casi había sido asesinada por su propio padre, y si ella no hubiese sido lo suficientemente rápida…

Agitó la cabeza para expulsar esos pensamientos lacerantes.

Pero mirar a Ekko de esa forma, con una bebé que no era su hija, también le quebraba el alma. Sobre todo, porque, por años, siempre deseó que el futuro de ambos de alguna manera se viera de esa forma.

Jinx carraspeó para por fin llamar la atención del muchacho. Ekko enrojeció, borrando la sonrisa tierna que mantenía al observar a Isha, y apenas pudo formular una oración coherente.

—D-Despertaste… —balbuceó y se apresuró a ella cuando Jinx intentó incorporarse sobre la cama—. Espera, espera. Deberías quedarte recostada, seguir descansando, tus heridas…

—Estoy bien —bramó Jinx, mirándolo desde abajo con ojos encendidos.

—¿Quién te hizo eso…?

Jinx se recargó en la cabecera de la cama, haciendo una mueca de dolor ante el movimiento, por más mínimo que fuera.

—Alguien que no vivirá mucho más tiempo. En cuanto me recupere voy a-

Pero, antes de dejarla terminar, Isha soltó un chillido agudo. Había escuchado la voz de su madre y ahora los brazos de Ekko ya no eran suficiente para mantenerla tranquila.

El joven se la entregó con delicadeza, Jinx la sostuvo, conteniendo una sonrisa suave que pasó desapercibida para ella, pero no para Ekko.

—Creo que estaba preocupada por ti —musitó él, mirando a Isha.

Jinx rezongó, no soportaba que Ekko mantuviera esa mirada, como si nada de lo que hubiesen pasado juntos hubiera existido.

—No debería. Soy difícil de matar —dijo.

—Entonces… si es tu-

—Sí, es mía. Mi pequeña Isha.

Ekko arrugó el entrecejo. Al ser un amigo cercano a la familia, había conocido a Felicia cuando era niño, de alguna manera la nostalgia se asentó en su pecho. Entendía que era normal que Jinx quisiera honrar así a una madre con la que tenía sentimientos encontrados.

—Es un hermoso nombre —dijo, sin más—. Ella es hermosa.

—Sí, bueno… —Jinx intentó ponerse de pie—. Ya que no estoy muerta, puedo volver a casa.

Pero el dolor la superó, obligándola a detenerse con una mueca agria.

—Pueden quedarse aquí esta noche —dijo Ekko.

Y, aunque Jinx no estaba del todo convencida, no podía rehusarse. Salir en las condiciones en las que se encontraba era definitivamente una pésima idea, sería arriesgar a Isha por nada. Una muerte segura.

Así que terminó accediendo.

«Los criminales no formamos familias», las palabras de Silco volvieron a ella como una puñalada directa en el pecho en cuanto volvió a mirar a Isha, esta vez descansando junto a ella.

¿De verdad su suerte tenía que ser tan mala desde que nació como para que el único deseo que tenía desde niña se viera afectado por ella? Jinx solo quería formar una familia, ¿por qué todo le estaba saliendo tan mal?

Isha hizo un sonidito pequeño, su respiración tranquila, tierna e indefensa al dormir, agitó el corazón de Jinx.

A la joven, el sueño también la estaba consumiendo, no quería quedarse dormida, no podía, no mientras la vida de Isha estuviera en peligro. Pero, por un segundo, el cansancio la sobrepasó, su cuerpo comenzó a pesar considerablemente, ni siquiera podía moverse, como si algo enorme estuviera comprimiéndola contra la cama. 

La llama de la vela que iluminaba cálidamente la habitación se movió frenética para después apagarse y, al segundo siguiente, encenderse de nuevo. Jinx seguía paralizada con la respiración agitada y la mirada errática buscando a Isha.

Su terror fue palpable cuando una sombra se proyectó en la pared junto a la niña: una mano que fue haciéndose más y más grande, con garras afiladas que parecían querer arrancar a Isha de su lado.

Jinx intentó moverse, sin éxito. Ni siquiera podía mover la boca para hablar. La sombra fue acercándose, furtiva, hasta que su oscuridad cubrió a Isha. 

La joven madre sintió el terror trepándole la garganta y soltó un gruñido que apuntaba a ser un grito desesperado. Se sacudió con fuerza, tratando de liberarse de su prisión invisible. Una explosión de estelas azules la rodeó, rompiendo lo que parecía un puñado de cadenas transparentes que la ataban a la cama.

Se lanzó sobre Isha en cuanto pudo moverse, buscando protegerla con su cuerpo, pero la sombra ya se había marchado. ¿Acaso había sido solo una pesadilla?

El repiqueteo en la puerta principal del apartamento la hizo estremecerse. Ekko y ella salieron al corredor principal cuando un segundo golpeteo —esta vez más violento— hizo temblar la puerta. Del otro lado de la misma se alcanzó a escuchar una voz familiar que hizo que Jinx temblara con cada nervio del cuerpo.

—Silco… —masculló, mordiéndose la lengua. La preocupación invadió su gesto y dio un paso hacia atrás, deslizando la punta de los dedos sobre el muslo, buscando su arma.

Ekko la tomó rápidamente por la muñeca, era evidente que no quería que su hogar terminara lleno de agujeros. Y, aunque no entendiera del todo lo que estaba pasando, sí estaba seguro que no era una buena señal que Jinx estuviera huyendo del único adulto en el que alguna vez hubiese confiado.

—Vuelve a la habitación y cierra la puerta —le dijo.

Jinx vaciló, pero en cuanto escuchó a Isha quejarse por su ausencia desde la cama, no tuvo más opción que aceptar. Silco irrumpió en el lugar al segundo siguiente en que Jinx atracó la puerta de la habitación. 

—Hacía mucho que no tenía un problema tan grave de ratas en este lugar —escupió Ekko, dando un paso disimulado frente a la puerta tras la que Jinx permanecía oculta.

—No te hagas el idiota conmigo, mocoso. Dime en dónde está Jinx —exigió el mayor.

Ekko arqueó una ceja.

—Hace meses que no la veo, se supone que tú cuidas de ella, ¿o no?

Silco gruñó. Ekko nunca había sido de su total agrado y si lo toleraba era gracias a que Jinx sentía algo por él, pero la situación ya los había superado a ambos y lo que menos le quedaba en ese momento al hombre era paciencia. Levantó al muchacho por el cuello de la camisa y lo azotó contra la puerta.

—Escúchame, niño imbécil-

El golpe de la espalda de Ekko contra la madera causó un crujido tan fuerte y seco que aterrorizó a Isha. La pequeña soltó un sollozo lo suficientemente audible como para que Silco y los suyos lo escucharan del otro lado. Ekko apretó la mandíbula, tratando de mantenerse firme frente a la entrada, impidiéndoles el paso, pero Silco lo lanzó lejos de ésta, sin que él pudiera hacer mucho más.

Jinx palideció cuando alcanzó a escuchar como lograban forzar la cerradura, tomó a la bebé en brazos y buscó desesperadamente una escapatoria: la ventana, conectaba con una escalera de acero que trepaba al costado del edificio. 

Dio un salto con dificultad y bajó a toda velocidad por cada peldaño metálico.

Apenas comenzaba a amanecer cuando atravesó aquel callejón solo para llegar a un laberinto de calles elegantes y pulcras, características de la Ciudad del Progreso. Se detuvo por un segundo para admirar la grandeza de una ciudad que la detestaba y buscaba su cabeza por ser la principal subordinada de Silco.

Del mismo sujeto del que ahora huía para poner a su hija a salvo.

Sintió un peso hostil sobre el hombro y luego fue llevada contra el muro de concreto a su espalda. El instinto la obligó a proteger a Isha del movimiento abrupto, pero la niña igual lloró, aterrada por el ataque.

—¿Qué carajo haces aquí? —dijo una voz masculina.

Jinx levantó la mirada después de haber apretado los ojos debido al dolor del golpe. Aquel Vigilante que la golpeó en Stillwater estando embarazada. El perro faldero de Lars. Porque, claro, después de todo, Silco no era el único con “contactos” en la Ciudad de Arriba.

La muchacha se mordió la lengua, tratando de llevar su mano libre hacia la pistola enfundada en su pierna. El sujeto la detuvo en seco, fijando su mirada en la bebé, dibujando una sonrisa que a Jinx le pareció escalofriante.

—Es la bastardita que quisiste endosarle a Lars, ¿no? —se burló, intentando acariciar la cabecita de la bebé con la mano que no le impedía a Jinx llenarlo de agujeros.

La madre se movió ágilmente para esquivar el asqueroso tacto del hombre sobre su bebé. Él solo soltó un resoplido sardónico, sin borrar su sonrisa.

—Escuché que Lars iría a verte —dijo, sin soltarla—. ¿Cómo es que tú estás aquí y él no?

Jinx, por primera vez en todo ese tiempo, dibujó una sonrisa triunfal y burlona, dando un paso al frente para acortar la distancia con él. 

—Deberías preguntarle al cadáver en mi habitación —respondió. 

El Vigilante tragó en seco, atónito, y antes de que Jinx pudiera aprovechar su consternación para salir corriendo, la golpeó en el estómago. La muchacha se dobló ante el dolor, sobre todo porque había sido un ataque demasiado cercano a la herida de bala que apenas estaba sanando.

Isha lloró al sentir la desesperación de su madre por mantenerla pegada a su cuerpo, a pesar del dolor. 

Él volvió a tirar de su cabello para levantarla del suelo con un movimiento limpio.

—No tienes idea de lo que acabas de hacer, perra idiota.

Jinx sonrió, valiéndose de su orgullo para contener el dolor y no dejarse vencer por él. 

—Maté al estúpido padre de mi hija —se burló.

Fúrico, el Vigilante levantó el puño para propinarle un segundo golpe. Jinx apretó los párpados cuando lo descendió con un movimiento rápido, pero el puño nunca llegó a tocarla, había sido detenido en el aire.

—¿Qué es lo que hace, oficial? 

Grayson, su carcelera en Stillwater, acababa de hacer acto de presencia como una heroína silenciosa y fornida.

—S-Sheriff… yo… ella… —trató de excusarse el otro—. Es una criminal…

—Vuelve a tus labores, Marcus —ordenó Grayson—. Hablaremos de esto después. 

—¡P-pero, Sheriff! ¡El rostro de esta mujer está en todos los carteles de “Se Busca” de la ciudad! No podemos-

—¡Vuelva a sus labores! —insistió Grayson.

Marcus tragó en seco cada una de sus palabras siguientes y asintió con un gesto de respeto hacia su superior.

Grayson resopló con cierta decepción en el rostro y, cuando Jinx cayó al suelo debido al cansancio y la liberación de adrenalina, la observó con ojos perspicaces. Luego, lentamente, llevó la mirada sorprendida hasta la bebé que había optado por llorar por lo bajo, como si quisiera pasar desapercibida.

Observó nuevamente a la madre con un millón de preguntas en el rostro, pero Jinx solo levantó las cejas en respuesta. Grayson suspiró.

—¿Quieres un trago? —preguntó.



—¿Esta es tu definición de “un trago”? —escupió Jinx, despectivamente. 

Grayson la había llevado hasta un establecimiento cercano, algo como un restaurante pequeño pero elegante.

—No iba a llevarte a un bar como los del Distrito Suburbano, aquí no tenemos de esos —respondió y miró a la bebé con una ceja arqueada—. Además, no puedes tomar alcohol, ¿o sí?

Jinx se encogió de hombros.

Nope.

—Eso creí.

Ambas tomaron asiento en la barra, una junto a la otra, con dos lugares de separación. Jinx mantenía a Isha acunada entre sus brazos mientras la niña se entretenía mordisqueando el borde de la manga de su ropa.

—Entonces está viva.

—Más que tú y que yo —confirmó Jinx—. Pero eso ya lo sabías, no te hagas la idiota conmigo. Y si crees que puedes arrestarme-

—Aunque quisiera, no puedo hacerlo, el indulto que Silco consiguió para ti fue legítimo. Técnicamente los cargos que tienes no podrían ponerte tras las rejas, por ahora —respondió, dando un sorbo a su café—. En cuanto a lo de la niña, de hecho, no sabía nada. 

Hum. Creí que tu culpa te había orillado a ayudarme.

—No te confundas, si lo hice fue por Violet y Vander. Tal vez deberías considerar pedirles ayuda, el orgullo nunca ha llevado a nada bueno.

Jinx gruñó, tensando la quijada.

—Primero muerta.

—No te faltará mucho para eso si sigues así, niña tonta. Piensa un poco más en tu hija.

Jinx frunció el entrecejo, no le gustaba ser reñida, mucho menos por una desconocida, mucho menos por una Vigilante. 

Además, ¿quién se creía para decirle qué hacer? Literalmente pensar en su hija era todo lo que había estado haciendo desde antes de que la bebé naciera.

—Escucha —dijo Grayson, sacándola de sus pensamientos—, tal vez no estés dispuesta, pero ella todavía puede entrar al sistema. 

—Vete a la mierda.

—Hablo en serio —continuó Grayson, sin darle mucha importancia al drama que la muchacha pensaba hacer y señaló la herida en su costado—. Si eso es todo lo que puedes ofrecerle deberías pensar más si el que tú seas su madre es lo mejor para ella.

—Esto pasó porque quise sacarla de un sitio en donde ni siquiera se preocupaban por alimentarla. 

—La custodia sigue sin ser tuya, Jinx. Le pertenece al sistema y un día vendrán por ella.

Grayson se puso de pie, volviendo a colocarse el casco y dejando unas cuantas monedas sobre la mesa, lo suficiente para cubrir la cuenta de ambas.

—Cuando era niña… —soltó Jinx, sin ser capaz de mirarla—, soñé con ella, por eso decidí no abortar, por eso decidí no abandonarla, no pienso hacerle lo mismo que mi madre hizo conmigo. Aún si no tengo a nadie en quien confiar, que yo esté para protegerla será más que suficiente, no voy a renunciar a ella con tanta facilidad porque… —sonrió al observar el rostro de la bebé, sereno y lleno de amor por ella—, en este mundo podrido solo nos tenemos la una a la otra.

Grayson pareció dibujar una sonrisa.

—Entonces ocúltala bien.

Y se marchó. Jinx la siguió con la mirada hasta que su sombra se perdió en la entrada del lugar.

Fue cuando percibió una sensación extraña: alguien más la observaba.

Buscó con la mirada hasta que, entre los comensales, dio con el origen de su escalofrío. Una extraña mujer le sonrió, agitando sus rizos rubios detrás de su espalda, y levantó su copa hacia Jinx, como si brindara con ella.

Entonces, al segundo siguiente, Jinx sintió como si el suelo bajo sus pies desapareciera y cayera en un abismo profundo. 

Cuando despertó, gracias al impacto que había sido más leve de lo que esperaba, Isha ya no se encontraba entre sus brazos. El llanto de la niña la obligó a levantar la vista, buscándola con terror.

Ambas estaban al medio de lo que parecía un palacio en ruinas, Isha se hallaba justo frente a ella, llorando en el suelo con tanta angustia que detuvo el corazón de su madre.

Jinx intentó incorporarse de golpe cuando el suelo volvió a sacudirse violentamente y una grieta se abrió bajo sus pies. Hizo un esfuerzo sobrehumano para evitar caer al vacío, aferrándose al borde del pedazo de concreto sobre el que se encontraba Isha, pero su agarre, débil por las heridas, comenzó a ceder y, por un segundo, sintió que todo estaba perdido. Hasta que escuchó un aplauso proveniente de la oscuridad a su espalda y, en un parpadeo, todo volvió a la normalidad.

Jinx apenas podía seguir respirando cuando distinguió un par de finas zapatillas rojas frente a ella. La mujer levantó a Isha del suelo con una sonrisa desdeñosa y sus ojos color miel la observaron con aplomo.

—Entonces, esta es la Estrella de la que todas están hablando —musitó con una voz chillona.

—D-Devuélvemela… —trató de articular Jinx, sin lograr levantarse del suelo.

—No lo intentes demasiado, querida —río la otra, cobijando a Isha—. La gravedad en mi manto es distinta a la que estás acostumbrada. Además, puedo controlarla a placer, como ahora. —Jinx gruñó, y la extraña solo pudo encogerse de hombros—. Perdón, pero no puedo permitir que me mates antes de que te diga lo que necesito que hagas por mí.

—¿Por qué crees que yo estaría dispuesta a hacer algo por ti?

La extraña mujer soltó una carcajada sonora.

—Creo que no alcanzas a dimensionar la posición en la que te encuentras —se burló, levantando a Isha por debajo de las axilas—. No creo que quieras que le pase nada a tu bebé, ¿o sí? Porque una pequeña como ella… tan frágil y diminuta, podría romperse con facilidad. Y no queremos que se rompa… ¿o sí, Jinx?

La mirada oscurecida y, de cierta manera, psicótica de la mujer, paralizó a Jinx sin siquiera hacer demasiado esfuerzo.

—¡No, espera! ¡Lo haré, mierda, lo haré! Solo… no le hagas daño.

La mujer sonrió y, con un movimiento rápido de su mano, liberó a Jinx de la gravedad que la aprisionaba. La mirada de la madre se percibió mordaz, si hubiera podido asesinarla solo con eso, no hubiesen quedado ni cenizas de ella, y la extraña lo sabía, así que intentó amenizar el punto muerto al que habían llegado.

—Mi nombre es Scarlett —dijo, como si no fuera la gran cosa—, hace poco conociste a mi hermana menor: Mahina.

Jinx palideció, el terrible final de la susodicha vino a su mente como un flashazo amargo, por un momento consideró que aquello no era más que una retorcida venganza por haber provocado su muerte prematura.

—Tranquila —habló Scarlett al notar el gesto preocupado de Jinx—, supongo que igual sucedería en algún momento. No puedo culpar a mi hermanita por hacer lo que hizo, no después de todo lo que pasó… —sacudió la cabeza en cuanto notó que ella también se estaba perdiendo en sus pensamientos—. En fin, Mahina sabía lo mismo que yo, que no somos más que peones en el juego de alguien más… así como tú.

Isha sollozó en sus brazos en cuanto alcanzó a notar a su madre tan lejos de ella. El corazón de Jinx dio un vuelco, esa conexión que había estado formando con la bebé se sentía mucho más fuerte ahí que en cualquier otro lugar, en ese momento en el que temía por la seguridad de su niña y se sentía llena de impotencia al no poder protegerla.

—Solo somos piezas desechables de algo mucho más grande que nosotros —dijo Scarlett, volviendo a llamar la atención de Jinx y señalando a Isha con la mirada—, y ella ahora forma parte de eso.

—Mi hija no es ninguna pieza desechable.

—No, no me malentiendas —continuó—. Estoy bastante segura de que ella no es una simple pieza. Es una llave. —Scarlett analizó a Jinx de pies a cabeza—. Y tú… eres demasiado débil como para protegerla de lo que se acerca.

Jinx estuvo a punto de objetar cuando Scarlett desapareció de su vista, solo para hacerse presente justo a su espalda, susurrándole al oído.

—Así que dime, Luna Azul, ¿hasta dónde estás dispuesta a llegar con tal de proteger a tu adorada Estrella? Rompiste las reglas, y ahora ambas deberán pagar por eso.

Notes:

¿Recuerdan que les dije que la historia estaba girando a un concepto más mágico, oscuro y misterioso?
¡Aquí comienza la aventura! Estoy tan emocionada de escribir sobre fantasía y Arcane, porque son mis dos cosas favoritas en el mundo. ¿Qué les parece?