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Language:
Español
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Published:
2025-06-17
Updated:
2025-12-16
Words:
34,965
Chapters:
8/?
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1,043

If We Have Each Other (Español)

Chapter 8: VIII. Mamá te cuidará siempre

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Jinx esperaba una respuesta, algo más que una mueca agridulce dibujada por sus labios oscuros, pero Ekko no podía articular ninguna frase que fuera mínimamente decente para la situación.

—¿En serio… —comenzó el muchacho, carraspeando la garganta con torpeza—. ¿En serio crees que es momento de… tener… un bebé?

—¿Q-Qué? ¡N-No! ¡Eso no fue lo que quise decir!

El rostro de Jinx estaba totalmente ruborizado, apenas y podía sostenerle la mirada a Ekko. Negaba rotundamente con el exterior, aunque su interior suplicara por una respuesta sincera hacia su deseo más profundo. Hacia un secreto que había sido solo de ella y que ahora compartía con él.

—Lo que intentaba decir era que… —continuó— ¿te molestaría que un día tú y yo…?

El semblante de Ekko se volvió tan pinto como el de ella, el humo le salía por las orejas, fue cuando Jinx comprendió que su pregunta había sido demasiado directa para un par de mocosos de su edad.

—Aún hay muchas cosas que podemos hacer antes de… —intentó articular Ekko.

—Sí, sí, lo sé —interrumpió Jinx de golpe, tratando de borrar su propia vergüenza—. Es solo que tuve un… presentimiento. Como si fuera a suceder algo realmente importante muy pronto y no…

—Es que —esta vez fue Ekko quien tomó la palabra—, creo que antes de pensar en… tener hijos, al menos deberías considerar dejar de lado todo el negocio que tienes con Silco. Si llegas… si llegamos, a tener un bebé, ese no es el ambiente en el que debería crecer.

El color natural de Jinx volvió a su rostro.

—¿Sigues con la estúpida idea de querer largarte a Piltover? ¿Igual que Vi?

—Ella hizo lo correcto al alejarse de toda esta mierda. De Silco —respondió Ekko.

—De mí —continuó Jinx, abrazándose con fuerza.

Ekko tragó en seco, tratando de componer sus palabras.

—El Brillo destruye a la gente y a ustedes no les interesa, solo quieren tener el control.

—El control te da poder y el poder inmunidad.

—O te hace un blanco más fácil —reiteró el muchacho—. Y si llegas a… embarazarte —para él hablar del tema era todavía algo difícil de procesar—, harás que todo el mundo te vea como alguien vulnerable, alguien débil.

—No lo soy.

—Ahora —insistió Ekko—. Pero… ¿qué pasará cuando estés embarazada? ¿Cuando… esa criatura nazca? ¿No serás débil entonces? ¿No crees que todos los enemigos de Silco querrán dañarte?

—¿Tú no estarás ahí para protegerme? ¿Para… protegernos?

Ekko suspiró con un pesar que creció gradualmente sobre sus hombros.

—Jinx… no estoy seguro de que esa sea la vida que deseo…

La muchacha sintió un golpe directo en el pecho, un puñetazo en el estómago que la dejó sin aire. ¿Había entendido bien? Que estúpida se sentía al imaginar un futuro brillante junto a él, ¿de qué servía haberlo hecho si él no lo quería? Si no lo compartían, entonces nada tenía sentido. ¿Hijos? ¿Una familia? ¿Para ella? ¿La personificación misma del caos zaunita? ¿Acaso siquiera merecía desear algo así? ¿Qué tan ingenua tuvo que ser como para creer que tenía una mínima esperanza de tener una vida así? ¿De tener una vida junto a él…?

—Ah…

—Jinx… No, escucha…

—No, no hay nada que quiera escuchar ahora. Si tanto quieres irte, hazlo, Ekko. No voy a detenerte… solo vete.

—Pow…

—¡Largo!



  

La oficina de Silco se había transformado. Estaba destruida, los muebles de cabeza, los papeles esparcidos por el suelo. Tal parecía que el hombre había hecho una rabieta en cuanto descubrió que Jinx se había marchado para buscar a Isha.

Fue peor aun cuando se enteró que la había encontrado y ahora ambas estaban desaparecidas en algún lugar de la ciudad de arriba.

Scarlett había enviado a Jinx de regreso mientras Silco no estaba: «Encuentra el guardapelo que le arrebataste a mi hermana, solo así estaremos a mano».

Deslizó nuevamente la pintura sobre la pared, torcida debido al ajetreo, el hueco vacío la dejó helada, pero no sorprendida, ya se lo esperaba de él y, sin embargo, odiaba haber estado en lo correcto.

—¿Crees que entregarle el guardapelo funcionará para mantener a esa niña a salvo?

La voz de Silco, arisca y seca, llenó la habitación, haciéndola estremecer.

—Tú qué sabes —se quejó Jinx—. No eres más que un mentiroso. Un traidor.

—Sé cómo trabajan. Sé por qué te enviaron aquí. Y sé en dónde está esa bebé. 

Jinx se irguió de golpe, mirándolo por encima del hombro con una decisión tajante. 

—No voy a entregártela.

Silco dio un paso al frente y tiró de la cadena del guardapelo, sacándolo del bolsillo interior de su saco.

—Será mejor que lo hagas, niña.

La muchacha se quedó paralizada, siguiendo con una mirada inmóvil el objeto que colgaba descuidadamente de los dedos de Silco.

—No te atrevas… —amenazó.

El hombre suspiró, mordiéndose el interior del labio.

—Algún día me lo agradecerás.

Y lo dejó caer al suelo, con tal fuerza que el artefacto se quebró en pedazos, esparciéndose por todo el lugar.

—¡No! —Jinx se tiró al suelo de rodillas, tratando de unir con desespero cada pieza—. ¿Eres idiota? ¡Era lo único que podía devolverme a Isha!

La furia creciente en el pecho de Jinx era cada vez más evidente, el arma se había quedado estancada en la funda alrededor de su muslo, pero eso no le impidió acariciarla con la punta de los dedos, con la tentación de apuntarle al hombre directo entre las cejas.

La habitación se llenó de una ventisca con un penetrante olor a canela, un remolino de papeles y viento rodeó a ambos y Scarlett apareció detrás de Jinx. La mujer elevó la vista hasta Silco, gélida, sin emoción alguna.

El llanto agudo de Isha clavó una estaca en el pecho de su madre. Jinx se giró de inmediato para buscarla, el sonido era un llamado de la naturaleza para el instinto visceral que le quemaba por dentro al sentirse lejos de ella, al sentirla en peligro.

Scarlett dibujó una sonrisa socarrona y comenzó a tararear una nana para calmar a la bebé. Jinx la siguió con la mirada. Las manos le temblaban, el instinto le suplicaba que se lanzara a la yugular de la rubia y le arrebatara a Isha de los brazos, pero la lógica la obligaba a quedarse quieta, su hija era una rehén, y ella tenía la desventaja.

—El juego apenas comienza y tú ya estás empezando a romper las reglas —canturreó Scarlett, con decepción fingida.

—No fui yo —objetó Jinx—, él fue quien…

—No te hablaba a ti —la cortó ella y elevó la mirada hacia el hombre con los labios torcidos—. Ha pasado un tiempo, Silco. Te ves… viejo.

—Es a lo que los humanos llamamos “edad”, algo por lo que nunca tendrás que preocuparte, querida Scarlett.

La mujer soltó una carcajada.

—¡Gracias a todas las Lunas! ¡Odiaría verme como tú!

Silco enarcó una ceja.

—No hay posibilidad, es evidente que los años no pasan contigo —dijo.

—Basta, vas a sonrojarme —se burló Scarlett con una sonrisa coqueta bastante fingida. Silco dibujó una mueca amarga y ella volvió a endurecer la mirada—. Creí que escucharías la advertencia de Mahina pero, como siempre, te gusta hacer todo a tu manera.

—No hubo advertencia previa…

Ella lo sabe —interrumpió Scarlett—. Lo supo desde su primer llanto en este mundo. Mahina te lo dijo: “la Estrella perdida será tu tormento”. Tal como lo fue… para Felicia.

Jinx, que había estado observando en silencio, analizando la manera de llegar a Isha sin que sus movimientos fueran anticipados por Scarlett, se quedó estática al escuchar el nombre de su madre.

Cruzó una mirada fugaz con Silco que pronto la evadió para fijarse en la intrusa y en la bebé que se había quedado sollozando débilmente entre sus brazos.

—¿Entonces ya no hay nada que hacer? —preguntó él, casi como una súplica. 

Scarlett dio un paso al frente, entre los papeles esparcidos en el suelo y los restos de la oficina, halló la roca que se encontraba en el guardapelo de su hermana menor: opaca, oscura, sin vida.

—Sin Mahina y Felicia es imposible que yo pueda hacer algo —respondió, apretando la gema entre sus dedos, y volvió la mirada hasta Isha—. Su destino ya está sellado.

—¿Qué destino? —Jinx dio un paso al frente—. ¿De qué mierda hablas? ¿Qué va a pasar con ella? ¡¿Qué piensan hacerle a mi hija?!

Scarlett frunció el ceño con pesar y una idea traspasó su mirada. No podía responder a su pregunta, no podía salvarla cuando se suponía que estaban en bandos contrarios. Pero tal vez… podría darle una minúscula ayuda.

—Aún puedes… —intentó articular.

—¡No! —interrumpió Silco.

Scarlett lo miró con desobediencia. 

—¡Ella podría…! ¡Todavía podría!

—No es lo que Felicia quería —aseguró Silco—. Ella quería mantener a Jinx alejada de todo esto.

—Quería mantener a Powder alejada de todo esto, pero las cosas han cambiado —objetó Scarlett—. Esta bebé llegó a cambiarlo todo. Incluso los planes de Felicia.

—Felicia dio su vida para que Jinx no se involucrara en esto.

—¡Y Mahina dio la suya para que lo hiciera!

Unas peculiares lágrimas rojizas se formaron en torno a los ojos de Scarlett, escurriendo delicadamente por sus mejillas, dejando quemaduras que marcaban su piel y se borraban al segundo siguiente.

Jinx también sintió un nudo en la garganta, acababa de escuchar a Silco afirmar que su madre había muerto, no que solo la había abandonado, sino que realmente ya no estaba en ese mundo.

—Tú y yo sabemos lo que el nacimiento de esta bebé significa —continuó Scarlett, recobrando la compostura—. Mahina lo sabía. Si Felicia hubiera sabido que tendría una nieta, entonces-

—Hubiera hecho lo mismo que yo. 

La necedad de Silco era tajante y Scarlett se había quedado sin energía para seguir avivando las llamas de una discusión sin final. Suspiró resignada y, para sorpresa de Jinx, le entregó a la niña sin titubeos.

En cuanto Isha se sintió de nuevo en los brazos de su madre, soltó un suspiro pequeño, acurrucándose contra su pecho.

—Eres fuerte, Jinx —le dijo la rubia, acariciando la mejilla de Isha por última vez—, pero temo que eso no será suficiente para mantenerla a salvo. 

Isha abrió los ojos dorados y una sonrisa se dibujó en sus labios diminutos en cuanto se topó con la cálida mirada de su madre.

—Felicia también te miraba así —soltó Scarlett con algo muy cercano a una sonrisa—. Te pareces mucho a ella, mucho más que tu hermana. 

Luego analizó a la bebé y una duda se quedó atascada en su gesto. 

—Pero ella no se parece en nada a ti, ¿será que es más parecida a su padre?

Jinx se quedó estática, Silco se irguió de golpe. Scarlett enarcó una ceja.

—Y este padre… es humano, ¿no? —sonrió ella, con picardía. 

La joven tragó en seco con tanta dificultad que sintió como si se hubiese llevado un trago de espinas a la garganta. Isha se retorció entre sus brazos, quejándose, a punto de llorar.

—Él está muerto de cualquier forma —respondió Jinx.

Silco entornó los ojos, él mismo había ordenado sacar el cadáver de la habitación cuando lo encontró poco antes de salir a buscar a la muchacha a las calles de Piltover. Una sonrisa descarada se dibujó en su rostro, odiaba al sujeto, si Jinx no lo hubiese matado, él mismo lo habría hecho con sus propias manos.

—Eres tan buena fingiendo que incluso tú misma te creíste ese cuento —siguió Scarlett, su tono burlesco se sentía cada vez más como una amenaza para Jinx—. Supongo que era más fácil aceptar que un imbécil te había embarazado a admitir que ahora tenías algo más que te unía a ese joven… ¿cuál era su nombre? ¿Ekko…?

Jinx palideció. Sus ojos magenta se fijaron en Silco que parecía buscar una explicación desesperada.

—No eres tonta, Jinx, y yo soy demasiado perceptiva, además, los recuerdos son parte de mi especialidad y tú estás inundada en ellos, te ahogas en memorias vacías y prefieres fingir que el mundo a tu alrededor lo controlas tú, pero la verdad es todo lo contrario. Ese muchacho: Ekko, no tiene ni idea de que es el padre de esta criatura y tú preferiste convencerte a ti misma de que no lo era solo para evitar enfrentar tus verdaderos sentimientos hacia él, ¿no es cierto?

—Él me abandonó —respondió Jinx, tratando de ignorar su voz trémula—. No hay manera de que Isha sea su…

—Sí la hay. Una noche que creíste que se llevaría la marea, una en la que decidiste olvidar el pasado y el rencor y te entregaste a sus brazos, aun cuando alguien ya te estaba esperando en la misma cama. Una noche en la que nadie notó cuando te fuiste y mucho menos cuando regresaste. Una noche que pensaste había sido un error… y en esa misma noche, una parte de él comenzó a crecer dentro de ti. —Scarlett sonrió ante el escalofrío que comenzaba a subir por la columna de Jinx y se atrevió a preguntar—. ¿En verdad no piensas decirle? Es posible que termines necesitando de su ayuda…

Jinx apretó la mandíbula, los dientes le rechinaron por la fricción que trataba de contener su ego quebrado.

—No necesito la ayuda de nadie, ni de ti, ni de Silco, ni mucho menos de Ekko.

Las manos le temblaban alrededor de Isha. Esa indefensa bebé que, ahora caía en cuenta, era también de aquel imbécil, un lazo que la uniría a él de por vida. Sin importar a dónde fuera, una parte de Ekko la seguiría para siempre en Isha.

En su pequeña, diminuta, estrella.

Pero era más difícil aceptar que Ekko era el padre a asimilar que Lars lo era (o lo había sido), de cualquier manera el sujeto estaba muerto, era un idiota, pero al menos no tenía que enredarse emocionalmente con él. El solo pensarlo le resultaba nauseabundo.

Pero con Ekko la situación era más compleja, porque alguna vez habían sido uno solo, alguna vez fueron el mundo entero para el otro, tuvieron planes juntos, compartieron un pasado y visualizaron un futuro. 

Un futuro con esa pequeña niña a la que le colocó un padre fantasma para no enfrentarse a sus sentimientos, para no enfrentar su pasado y esa herida de abandono que nunca cerró. 

Sin embargo, las memorias que Jinx aprisionaba en el pecho con respecto a Ekko eran aún más dolorosas, ese momento en que lo vio abandonarla, tal como lo hizo Vi, Vander e incluso Felicia.

En ella habitaba un rencor tan grande que no se sentía capaz de compartir a su bebé con él. Isha era suya, solamente suya. Ekko no la merecía, ni siquiera merecía saber que era su hija.

A pesar de que había sido él quien salvó su vida el día anterior.

Scarlett soltó una risita juguetona.

—Los humanos son tan caóticos cuando se trata de amor.

Jinx refunfuñó, el resoplido fue tan fuerte que agitó su flequillo, provocando en Isha una carcajada divertida y que agitara sus manitas hacia el rostro de su madre.

La muchacha frunció el ceño con una sonrisa afligida y dejó que los deditos de la niña se aferraran a su índice. Mientras Isha se esforzaba por llevarlo hasta su boca, Jinx le hacía pequeñas cosquillas en el pecho con el resto de la mano.

Scarlett dibujó una sonrisa. Una llama de algo que creyó muerto se había vuelto a encender en ella. Mahina, su pequeña hermana, volvió a su memoria. El instante justo antes de que la oscuridad alcanzara sus vidas: ella, tan hermosa como siempre, con sus mechones blanquecinos cayendo sobre el rostro de una preciosa bebé albina con la que compartía el mismo color de ojos.

La rubia sintió un escalofrío que la obligó a retroceder, tomando distancia y recuperando el aliento.

—Debes prepararte, Jinx —dijo, esta vez ya no con el tono juguetón y sarcástico acostumbrado, sino con una seriedad lacerante—. Ella ya tiene en la mira a tu hija y no va a descansar hasta tenerla entre sus manos. Hasta… destruirla.

Silco tragó en seco. Jinx no se movió, se mostró más bien incrédula. 

—¿De qué hablas…? Que estupidez. Nadie sería tan ingenuo como para pensar siquiera en amenazarme —espetó.

—No es ingenua, confía en su poder… Y tú deberías temerle —respondió Scarlett, planchando las arrugas que tenía en el vestido tras cargar a Isha—. Tu hija le estorba, tanto o más de lo que alguna vez le estorbaste tú.

—Suficiente —se interpuso Silco—. Es momento de que te vayas.

Scarlett se encogió de hombros y tan rápido como su sonrisa se borró, el resto de su cuerpo también lo hizo. Silco reacomodó sus ropas, sacudiendo el polvo que la partida de Scarlett había dejado en él. 

Jinx lo miró, adoptando una postura defensiva en torno a la bebé, cada vez sentía que lo conocía menos, que el tiempo que había vivido bajo su cuidado no era más que una mentira, un teatro montado con tanto detalle que era imposible que tuviera errores.

Aunque, claro, Silco nunca anticipó el nacimiento de Isha, y ahora todo su teatro se había venido abajo.

—Jinx…

El hombre intentó avanzar mientras ella retrocedía. Entonces, la puerta de la oficina se abrió con un golpe seco.

—¡SILCO, MALDITO HIJO DE PUTA! ¿QUÉ FUE LO QUE LES HICISTE?

Ekko entró como una furia, llevaba un bate de béisbol en alto, como si realmente con eso pudiera hacerles frente a todos los hombres bajo el cargo de Silco. Sus ojos castaños, encendidos en rabia, pronto encontraron a Jinx, dos metros alejada de Silco, con Isha envuelta entre sus brazos. El alma pareció regresarle al cuerpo.

Después de que ella desapareció de su departamento y le perdió completamente el rastro, su primer sospechoso fue Silco. El único idiota con un corazón tan endurecido que podría ser capaz de sacrificar a Jinx o a esa bebé por su propia codicia.

O al menos eso era lo que Ekko creía.

El muchacho destensó el cuerpo y los hombros cayeron con descuido, el bate azotó en el suelo e Isha se sobresaltó, obligando a su madre a calmarla con movimientos suaves mientras fulminaba a Ekko con una mirada que trataba de no mostrar su sorpresa.

—Lo siento… yo… 

—¿Qué haces aquí? —Jinx pronto le arrebató la palabra.

Ekko tragó en seco.

—Pensé que podías estar en peligro, pensé que ella…  —trastabilló, observando el gesto sereno de Isha.

Jinx sintió un escalofrío y las palabras de Scarlett volvieron a ella como una ráfaga helada: «Preferiste convencerte a ti misma de que no era el padre solo para evitar enfrentar tus verdaderos sentimientos hacia él».

—Deberías dejar de pensar si lo haces tan mal —replicó, exaltada, cubriendo a Isha con la manta, como si el simple hecho de que Ekko estuviera ahí significara que su secreto había sido descubierto.

—Estaba intentando protegerte…

—No necesito que me protejas, no necesito nada de ti. No sé en qué estaba pensando cuando fui a buscarte… —continuó Jinx, la voz quebrada se quedó atorada en su pecho—. Será mejor que te vayas, Ekko.

Silco no parecía ni mínimamente confundido, había presenciado suficiente la relación de ambos como para comprender el desapego de Jinx. Las manos temblorosas de la joven se aferraron a la niña, como si temiera que su propio padre fuera a arrebatársela para siempre.

Isha se quedaría a su lado, ya lo había esclarecido y no dejaría que ni Ekko ni nadie se interpusieran en su camino. Ni siquiera le importaba romper algunos corazones en el proceso, siempre y cuando eso significara que el de Isha se mantuviera en una pieza.

Y, para ese punto, ya ni siquiera le importaba si sus iguales la veían caminar por el bar con esa cosa colgada a sus brazos.

Iban a aprender a respetarla.

Ekko no dijo nada más, la mirada elusiva de Jinx fue respuesta suficiente a las preguntas que se quedaron atascadas en su garganta.

—¿Entonces es el adiós definitivo? —fue lo único que pudo resumir con el corazón palpitándole en una mano.

Jinx asintió en silencio. Ekko tomó aire con fuerza, apretando los puños por lo bajo.

—Bien. No sé ni para qué me preocupo por ti si es obvio que puedes cuidarte sola, la maldita herida de bala que tienes en las costillas es la prueba de eso.

Silco quedó atónito, mirando a Jinx con severidad en cuanto Ekko cerró la puerta detrás de él.

—¿Herida? ¿Te largaste a Piltover estando herida?

—¿Que querías que hiciera? ¿Que te pidiera ayuda? ¿Después de lo que hiciste…? Ahora lo único que sé de ti es que eres un maldito mentiroso.

La joven se sentía aturdida; por un lado, Silco exigía una respuesta hacia sus acciones “irresponsables”, acciones que él mismo le obligó a tener. Y, por otro, Ekko se había marchado dejándole un terrible dolor en el pecho. La vida que deseó a su lado se esfumaba como una nube de humo… para siempre.

Lo único que pudo hacer fue pedirle perdón en silencio a su bebé por dejarla sin una figura paterna por segunda ocasión, y esta vez… para siempre.

 

 

 

Cuando volvió a su habitación con el alma desecha, dejó a la niña sobre la cama. Observó la herida vendada frente al espejo roto. Estuvo cerca de la muerte, incluso pensó que la maldita hija de puta la había alcanzado cuando se desvaneció frente a la puerta de Ekko, pero su determinación, la decisión de mantenerse viva para proteger a su hija fue más grande.

Ekko había sido cálido con ella. No le dolía ni un poco y no quedaba rastro de la hemorragia. El muchacho tuvo con esa herida el mismo tacto que tenía con ella cuando eran pareja y sostenía sus manos con suavidad para librarlas del frío.

El mismo tacto con el que aquella noche se atrevió a ser su amante mientras Lars dormía a pierna suelta en su habitación, ajeno al amor que renacía en ellos por un breve instante.

Isha dio un respingo que la despertó de su siesta de diez minutos, al verse sola en ese enorme colchón, comenzó a llorar. Jinx se bajó la blusa y, como un rayo, corrió hasta su hija. La niña levantó las manos, arañando al aire, con los parpados fuertemente cerrados y los labios fruncidos.

Jinx se asomó sobre ella cuando los deditos de la niña alcanzaron a tocar el rostro de su madre. Isha abrió los ojos, cesando el llanto. Jinx sonrió. 

—Hola, albondiguita —dijo con un tono burlón que la niña todavía no alcanzaba a comprender—. Tranquila, ya estoy aquí.

Isha soltó un suspiro con un gemido pequeño. Abrió y cerró los puños y su madre supo de inmediato que quería volver a sus brazos. 

En cuanto la sostuvo, Isha buscó su pecho por instinto, tal vez por hambre, tal vez por consuelo, sea como fuere, Jinx no se negó. Incluso tuvo la detestable idea de que, si ella hubiese muerto en aquella casa, nadie podría consolar a su pequeña. Seguiría llorando en ese enorme colchón, totalmente sola, invadida por el frío y las luces que encandilaban sus pupilas.

Era maravilloso y aterrador como en un segundo su vida cambió por completo, hacía casi un año estaba en ese mismo lugar, afinando su arma para salir a cobrar los favores de Silco, poco antes de enterarse sobre su embarazo; y ahora sostenía con delicadeza la cabecita de la pequeña que tomaba leche de su pecho con fiereza.

Lo aterrador que era que ese pequeño ser, indefenso y delicado, pasara de estar a salvo dentro de su vientre, sin hambre ni frío, acompañado siempre del arrullo de su corazón, a enfrentarse al desconocido y cruel mundo, al desquiciado y caótico mundo al que pertenecía su madre.

Tal vez por eso, en el fondo, odiaba la idea de darla a luz. Tal vez por eso en un principio realmente consideró el aborto como la mejor opción. 

Pero al verla en aquella pantalla, indefensa y solo suya, comprendió que no podía dejarla ir con tanta facilidad.

La amaba mucho más de lo que pudiera imaginarse. La amaba lo suficiente como para dar su vida por ella.

Arriba, en el bar, se escuchó un estruendo, una riña había comenzado como era habitual a esas horas de la noche. La bebé se retrajo entre los brazos de la muchacha, frunciendo el ceño, aterrada.

Jinx acarició su nariz con la punta del meñique.

Shh… Shh… —siseó con una suavidad sorprendente incluso para ella—. Están demasiado lejos de ti, no pueden hacerte daño… no dejaré que te hagan daño.

Era claro que lo que Scarlett había dicho dejó una huella permanente en Jinx, ahora estaba más que segura de que cualquiera que intentara dañar a su hija, iría directo al infierno por su propia mano.

Separó a la pequeña de su pecho en cuanto la sintió satisfecha, sostuvo su cabecita con suma delicadeza con una sola mano mientras el resto de su cuerpo descansaba en la otra. Isha mantenía los ojos cerrados, la calma en su gesto era evidente, estar lejos de su madre ya no era negociable, ella tenía que estar entre sus brazos para sentirse a salvo.

Y Jinx la necesitaba para mantenerse con vida.

Pegó su frente a la de la niña, sintió su calor infantil compartiéndose entre piel y piel, y dibujó una sonrisa que coronó con un besó en la nariz de Isha.

—Ya no tienes nada que temer, mamá está aquí. Mamá te cuidará siempre.

 

Notes:

Una disculpa por tardar con las actualizaciones, les juro que trato de escribir diario aunque sea de poco en poco. (Mi patrona Frankelda estaría decepcionada de mí) Pero recuerden que como tengo varios fics en emisión trato de actualizar en orden para no dejar ninguno en hiatus ¡Espero sigan esos también! La mayoría son de Jinx siendo mamá de Isha porque me encanta proyectarme y así JAJAJA

Notes:

Esta vez traigo un nuevo proyecto para ustedes, totalmente ajeno a NMLY y WHTDTU (si no los han leído y les gustan las historias de Jinx siendo madre de Isha, se los recomiendo mucho)
Planeo que sea con un contexto un poco más crudo/oscuro que mis otras historias. (No se preocupen, a pesar del angst, sí habrá final feliz y mucho soft de Jinx con instinto maternal). Esta vez la historia se centrará enteramente en la relación madre-hija de Jinx e Isha, habrá Timebomb pero no creo desarrollarlo demasiado.